La niña y los que odian la luz

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Title page to Locke’s Some Thoughts Concerning Education (Photo credit: Wikipedia)

Sinceramente, yo me resisto a creer que haya en este mundo quien no quiera lo mejor para sus semejantes.  Yo prefiero creer que todos los seres humanos, hombres y mujeres, tenemos el firme deseo de mejorar las condiciones en las que llevamos nuestra vida.  Y que tenemos la responsabilidad de ayudar a nuestros herman@s a llegar más allá de donde están, a superar las barreras que el odio, la intolerancia y el fanatismo nos ponen delante, a lograr el mejor mundo posible.

Yo me imagino que eso era lo que Malala Yousafzai (vía Wikipedia: en español, en inglés), a sus 14 años, tenía en su joven mente cuando se atrevió a levantarse sobre sus propios pies, cuando empezó a abogar—a través de un blog que ella escribía para el portal de la empresa pública británica, BBC—por la educación suya y de otras niñas en Pakistán.  Porque ella estaba está convencida de que otro mundo es posible.  Un mundo en el que todas las personas tienen las mismas posibilidades para realizarse, para ayudar a su gente a ponerse en pie y enfrentar los rigores de la vida diaria, con optimismo, con seguridad, con la confianza puesta en un futuro de plena esperanza.

¿A quién puede hacerle daño algo como eso?  ¿Cuál sería ese daño?  ¿Merece esa buena voluntad ser reprimida como si se aplastara un insecto dañino o la flor de la mala yerba (que por lo demás, no tiene la culpa de su hermosura) con una bota?

Yo me imagino que eso era lo que tenían en mente sus agresores, aquéllos a los que llamaré en adelante, “los que odian la luz”.

20Todos los que hacen lo malo odian la luz, y no se acercan a ella para que no se descubra lo que están haciendo.”  (El Evangelio según San Juan, Capítulo 3, Versión Dios Habla Hoy de 1983.)

13Hay algunos que odian la luz, y en todos sus caminos se apartan de ella.  14El asesino madruga para matar al pobre, y al anochecer se convierte en ladrón.  15El adúltero espera a que oscurezca, y se tapa bien la cara, pensando: ‘Así nadie me ve’.  16El ladrón se mete de noche en las casas.  Todos ellos se encierran de día; son enemigos de la luz.  17La luz del día es para ellos densa oscuridad; prefieren los horrores de la noche.”  Job, Capítulo 24, Versión Dios Habla Hoy de 1983).

Tal vez eso que acabo de citar era lo que tenían en mente: no dejar que sus propios herman@s se acercaran a la luz, y sumirl@s en la más densa oscuridad.  Una oscuridad que no les permita discernir el camino correcto y racional para sus vidas, y que los obligue a seguir los dictados de una interpretación torcida de lo que por lo demás es una creencia religiosa de bondad y de amor al prójimo.  (Porque gústele a quien le guste, ésa es la verdad.)  Y aunque fuese a plena luz del día, sumidos en esa densa oscuridad del alma se dispusieron a tratar de matar a quien sólo buscaba llevar la luz a los demás.

Y tal vez con eso, sus aspirantes a asesinos creyeron que estaban ganando la batalla ideológica por los corazones y las mentes de los paquistaníes.  Y creyeron que con ello, mataban a la mensajera—porque ella era la que representaba la mala noticia para ellos.

Pero los agresores no contaban con el repudio generalizado de sus conciudadanos, ni el de la comunidad internacional en general.  Tal vez esa era una consecuencia que no deseaban.

Aún así, no deja de ponerme a pensar si no se habrá regado por el mundo la mala semilla del odio a la luz, de querer matar al mensajero, creyendo que con ello mata el mensaje, y en su lugar crear un caldo de cultivo para la ignorancia, para la necedad.  Y ciertamente uno ve eso en todas partes, aun viniendo de quienes alegan estar inspirados por los más nobles ideales.  Gente que cree que al lucir su ignorancia públicamente, le hace un servicio honroso a su propia gente.  Desde quien da a entender que el daño que se le haga a otras personas se deba a que “así lo quiso (o lo quiere) Dios” (que en mucho no se parece al Ser Supremo en el que yo creo, o por lo menos, como a mí se me enseñó en mi etapa formativa) hasta quien pretende inculcar una cultura retrógrada que eche por tierra todos los avances por los que la humanidad ha luchado tanto, todo el caudal de conocimiento que nos ayuda a explicar quiénes somos y por qué estamos donde estamos. toda la esperanza que nos sirve para enfrentar el futuro.  Y no me gustaría pensar en las consecuencias en caso de que eso sucediera.

Por lo menos, hay una esperanza.  Porque para quienes creían que habían podido matar, tanto al mensaje como a la mensajera, la decepción debe serles bastante profunda.  Al momento en que escribo esto, ni el mensaje ni la mensajera están muertos—o por lo menos, así parece que va a ser, según los más recientes despachos que afirman que Malala se está recuperando fuera de su país, y que proyectan una prognosis optimista de recuperación.

Mala noticia para los que odian la luz.  Mala noticia para quienes creen que sumiendo a todo un pueblo en la densa oscuridad de sus almas podrán prevalecer.  Mala noticia para quienes creen que matando el mensajero, logran desaparecer el mensaje para siempre.

Porque… ¿qué tal si Malala Yousafzai es tan sólo la primera?  ¿Qué tal si hay otras Malalas?  ¿Qué tal si son más los que aman la luz que los que la odian?

Yo prefiero creer que esta última es la realidad.  Que hay más gente que ama la luz.  Y a la gente que ama la luz, no la detiene el odio, ni nada.  Absolutamente nada, ni nadie.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

(P.S. Querrán leer también esta entrada escrita para el periódico El Mundo de Madrid, España, en la que también se comenta el caso de Malala Yousafzai.  O este artículo de fondo que le dedica nuestro excelente autor humacaeño, Luis Rafael Sánchez, en El Nuevo Día.)

Soy Luis Daniel Beltrán… ¡y yo apruebo esta entrada! Pulgar hacia arriba

Y el león no era tan fiero na’

A still of 2004 Osama bin Laden video
Image via Wikipedia

Amigas y amigos, mi gente, hace exactamente una semana un acontecimiento hizo opacar la “fiebre” mundial por el casorio de Guille y Kati la boda del Príncipe “Guillermo” y la hoy Princesa “Catalina”—uno de esos eventos “sociales” en el que los monarcas quieren dar la impresión de que siguen siendo relevantes en el mundo, al comienzo del Siglo 21 (y quién sabe si sirvió de inspiración para que alguno de los “beautiful people” de aquí se le ocurriera la “charrería” de imitar el despliegue de lujo y opulencia de un imperio que ya no es ni la sombra de lo que fue)—para dar paso a la muy necesaria clausura (no sé si ésta sea una buena traducción para el inglés “closure”, pero “a lo hecho, pecho”) de un decenio dominado por el miedo.

(Por cierto, también opacó la noticia que resume los trágicos estragos de las inundaciones en el Midwest estadounidense, donde el poderoso Río Mississippi ha dejado muerte y destrucción a su paso, y para colmo, no se espera que ese río baje a su nivel… ¡sino hasta entrado el mes de junio!)

No hace falta decir que se trata de la operación de la casa amurallada de Abbottabad, Pakistán (información en español y en inglés, vía Wikipedia), donde se alojó durante cinco años (más o menos) el criminal más buscado del planeta, Osama bin Laden.  El autor intelectual de los trágicos sucesos ocurridos el 11 de septiembre de 2001 en New York, NY, Washington, D.C. y Shanksville. PA, en los cuales aproximadamente 3_000 personas perdieron su vida, como víctimas inocentes del celo de un grupo de fanáticos religiosos—sucesos a los cuales dediqué una entrada, al cumplirse su cuarto aniversario, y de los que puedo decir propiamente que estuve a punto de ver relativamente de cerca.

Muchas preguntas han surgido desde entonces.  Como por ejemplo, cómo fue que la inteligencia militar (sí, ya lo sé, esa frase es un “oxymoron”) estadounidense logró dar con el paradero del individuo, después de tanto tiempo y esfuerzo (y de tantas oportunidades que habría dejado escapar).  O cómo es posible que estando la vivienda donde se efectuó la incursión, ubicada en el mismo barrio urbano que una academia militar paquistaní, las autoridades paquistanas no tuvieran ningún conocimiento de que tan “distinguido” huésped estuviera viviendo bajo sus narices.  Por supuesto, ante la duda, las autoridades locales han tenido que recurrir al cuento de “ah, no, yo no sé, no” para poder sacar… esteeeeeeeee… las piernas del agua, o más bien, para que no se piense que le estaban sacando partido a darle albergue al “distinguido” huésped, mientras que se cantaba como colaborador de la parte agraviada en su “guerra contra el terrorismo”.

(Precisamente, la misma guerra que como escribí en la entrada anterior a la que me refiero arriba, tomó el rumbo que no era por razones que sólo se pueden explicar en términos de ventajería política, pero ya eso es otro tema.)

De todos modos, no hace falta decir que la intervención militar estadounidense resultó en la confiscación de material de gran importancia para entender el peligro que la organización terrorista encabezada por bin Laden representaba—y aún representa—para el mundo occidental… y que en el proceso, dejó ver la persona que se escondía detrás del mito.  A mí me llama mucho la atención el hallazgo de las cintas de vídeo que muestran a este individuo como vanidoso, obsesionado con su propia imagen, como el individuo envuelto en mantas y con una gorra tejida que le cubre la cabeza, sentado en el piso mientras observa visuales en los que se habla de él.  Digo, ¿tan preocupado estaba él de cuidar su imagen, de evitar cometer errores (aun cuando “pusiera un huevo” en la grabación de alguno de sus mensajes de propaganda terrorista y tuviera que repetir la toma)?  ¿Tanto se admiraba él?  ¿O tal vez no estaría añorando los “buenos” tiempos del pasado?

(Por cierto, lo primero que me vino a la mente cuando vi ese último video fueron aquellos antiguos comerciales en los que el ex-astro de los Yankees de New York del MLB, Reggie “Mr. Octubre” Jackson—de madre boricua, por cierto—, como portavoz de los televisores marca Panasonic, siempre se aseguraba de que hubiera “algo bueno en la televisión”—siempre y cuando ese “algo bueno” fuera que él estuviera en pantalla haciendo galas de su talento beisbolístico… ¿ya ven por dónde va esto?)

Yo no sé, pero a lo mejor no estarán muy lejos quienes quieran sacarle partido a esa imagen de bin Laden en particular, poniéndolo a pensar, por ejemplo…

“¿Cuándo terminarán con el %^+{#!$ reportaje ése, que yo quiero ver a ‘La Comay’?”

Pero parodias aparte, la pregunta más importante que me hago es si de veras debemos creer que con la muerte de bin Laden, el mundo es ahora un poco más seguro.  Como es de esperarse, los actuales personeros de la organización que bin Laden dirigía hasta su muerte ya han jurado venganza contra los EE.UU., aunque hay quienes ponen en tela de juicio que la manera de ejecutar esa venganza sea igual de intensa que la de hace casi 10 años.  ¿Y entonces?

“¿A dónde irá el mundo desde aquí?  […]  Puede ser que uno (o una) trate de hacer lo que dice el refrán, «A mal tiempo, buena cara».  Puede uno intentar vivir una vida con una semblanza de normalidad… ¡pero las huellas de los trágicos y criminales eventos del 11 de septiembre de 2001 han hecho que nada sea lo mismo!”

Me temo que lo que escribí en este blog el 11 de septiembre de 2005, será nuestra realidad de cada día, por mucho tiempo más.

Y de cara al Puerto Rico BloggerCon 2011 del próximo sábado, ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.

LDB

La Pasion de Benazir

¡Qué tal, mi gente!  La cosa es que…

A veces creo que hay quienes no quieren despertar a la realidad de que vivimos en una época supuestamente más iluminada, en la que el imperio de la violencia y el sectarismo no tienen cabida.  Y esa es una realidad válida tanto para Puerto Rico como para el mundo, ahora que nos estamos despediendo del año 2007 para recibir el 2008.

Prueba de ello nos la da el asesinato de la que fuese Primera Ministra de Pakistán, Benazir Bhutto, ocurrido el pasado jueves (12/27/2007) tras dirigirse a sus seguidores en una localidad del Norte de su país.  País al que regresó a pesar del riesgo que ello implicaba para su vida, ante el clima de inestabilidad causado por las acciones del mismo gobierno del que ella era opositora—como el estado de excepción que se estableció hace unas semanas y que a pesar de los pesares, ese mismo gobierno tuvo que levantar hace unos días, no sin antes rajarle la cabeza a dos o tres manifestantes—, enmascaradas bajo la excusa de un ataque frontal a los elementos terroristas que operan en su suelo.  (Total, dicen que desde que se inventaron las excusas, todo el mundo sale ganando…).

Por supuesto, mucho se ha dicho en la Red Mundial sobre los hechos mediante los cuales se tronchó la vida de la ex-mandataria—que con todo y eso, tampoco se podía considerar como una hermanita de la caridad, ya que tuvo que salir de Pakistán en medio de acusaciones de corrupción y nepotismo durante su mandato.  Pero lo que a mí me llama la atención mientras escribo esto es que las circunstancias en las que ella perdió su vida están siendo objeto de alguna clase de juego, sabe Dios para el beneficio de quién.  Por ejemplo, testigos de los hechos (¡y estoy hablando de gente que estuvo allí!) dicen que ella fue abaleada primero por detrás de la cabeza y en el torso, tras lo cual estalló una bomba adosada al cuerpo del asesino (o asesinos, porque ahora resulta que son dos).  Pero eso no es todo: Varias cámaras de vídeo captaron (a pesar del movimiento que sería de esperar en la imagen, ante una situación como esa que se desarrolla frente a uno) la secuencia de los hechos según la acabo de mencionar.

Hasta ahí vamos bien, ¿sí?  ¡PUES NO!  Porque según el propio gobierno de Pakistán, NUNCA hubo tales disparos (y entonces, ¿qué fue eso que se vio en los vídeos? ¿una pistolita de fulminantes?); sí hubo una explosión y como consecuencia, la señora Bhutto se dio un fuerte mameyazo (me disculpan, pero no se me ocurrió usar otra palabra menos colorida) contra el carro en el que se encontraba en ese momento y eso fue lo que la mató.  PUNTO.  ¡Aquí no ha pasado nada, todo quedó como estaba!  ¡Ah!  Y por defecto (lo que en buen español llamamos default), la culpa es de los terroristas.  PUNTO Y YA.  SE ACABÓ.  ¡Y NO HAY MÁS NÁ’!

Pregunta que les hago: ¿No se les parece eso a la excusa que dio el gobierno español de Aznar cuando el 11 de marzo de 2004, apenas unos días antes de las elecciones generales, quiso inculpar a los separatistas vascos de los siniestros atentados terroristas que cobraron la vida de 191 personas—hombres, mujeres y niños—en cuatro trenes en las cercanías de Madrid?  Total, todos sabemos como terminó ese asunto, con la derrota electoral del partido gobernante entonces y con la responsabilidad dirigida más bien hacia los elementos terroristas que creen tener al mundo en sus manos, los mismos que se envalentonaron después de los viles hechos de 9/11/2001.  O para no ir muy lejos, ¿no se les parece a las excusas que algunos regímenes en América Latina esgrimieron en su momento para actuar contra los movimientos sociales en los 1960s, 70s y 80s?  Excusas de las que muy torpemente se copiaron algunos políticos en Puerto Rico durante esos mismos años, diz que para “defender la democracia”.  ¿Acaso para defender la democracia hay que actuar como un asesino?  (Y lamentablemente, Puerto Rico nunca estuvo, ni está ajeno a que algo así suceda…)

Por supuesto, ésta no es la primera, ni será la última vez que el mundo verá cómo un político es asesinado por sus rivales… o más bien por aquéllos a quienes éstos manden a hacer ese “trabajito”, por aquello de no ensuciarse las manos.  (Acuérdense de aquel candidato presidencial mexicano, Luis Donaldo Colossio, que fuese asesinado durante un mítin en Tijuana el día 3/23/1994.)  Lamentablemente ese es el precio de vivir a comienzos del Siglo 21, una época supuestamente más iluminada.  Pero así son las cosas, y así es la gente.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Y…

¡NOS VEMOS EN EL 2008!

LDB