El tiburón vuelve a sacar los dientes

Gulper shark
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¡Adi’ó!  ¿Todavía están ustedes ahí, amigas y amigos, mi gente?

Digo, con todo lo que un charlatán—porque no hay mejor forma de describirlo que ésa—anduvo alarmando a media humanidad, de que el mundo diz que se iba a acabar ayer (21 de mayo de 2011), era como para pensar que ninguno de nosotros iba a salir con vida de la inminente catástrofe que se decía que nos venía pa’ encima.  Pero no, ni se estremeció la tierra violentamente, ni se produjo la esperada secuela de muerte y destrucción, ni ocurrió el “rapto” de los 144000—aquéllos a los que se refiere el libro del Apocalipsis (capítulo 14, versos del 1 al 5) como los que “fueron salvados de entre los de la tierra”, los que “no se contaminaron con mujeres, pues no tuvieron relaciones con ellas” (y entonces… ¿nacieron “de una mata de plátano”, como lo hubiera dicho mi madre, QEPD?), a los que “no se encontró ninguna mentira en sus labios, pues son intachables”.  Total, el de ayer fue un día como muchos otros, en el que cada quién estaba en lo suyo, viviendo su vida.

Es más, eso me trae a la mente un comentario que me hizo reír cuando lo vi en mi línea de “tweets”, desde la cuenta de la linda y talentosa actriz estadounidense, Olivia Wilde (la doctora “Thirteen” de House M.D.):

“Glad the rapture didn’t happen since I just got waxed.”

(Yo no sé de ustedes, pero de momento, como que está haciendo un calooooor… Guiño )

Pero bueno, dejemos que los miles de tont@s que siguieron a esa clase de líder busquen dónde esconderse, luego de la soberana vergüenza que han pasado por seguir a un desquiciado, a un líder ciego, de esos que pretenden guiar a los incautos hasta “la tierra prometida”, diciéndoles cualquier tontería y, en el proceso, apoderándose de su voluntad y de su capacidad para discernir lo que es razonable y justo.  (Y de esa clase de líder ciego, los hay por ahí “a dos por un peso”.)

Ahora bien, si de líderes ciegos se trata, los hay que están tan cegados por el poder que se les ha conferido, que creen que nadie les puede reprochar sus faltas y que están por encima de toda sospecha.  Y a quien se atreva a llevarle la contraria, que se cuide, porque se convertirá en su mayor pesadilla.

Ese último fue el caso, cuando una investigación periodística sacó a relucir la contratación por la Oficina de Servicios Legislativos, como asesor legal del senador Carmelo J. Ríos Santiago (PNP-Bayamón)—quien no sabía nada de la contratación—, de un individuo cuyos antecedentes incluyen haberse declarado culpable de no haber informado sobre la cantidad de dinero incautado durante una acción policial federal.  Y ese asesor senatorial, pago a US$7000 mensuales, resulta ser un amigo bastante cercano del hoy ex-senador Héctor Martínez, el mismo que tenía (como ya hemos visto que otros como él han tenido) la juntilla aquélla con el presunto narcotraficante y empresario de reggaetón, conocido por el apodo de “Coquito”.  Y este ex-senador es el mismo del que el presidente del alto cuerpo legislativo, Thomás Rivera Schatz, ha asumido una defensa tan férrea que hasta luce sospechosa.

La cosa es que luego de divulgarse la información sobre la sospechosa contratación del individuo en cuestión, de nombre Richard Roark Annunziato, la prensa quiso obtener una reacción del presidente senatorial sobre ese asunto.  ¿Y saben qué fue lo que hizo el presidente senatorial?  La emprendió contra el periodista que divulgó la información, Israel Rodríguez Sánchez (de El Nuevo Día), a quién acusó de impulsar la agenda de los homosexuales, o sea, de promover la agenda de aquéllos a quienes Rivera Schatz llamó en alguna ocasión “torcidos” y “desviados”.  Como si con eso él quisiera tratar de matar al mensajero porque lo que trajo fueron noticias “malas”.  Pero como vimos en otra ocasión, ya eso es parte de su forma de ser.  (Eso, y el exhibicionismo público.)

Y a todo esto, ¿qué vela llevan los homosexuales en este entierro?  ¿Será que él también es de los que cree en la (a mi juicio) absurda teoría de la “conspiración homosexual” para “destruir” la “familia tradicional”, para “corromper” las “buenas costumbres”, para apoderarse del mundo… o tal vez para complacer a desquiciados que en contradicción con uno de los postulados de la misma fe religiosa que dicen profesar, anuncian un “fin del mundo” que como quiera no se dará en nuestra existencia?  Tal vez a una persona como ésta le haría muchísimo bien someterse al reto que hice en una entrada de hace dos años, digo, si es que tiene la valentía para ello… ¡pero ya eso sería pedir demasiado!

Pero lo peor de todo es lo que la actitud mostrada por ese seudolíder dice sin tener que expresarlo en palabras.  Y eso es algo que no puede pasar por inadvertido para nadie.

“Con su feroz reacción a algunas sencillas preguntas sobre el ‘affaire’ Richard Roark, Rivera Schatz dejó también ver un inaudito nerviosismo.  Es como si se le hubiera tocado una fibra secreta y sensible, como si hubiera en la contratación de esta persona algo harto más feo de lo que se conoce hasta ahora y alguien tuviera mucho miedo de que se sepa.”

‘El sueño de Tomás’, por Benjamín Torres Gotay (El Nuevo Día, San Juan, P.R., 22 de mayo de 2011)

Y cuando alguien se ve en medio de una situación así, debe tener mucha cautela, porque mientras más habla, más se compromete.  Y la posición en la que se ve el líder senatorial, es demasiado delicada para comprometerla de una manera que da lugar a sospechas.

Alguna vez, gente como él se tendrá que dar cuenta de que esa clase de compromiso tiene su precio, tiene sus consecuencias.  Y cuando él se dé cuenta de ello, tal vez sea muy tarde.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

Los numeros no mienten, pero quienes los manejan…

Skyline of San Juan's Central Business Distric...
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¡Saludos, amigas y amigos!

La semana pasada, además del stress que nos dejó la emergencia suscitada por el paso cercano del huracán Earl—que a muchos de nosotros (hasta a mí, que ni se suponía que me reportara a trabajar el día que se proyectaba el paso del huracán) nos dejó con el mal sabor de soportar descomunales tapones de tránsito en las principales intersecciones de San Juan, de esos tapones en los que todo el mundo trata de meterse al mismo tiempo, en la misma intersección en la que se supone que haya un semáforo en funcionamiento y el mismo no funciona por culpa de una falla general en el sistema eléctrico—, sacó a relucir una situación que me ha dejado pensando bastante.  Se trata del despido del director ejecutivo del Instituto de Estadísticas de Puerto Rico, Mario Marazzi, luego de que éste intentara por la vía judicial que el Departamento del Trabajo y Recursos Humanos de Puerto Rico publicara el Índice de Precios al Consumidor para Puerto Rico.

Este despido llama la atención ante el hecho de que dicho ministerio dejara de publicar el índice en diciembre de 2009, debido a que los datos del mismo estaban “erróneos”.  (Pero si es cuestión de “corregir” los alegados “errores” que puedan tener los datos, dicha agencia debe haber tenido tiempo más que suficiente para poderlos corregir y producir un índice confiable… ¿o me equivoco?)  Y también llama la atención al tomarse en contra de un funcionario como el señor Marazzi, al que distintos sectores vinculados con el quehacer económico han elogiado por su capacidad profesional (dentro de la cual destacan su reciente trabajo para la Reserva Federal estadounidense) y por su sentido de responsabilidad en su petición de que se divulgue el índice de marras.  Pero sobre todo, este despido llama la atención por el presunto matiz político que se desprende del mismo, al haberse dispuesto el despido por parte del ex-presidente de la Junta de Planificación de Puerto Rico—precisamente, el mismo funcionario que al final de agosto dejó su cargo para asumir la secretaría general del partido actualmente en el poder (el PNP).

Más allá de todo lo que se ha escrito y dicho sobre esta noticia, a mí me pone a pensar bastante sobre por qué una entidad de gobierno… vamos, un gobierno en sí decide de golpe y porrazo suprimir la publicación o demorarse un tiempo largo para publicar una cifra de tanta importancia, que no es un simple número, sino un número sumamente poderoso.  Y si alguien tiene alguna duda, vea esto:

“Un índice de precios al consumidor (IPC) mide los cambios a través del tiempo en el nivel de precios de bienes de consumo y servicios comprados por los núcleos familiares.  Es un estimado estadístico que se construye mediante el uso de los precios de una muestra de artículos representativos, los cuales son recopilados periódicamente….  El porciento anual de cambio en un IPC se utiliza como medida de la inflación.  Un IPC se puede utilizar… para ajustar por el efecto de la inflación el valor verdadero de los sueldos, salarios y pensiones, para regular los precios y para desinflar las magnitudes monetarias para que éstas muestren cambios en los valores reales.”
Traducido y adaptado de: Consumer Price Index (vía Wikipedia)

Ciertamente, el índice de precios al consumidor es una pieza de información de tanta importancia.  Hasta el propio gobierno estadounidense le da una gran importancia a esta cifra, como lo demuestra esta página que le dedica el Negociado de Estadísticas Laborales del Departamento Federal del Trabajo.  Pero entonces, ¿qué tiene de particular una cifra como el índice de precios al consumidor en Puerto Rico para que la misma sea otro rehén más del teje-y-maneje político de todos los días?

Tal vez nuestros pseudolíderes se han dado cuenta de que la información es el poder.  Y de que quien tiene ese poder—quien posee los datos con los que se construye esa información, esos números que bien usados nos pueden decir la verdad—es quien dicta la agenda a seguir.  (Lo que me recuerda la nueva versión de la Regla de Oro: “Quien tiene el oro… ¡es quien hace las reglas!”)  Pero, ¿cuál será la agenda en este caso?  ¿Una agenda que pinte un cuadro de aparente recuperación económica y fiscal, aunque “abajo en la tierra” la realidad sea muy dura?  (Yo no sé qué piensen ustedes, pero a mí eso se me parece un poco al infame cruzacalle de Mission Accomplished con el que hace unos añitos se quiso dar a entender que la guerra en Irak había terminado—aunque en realidad lo que había terminado era la ración de credibilidad de quien proclamó un “éxito” que no fue tal, pero eso deberá ser tema para otra entrada…)

La verdad es que el asunto del despido del señor Marazzi y la no divulgación del Índice de Precios al Consumidor para Puerto Rico, se presta para demasiadas sospechas, sospechas que deberían aclararse lo antes posible.  No hacerlo así, abona a la escasa confianza que tiene el público en las estadísticas gubernamentales, y a la sensación de que hacer el bien, actuar responsablemente, en lugar de un premio es un castigo en el Puerto Rico de hoy, un castigo que acarrea serias consecuencias.

Y vamos a dejarlo aquí.  Cuídense mucho, mi gente.  Hasta la próxima.

LDB

Guerreros y justicieros

(… left-right-left-right-left-right-LEFT-RIGHT-LEFT-RIGHT-LEFT-RIGHT-LEFT-RIIIIIGHT-HALT!)

¡Saludos, mi gente!

Yo sé que hay un refrán que dice que sobrevivir en tiempos extraordinarios requiere la adopción de medidas extraordinarias.  Pero a mí me parece que hay medidas extraordinarias que se adoptan cuando no se tiene ni la menor idea de cómo resolver una situación—o tal vez no se tiene la capacidad, ni la voluntad para hacerlo—, y se prefiere una salida fácil que no requiere mucha ponderación (¿será eso lo que los estadounidenses llaman, un “no brainer”?).

Y si vamos a hablar de esa clase de salida, debemos hablar de la decisión anunciada hace exactamente dos semanas (el 1 de febrero de 2010) por el gobernador de Puerto Rico, Luis G. Fortuño Bruset, de activar ‘de forma temporera’ la Guardia Nacional de Puerto Rico para ayudar a la Policía de Puerto Rico en el patrullaje preventivo en áreas de alta incidencia criminal y poner al día la flota de vehículos de la Policía.  Según lo expresó entonces durante su mensaje de estado ante la Asamblea Legislativa, la activación de la Guardia Nacional será hasta tanto se gradúen unos 1000 cadetes que están al momento en que escribo esto en la Academia de la Policía de Puerto Rico (que por cierto, está situada en la antigua instalación militar “Camp O’Reilly” en el vecino municipio de Gurabo.)

Academia de la Policía de Puerto Rico, Gurabo, P.R.
Academia de la Policía de Puerto Rico, Gurabo, P.R.

Por supuesto—y esto se cae de la mata—, no es nada nuevo la idea de dar una muestra de poderío cuando no se tiene una idea clara de cómo atajar una incidencia criminal que hace mucho tiempo se le salió de control al gobierno.  (Digo, a un gobierno que se entretiene en acrecentar el problema mediante un “plan de reestructuración fiscal” que—por lo que vemos a diario en la calle—parece haber hecho más mal que el bien que se pretendía hacer.)  Ya lo habíamos visto anteriormente, cuando en la gobernación del Dr. Pedro J. Rosselló González (de 1993 al 2000) se estableció la política de “mano dura contra el crimen” y se llevaron a cabo ocupaciones policiales en los residenciales públicos (“of all places”).  Como si los residenciales públicos fueran este único crisol en el que se forman los delincuentes y merecieran la atención detallada de las fuerzas del orden público.

Claro está, siempre será más fácil atacar “al de abajo”, a un “Juan de la Calle” cualquiera, que a otros que se esconden detrás de la urbanización con “control de acceso”, detrás del “blín-blín”, el lujo y la afluencia.  ¡NOOOOO!  A ésos que nadie los toque, ni con un pétalo de rosa…  Y además, ¿cómo se vería, por ejemplo, en una de esas urbanizaciones de lujo de Guaynabo, lo que el actor de doblaje que hacía la voz de “Pedro Picapiedra” hubiera llamado, “veinte mil leguas de traje azul marino”?  ¿24/7?  ¡Horrrrrooooor!

Lo importante es que ya la suerte está echada y que el ejercicio para “combatir” la ola delictiva puertorriqueña está en progreso.  Pero más importante aún, que este ejercicio “no responde a que hubiera fracasado el ‘plan anticrimen’ del gobierno actual”.  O por lo menos, eso fue lo que le dijo a la prensa el ex-agente del FBI en funciones como Superintendente de la Policía, José Figueroa Sancha (de “grata” recordación para algunos sectores puertorriqueños, especialmente los periodistas objeto del incidente del 10 de febrero de 2006 en Río Piedras):

“Figueroa Sancha negó que la activación de la Guardia Nacional refleje el fracaso de las gestiones de la Policía y el Gobierno para combatir el crimen.
“‘Todo lo contrario, cuando tu estás en una guerra sin cuartel contra los criminales, todos los recursos cuentan y valen, y el pueblo lo recibe con mucho beneplácito’, aseguró Figueroa Sancha.”

(Primera Hora, 2 de febrero de 2010)

¿De veras?  Si lo que dice el súper es cierto, yo estoy ofreciendo para la venta una mansión de 18 habitaciones y 9-y-medio baños, justo en medio del pantano Caño Boquilla de Mayagüez.  ¿Alguno de ustedes interesa comprármela?  ¿Y qué tal si la doy a mitad de precio?  Any takers?

(NOTA A MÍ MISMO: Archivar la cita del Súper bajo “Desde que se inventaron las excusas…”)

Y no sólo eso.  Antes de lanzarlos a la calle, se les estaría ofreciendo a los efectivos militares un adiestramiento relámpago de un fin de semana, con el fin de familiarizarlos con lo que a los cadetes policiales regularmente les llevaría entre año y medio y tres años en aprender en cuanto a ley y orden se refiere.  (¿Y qué libro usarán como texto?  ¿“Law Enforcement for Dummies”?)

Para mí, lo que refleja el uso continuo de la fuerza—llámese Policía, llámese Guardia Nacional, llámese Ejército o Marina o Infantería, llámese como se llame—como el presunto alivio gubernamental a los males de nuestra sociedad son muchas cosas: incompetencia, falta de voluntad, fracaso, miopía (si no una ceguera total), no querer atender las causas de un problema que se dejó deteriorar por muchos años.  Un problema que, por su parte, nos debió haber llevado al punto que expuse varias entradas atrás, sobre la aparente dependencia entre el gobierno y la delincuencia como mecanismo de supervivencia.  Por si acaso, conviene que repita aquí lo que escribí al final de esa entrada:

“Sea como sea, lo que plantea Roberto Saviano en la columna de Mayra Montero—si interpreté correctamente lo que leí—es una posibilidad escalofriante.  Y ello significa que el gobierno (sea del partido que sea) necesita de la actividad criminal para justificar su existencia, para poder darle al mundo un espectáculo en el que aparezca como el héroe, como la salvación de un pueblo oprimido por una violencia sin freno—eso, de un lado, mientras que tras bastidores se beneficia (de alguna manera) de la influencia que dicha actividad criminal puede ganar mediante su participación en empresas e intereses legítimos.  Y quienes están (más bien, estamos) atrapados entre los unos y los otros… ¿a quién le importa eso?”

Y qué mejor manera de aparecer como el héroe, como la salvación de la patria (whatever that means!), que dar un espectáculo de fuerza, que querer aparecer como el justiciero, como el ángel de la venganza, con todo lo que eso conlleva.  Pero en eso hay que andar con mucho cuidado, como si se caminara sobre vidrios rotos, porque no es cosa fácil.  Si lo fuera, tendrían razón de ser las siguientes palabras del propio gobernador Fortuño en su mensaje de estado—dichas mientras miraba fijamente a la cámara de televisión:

“Nuestro mensaje a aquellos que están envenenado a nuestros hijos… matando a nuestros hermanos… y robándole la paz a nuestro pueblo… es bien sencillo: te vamos a buscar… te vamos a encontrar… y TE VAMOS A AJUSTICIAR.”

Wait a minute!  ¿Él dijo, “AJUSTICIAR”?  ¿AJUSTICIAR?  ¿Sabrá el distinguido letrado—aun sin ser un criminalista, que eso no es lo de él—lo que eso significa?  Cualquiera diría que a quien le preparó ese texto—presumiendo que él no lo hubiera redactado—le pasó lo que a Don Alonso Quijano, que “se le secaron los sesos” de tanto leer novelas de caballería… o en defecto, de tanto ver dramas policiales en la TV.

Es más, déjenme plantearles el siguiente ejercicio: Imaginen por un momento al gobernador Fortuño en la emblemática escena de la película Dirty Harry (1971), mientras confronta a uno de los dos asaltantes de un banco:

“I know what you’re thinking.  ‘Did he fire six shots or only five?’  Well, to tell you the truth, in all this excitement I kind of lost track myself.  But being as this is a .44 Magnum, the most powerful handgun in the world, and would blow your head clean off, you’ve got to ask yourself one question: ‘Do I feel lucky?’  Well, do ya, punk?”

La verdad es que de pensar en eso, ya me están dando escalofríos…  Pero en fin, un@ ya no sabe qué más esperar.

Y ahora, con el permiso de ustedes, me falta marchar un par de millas más (y para colmo, estoy cargando una mochila que pesa más que un matrimonio mal llevado), así que vamos a dejarlo ahí.  Cuídense mucho y pórtense bien.  ¡Hasta la próxima!

(ATEEEEEN-HUT!  FORWAAAAARD… MARCH!  LEFT-RIGHT-LEFT-RIGHT-LEFT-right-left-right-left-right-left…)

LDB