Siempre queda la sospecha…

Calle 13 singer- segundos antes de volver a sa...
Image via Wikipedia

Amigas y amigos, no voy a tapar el Sol con un dedo: ninguno de los componentes de Calle 13 es santo de mi devoción.

Digo, si Christine O’Donnell—la fallida candidata republicana al senado federal por el estado de Delaware, apoyada por el grupo de fanáticos conservadores conocido como el “Tea Party”—se disparó la maroma de comenzar un anuncio político pagado diciendo, “Yo no soy una bruja”, ¡que yo comience esta entrada con una oración como la del párrafo anterior no quiere decir nada!

Por cierto, ella dice al final de dicho anuncio, “Yo soy Christine O’Donnell…  ¡Yo soy tú!”  Si yo hubiera sido elegible para votar en Delaware, mi respuesta hubiera sido: “¡Y yo no soy tú!  Gracias… ¡pero NO, GRACIAS!

Pero volviendo al tema, ni el Residente (René Pérez-Joglar) ni el Visitante (Eduardo Cabra), ni siquiera la PG-13 (la hermana de Eduardo, Ileana Cabra) son santos de mi devoción.  Su estilo de decir las cosas, su irreverencia (como cuando el Residente dijo públicamente que se estaba orinando, mientras recibía uno de los tres premios obtenidos por Calle 13 durante la ceremonia de los Grammy Latinos de 2006), tal vez no sean para alguien como yo, de una generación diferente, que interpreta las cosas de otra manera.  Pero quiérase o no, ése es su estilo, y yo tengo que respetarlo, de la misma forma que yo exijo el respeto para mi estilo de decir las cosas. Y quiérase o no, ellos están en todo su derecho de opinar, de decir lo que piensan, sin que a nadie más se le ocurra entrar en un ataque de pánico por lo que ellos dicen.

Y precisamente eso es lo que hace el Residente en “Digo lo que Pienso”—una de las canciones del cuarto disco de Calle 13, “Entren los que quieran”—, cuya letra (o “lírica”, como la llama el corillo hoy en día) está causando furor, además de una clase de aprehensión entre los objetos de sus críticas.  Y la razón para ello se encuentra en las estrofas finales de “Digo lo que pienso”, en las que el Residente se refiere a un supuesto “periquero”, un “Alcalde drogadicto con cara de idiota”, un presunto “corrupto” que tiene “cara de narcotraficante con miedo”, y de quien ciertos supuestos amigos del Residente dicen que lo han visto “cambiando el perico / La coca, hueliendo (sic), olfateando”, y a quien le ofrece pagarle la “rehabilitación” y que ambos a la vez se hagan una prueba de dopaje.

Pero, ¿acaso mencionó el Residente el nombre de Alcalde alguno?  Una simple mirada a la letra de la canción (y les dejo como asignación buscarla a través de Google, Yahoo!, Bing o el motor de búsqueda de su preferencia) debería indicar que no.  Pero siempre queda la sospecha.

Y si de sospechas se trata, la prensa puertorriqueña—la misma que, por cierto, parece que no sabe qué más hacer para llamar la atención y se dispara la maroma de crear titulares tales como “Fidel jura bandera americana”… en referencia a un nacional cubano residente al este de San Juan, casualmente llamado Fidel Castro, que hace un par de semanas adoptó la ciudadanía estadounidense vigente en Puerto Rico—se encargó de buscar uno de los sospechosos habituales: el alcalde de San Juan, Jorge A. Santini Padilla.  (Sí, el mismo que en 2006 la emprendió contra los preparadores de un informe en el que se denunciaba que la ciudad de San Juan era una de las 10 ciudades en jurisdicción estadounidense que más criminalizaba a los desamparados y los deambulantes—y lo sigue haciendo al día de hoy.)

Ni corta ni perezosa (yo no sé cómo lo ven, pero esa frase me parece tan “Siglo 20 19”), la prensa le pidió una reacción… y esto fue lo que respondió (versión de El Nuevo Día; versión de Primera Hora):

“ ‘¿Ustedes creen que yo pierdo un segundo escuchando la música de ese tipo?  No hombre, no.  Yo no sé qué canción es, yo no sé si dice o no mi nombre, o lo que diga, pero no me interesa.  Porque mientras él escribe la cosa esa para después declamarla, yo estoy haciendo trenes, parques, escuelas, museos’, señaló el Alcalde.

“El Nuevo Día le preguntó por qué, a pesar de sus esfuerzos de relaciones públicas durante todos estos años no ha logrado desvincularse del tema. ‘¿Tú crees que yo voy a perder el tiempo con esa necedad y con esas tonterías?’, fue su respuesta.  Añadió que a quienes únicos le interesa el tema es a la prensa.”

Por supuesto, ésta no es la primera escaramuza entre ambos contendientes.  Valga recordar lo del año pasado, cuando el alcalde Santini mandó a cancelar un espectáculo en el que Calle 13 participaría, aparentemente en represalia reacción a las expresiones del Residente en contra del gobernador Luis G. Fortuño Bruset y su administración durante la transmisión de los Premios MTV de 2009.  Pero este nuevo episodio ya es otra cosa, algo así como gritar sobre el techo del edificio más alto un secreto a voces.  Secreto que pudo haber quedado más o menos expuesto el 18 de septiembre de 2009, durante el incidente que mencioné de pasada en una entrada anterior, en el que el primer ejecutivo capitalino se vio implicado mientras se encontraba en un cafetín rural en el peor momento posible: en medio de una incursión policial en la cual se investigaba—entre otras cosas—una aparente actividad de tráfico de narcóticos.  (Sé lo que están pensando: debí haber ampliado ese tema entonces, en lugar de concentrarme en la “caca laboral”, pero ya eso es otra historia.)  Incidente tras el cual el alcalde alegó que se quiso fabricar un caso por ley de drogas en su contra “por motivos políticos partidistas”, porque dos de los oficiales policiacos implicados fueron parte de la escolta de la hoy ex-gobernadora Sila M. Calderón (o sea, que son “culpables por asociación”).

Total, que un informe de agosto de 2010 de la Comisión de Derechos Civiles de Puerto Rico exoneró al alcalde Santini de toda sospecha relacionada con drogas y a los policías, más o menos, de la implicación de impropiedad que se quiso hacer en su contra.  Pero qué puede importar eso ahora, porque siempre queda la sospecha…

Está de más decir que las reacciones a todo este evento han sido mixtas, pero hay dos que llamaron bastante la atención.  Primero fue la de la radioemisora de los expertos en los chismes y diretes, broncas y bolletes que quieren hacerle creer al público que son análisis y noticias, que despidió a uno de sus analistas, el dramaturgo Roberto Ramos Perea, luego de que éste se expresara sobre el tema durante un programa en esa emisora, con la excusa de una supuesta baja en la sintonía del programa.  (Otro caso para archivar bajo “Desde que se inventaron las excusas…”)  Pero más interesante es la reacción de la presidenta de la Junta Reglamentadora de Telecomunicaciones de Puerto Rico (JRT), Sandra Torres, quien además de determinar que “Digo lo que pienso” es “completamente obscena y lasciva”,

“… instó a todo aquel que no se sienta cómodo o no esté de acuerdo en que se transmita la canción a escribir a la agencia que dirige para remitir las quejas a la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, en inglés), que es el ente con jurisdicción sobre estos asuntos.

[…]

“La funcionaria pública afirmó que el asunto tiene que llegar a la FCC, por lo que exhortó al público a enviar sus cartas a la JRT y ‘yo gustosamente las voy a remitir a la FCC con una carta de mi puño y letra expresándoles  la indignación del pueblo puertorriqueño sobre este tipo de material’.”

Francamente, tanta cortesía y amabilidad me abruman…  Pero eso no es lo único interesante de las expresiones de la funcionaria:

“Para la presidenta de la JRT, ‘el pueblo de Puerto Rico se siente indignado con la lírica de la nueva canción de René, independientemente que la canción vaya dirigida a una figura política de un partido en particular’.

“‘Yo creo que nuestra gente es más inteligente que eso, los valores nuestros deben ir por encima de cualquier consideración político partidista y por eso más allá de colores todos nos debemos sentir indignados’, añadió.”

Yo creo que todo lo que le faltó a la señora Torres fue repetir las palabras de Christine O’Donnell, “¡Yo soy tú!”  Y créanme, que mi respuesta sería la misma: “¡Y yo no soy tú!  Gracias… ¡pero NO, GRACIAS!”  Francamente, no entiendo cómo una funcionaria que tiene que responder a los designios de la administración gubernamental que la nombra a su puesto, se erige como un supuesto paladín de la decencia en los medios, como una mensajera de la “indignación” de un pueblo contra una canción que ella ha determinado que es “obscena y lasciva”, que predica el predominio de “los valores nuestros”—los mismos que tanto se le exhorta al pueblo que los practiquen en su vida diaria, pero que ellos mismos no son capaces de practicar.  Aunque aquí también, siempre queda la sospecha…

Al menos, en una cosa le doy la razón: “nuestra gente es más inteligente que eso”.  Y demás está decirlo, que nuestra gente es más inteligente y está reaccionando, cuestionando todo este asunto, desde la reacción del alcalde Santini, pasando por la “botá’ como bolsa” de Ramos Perea, hasta el manifiesto de la funcionaria convertida en portavoz de la lucha por proteger la moral y la decencia de los puertorriqueños.  Mientras escribo esto (a las 00:01 UTC –04:00 del domingo 28), veo que Global Voices ya ha recogido varias de esas reacciones.  También merece destacar las entradas que J. Sánchez Lugo, la Prof. Rima Brusi y Elco Lao le han dedicado al tema en sus respectivos blogs.

Yo lo que sé es lo siguiente: queramos o no, hay muchas cosas que toda esta situación ha dejado al descubierto.  Como la presunta conducta del funcionario que dirige los destinos de la ciudad de mayor importancia en Puerto Rico, puesta en duda públicamente por un artista cuyo “defecto” es querer cuestionar lo que hay, sacudir los cimientos de lo establecido y buscar un mundo más justo y equitativo, y aparentemente protegida por quienes no toleran el cuestionamiento, por quienes dicen defender la libertad de expresión, pero en realidad le tienen miedo a la libertad del pensamiento.  Y cuando suceden cosas como ésas… siempre queda la sospecha.

Y yo sospecho que esta entrada me quedó muy larga, ¡así que vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.

LDB

Prefiero ser optimista…

¡Saludos, mi gente!

Aquí de regreso con ustedes, justamente cuando cumplo un año más en mi paso por este valle de lágrimas.  Y si vamos a ver, la vida ha seguido igual que cuando escribí lo siguiente el año pasado, al cumplir el medio siglo de mi vida:

El caso es que han sido unos 50 años en los que he visto muchas cosas.  Sueños no realizados (o que difícilmente podría yo realizar en mi vida) y pequeñas victorias.  Ejemplos de humildad y ejemplos de arrogancia.  Actos que ennoblecen a la humanidad y eventos trágicos que la humillan.  He ganado amistades y las he perdido.  He sabido lo que es confiar en las personas y lo que es que las mismas personas defrauden la confianza depositada en ellas.  He viajado a lugares maravillosos y excitantes, y también a lugares que no desearía volver a ver.  He visto alegrías y penas, éxitos y fracasos, salud y enfermedad, aceptación y rechazo, bondad y maldad…

¡Y seguramente veré más de lo mismo por lo que reste de mi vida!  Pero así son las cosas…

Y sin duda alguna, el año que acaba de pasar desde entonces no me ha decepcionado, ya que ha traído más de eso mismo.  En especial, me ha tocado ver de primera mano la incertidumbre causada por la precaria situación económica que vivimos los puertorriqueños—aunque no lo parecería, a juzgar por la jauría la turba la avalancha de gente que se tiró a la calle para aprovechar el “viernes negro” para iniciar “con el pie derecho” la temporada navideña (o “las fiestas”, o “the holidays”, para quienes quieren sonar politically correct… ¡y ustedes saben quiénes son y saben que me refiero a ustedes!).  Ahora bien, aquéll@s de ustedes que han seguido (¡eso espero!) este blog desde que lo comencé a finales de 2003, sabrán que prefiero ser optimista y creer que aún hay esperanzas de que vengan tiempos mejores.  Y yo estoy muy, pero que muy seguro de que será así.  (Es más, ESO es lo que me ayuda a seguir echando pa’lante.)

Bueno, basta ya de hablar de mí.  Hablemos del resto del mundo, shall we?


Pero antes, para quienes aún no saben de que se trata el “viernes negro” (yo lo dudo, pero por si acaso…), aquí les dejo esta “gotita del saber”:

Muchos comerciantes han objetado el uso de un término negativo para referirse a uno de los más importantes días de compra del año.  A comienzos de la década de 1980, comenzó a circular una teoría alterna: los detallistas tradicionalmente operaban con pérdidas financieras la mayor parte del año (desde enero hasta noviembre) y hacían sus ganancias durante la temporada feriada, comenzando el día después del Día de Acción de Gracias.  Cuando esto se inscribía en los registros financieros, las prácticas de contabilidad anteriormente comunes utilizaban tinta roja para mostrar cantidades negativas y tinta negra para mostrar cantidades positivas.  Bajo esta teoría, el viernes negro es el comienzo del periodo en el cual los detallistas no tendrán más pérdidas (en rojo) y en su lugar obtendrán las ganancias del año (en negro).

 
Traducido y adaptado de: Black Friday (shopping) (vía Wikipedia)
(NOTAS:  [1] La versión en español de esta definición no entra en el mismo grado de detalle que la original en inglés, así que ahí les dejo mi traducción.  [2] El énfasis en ambos colores es mío.)

(Ahora lo que falta es que el siempre recordado anfitrión infantil de WAPA-TV, el español Joaquín Monserrat [“Pacheco”] [1921—1996], se levante de su tumba para decir el sonsonete aquél aquello de… “¡Con las ‘Gotitas del Saber’… mucho podemos aprender!”)


Por supuesto, este año no todo será tan dulce como el arroz con dulce ni tan sabroso como los pasteles de masa (o sea, plátano o yuca más la carne que usted quiera ponerle y el picantito a gusto, para quienes me leen en otros países) y el lechón asado.  (Y ahora que estoy en la de cuidar un poco más mi salud para que mis números de colesterol, triglicéridos, etc.,  no se me vayan a “subir por el techo”, escribir sobre esto me trae sentimientos encontrados… ¡pero ya eso es otra cosa!)  Claramente, no será una alegre Navidad para quienes han perdido mucho en el año que termina pronto, desde la seguridad de tener un empleo en el gobierno de Puerto Rico (mito que el propio gobierno se ha encargado de desmentir de un plumazo), hasta algo tal vez más valioso: la vida (algo que hace mucho tiempo el mismo gobierno tampoco ha podido o querido garantizar).

Prueba de esto último es que ya en el mes que acaba de terminar (noviembre), la incidencia de muertes violentas en Puerto Rico superó la marca de los 800.  Asesinatos causados por el control del “punto” donde algún infeliz se “capea” la droga, o porque el esposo quiere “darle un escarmiento” a la esposa para que lo obedezca o para que no lo abandone… o porque la cita clandestina guardaba una sorpresa inesperada y el que se las da de machazo bien macho odia las sorpresas como ésa—tal vez porque en su casa le han enseñado a llevar ese odio como el emblema que se lleva en el hombro de la camisa, a la vista de todo el mundo, o tal vez porque alguna figura “de autoridad” le cultivó (¿o le cultiva?) en su alma ese odio—y tiene que expulsar ese demonio de la faz de la tierra a como dé lugar… aun si tiene que descuartizar al “endemoniado” en el proceso de ejecutar su misión salvífica…

¿Será que mucha gente en Puerto Rico ha dejado de valorar la vida como lo que es?  ¿Será que el odio, la frustración que se siente al vivir una vida “mediocre”, la desesperanza, nos están llevando al punto en el que ya nada importa?  ¡Ojalá y hubiera una respuesta fácil!

Por supuesto, como en toda guerra, es el soldado de fila el que se inmola, el que se sacrifica, el que no es indispensable y se puede desechar así porque sí, mientras que quien(es) lo envía(n) a la batalla… “allá él y acá yo y pregúntame si a mí eso me importa”.  ¡Vaya sentido de responsabilidad de quienes así piensan!  (Y sí, ahí está de nuevo esa palabrita, “responsabilidad”, una de las que ocupan un lugar prominente en la nube de etiquetas de mi blog—y por alguna buena razón debe ser.)  Y ésa es la clase de persona que insiste en pasar ante el resto de la humanidad como “verdaderos hombres” (¿con todo y “promesa de hombre”?), como “hijos (privilegiados) de Dios”…

Total, que a la larga, la vida les reclamará por esa misma responsabilidad—a ellos, como a todos nosotros.

OK, déjenme cambiar de tema en esta entrada para hablar de algo que me ha llamado la atención en esta semana: Parece que la blogósfera puertorriqueña está cobrando más importancia, a juzgar por el impacto que está teniendo en el acontecer noticioso puertorriqueño (¡aunque no siempre por las razones correctas!).  Prueba de ello ha sido el papel que ha desempeñado una entrada en el blog del Prof. Mario Núnez (Universidad de Puerto Rico en Mayagüez), DigiZen, en la que se compara—repito, SE COMPARA—la conducta del presidente del Senado de Puerto Rico, Hon. Thomas Rivera Schatz, con el patrón de conducta de la personalidad narcisista.  (Y por favor, fíjense bien: ¡no soy yo quien lo dice!)  En especial, la controversia surge del primer comentario a dicha entrada:

Una pena que se esté estereotipando a las personas cuando un gobierno tiene que responder a las necesidades de todas las personas.

El comentario fue escrito el 11 de julio de 2009 por el actual rector de la Universidad de Puerto Rico en Arecibo, Dr. Carlos Andújar (quien es psicólogo), cuyo nombre salió a relucir la semana pasada como que estaba siendo considerado para la Secretaría de Educación de Puerto Rico (ante la renuncia—después de 11 meses de “regresar” al cargo—del Dr. Carlos Chardón, a quien mencioné en una entrada anterior).  Y si vamos a ver, para mí este comentario es suficientemente inocuo, en tanto no va dirigido específicamente a la conducta del líder senatorial (del que ya vimos su afán de realzar su imagen pública), sino a describir la realidad de una actitud generalizada entre nuestros funcionarios gubernamentales (y más de un tiempo a esta parte) y cómo la misma afecta la atención a las necesidades de los ciudadanos, sean quienes sean, sin distinciones ni prejuicios, NOS GUSTE O NO la manera en que eligen vivir su vida.  Digo, así es como yo lo veo.

Pero como lo relata el Prof. Núñez en su seguimiento a esa entrada, ésa no fue necesariamente la manera en la que la vieron otros, especialmente los expertos en los dimes y diretes, broncas y bolletes que pasan como “análisis” y “noticias” (¡y ustedes también saben quiénes son, y también saben que me estoy refiriendo a ustedes!), quienes atribuyeron erróneamente las expresiones sobre el presidente del Senado al Dr. Andújar y crearon una noticia donde nunca la hubo, en lugar de evaluar y valorar las mismas expresiones dentro de su contexto—cosa muy difícil de hacer cuando lo que se busca es la guapetonería, el sensacionalismo y la fabricación de noticias.

Total, el daño que se iba a hacer ya se hizo.  Ya el gobernador de Puerto Rico, Luis G. Fortuño Bruset, dijo que no sometería el nombre del Dr. Andújar para su designación como Secretario de Educación al “consejo y consentimiento del Senado” requerido por la Constitución de Puerto Rico de 1952.  ¿Y por qué?  ¿Por hacer un comentario—a mi juicio—inocente en un blog?  ¿Por poner un granito de arena, por aportar a la discusión de situaciones que afectan adversamente el bienestar de un pueblo?  (Y créanme esto: Cualquier funcionario de gobierno—del partido que sea—que exhibe unos rasgos de conducta similares a los que el Prof. Núñez describe en la entrada “de la discordia” de su blog, debe considerarse una amenaza seria para el bienestar de la sociedad.  PUNTO.)

Tal vez será que quienes usan su cabeza para pensar de manera inteligente y sensata, no tienen cabida en la dirección de un gobierno.  Pero yo me rehúso a creer que eso es así.  Como dije al comienzo de la entrada, prefiero ser optimista y creer que aún hay esperanzas

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  ¡Hasta luego!

P.S. Y antes que se me olvide, como dice Prometeo (del blog Poder 5)… ¡Que viva el Quinto Poder!

LDB