Y la orquesta sigue tocando

Category:Sinking of the RMS Titanic
Category:Sinking of the RMS Titanic (Photo credit: Wikipedia)

Amigas y amigos, mi gente:

La verdad es que cuanto más avanzan los acontecimientos, más me doy cuenta de que tengo la razón.  El sistema de partidos políticos en Puerto Rico está—por decir algo benévolo—dañado desde hace mucho tiempo.

Ha pasado poco más de un mes desde que se llevaron a cabo las primarias de los dos partidos políticos principales de Puerto Rico—el PPD y el PNP—, más la primaria premio-de-consolación del “Grand Old Party” estadounidense (los Republicanos, los rojos, los del elefante, por si alguien quiere más señas), y desde entonces han salido a relucir las triquiñuelas (por llamarlas de algún modo) que ambos partidos han estado usando por décadas para asegurarse su agarre al poder, triquiñuelas que ambos bandos se reparten a partes iguales.  Desde añadir papeletas de votación que favorezcan al candidato más desventajado—para que parezca como si hubiera ocurrido un “milagro”, de esos de los que se agarran algunos reaccionarios conservadores como si se agarraran de un clavo para no caer al vacío—hasta funcionarios electorales que firman por electores que por lo demás no pueden hacer oír su voz… porque después de todo, una vez mueres no hay quien pueda escucharte.

Y unos y otros echándose culpas mutuamente, los unos queriendo demostrar que los otros son unos corruptos (¿los otros más corruptos que los unos?).

Y mientras unos y otros se sacan mutuamente sus trapitos al sol (como que es algo de lo que viven, que les da su razón de existir), queda en tela de juicio todo un proceso electoral.  Sobre todo, ese proceso queda en tela de juicio en el peor momento posible, cuando los puertorriqueños nos encaminamos a ver a cuáles de los candidatos “favorecidos” en esa primaria ocupará su parcela de poder desde enero del año que viene—digo, a menos que los antiguos Mayas tengan razón y el mundo “se acabe” antes de que eso ocurra (y aun si eso fuera así… tengan la certeza de que este blog seguirá aquí, como y donde siempre Guiño ).

(Ah, y olvídense de la parte de esa primaria que corresponde al GOP, ya que como dice una compañera de mi trabajo, “¡nada que ver!”)

Francamente, me asusta pensar cómo será el proceso de las elecciones generales del 6 de noviembre de 2012, si va a estar plagado de listas electorales “infladas” con más nombres que la cantidad de personas inscritas, o con pedidos de una parte de que le permitan ver las listas electorales del bando opositor (algo que por lo demás se supone que no ocurra, ya que son documentos confidenciales por su naturaleza), o con maletines con material de un colegio electoral “arrestados” bajo sospecha de que su contenido ha sido intervenido—más bien, que se ha truqueado con el mismo.

(Aparte: aun cuando se pueda entender que no es incorrecto aplicar un término referente a una acción penal a un objeto inanimado como lo es un maletín, me da un poco de gracia esto de los maletines “arrestados”.  A mí lo primero que me viene a la mente es uno de esos maletines al que llevan esposado, como si fuera sospechoso de delito, pasando por el circo montado por los medios que quieren preguntarle si cometió el delito que se le imputa y él haciendo gestos de malandrín y expresándose más o menos así: “Yo soy inocente, ‘miss’, yo soy inocente, eso fue el guardia ca… ése que la tiene conmigo, ¿vihte?”…)

A mí, lo que me dice todo esto es que la razón principal para el desbarajuste de la política actual en Puerto Rico no está en los candidatos que se eligen en las primarias—que es donde se supone que el elector pueda separar la paja del grano, a pesar de lo que se ha visto en primarias de otros años—, sino en las propias organizaciones políticas por las que son elegidos, específicamente los partidos políticos.  En el actual proceso, ha sido fácil ver cómo los partidos políticos principales recurren a cuanto truco existe para mantenerse en control, para imponer candidatos que no necesariamente serán idóneos para los puestos a los que aspiran, para imponer una voluntad que no necesariamente es la de los ciudadanos.

Y le guste o no a la partidocracia establecida o formal y a quienes la justifican, esos ciudadanos son los mismos que miran con pánico cómo se deteriora la seguridad pública, cómo su salud mental empieza a decaer peligrosamente ante una realidad que los abruma, cómo su sustento peligra ante los altos costos de la energía eléctrica y la gasolina, y por consiguiente todo lo que depende de ambas para mover los bienes y servicios que ayuden a ese sustento.  Y no sólo con pánico: también con desconfianza.

Y es a esa misma ciudadanía a la que los partidos políticos deben anteponer como es merecido, a la que hay que darle la prioridad, en lugar de enfocar su tiempo y sus energías en prevalecer por medios deshonestos en una contienda electoral.

Dicen que mientras el “insumergible” crucero RMS Titanic se hundía en los mares del norte, la trágica noche de un 15 de abril de 1912 (¡quién diría que de ese trágico evento se acaban de cumplir 100 años!), la orquesta que amenizaba el viaje seguía tocando como si nada.  A veces me da la impresión de que en Puerto Rico sucede lo mismo: un país fuertemente impactado, cuyos habitantes observan con cierto grado de impotencia cómo se hunde, mientras que la orquesta formada por su “claje” política insiste en seguir amenizando una fiesta fatídica, como si nada.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

Soy Luis Daniel Beltrán… ¡y yo apruebo esta entrada! Pulgar hacia arriba

El viaje final de los condenados

This photograph shows Lago de Loíza Reservoir ...
Image via Wikipedia

Pienso en ello y entonces me siento como si fuera mi peor pesadilla.

Voy en un vehículo oficial, atado de manos y pies, como “huésped” del sistema penal, regresando al campamento correccional luego de un día inmerso en un proceso judicial.  Afuera, se produce un aguacero intenso, de esos aguaceros inclementes que algunos de nuestros ciclones tropicales tienden a dejarnos como “souvenir”.  El conductor del vehículo, un guardia penal, ve que las aguas se están apropiando de la carretera, pero parece que ha decidido, “por sus…pantalones”, que va a cruzar el área del desborde, confiado en que lo podrá cruzar.  Total, si el vehículo ya casi está llegando a la entrada del campamento penal, ya casi está “ahí al lado”.

Y ahí es que viene el desastre.  Un golpe de agua que llega justo en el momento en que el conductor trata de hacer cruzar el vehículo.  Y ése no es precisamente el momento para no recordar algo que debió haber escuchado en sus clases de ciencia en la escuela superior—digo, si no “cortó clases” ese día:

“In a flood, two feet (61 cm) of water can move with enough force to wash a car away…

“Flood waters are more dangerous because they can apply much more pressure than an ordinary river or a calm sea. This is due to the massive differences in water volume that exist during many floods…. The bigger the difference between water volumes across an area, the greater the force of movement.  But at a particular point, the water doesn’t look so deep, and so doesn’t seem particularly dangerous—until it’s too late….

“The most dangerous floods are flash floods, which are caused by a sudden, intense accumulation of water.  Flash floods hit an area soon after water begins to accumulate (whether from excessive rain or another cause), so a lot of the time, people don’t see them coming….  Flash floods can be particularly devastating when a heavy thunderstorm dumps a high volume of rain on a mountain.  The water moves down the mountain at tremendous speed, plowing through anything in the valleys below.”

([Traducido a mi manera]: Durante una inundación, una masa de agua de dos pies de profundidad se mueve con fuerza suficiente para desplazar un automóvil.  El peligro de las aguas de inundación reside en que aplican una mayor presión que la de un río común y corriente o un mar en calma, debido a las enormes diferencias de volumen entre las masas de agua en un mismo río.  Así, mientras mayor sea esa diferencia, mayor será fuerza con la que empuja el agua.  Pero en algún punto, el agua se ve llanita y no muy peligrosa… ¡hasta que ya es tarde para evitar el peligro!  Por otra parte, aún más peligrosa es la inundación repentina, causada por la acumulación súbita e intensa de agua, por las lluvias o por otras causas, por lo que muchas veces eso es algo que, como quien dice, “no se veía venir”.  La inundación repentina puede ser particularmente devastadora cuando una tronada fuerte suelta una cantidad enorme de lluvias sobre las montañas.  El agua se mueve entonces montaña abajo a una tremenda velocidad, para barrer con todo lo que encontrará a su paso en los valles aguas abajo.)

(Citado de la página 4 de “How Floods Work”, por Tom Harris, en HowStuffWorks.com, 7 de junio de 2001.)

Pero no, no hay tiempo de pensar en eso, especialmente cuando él ve que su vehículo es arrastrado por la corriente fuerte y súbita, como empujar un sillón para cambiarlo de lugar en la sala de estar.  Arrastrado hasta que se detiene a un lado del camino, casi sepultado debajo de las aguas embravecidas.  Y tiene que buscar la manera de salir de allí.  Sí, él y el guardia correccional que lo acompaña para asegurarse de que al cargamento humano que lleva, no se le ocurra buscar la libertad en un descuido.

Y ambos logran salir del vehículo ahora incapacitado.  Pero… ¿y qué hay de los confinados?  ¿Y qué hay de mí, que estoy atrapado aquí adentro, que estoy entrando en pánico, mientras veo que el interior del vehículo se llena de agua?  ¿Qué es, que acaso estamos pensando en aprovechar el desastre que se nos viene encima para darnos a la fuga, en caso de que alguien más se apiade y venga a rescatarnos a los que estamos adentro?  Porque a la vez que el agua se está alzando dentro del vehículo convertido en cámara mortuoria, varios vecinos valientes se están ofreciendo para ayudarnos a salir.  Pero los dos guardias penales rechazan los esfuerzos ofrecidos—tal vez por ignorancia, o por insensibilidad, o por apego a una reglamentación que les obliga a retener a los confinados bajo cadenas, aun en una situación en la que las vidas de confinados y custodios corren un peligro inminente.  Total, qué más da que muera un confinado en medio de un desastre inminente… ¡lo importante es que no se fuguen!  Y PUNTO.

Mientras tanto, grito y grito para que me ayuden a salir… hasta que ya no me queda un grito más que exhalar.

Amigas y amigos, mi gente, créanme que no es nada fácil para mí imaginar—a la vez que lo voy escribiendo aquí—lo que pasaron en sus últimos minutos de vida los ocho confinados que murieron a comienzos de esta semana, mientras eran transferidos (junto con otros dos que sobrevivieron ulteriormente) al campamento correccional Sabana Hoyos de Arecibo.  Hombres que por más que se diga que estaban pagando sus deudas con la sociedad—con excepción de por lo menos uno que habría sido hallado no culpable del delito que se le habría imputado, y que tal vez estaría pensando en lo primero que haría a su regreso a la libre comunidad—, no tenían que morir de la manera tan cruel en la que murieron.  Sobre todo, no tenían por qué ser víctimas del atrevimiento e insensibilidad de los guardias correccionales que los custodiaban en ese fatídico viaje.  Guardias que ciertamente fallaron en actuar de manera responsable, aunque actuar responsablemente les costara tardar más tiempo y gastar más combustible, al desandar el camino ya andado y rodear por alguna ruta alterna.  Total, se dice que Puerto Rico es el país con la mayor cantidad de carreteras por milla cuadrada en el mundo.*  Así que… ¡por aquí, que es camino!

Pero no.  Prefirieron retar la suerte.  Y cuando la suerte les falló, prefirieron anteponer sus propias vidas a las de los confinados que llevaban en su custodia, como si la vida de un confinado valiera menos que nada.

Apostaron a que podían vencer a la naturaleza.  Pero la naturaleza los venció.  Y las consecuencias de esa jugarreta no podían ser más lamentables.


* Sólo una pequeña crítica constructiva: Parece que da mucho trabajo calcular y proveer el dato de cuántas millas de carretera (preferiblemente carreteras pavimentadas, incluidas las autopistas) hay por milla cuadrada en Puerto Rico, a juzgar por que muchos de los sitios en los que busqué en la Internet repiten esa frase (“Puerto Rico es el país con la mayor cantidad de carreteras por milla cuadrada en el mundo”), pero no aportan el dato numérico en concreto.


LDB