La hora del sacrificio… aún no termina

Flag of Puerto Rico
Flag of Puerto Rico (Photo credit: Wikipedia)

Debe ser que me estoy cansando de decir “lo mismo… lo mismo… lo mismo” en este blog.  Cualquiera diría que los gobiernos en Puerto Rico no saben atender las crisis económicas y fiscales—creadas irresponsablemente por esos mismos gobiernos—sin que sea “el de abajo” el que pague los platos rotos.

Ahora, luego de varias semanas de estarse discutiendo la implantación de una nueva ley para declarar una “emergencia fiscal” en Puerto Rico, la misma acaba de ser aprobada por la Asamblea Legislativa y firmada por el gobernador García Padilla.  Se trata de la Ley Número 66 de 17 de junio de 2014 (Ley 66-2014), conocida como la “Ley Especial de Sostenibilidad Fiscal y Operacional del Gobierno del Estado Libre Asociado de Puerto Rico”.  Una ley que del saque se ha dado en decir que es una nueva versión de la Ley Número 7 de 9 de junio de 2009 (Ley 7-2009), conocida como la “Ley Especial Declarando Estado de Emergencia Fiscal y Estableciendo Plan Integral de Estabilización Fiscal para Salvar el Crédito de Puerto Rico”, firmada por el entonces gobernador Luis G. Fortuño Burset.  Dos leyes con largas exposiciones de motivos (23 páginas en la Ley 7-2009 vis a vis 44 páginas en la Ley 66-2014), llenas de datos, gráficas y estadísticas para justificar sus respectivas existencias.  Pero ambas van dirigidas a un mismo fin: tratar de atender una crisis de la creación de los gobiernos que las implantaron, sin asumir mayor responsabilidad que la de ponerlas en el papel (o en el formato de documentos digitales, PDF—porque hay que hacerlo “a la moderna”, ¿vi’jte?) para la posteridad.  Para que se les recuerde—y se les “quiera” en el proceso (dándole su voto en las próximas elecciones generales).

Y si vamos a hablar de recordación, la de la Ley 7-2009 y sus lamentables consecuencias aún está fresquecita, y no con mucho cariño que digamos.  Y yo la sigo viviendo todos los días en mi lugar de trabajo.  Pero vamos a seguir con lo que hoy nos trae hasta aquí.

Por lo menos esta vez, la Ley 66-2014 no nos promete retiros tempranos ni renuncias “voluntariamente involuntarias” o “involuntariamente voluntarias” (o como diría Cantinflas, “ni una cosa ni la otra sino todo lo contrario”) como las de la Ley 7-2009—digo, si le creemos a la declaración de política pública en el segundo artículo de la Ley 66-2014.  (Sí, porque parece que la situación fiscal del gobierno es de tal magnitud, que no hay para proveer los lindos chalecos salvavidas con el emblema de los dueños de la nave que quiere llegar a puerto con la carga, los pasajeros y la tripulación—la que como siempre, NUNCA está de más—que ofrecieron la última vez.)  Más bien propone una variedad de medidas que deben estar en vigor hasta el 1 de julio de 2017 (o sea, hasta casi 7 meses después de las elecciones generales de 2016), o que podrían expirar antes si se certifica que el producto nacional bruto del país habría aumentado en 1.5% (1,5%) para un próximo año fiscal, las casas acreditadoras de la Calle Wall neoyorkina resuelven que las obligaciones financieras gubernamentales no son chatarra y el año fiscal que cierra lo haga sin un déficit (a menos que algún legislador de pueblo chiquito se haya despertado de su siesta en plena sesión para reclamar que a su municipio no lo dejan beneficiarse de las “medidas importantes”… ¡como los déficits!).  Medidas tales como reducción en la contratación de servicios profesionales; reducción en el gasto de nómina de empleados de confianza; prohibición de nombramientos de empleados regulares, de carrera, transitorios o irregulares para puestos (excepto que rindan servicios directos o sean esenciales para los recaudos de la agencia implicada, o por varias otras razones); autorización de traslados o destaques de empleados dentro de una misma agencia o entre agencias (sin disminución de sueldo o beneficios marginales); prohibición en la concesión de aumentos en beneficios económicos o compensación monetaria extraordinaria; extensión de las cláusulas no económicas de los convenios colectivos vigentes en las agencias de gobierno que se rigen bajo la Ley Número 45 de 25 de febrero de 1998 (Ley 45-1998), conocida como la “Ley de Relaciones del Trabajo para el Servicio Público de Puerto Rico” (los cuales serán negociados luego de concluir la vigencia de la Ley 66-2014); prohibición de los gastos en las agencias de gobierno, en exceso de los fondos presupuestados; suspensión de las cláusulas no económicas en los convenios vigentes en las corporaciones públicas (las cuales se rigen por otras leyes que no son la Ley 45-1998), incluida la prohibición de liquidar monetariamente los balances acumulados de licencia de sus empleados; prohibición del uso de fondos públicos para pagar escoltas a jefes de agencias (con algunas excepciones), así como para viajes no esenciales al extranjero, contratación de servicios profesionales y adquisición de equipos tecnológicos personales de uso exclusivo (ustedes saben: celulares inteligentes, PDAs—¿hay quien todavía usa eso habiendo actualmente celulares más inteligentes que un PDA?—y demás); y disminuciones en los gastos de arrendamiento (por ejemplo, de edificios) y en el consumo de electricidad y agua de las agencias públicas.

(La Ley 66-2014 también tiene otras medidas que aplican a las ramas legislativa y judicial, pero para los efectos de esta entrada me enfocaré en lo resumido en el párrafo anterior.)

Tal vez muchas de esas medidas suenan bien sobre el papel (o en la copia en formato digital).  Pero no les suenan bien a todo el mundo.  Particularmente a los empleados unionados de las corporaciones públicas (particularmente las autoridades de Acueductos y Alcantarillados y de Energía Eléctrica), los cuales han amenazado con envolver al país en un “paro nacional” si no se les excluye de la Ley 66-2014 (particularmente de lo relacionado con la prohibición en la concesión de aumentos en beneficios económicos o compensación monetaria extraordinaria y la suspensión de las cláusulas no económicas en los convenios vigentes).  Un paro que podría ocurrir como la visita anual de los 3 Reyes Magos, “de noche, con gran cautela, cuando nadie, sus pasos vela”.  Un paro cuyos pininos se dieron hace unos días, cuando formaron una enorme congestión de tránsito en el Túnel Minillas, una de las principales vías de tránsito del San Juan metropolitano.

Pero, ¿para qué?  ¿Con qué propósito?  ¿Qué se quería lograr?  Tal vez para mí no se logró nada, excepto que los principales medios de prensa captaran—intencionalmente o no, eso es inmaterial—el lado oscuro de las protestas obreras en Puerto Rico: manifestantes en pleno abuso contra los conductores a los que sólo les interesaba salir del barullo que se había formado en el túnel, con latas de cerveza en la mano (como si fuera una fiesta o un pasadía en la playa), incluso faltándole el respeto a los policías asignados a mantener el orden—que si vamos a ver, también son trabajadores, también tienen sus hachas que amolar (como la del tiempo trabajado por horas extra que nunca se les quiere pagar), pero también tienen la responsabilidad social de cumplir con su deber de garantizar la seguridad ciudadana, le guste a quien le guste.

Y después de todo ese “show of force”… ¡pa’ Plaza Las Américas!  No precisamente para conseguirse “lo último en la avenida” y estar a la moda—aunque el mundo se joda—, sino a marchar por dentro del centro para revivir la eterna dialéctica entre “ustedes, los ricos” y “nosotros, los pobres”.  (Me pregunto si estas personas sabrán que no todo el o la que va a “Plaza”—me incluyo, aunque sólo voy cuando sea estrictamente necesario—es porque quiere lucir la última moda de Armani Exchange, adornarse con las más exclusivas piezas de joyería de Gordon’s, o calzar unas lujosas y decadentes tacas de 6″ o 152 mm de alto de DiMorini o Novus.  Pero ya eso es otra cosa.)

Por supuesto, no es la primera vez que las uniones obreras que representan los empleados de las corporaciones públicas tratan de convocar a un paro nacional (y por los mismos motivos), o que las mismas protestas se mudan a “Plaza”.  Y no creo que sea la última vez que ello suceda.

Otras sindicales, las cobijadas por la Ley 45-1998 (que lamentablemente, no provee el derecho a la huelga a los miembros de dichas sindicales), han tenido que negociar los impactos de la hoy Ley 66-2014 antes de que la misma fuera aprobada.  Tal vez porque entendían que era más responsable agarrar el toro por los cuernos y enfrentar directamente la amenaza de eliminación de sus conquistas laborales, a la vez que se evitara profundizar la crisis que nos ha traído hasta aquí—aunque se pudieran reservar la opción de embestir como hicieron los maestros sindicados hace unos meses, cuando vieron amenazado su sistema de retiro.  Por supuesto, sólo el tiempo dirá si el enfoque de estas sindicales fue correcto o no, y si resulta que no, que sirva de lección para evitar tomaduras de pelo en el futuro.

Pero lo importante es que estamos viendo de nuevo lo mismo que en el pasado.

“(L)o que se está viendo no es muy agradable que digamos….  (L)a tendencia de los últimos años ha sido la de los gobiernos meter la mano en los bolsillos del pueblo para tapar su propia incompetencia—porque es mejor pedir perdón que pedir permiso.  Tal vez mediante leyes traídas por los pelos, legisladas en sesiones extraordinarias convocadas con mucho sigilo, mientras el resto del país se ofusca celebrando ‘las Navidades más largas del mundo’….  Leyes que responden a un deseo de quedar bien con los tenedores de bonos o ‘bonistas’—los mismos de los que la Constitución de Puerto Rico de 1952 nos recuerda que hay que apaciguar antes que a nadie más—y con las casas de corretaje de la calle Wall neoyorquina que esperan pacientemente como buitres, que a un verdadero propósito de ayudar a un prójimo que se muere de la nada.

“¿Y los responsables de todo esto?  Siempre las mismas caras, las mismas figuras.  Lo mismo los azules del PNP que los rojos del PPD.  Unos y otros diciéndole a sus conciudadanos que lo están haciendo ‘por su bien’.  Cualquiera diría que el paternalismo de otros tiempos, como lo diría la vieja canción, no estaba muerto, sino que anduvo de parranda por un tiempo.”

Y me temo que al final, el resultado será siempre el mismo.

“(D)e ahora en adelante seguiremos viendo a un bando y al otro haciendo sus movidas correspondientes, a ver quién prevalece en un juego de ajedrez en el que los que estamos en medio somos peones….  Lo que estamos viendo en estos días, es tan sólo el comienzo de la partida.”

O tal vez la continuación de una partida de ajedrez que tuvo su inicio hace largo tiempo y está actualmente en su fase de combate, pero cuya resolución está todavía muy lejos de verse.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y sean personas razonables.

LDB

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Esto es tan solo el comienzo

Residente (René Pérez) and PG-13 (Ileana Cabra...
Image via Wikipedia

¡Qué tal, mi gente!

Lo bueno de tomarse un par de semanas de vacaciones—como estoy haciendo desde la semana pasada—es que uno se desconecta de ciertas situaciones, como el “relajito” que tiene(-n) algún (algunos) oportunista(s) de aprovechar la situación de los despidos en el gobierno puertorriqueño para llamar por la línea de emergencias “911” y propalar una supuesta amenaza de bomba contra mi lugar de trabajo (y ya ustedes saben que me refiero al DRNA).  Y aunque uno nunca sabe cuándo se logrará el propósito de quienes acostumbran jugar ese jueguito, no deja de causar problemas más serios que los que se pretende resolver.  Y lamento mucho decir esto, pero con tales amenazas no se logrará el propósito de que se derogue la infame Ley 7 de 2009; más bien lo que logrará es una mayor antipatía, de parte de aquéllos(as) a quienes se pretende reivindicar.  Lamentablemente, en situaciones como ésta sale a relucir lo peor de algunos que se supone son seres humanos—y con sus acciones demuestran todo lo contrario.  Pero a eso no es a lo que voy.

El caso es que este receso para descansar un poco y para asegurar que mi salud esté bien* me ha permitido observar mejor el desarrollo de los acontecimientos cuyas raíces se remontan a los tiempos de decisiones mal tomadas sobre las finanzas gubernamentales (y como yo siempre insisto en decir, los dos partidos políticos principales en Puerto Rico—el PPD y el PNP—no están para nada libres de polvo y paja en cuanto a la toma de esas decisiones), y que han venido a estallar con la implantación de la Ley 7 de 2009.  Y por supuesto, es materia obligada anotar algo sobre el Paro Nacional efectuado el 15 de octubre de 2009 en la intersección de la Avenida Franklin D. Roosevelt y el acceso oeste al centro comercial Plaza Las Américas en Hato Rey.


Mapa del lugar donde se llevaron a cabo las actividades del Paro Nacional (San Juan, P.R., 15 de octubre de 2009).

Imagen aéera del lugar donde se llevaron a cabo las actividades del Paro Nacional (San Juan, P.R., 15 de octubre de 2009)

Más allá de lo que ya se ha dicho, lo cierto es que el Paro Nacional llevó a la movilización de muchos sectores, que no se limitaron a los directamente afectados por la Ley 7 (o sea, los servidores públicos víctima de los recientes despidos): maestros de educación primaria y secundaria, trabajadores de electricidad, estudiantes universitarios, músicos, teatreros y otros artistas, camioneros… todos tuvieron su razón para desahogarse en contra de las acciones gubernamentales recientes (¡y las que están por venir!), y en contra de quienes las han ejecutado hasta el momento.

Por supuesto, para estos últimos ha sido como si con ellos no fuera, y han hecho cuanta cosa se les ha ocurrido para desvalorizar cualquier logro que el Paro pudo haber obtenido, desde restarle importancia a la cantidad de gente presente (como el actual Secretario de Estado, Kenneth McClintock-Hernández, quien asegura—supuestamente, con la ayuda de la herramienta Google Earth™—que en el área donde se congregó la multitud no había ni 15000 personas, y que quien le viniera a decir que había más gente allí—por ejemplo, 100000 personas o más—posiblemente estaría “consumiendo sustancias controladas”… ¡qué pantalones!), hasta reiterar que en las decisiones ya tomadas de despedir a 16,970 servidores públicos (lo que en la entrada anterior ejemplifiqué con la descuartización del perro para referirme a la manera errónea de resolver un problema, más de eficiencia laboral que de tamaño de la nómina gubernamental) no hay vuelta atrás.

Sin embargo, el problema es que en la protesta contra este proceder gubernamental, parece que tampoco habrá vuelta atrás.  Y van a seguir los actos de repudio contra esas acciones y contra quienes las implantaron, como el que hizo ese mismo día René Pérez, mejor conocido como el Residente del dúo de reggaetón Calle 13, cuando en su participación como “maestro de ceremonias” (¿como que no pega con él ese concepto tan anticuado?) de los Premios MTV 2009, dijo (entre otras cosas) que…

América Latina no está completa sin Puerto Rico y Puerto Rico no es libre.  Hoy 15 de octubre los puertorriqueños marcharon contra el desempleo, porque el gobernador de Puerto Rico los dejo sin trabajo y el gobernador de Puerto Rico es un hijo de la gran p….  Yo lo puedo decir porque sé y porque tengo influencia.  Hoy los puertorriqueños estamos de pie.

Residente le tira con to’ a Fortuño (Primera Hora, San Juan, P.R., 15 de octubre de 2009)

Expresiones que por más que se pudieran justificar (hasta por la madre del propio Residente), también han llevado al repudio por parte de las autoridades gubernamentales.  Repudio que incluye la decisión del alcalde de San Juan, Jorge A. Santini Padilla, de cancelar un espectáculo en el que participaría Calle 13, pautado para el 31 de octubre en el Coliseo Roberto Clemente (que por cierto, lo podrán ubicar en la foto de arriba)—y eso, que el espectáculo sigue en pie mientras escribo esto y lo que se canceló fue la participación de Calle 13 en el mismo, pero por favor, que nadie diga que fue por una “represalia” del alcalde contra Calle 13 por sus expresiones contra el gobernador Fortuño, ¿OK?

(Y aprovecho para dejar claro una cosa: Personalmente, yo no creo que René “Residente” Pérez debió haber utilizado las palabras fuertes que utilizó en la ocasión, para referirse a una situación que como los proverbiales “trapos sucios”, los puertorriqueños ya estamos tratando de lavar en nuestra propia casa, en lugar de estarlos exhibiendo a la vista del mundo.  Sin embargo, creo que él entendió que la plataforma a su disposición se prestaba para ello—digo, ¿qué más se puede esperar de los Premios MTV 2009?—y la utilizó libremente, como ya había advertido unos días antes que lo haría, sin que se le quedara nada por dentro.  Así que ni modo… ¡lo hecho, hecho está!)

Así que de ahora en adelante seguiremos viendo a un bando y al otro haciendo sus movidas correspondientes, a ver quién prevalece en un juego de ajedrez en el que los que estamos en medio somos peones.  Como decía en la entrada pasada, en esta situación de los despidos en el gobierno de Puerto Rico, lo peor aún no ha pasado (por más que el gobernador Luis G. Fortuño Bruset insista en decir lo contrario).  Lo que estamos viendo en estos días, es tan sólo el comienzo de la partida.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Bye!


* Por si se preguntan, no es que yo enfrente problemas de salud en estos días.  Simplemente aproveché para hacerme un chequeo médico general—algo no me hacía en mucho tiempo… OK, llámenlo “negligencia” de mi parte, si quieren—y el mismo arrojó resultados normales en la mayoría de los indicadores habituales… salvo por uno que otro que resultó ser levemente alto, pero no tanto como para que no se pueda controlar con dieta y ejercicios (y con eso, lo digo todo; el resto, a su imaginación se lo dejo).  Así que no se preocupen, que hay Luis Daniel Beltrán para rato…  😉


LDB