Mi agenda no es tu agenda

Delft Town Hall, Meeting in session
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“Entre el 2007 y 2008 se celebraron 14 foros ciudadanos a través de la isla que recogieron más de 3,000 propuestas sustanciales que fueron resumidas en una Agenda Ciudadana entregada a los candidatos de los cuatro partidos políticos inscritos entonces….

“Durante los años 2009 y 2010, El Nuevo Día convocó y dio seguimiento a estas propuestas a través de mesas redondas, congresos, entrevistas de fondo y la celebración de seis diálogos transectoriales….

“En todos los eventos celebrados se confirmaron y apoyaron las propuestas y acciones ciudadanas y la necesidad urgente de transformar la política pública y las prácticas de los diferentes sectores en varios aspectos fundamentales que se resumieron en principios, propuestas y acuerdos para la acción.”

(Adaptado de la introducción de: Agenda Ciudadana: Rendición de cuentas, El Nuevo Día, 30 de marzo de 2011.)

Hay veces en las que uno se llega a preguntar si un ejercicio como ése vale la pena, a la vez que siente que por más ríos de “unos” y “ceros” que corran por las líneas y los circuitos, las cosas no mejoran gran cosa.  Que continuamos en rumbo a despeñarnos por un barranco, en términos económicos y sociales, mientras que quienes tienen la responsabilidad de detener esa marcha suicida se zafan de esa responsabilidad, e insisten en perder su tiempo—y hacer que los demás pierdan algo tan valioso como su tiempo—en lo tonto, lo trivial, lo que tiene menos valor social.  Que mientras un@s luchamos por salir adelante, otr@s marchan a un ritmo diferente, porque siguen una agenda que no es necesariamente la agenda correcta, que no es necesariamente la agenda que es.

Tal es la impresión que me da cuando leo u oigo decir que, con algunas excepciones, las sugerencias y recomendaciones en la Agenda Ciudadana, la cual resultó de una serie de foros efectuados en Puerto Rico, con tiempo más que suficiente antes de las elecciones generales de noviembre de 2008, simplemente no fueron seguidas por los líderes políticos hacia los cuales iban dirigidas las mismas.  Permítanme meter la mano por un momento en el baúl de los recuerdos para sacar de allí la siguiente cita:

“(Segmentos) de nuestra sociedad, particularmente aquéllos que normalmente no tienen acceso a medios de expresión masiva, están dejándose sentir en la toma de decisiones que pueden afectar sus vidas….  (La) gente se agrupa para enterarse de los problemas que les afectan, pero no es únicamente escuchar; muchas de las veces, la gente propone acciones que pueden ayudar a resolver esos problemas.  Ejemplo de ello son las iniciativas que varios medios locales están llevando, a fin de promover la participación de los ciudadanos en la toma de decisiones que afecten su vida y su bienestar.  Estas iniciativas incluyen reuniones de pueblo (me imagino que será algo parecido a los «town hall meetings» estadounidenses… ¡pero sin que sean los políticos los que lleven la voz cantante!), en las que se proponen nuevas ideas, se debaten las mismas sin la intención de menospreciar o poner en ridículo aquellas ideas que no sean simpáticas, y se busca un consenso para mover a los líderes políticos a que resuelvan los problemas apremiantes.

“Esto es, siempre que los susodichos políticos tengan la voluntad para resolver los problemas apremiantes que afectan a la comunidad a la que juraron ayudar y defender, pero eso son otros veinte pesos…”

Y ciertamente, no ha habido la voluntad para acoger muchas de las soluciones razonadas, discutidas sensatamente, nutridas con la buena voluntad y el deseo de sus proponentes, con el interés de sacar al país de la crisis económica, social, medioambiental, de salud y seguridad pública, en la que ha estado sumido durante años, y que no es privativa de partido político—se llame PNP, PPD o PIP—o líder alguno.

Por el contrario, lo que se ve en estos días es una tendencia a dejar de lado mucha de esta sabiduría de pueblo, a sustituir la idea sensata y justamente formada por la burda acción que favorece un punto de vista político particular.  A sustituir el mayor bien posible por el bien de algunos, particularmente de quienes son afines a la ideología dominante de turno.  Y en ese proceso, se olvidan de las consecuencias, tal vez porque no saben manejarlas (¿no estaré siendo yo demasiado benévolo?), o no pueden manejarlas, o no les interesa manejarlas, o les importa un pepino angolo lo que pase por no manejarlas.  Total, el que venga atrás… ¡arrégleselas como pueda!

Y no hace falta entrar en lo que sucede cuando “el que viene atrás” tiene que enfrentar las consecuencias de las acciones de otros—o la falta de las mismas.  Las estamos viendo en los periódicos, las estamos escuchando cada mañana por la radio, las estamos viendo en la televisión al atardecer, en todo su “glorioso” detalle.

Tal vez de lo anterior se dé la impresión de que esta mañana me levanté “del lado contrario de la cama” (lo que es imposible para mí porque ése lado es el que da a la pared de mi habitación—digo, por si les interesa ese dato) y que no soy muy optimista que digamos en lo que a un proyecto como éste se refiere.  Pero no creo que ése sea el caso.  Sigo creyendo que quienes participaron en el ejercicio de 2007–2008* lo hicieron de muy buena fe, de buena voluntad, porque aún creen que se puede reformar el proceso político y social de Puerto Rico, porque aún creen en un proceso justo y equitativo, en el que se atiendan de manera justa los problemas de nuestro país, sin contaminar las posibles soluciones con la tinta político partidista—como hacen quienes no se ven a sí mismos como parte del problema… y de sus posibles soluciones.

Y por lo que veo, quienes creen creemos en Puerto Rico y en que se puede salir adelante, seguirán debemos seguir en ese empeño con mayor ahínco.  No hay nada más que ver lo que los organizadores de la Agenda Ciudadana tienen en planes para los próximos meses (busque hacia el final de la página ‘web’).  Tan sólo eso es motivo suficiente para que yo no pierda la esperanza.

¡Y vamos a dejar eso ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


* Por aquello de ser transparente con ustedes, mis lectores, debo mencionar aquí que tanto mi padre como mi sobrina fueron parte de ese esfuerzo.  Ambos participaron en el foro realizado en Humacao, en el que se tomó el pulso a la región este del país, y que en realidad fue el pie forzado para la entrada de mi blog que cité arriba.


LDB

Y luego preguntan, ‘¿por que nos quejamos?’

Yo no puedo creer esto, amigas y amigos, mi gente.  De un tiempo a esta parte, se ha estado dando un descontento con el proceder de la administración gubernamental de turno,  y la respuesta oficialista a ese descontento es hacer como si el mismo no tuviera motivo, como si no hubiera razón para quejarse.  Veamos.

Si se le plantea al máximo ejecutivo de las emisoras públicas de Puerto Rico, Israel “Ray” Cruz (el mismo que hace un año vació prácticamente todo su departamento de noticias), que las transmisiones televisivas de las actividades de apertura y clausura de los Vigesimoprimeros Juegos Centroamericanos y del Caribe (Mayagüez 2010)—los cuales culminaban el día en que escribo esto, luego de dos semanas de bastante actividad (incluida una que mencionaré un poco más abajo en la entrada, si tienen la paciencia de seguir conmigo hasta allí)—fueron una soberana porquería y no contaron con la calidad que se espera de un evento de trascendencia mundial, lo más seguro es que el ejecutivo replique:

  1. Que la transmisión sí fue de alta calidad, y que se utilizaron los más recientes adelantos de la televisión digital, y
  2. Que no hay razón alguna para quejarse, a menos que a un allegado de quien se queja no se le hubiera otorgado la producción de un programa televisivo, o que la parte agraviada hubiese sido despedida del elenco de otro programa.

A ver si entiendo esto: Tanto la atracción estelar de la ceremonia inaugural, la cantante Olga Tañón (a cuyo esposo no se le otorgó un contrato para producir un programa estelar sobre las cosas lindas y positivas de los municipios de Puerto Rico), como la respetada actriz y locutora puertorriqueña—y por si se me olvida, ella es además jugadora de golf a tiempo parcial—, Cordelia González, hacen planteamientos válidos, basados en su experiencia con los medios y en su interés de llevarle a Puerto Rico, y a los demás países representados en “Mayagüez 2010”, un espectáculo que haga brillar a Puerto Rico ante la región y ante el mundo.  ¿Y cómo la oficialidad trata esos planteamientos?  ¿Al nivel del betún?  ¿Como si se tratara de un chisme propagado por gente despechada?  ¿Como si las cosas que originan esas preocupaciones no existieran—por lo menos, en el universo en el que vive el directivo de medios?

Otro ejemplo: Se le cuestiona al alcalde de Barceloneta (municipio costero en el norte de Puerto Rico) sobre su operativo de eliminar una serie de ‘estorbos’ en la zona costera—entre los que está una comunidad pesquera cuyo único “delito” es procurarse su propio bienestar, sin tener que estarse dejando amamantar por el gobierno—para allanarle el camino a un desarrollo de marinas y paseos costeros, lo más seguro es que el incumbente municipal conteste:

  1. Estableciendo que el proyecto en cuestión es para “proteger” la costa y los bienes públicos en la misma, y que se pretende preservar las áreas de alta sensibilidad ecológica (como las playas de anidamiento de tortugas marinas en peligro de desaparecer), histórica y cultural (como una serie de cuevas que poseen petroglifos de nuestros pobladores precolombinos), y
  2. Que todo está bien, que no hay motivo para quejarse, y que quien se atreva a llevarle la contraria, específicamente la líder comunitaria que está ayudando a organizar a los residentes de la villa pesquera, es “una loca”.

Francamente, a mí me da una gran vergüenza cuando oigo o veo que los que se hacen llamar líderes en Puerto Rico se rebajan al nivel de la alcantarilla—muy a diferencia de las víctimas de su ira.  Y ciertamente al incumbente en cuestión, Sol Luis Fontanes Olivo, se le conoce un historial de rebajarse a ese nivel cuando no tiene argumentos para rebatir, o cuando se ve en medio de una situación peliaguda.  (Y si alguien todavía lo duda, vea en la noticia enlazada arriba cómo este alcalde maltrató de palabra—alegadamente—a un pescador cuya propiedad fue expropiada.  O si quiere, échese un poco hacia atrás en el tiempo, hasta llegar a donde les presento a este mismo alcalde en el contexto del famoso—más bien, infame—incidente de los perros realengos arrojados por un puente.)

Es más, si me permiten una nota personal y sin que me quede nada por dentro: Yo conozco personalmente a la líder comunitaria a la que este individuo (y yo lo siento mucho, pero el título de “Alcalde” reviste cierta dignidad que no quiero manchar al aplicarlo a este señor) quiso injuriar públicamente, la Sra. Laylanie Ruiz Olmo.  Ella fue en su momento una compañera de trabajo en el DRNA.  Durante el tiempo que estuvo trabajando con nosotros, a mí me constó su seriedad, su capacidad profesional y su dedicación a la protección del medio ambiente y los recursos naturales.  Por eso, yo no tengo razón alguna para creer que ella no esté actuando en defensa de una comunidad que ve amenazada su supervivencia.  Pero sobre todo, creo que tanto ella como la comunidad a la que representa, tienen algo que no se puede comprar… y ese algo se llama dignidad.

¿Podrá decir lo mismo el ocasionalmente destemplado primer ejecutivo municipal?  ¿O será que quien(es) esté(n) detrás del desarrollo propuesto le tiene(n) a él un precio puesto?  Por aquello de que todo se compra, todo se vende…

Pero volvamos al planteamiento inicial.  Si se le plantea al gobernador de Puerto Rico, Luis G. Fortuño Bruset, que algunas de las más de 1500 escuelas del sistema educativo público de Puerto Rico no están preparadas en su planta física, o en su dotación de maestros o directores para el inicio del nuevo año escolar 2010–2011 (¿no les parece que están escuchando el mismo disco rayado de siempre?), y que las organizaciones magisteriales amenazan con realizar paros y manifestaciones de protesta al inicio del primer semestre escolar, el primer ejecutivo responde que:

  • ¿Para qué las protestas de las organizaciones magisteriales, si las más de 1500 escuelas de Puerto Rico estarán listas para el comienzo de las clases del primer semestre?  Todo está bien, no hay de qué quejarse.

La verdad es que oigo una expresión como ésa y no sé si estoy en el planeta Tierra o si estoy en un universo paralelo.  ¡Qué horrible!

Es más, déjenme salirme de ese tema para volver al de “Mayagüez 2010” como lo prometí arriba.  En la segunda de las dos semanas de la fiesta deportiva—que contratiempos aparte, resultó ser muy exitosa—, la noticia más importante no fue el desempeño de las distintas delegaciones deportivas, sino el hecho de que se reportara un ataponamiento en las tuberías sanitarias de la Villa Centroamericana… ¡causado por la disposición de ‘miles de condones’!  Como el proverbial árbol caído, de esta noticia todo el mundo hizo leña… especialmente los “reporteros estrellas” de El Ñame, quienes sugieren que los miembros masculinos (como dicen en inglés, pun intended!) de las delegaciones presentes tomen un curso ‘educativo’ a ese respecto.  Por supuesto, los organizadores de “Mayagüez 2010” buscaron justificarse diciendo que todo estaba bien, que no había necesidad de quejarse y que el problema se había resuelto, aunque ulteriormente no quisieron dar cara a la prensa y dar explicaciones más comprometedoras.

Pero no deja de darme gracia el que tantos atletas masculinos hayan querido… esteeeeeeeeee… dar rienda suelta a sus impulsos “competitivos”, descargar todo ese exceso de energía “atlética”, como para poner a prueba la capacidad de todo un sistema sanitario para asimilar esa carga.  (Además de que debe haber mejores maneras para disponer de…  No, por favor no hagan caso a lo que acabo de escribir.)

Pero bueno, no sé ni por qué me quejo.  Todo está bien en este universo paralelo en Puerto Rico.  ¡No hay razón para quejarse, problema resuelto!  Y a todos los atletas masculinos de “Mayagüez 2010”… ¡medalla de látex!

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta luego.

LDB

Quien necesita de quien?

¡Qué es lo que hay, mi gente!

En el suplemento dominical, La Revista de El Nuevo Día, encontré algo que me dejó pensando bastante.  Se trata de una discusión sobre la relación entre el auge que la delincuencia en Puerto Rico ha estado cobrando de un tiempo a esta parte—acentuado por la matanza de 7 personas, más un feto que estaba en su octavo mes de gestación en el vientre de su madre (la cual resultó herida en el incidente, junto a otras 19 personas), la noche del 17 de octubre de 2009 en el local de entretenimiento “La Tómbola”, en Toa Baja—y los esfuerzos (o la falta de los mismos) que el gobierno estatal trata de hacer para combatirla.  De esa discusión, me llamó mucho la atención lo siguiente:

“Roberto Saviano, el autor de Gomorra, decía hace poco que la mafia no es sólo droga, tiroteo, extorsión.  Y al referirse específicamente a la napolitana, a la conocidísima Camorra, hizo un curioso planteamiento que podríamos aplicar aquí: dijo que es la política la que necesita a la Camorra y no al revés.  Que la necesita para conseguir votos, financiación de actividades y campañas, gestión de territorios y otros oscuros favores diversos e inimaginables.  Explicó que a medida que esos clanes delictivos invierten en negocios considerados “normales”, y a medida que infiltran diversas instancias financieras y empresariales—convirtiéndose en grandes clientes de bancos y comercios, y adquiriendo hasta bonos del Estado—logran una importante capacidad de presión.

“Saviano subrayaba que, si hubiera voluntad política, más voluntad empresarial, la expansión de las organizaciones criminales podría pararse.

[…]

“Si un periodista aquí, emulando a Saviano, tirara del hilo para descubrir vínculos entre los grandes narcotraficantes y ciertos sectores de la sociedad legítima: políticos, inversionistas, jueces, empresarios y hasta congregaciones religiosas, sacaría a flote una madeja espeluznante.  Estamos hasta las narices manchados por el dinero negro….”

"Gomorra", por Mayra Montero (La Revista de El Nuevo Día, 25 de octubre de 2009) (Énfasis añadido por mí intencionalmente.)

Me imagino que algo como lo que postula Roberto Saviano a través de la columna de Mayra Montero podría explicar varias cosas.  Por ejemplo, podría explicar la influencia aparente de personas del bajo mundo sobre algunas de nuestras figuras políticas destacadas, especialmente quienes entran a la carrera legislativa con poco a su haber, y de momento acumulan bienes o saldan sus deudas en menos tiempo del que se le requeriría a quienes se sacrifican trabajando para poder cumplir con sus compromisos económicos, para entonces darle el sustento a su familia con “lo que sobre de la quincena”.  Lamentablemente, quienes son objeto de esa influencia no parecen considerar el grave peligro que conlleva; yo creo que a ellos ni les importa que alguno de esos bienes se hayan conseguido a costa del dolor y del sufrimiento que produce el vicio de la droga.

(Me niego a pensar que la niñita china sobre la que escribí varias entradas atrás quiera aspirar a un junte como ése, pero uno nunca sabe…)

También podría explicar el poder, el dominio, que tienen los elementos del bajo mundo sobre algunos de los sectores marginados de nuestra sociedad, que los idolatran y hasta les erigen “altares” para glorificarlos (altares que a la larga, no quedarán en pie).  Me imagino que en las calles alrededor del escenario de la matanza que mencioné arriba habrá quien le rinda pleitesía a esa clase de elemento (y francamente, no me interesa confirmar eso… ¡gracias, pero no, gracias!).  Pleitesía a cambio de obedecer la ley del silencio, a cambio de tolerar más muertes, más desasosiego.  Pleitesía a cambio de ver cómo una generación perdida se luce agrediendo a sus blancos… y a todo lo demás que esté en el “aquí” equivocado y el “ahora” equivocado.  Pleitesía a cambio de faltarle al respeto, de burlarse de una autoridad que parece no saber cómo atender una situación tan complicada, que parece no querer tocar los “puntos” de tráfico de drogas, ni con el pétalo de una rosa (a menos que sea por miedo o desinterés de enfrentar cuanta triquiñuela legal se saque de la manga para borrar todo el esfuerzo policial de un plumazo).

(O claro, a menos que a la Policía le sea más fácil “meterle mano” a los universitarios de Río Piedras que quieren beber cerveza y licor hasta “las tantas” de la madrugada, o a quienes protestan por las secuelas de la Ley 7 de 2009 y los despidos gubernamentales, o a quienes se quejan del menosprecio contra las organizaciones ambientales y/o comunitarias, o a…)

Sea como sea, lo que plantea Roberto Saviano en la columna de Mayra Montero—si interpreté correctamente lo que leí—es una posibilidad escalofriante.  Y ello significa que el gobierno (sea del partido que sea) necesita de la actividad criminal para justificar su existencia, para poder darle al mundo un espectáculo en el que aparezca como el héroe, como la salvación de un pueblo oprimido por una violencia sin freno—eso, de un lado, mientras que tras bastidores se beneficia (de alguna manera) de la influencia que dicha actividad criminal puede ganar mediante su participación en empresas e intereses legítimos.  Y quienes están (más bien, estamos) atrapados entre los unos y los otros… ¿a quién le importa eso?

Si es así la cosa, yo creo que vamos por muy mal camino.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Ahora más que nunca, cuídense mucho y pórtense bien.  Bye!

LDB

Es cuestion del contexto

¡Saludos, mi gente!

Yo pensaba que para hoy no tendría nada interesante que comentar.  Sin embargo, no hice más que abrir mi copia del periódico ayer (sábado 20) para enterarme de una expresión que me dejó algo preocupado, sobre todo si lo que refleja es la mentalidad que rige las actuaciones de los altos mandos en el gobierno puertorriqueño—ya sea que el poder lo ejerza el PPD o el PNP (¡a mí me da igual, ambos son lo mismo!).

Continuaremos trabajando con ustedes y confiamos que el sector privado se tiene que sentir que es dueño de Puerto Rico y es dueño de este proceso, y que nosotros le respondemos a ustedes y que ustedes nos tienen que decir cuando lo hacemos mal para que nosotros sepamos cómo tenemos que mejorar….  En Puerto Rico, la mayoría debe de establecer en qué dirección es que Puerto Rico va a ir y la mayoría son ustedes, no son los que están tratando de prevenir que Puerto Rico pueda echar hacia adelante, que pueda cambiar, que pueda transformarse, que pueda crecer.

(Énfasis añadido por mí con toda intención, y ahora verán por qué.)

Resulta que estas expresiones las hizo el Hon. José Pérez Riera, Secretario de Desarrollo Económico y Comercio de Puerto Rico, al dirigirse el viernes 19 de junio de 2009 ante la convención anual que la Cámara de Comercio de Puerto Rico realizó en Fajardo—según citado por la agencia Associated Press en El Nuevo Día, Primera Hora y El Vocero.  Y lo primero que vino a mi mente fue algo así como “este señor no puede estar hablando en serio”.  Tal vez él habría cometido uno de esos reveladores deslices de la lengua.  Pero no, la noticia indicaba claramente—a menos que alguien venga a decirme que “lo citaron mal”, que “sacaron sus expresiones fuera de contexto”, “la prensa, siempre la prensa” (y poco faltaría para decir que los de la prensa son “los malos de la película”… aunque yo siempre insisto en que no todos los periodistas son hermanitas de la caridad, pero eso es otro tema)—que el señor Pérez Riera había dicho eso que se le atribuye.

Y ahí es cuando me pregunto si esto no le da validez a las recientes acciones gubernamentales, en las que “el resto de nosotros” parece llevar las de perder.  Por complacer a “los dueños de Puerto Rico”, ¿se está anulando un modelo de desarrollo comunitario que busca librar del “mantengo” y la dependencia económica a los menos privilegiados?  (Ah, y vean mi comentario—con fecha del 21 de junio de 2009—a la entrada Cuando tenga la tierra, sobre cómo los legisladores se salieron con la suya y aprobaron los dos proyectos que anulan de facto el Fideicomiso de la Tierra del Caño Martín Peña.)  Por complacer a “los dueños de Puerto Rico”, ¿se estará aprobando legislación para una supuesta “reforma” del proceso de permisos para desarrollo,* que impone una carga tan onerosa sobre quienes protestan cuando un desarrollo representa una amenaza para su medio ambiente, así como para su bienestar individual y el de la comunidad?  Por complacer a “los dueños de Puerto Rico”, ¿se procura atajar un problema de finanzas públicas, para el que nunca hubo la voluntad de evitar que el mismo llegara al punto en el que está hoy en día, mediante el despido “voluntariamente involuntario” de empleados públicos (independientemente de las circunstancias—legales e ilegales—en las que algunos de esos empleados públicos advinieron a sus puestos) y la disminución de presupuestos en áreas que al gobierno le parece que no son rentables?

(* ¡Ah!  Y aprovecho aquí para criticar el que en este proceso se suele utilizar el término “permisología” para describir el trámite de los permisos para desarrollo.  Para empezar, en estos momentos no encontrarán esa palabra en el diccionario de la Real Academia Española, RAE—o por lo menos, en su versión en línea; si se llega a incluir en el futuro, ya eso es otra cosa.  Además de que el término supone un significado distinto al que se le da por ahí—que sería algo así como “el estudio científico de los permisos”, ya que “-logía” proviene del griego logos.  Pero sobre todo… ¡ése es un soberano disparate!  ¡Eso no pare más!)

Y entonces, ¿qué puede implicar una expresión como la que hizo este funcionario?  Que a quienes se debe el gobierno no es a sus ciudadanos, sino a quienes tienen el poder económico.  Que Puerto Rico no le pertenece a sus ciudadanos, a los que el gobierno está llamado a servir y proteger, sino a un grupo de intereses afluentes, a los que el gobierno le rinde pleitesía y cuyo bienestar está por encima del de quienes no tienen ese privilegio.  Que quienes tienen el poder económico son “los buenos”, mientras que los sectores pobres y marginados que defienden sus derechos son “los malos de la película”.  Es más, creo estar oyendo un eco de algo que comenté en mi entrada anterior…

Pueden sugerir lo que se les ocurra, cualquier cosa, y yo cumpliré con hacer el ejercicio de “escucharlos”, pero los míos son los que mandan aquí y ya la suerte está echada.

(Esta vez añadí el énfasis intencionalmente, a tono con la entrada de hoy.)

Lógicamente, una lindeza como ésta no podía quedarse sin recibir una reacción de quienes la escucharon, principalmente en ánimo de que se rectificara esa visión del sector privado como el “dueño” de Puerto Rico.  Algo a lo que ciertamente no ayudaron las expresiones del gobernador de Puerto Rico, Luis G. Fortuño Bruset, quien no quiso entrar directamente en lo que dijo su subalterno y en lugar de eso prefirió darle una vuelta al tema:

Somos todos dueños de Puerto Rico.  Esto no excluye a unos y otros…  Todos somos dueños de Puerto Rico, los cuatro millones de puertorriqueños….

Creo que tenemos que ponerlo en el contexto correcto, que todos somos dueños de Puerto Rico, los cuatro millones de puertorriqueños.  Eso incluye al sector privado, que tiene el 80 por ciento de los empleos de Puerto Rico.

Hon. Luis G. Fortuño Bruset, Gobernador
(otra vez, énfasis añadido con toda intención)

¡O sea, que el funcionario no dijo lo que el resto de los meros mortales creyó que el dijo!  O si lo dijo, no se le entendió “correctamente”, no se pusieron sus palabras “en el contexto correcto”.  (¿Por culpa de la prensa?  ¿Por culpa del mensajero que sólo trae malas noticias y por eso hay que eliminarlo?)  ¡Ay, bendito!  Ténganle pena al pobrecito, es un incomprendido…

(Eso sí, no esperen a que el funcionario salga de súbito entonando el Incomprendido como lo hacía el recordado “Sonero Mayor”, Ismael Rivera… ¡sospecho que él no querrá bajar a ese nivel!)

(Es más, véanlo cantar Incomprendido… ¡al Rey Maelo, por supuesto! Vía YouTube.)

Pero así es como están las cosas últimamente.  En una suerte de negación de una realidad: Puerto Rico nos pertenece a todos y todas: ricos y pobres, hombres y mujeres, niños y jóvenes y adultos y ancianos, familias tradicionales y familias “torcidas” (como el presidente del Senado, Thomas Rivera Schatz, llamó a las familias que no siguen el molde tradicional, y ustedes saben a lo que me refiero), santos y pecadores por igual.  Y que todos y todas, en una u otra medida, ponemos de nuestra parte para enfrentar los retos de la vida, para echar el país hacia adelante.  Pero para algunas personas, sobre todo en las esferas del poder, eso no está “en el contexto correcto”…

Y en ese contexto, ¡vamos a dejar eso ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta luego.

LDB

Cuando tenga la tierra…

¡Saludos, mi gente!

Ustedes saben que en entradas anteriores he escrito sobre el trabajo que hacen las organizaciones de base comunitaria en Puerto Rico.  Es más, déjenme retroceder un poco para ver lo que escribí el año pasado al respecto, cuando contrasté la digna labor de las organizaciones de base comunitaria con el bochornoso espectáculo de los legisladores boricuas (en eventos separados ocurridos un mismo día):

De particular interés fueron las presentaciones que hicieron los líderes o representantes de las comunidades, ya que como la experiencia reciente ha demostrado, estas comunidades son las que están desarrollando las maneras de resolver sus propios asuntos y de reclamarle a los gobiernos pertinentes (particularmente los gobiernos municipales) la atención debida a sus necesidades.  En dichas presentaciones se observaba el interés, el empeño, el tesón con el que estas comunidades luchan día a día contra vientos y mareas, para exigir la reparación de los agravios que cometemos todos los días contra nuestro ambiente.  Ya sea exigir respeto por los árboles cuando éstos son cortados por razones que al final resultan espurias… o defender los derechos de una comunidad que vive, trabaja y sueña dentro de lo que ha sido su hogar histórico… las comunidades nos demuestran que toman su responsabilidad en serio, que tienen el empeño de legarle a las futuras generaciones, un futuro de paz, donde puedan disfrutar de una vida segura, en armonía con su medio ambiente.

Dos ejemplos de conducta pública en un día (10 de febrero de 2008 ) (el énfasis está incluido en el original)

Y hasta insistí en eso mientras esperábamos a que se realizaran las pasadas elecciones generales en Puerto Rico:

En lo que el hacha va y viene, lo mejor que yo puedo hacer es pensar en las cosas que me hubiera gustado ver en los cuatro programas de gobierno para el ejercicio electoral de 2008.  Cosas como por ejemplo, un mayor apoyo del gobierno a las organizaciones comunitarias, que en el análisis final, son las que están ayudando a la gente a pararse sobre sus propios pies, sin “recostarse” de las dádivas de los programas de asistencia social estadounidense.

Cosas que a mí me hubiera gustado ver (27 de octubre de 2008 )

Yo no sé, pero me pregunto si un gobierno—sea del partido político que sea—puede estar en contra de que la gente más necesitada sea capaz de pararse sobre sus propios pies.  Después de todo, una de las funciones de los partidos políticos es buscar alternativas para ayudar a la gente a solucionar los males que la aquejan—me refiero a problemas tan serios como la pobreza, la violencia delictiva, la salud física y emocional, el deterioro de la economía, etc.—y pueda vivir su vida aportando al bienestar y el progreso del país… ¿o me equivoco?

El caso es que en los últimos días han salido a relucir dos proyectos de la Asamblea Legislativa puertorriqueña—pero para los efectos estoy hablando de una misma cosa—, que se han visto como una amenaza a la capacidad de apoderamiento (lo que algunos que pretenden hablar inglés sin siquiera saber hablar buen español llaman empowerment) de estas comunidades pobres.  Tanto el Proyecto del Senado 365 como el Proyecto de la Cámara de Representantes 1403 pretenden enmendar una ley del 2004, por medio de la cual los terrenos en las márgenes del Caño Martín Peña se traspasan (en última instancia) a las comunidades existentes a uno y otro lado.

Para quienes no conocen la zona, el Caño Martín Peña (el cuerpo de agua que se indica con la tachuela roja en este mapa) discurre de este a oeste desde la Laguna San José hasta donde se une con el Río Puerto Nuevo, cerca de donde éste desemboca en la Bahía de San Juan.  El caño separa los distritos sanjuaneros de Santurce al norte y Hato Rey al sur.  A ambos lados del caño están asentadas unas ocho comunidades (Barriada Israel-Bitumul, Parada 27, Península de Cantera, Las Monjas, Barrio Obrero Marina, Barrio Obrero, Buena Vista de Santurce y Buena Vista de Hato Rey), cuyos 27000 habitantes, al decir del Consorcio del Estuario de la Bahía de San Juan (SJBEC), viven “en condiciones de marginalidad y pobreza”.  Dichos residentes, según la página informativa del Proyecto ENLACE del Caño Martín Peña,

… son vulnerables a problemas de salud e inundaciones frecuentes relacionadas con la falta de infraestructura de alcantarillado sanitario y la resultante degradación de este cuerpo de agua.

Irónicamente, estas ocho comunidades pobres se encuentran a poca distancia del tramo de las avenidas Ponce de León (carretera [25] en el mapa) y Muñoz Rivera (carretera [1], no identificada en el mapa, pero que discurre paralela a la Ponce de León) entre el caño y el sector central de Hato Rey, donde radican algunas sedes de los principales bancos e instituciones financieras de Puerto Rico, conocido como “la Milla de Oro”.  ¡Nada más con el testigo! 

(Por cierto, les dejo aquí este enlace para que conozcan parte de la historia de las comunidades que rodean el caño, a través de un proyecto de historia oral dirigido por el profesor Pedro González. de la Universidad Interamericana de Puerto Rico [UIAPR].)

Volviendo al tema, los proyectos legislativos que mencioné arriba procuran intervenir con el Artículo 16 de la Ley 489 del 24 de septiembre de 2004, la Ley para el Desarrollo Integral del Distrito de Planificación Especial del Caño Martín Peña.  Según está redactado, ese artículo establece lo siguiente:

Las Agencias Públicas, según definidas en esta Ley, que administren, custodien, dominen, arrienden o posean terrenos en el Distrito se entenderá por esta Ley que han transferido, a partir de los ciento sesenta (160) días de la vigencia de la misma, el respectivo título a la Corporación.  En el caso de los terrenos de dominio o patrimonio público la titularidad de los mismos queda por esta Ley investida en la Corporación, con las excepciones más adelante establecidas en relación con la Zona Marítimo Terrestre.

Pero más allá de lo que esto signifique, sería bueno ver la intención detrás de que la Corporación sea la dueña de esos terrenos bajo esta ley.  Tres artículos más adelante, la Ley 489 de 2004 crea el Fideicomiso de la Tierra del Caño Martín Peña, el cual abarcará todos los terrenos que le se le hayan transferido a la Corporación del Proyecto ENLACE (que también se crea bajo dicha ley).  Según redactado,

(a) El Fideicomiso de la Tierra tendrá los siguientes objetivos: (1) Contribuir a resolver el problema de titularidad de muchos residentes en el Distrito mediante la tenencia colectiva del terreno.  (2) Atender con equidad el desplazamiento físico o económico de los residentes de bajos ingresos que resulta de los proyectos de reconstrucción urbana, evitando la desintegración y el desplazamiento de la comunidad.  (3) Garantizar viviendas asequibles en el Distrito.  (4) Adquirir y poseer tierras en beneficio de la comunidad, incrementando el control local sobre la tierra y evitando la toma de decisiones por dueños ausentes.  (5) Facilitar la participación de los residentes y la inversión estratégica del sector privado, y redistribuir con equidad el aumento en el valor de la tierra mediante el mecanismo de bonos de participación, diversificando las fuentes de ingresos de las familias y reinvirtiendo en el Distrito.  (6) Facilitar la reconstrucción y valorización de los espacios urbanos, de acuerdo a la política pública establecida por esta Ley, y los planes de desarrollo y uso de suelo que adopte la Junta de Planificación para el Distrito….

(b) Para cumplir con estos objetivos, el Fideicomiso podrá:…

(Agárrense de sus asientos, porque aquí es que viene lo bueno…)

…  (6) Adquirir por medio de la transferencia de título, los terrenos y solares de origen público que se determina por el estudio que se ordena en el Artículo 16 de esta Ley y proteger los bienes patrimoniales de Puerto Rico en el Distrito….  (8) Administrar los terrenos de forma efectiva para el beneficio equitativo de los residentes del Distrito….

Ley 489 de 2004, Artículo 19 (énfasis añadido por mí intencionalmente).

Digo yo, si como lo dice el artículo de ley que acabo de citar, la obtención de esos terrenos por parte del fideicomiso que se crea bajo esa ley es para el beneficio equitativo de los residentes del distrito del Caño Martín Peña, ¿quién puede tener alguna objeción a ello?  Claro está, a menos que se trate de otros intereses que tienen puestos sus ojos en los terrenos alrededor del caño, especialmente los que las agencias públicas poseen en el área.  Intereses que ven en los terrenos alrededor del Caño Martín Peña la posibilidad de desarrollo, pero no la clase de desarrollo que beneficie a los residentes de la zona.  Y no hace falta decir a qué me refiero, pero eso incluye la construcción de apartamentos y viviendas de lujo, de esas que comienzan en los “bajos” US$500000 (y eso es el modelo “básico” con un sólo dormitorio y un cuarto de baño, con estacionamiento para un sólo auto)… la clase de vivienda en la que ninguna de las familias que residen actualmente en estas comunidades podrá poseer, a menos que (en el mejor de los casos) se saquen los millones de dólares en el premio mayor de la Lotto

(Y aún si fuese así, yo sigo cuestionando si en realidad existe en Puerto Rico tal demanda que justifique la venta de viviendas a precios como ése, porque yo lo veo muy dudoso… ¡pero ésa es sólo mi opinión!)

Ante ese cuadro, la impresión es que la Asamblea Legislativa ha salido al rescate… pero no de los residentes de las ocho comunidades alrededor del caño (que se han hecho bautizar “G-8”, como los países que forman la cumbre de países industrializados), sino de los propios intereses desarrollistas que tienen en la mira los terrenos alrededor del caño.  O por lo menos, eso es lo que vemos en los siguientes comentarios sobre la manera en la que el Senado aprobó su versión del proyecto (P.S. 365), por descargue, sin una discusión concienzuda de los méritos del proyecto en el hemiciclo:

La medida me parece un enorme retroceso en el proceso de apoderamiento social y de autogestión, y plantea un empujón a la agenda gubernamental que en ocasiones parece descartar a las comunidades a la hora de tomar decisiones sobre sus tierras.  Eso, por no hablar del desplazamiento que era la norma antes de la aprobación del Fideicomiso.  Ya sabes: sacamos a los pobres para construir para los ricos.  Lo peor de todo es que la aprobación por descargue se dio sin siquiera avisar a las comunidades afectadas.

Caño Martín Peña: Golpe mortal a la autogestión (Julio Rivera Saniel: Blogueando, 22 de mayo de 2009)

Esta aprobación pone en serio riesgo un proyecto que ejemplifica extraordinariamente los principios de democracia participativa, autogestión comunitaria, integración de los objetivos de superación de la pobreza con el medioambiente y mecanismos efectivos para lograr justicia distributiva en materia patrimonial.  Por lo que su defensa, permanencia y éxito beneficia a todos los proyectos comunitarios que se basan en estos principios.

Una vez más: Apoya al Caño desde donde puedas…, por la Lcda. Érika Fontánez Torres (Poder, Espacio y Ambiente, 21 de mayo de 2009)

De hecho, a mí me parece que esto podría ser un disparo de advertencia en una guerra no declarada, entre los intereses desarrollistas y sus aliados legislativos, de un lado, y las comunidades y sus organizaciones de base, del otro lado, con el propósito de reducir a estas últimas a entes impotentes, a simples mantenidos dependientes del estado benefactor, que ni sueñen con tener la capacidad de hacerse una vida mejor sin la “ayuda” de un gobierno o partido político (el que sea).  Que no tengan la capacidad de defenderse en contra de las injusticias provocadas por un desarrollo desmedido y que las acepten sin protestar, para que no se perjudiquen el “progreso” y el “bienestar económico” del país.  (¿No se les parece esto último al fin con el cual las corporaciones en los Estados Unidos suelen usar—más bien, abusar—de lo que se conoce como la demanda estratégica contra la participación pública, SLAPP?*  ¿Será esto una señal de lo que está por venir?)

Yo no sé en qué acabe esto, pero me parece que es el reflejo de cómo la ambición de unos pocos, ayudada por la complicidad—y la complacencia—de los mecanismos políticos principales, busca acabar con las ansias de superación de los seres humanos con mayor desventaja social.  (Y después nos preguntamos de dónde sale tanta violencia, tanto desasosiego, tanto pesimismo.)  Pero creo que de las comunidades depende elegir entre dejarse vencer o ponerse de pie… ¡y yo creo que se mantendrán de pie y seguirán de pie, le guste a quien le guste!

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta luego.


* Por cierto, en mi búsqueda de información para esta entrada acabo de dar con un libro escrito por los dos catedráticos de la Universidad de Denver que descubrieron y alertaron sobre la tendencia de las SLAPP en la década de 1980:

SLAPPs.  Getting Sued for Speaking Out, por George W. Pring y Penelope Canan.  Philadelphia, PA: Temple University Press, 1996.  296 pp.  ISBN: 1-56639-369-8 en rústica, ISBN: 1-56639-368-X en tapa dura.


LDB