Cuestion de confianza

¡Saludos, mi gente!

A la hora del lunes 19 en la que empiezo a escribir esta entrada (20:31 UTC –04:00), en los noticiarios se ha mencionado con mayor o menor destaque un estudio del Pew Research Center, el cual indica algo que me llamó mucho la atención (por lo que también lo ubiqué en mi otro blog—si no me da con iniciar el blog en inglés que tanto me estoy prometiendo que voy a reiniciar en Blogger.com y aún no lo hago—, Lo que me llama la atención).  Resulta que según el estudio (divulgado ayer, 18 de abril de 2010), cerca del 22% de los encuestados dijo tener confianza en el gobierno estadounidense “siempre” o “la mayor parte del tiempo”.  Digo, si eso es así, eso nos deja con aproximadamente 78 de cada 100 estadounidenses descontentos con su propio gobierno nacional.  Y ya eso es demasiado decir.

De acuerdo con el informe que acompaña al sondeo, la confianza de los estadounidenses en el gobierno federal ha estado bajando de forma continua desde 1958 (el año en el que yo nací, por cierto), cuando el valor de esa estadística (confianza) era de 73%, en los tiempos en los que el general del ejército estadounidense, Dwight D. Eisenhower, presidía ese gobierno.  Como causales del bajo índice de confianza para el 2010, la encuesta cita la incertidumbre económica, un ambiente altamente político-partidista, y un abrumador descontento con el Congreso estadounidense y con los oficiales electos de ese gobierno—descontento acentuado por el agrio debate producido hace un par de meses en ese foro deliberativo, durante la consideración de la legislación propulsada por el presidente Barack H. Obama para reformar el cuidado de la salud.  Aún así, la encuesta dice que lo más que se puede decir de los estadounidenses es que están más frustrados que enojados, con 56% de frustrados y 21% de enojados (y sabe Dios cuántos que están… esteeeeeeeeee… mucho más que enojados).

Según los medios de prensa han interpretado los detalles del sondeo, lo anterior pudiera representar una situación problemática para la administración Obama y para los Demócratas, que tienen ante sí la perspectiva de perder varios escaños en las elecciones congresionales intermedias (en inglés, mid-term elections) de 2010.  A corto plazo, según una de esas interpretaciones de los medios, ello podría beneficiar a aquéllos en el Partido Republicano que no salieron electos en noviembre de 2008, a pesar de haber sido parte de la cultura de obstruccionismo político-partidista que alimenta la desconfianza a la que se refiere la encuesta.

Y ésa es una de las posibles consecuencias a corto plazo.  A largo plazo, según la misma interpretación, la desconfianza podría llevar a que los ciudadanos dejen de involucrarse en los asuntos que afectan a sus comunidades.  Entonces, la apatía se adueñará de los ciudadanos… y quién sabe si hasta la violencia.

(Y éste es un buen momento para recordar hacia dónde conduce la violencia, justo cuando el día en el que escribo esto se conmemoran 15 años de la muerte sin sentido de 168 seres humanos—incluidos 19 niños de un cuido diurno—en el atentado terrorista contra el edificio federal de Oklahoma City.)

OK, ya sé que me estoy extendiendo bastante en el tema de la encuesta del Pew Research Center.  Pero creo que sería bueno extrapolarla un poco hacia la realidad puertorriqueña en la segunda década del Siglo 21.  A mi juicio, en Puerto Rico tenemos factores similares a las causales que llevan a la baja tasa de confianza expresada en la encuesta:

  1. Existe una incertidumbre económica, acentuada por la manera (buena o mala) en la que se está manejando la economía—si a eso se le puede llamar así.  (Y no hace falta que yo entre en detalles al respecto, ¿o sí?)
  2. Hay un ambiente altamente politizado, en el que no se permite que florezcan las ideas que puedan ayudar a mejorar la situación de los puertorriqueños, si las mismas no están teñidas de azul novoprogresista (PNP) o de rojo popular (PPD)—o hasta de verde independentista (PIP), si algún día le dan un chancecito a ese partido, pero ya eso es otra historia.  (Y no me pongan a hablar sobre los intentos de los partidos políticos y sus huestes por pisotear a quienes tratan de ayudar a los pobres a pararse sobre sus propios pies.  De ese tema ya he hablado bastante…)
  3. Y sobre todo, también existe un descontento—si no abrumador, por lo menos significativo—con la Asamblea Legislativa de Puerto Rico (digo, no hay mucha diferencia entre nuestra legislatura y el Congreso federal en ese aspecto) y con los funcionarios electos supuestamente para representar nuestros intereses como ciudadanos.  Al igual que lo que se refleja en la encuesta a la que me he referido, en Puerto Rico hay quienes están decepcionados con quienes nos venden promesas de que se resolverán nuestros problemas económicos, que se pondrá coto a la alta actividad delictiva que nos atemoriza, que se atenderá más eficientemente la salud pública, a cambio de que les demos nuestro voto… para entonces resultar que todas esas palabras lindas, que todas esas esperanzas que se nos vendieron no son nada más que espejismos, y que aquellos vendedores de utopías (que los hay en todos los lugares, que venden lo mismo el capitalismo a rajatabla que el socialismo radical—lo lamento mucho, pero a unos y a otros les va igual) son sólo unos mediocres que abdican a su sentido de responsabilidad individual y social y prosperan a costa de nuestra situación, la cual no tendrá visos de mejorar en mucho tiempo.

Después de esto, que alguien me diga: ¿habrá o no razón alguna para desconfiar del gobierno?  Y si lo que dice la encuesta a la que me referí en esta entrada es lo correcto, ¿cómo será ese sentir en Puerto Rico?

Pero bueno, ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta la próxima.


FUENTES:

  1. Majority of Americans Distrust the Government (Reuters, vía Yahoo! News, 19 de abril de 2010)
  2. Poll: 4 out of 5 Americans Don’t Trust Washington (Associated Press, vía Yahoo! News, 19 de abril de 2010)

LDB

Preguntas preguntativas para el 6 de febrero de 2010

¡Qué tal, mi gente!

Esta vez estoy estrenando la alternativa de colocar entradas para este blog vía correo electrónico, a ver si funciona tan bien como cuando utilizo el Windows Live Writer™ o el ScribeFire™. (Por supuesto, siempre tendré que recurrir a uno u otro, según el caso, a la hora de editar este tipo de entrada—por ejemplo, añadirle etiquetas y categorías—, pero no hay mal que por bien no venga.) Y la estoy estrenando con una pregunta sobre algo que me llama mucho la atención y que me gustaría que aquéllos amigos blogueros que saben cómo se bate el cobre me puedan contestar.

Como tal vez sepan, una de las mayores críticas que se le han hecho a las administraciones de gobierno en Puerto Rico—sean del PNP o del PPD—es que suelen reclutar políticos que por X o Y no salieron electos o reelectos para los puestos para los que se postularon, para puestos de "asesores" en distintos órdenes, ya sea legislación, relaciones públicas, "imagen" y proyección pública (lo que en realidad no pasa de ser un burdo ejercicio de marketting), etc. Muchas de estas "asesorías" se contratan por cuantías que suelen empezar alrededor de los US$20000, y pueden llegar a cuantías extraordinarias de seis cifras. (Y si la cosa es como trascendió esta semana, muchos de los beneficiarios de estos contratos contratan a su vez a parientes y otros dolientes, en tareas "de apoyo" a los beneficiarios principales. Me pregunto si será esto a lo que se refiere la frase en inglés, The gift that keeps on giving…)

Lógicamente, la prensa nuestra de todos los días, como uno de los actores—les guste o no—en el circo nuestro de todos los días, tratan de llegar al fondo de esa manifestación de desgobierno, cuestionando la pertinencia de estas "asesorías" a quienes les salvaguardan los contratos. Y por lo general, la prensa nuestra de cada día suele recibir como respuesta de quienes salvaguardan los contratos, una férrea defensa de los mismos, como si se les fuera la vida en ello. Aducen que el peritaje de los contratados es "necesario", que éstos los ayudan en la redacción de legislación de beneficio para el país. Y yo me pregunto si con la misma vehemencia con la que defienden los contratos que otorgan a políticos fracasados, parientes, dolientes, et al., no podrían defender a los pobres, a los que necesitan ayuda para resolver su situación económica, a quienes claman por los servicios básicos, a quienes procuran que sus calles sean seguras y libres de delincuentes y adictos a drogas.

Es más: me pregunto si ningún miembro de la prensa nuestra de todos los días se ha atrevido a cuestionar directamente a estos mecenas de comienzos del Siglo 21, si lo que se invierte en estos contratos no sería más útil para ayudar a atajar la delincuencia en Puerto Rico, para ayudar a estabilizar la situación económica de Puerto Rico sin tener que despedir empleados públicos (salvo aquéll@s que no están rindiendo una labor efectiva, algo que las propias agencias públicas deberían tomarse la molestia de verificar), para ayudar a las comunidades en áreas de marginación social a ponerse sobre sus pies, en lugar de fomentar una cultura de aprovechamiento fácil de las ayudas sociales (aunque este elemento de la pregunta suene como herejía).

¿Cuánto se apuestan a que los entrevistados cambiarán de tema a otro que no sea tan "peligroso" o darán por terminada la entrevista y se darán a la huída? Porque así son ellos…

Enigüei, ¡vamos a dejarlo ahí! Cuídense mucho y pórtense bien. ¡Hasta luego!

(vía email)


Luis Daniel Beltrán, M.S., P.P.L.
Juncos, Puerto Rico

Lo que queda atras

¡Saludos, mi gente!

Como hubiese dicho Michael Jackson de no haber muerto mientras trataba de revivir su carrera artística casi olvidada… This is it!  Pero no se vayan a creer que estoy tirando la toalla.  (Por supuesto, cuando sea así, lo haré saber oportunamente, ¿OK?)  Simplemente, se trata de que ésta es la última entrada que escribo durante este año (2009).  Y si queremos dejar a un lado nuestro complejo de “purismo”, es la última que escribo durante esta década, que me imagino que habrá que llamarla “del cero”.  (Y que conste, yo sigo atado a la creencia de que si la “era de Cristo” comenzó en el año 1, entonces el Siglo 21 comenzó oficialmente el 1 de enero de 2001.  Pero por hoy voy a dejar ese concepto guardado en una gaveta.)

Y la verdad es que tanto el año como la década que están por terminar—para cuando esta entrada quede alojada en los servidores de WordPress—ha estado llena de cosas interesantes.  Por ejemplo, en este tiempo hemos cambiado radicalmente de tener la confianza de podernos mover libremente por el mundo, a vivir con el miedo de perder la vida en un abrir y cerrar de ojos porque alguien quiera “vengar una injusticia” (ya sea real o percibida) cometida por “infieles”.  (Es más, ni les cuento de la sensación de aprehensión que yo tuve durante las 18 horas promedio que tuve que pasar de viaje—en un asunto oficial del DRNA y la NOAA—desde San Juan hasta Miami, de ahí a Los Angeles y de Los Angeles a Honolulu, más las 18 horas promedio de la vuelta en dirección contraria.  Es más, de pensarlo me está dando hasta jet lag…)

(Y aún al cierre del 2009 hay quien intenta cobrar esa venganza, como el joven nigeriano de familia pudiente que el pasado viernes 25 de diciembre trató de destruir un avión que volaba desde Ámsterdam hasta Detroit, diz que por órdenes de los mismos criminales que—para mal o para peor—cambiaron el mundo un 11 de septiembre de 2001.  Menos mal que a ese aspirante a mártir, las cosas no le funcionaron como él quería y acabó quemándose… esteeeeeeeeee… “las joyas de la familia” .  Mira, “nene”: Para la próxima, déjale ese trabajito a los profesionales, ¿OK?)

También hemos visto cómo los seres humanos sacamos lo mejor o lo peor de nosotros en situaciones como ésa.  Destaca particularmente la reacción de un presidente estadounidense—lamentablemente más notorio por sus desplantes de ignorancia (y cómo contagiaba la misma en quienes le siguieron) que por cualesquiera logros que tuviera en los 8 años de su mandato—que aprovechó la circunstancia para “completar la tarea” que su padre (también presidente) salió a hacer, de “neutralizar” a un otrora aliado por éste apoyar al terrorismo con “armas de destrucción masiva”… ¡las mismas que nunca aparecieron, ni aunque el mandatario hiciese una búsqueda de las mismas en Google!   El problema aquí fue que mientras ese mandatario le cerraba la puerta al mosquito, dejó colar al camello, o sea, dejó que se incubaran resentimientos mayores, que al terminar la década del cero, hacen correr el riesgo de que sea imposible salir de la crisis.

Total, si eso fue lo que el pueblo estadounidense quiso en su momento…

Claro está, llegó un momento en el que ese mismo pueblo se cansó de la desesperanza, y buscó un nuevo comienzo con un nuevo mandatario.  Un hombre diferente a otros (y por ello, “peligroso” para quienes tienen miedo a todo lo que sea “diferente”), un hombre que traía ideas nuevas, que traía palabras nuevas, un hombre que traía un cambio en el que él decía que se podía creer… aunque como escribí en alguna ocasión, de las palabras nuevas e ideas nuevas a la acción, el camino que se toma no siempre es el mejor.  Y mientras escribo, este nuevo mandatario tiene que lidiar con guerras, con una economía en declive (a causa de la codicia de quienes amasan riquezas y acumulan poder, sin importarle las vidas que se destruyan en el proceso), con una reforma del cuidado de salud que priva a muchos seres humanos de ese mismo don al que tienen tanto derecho como a existir… ¡yo creo que yo estaba en lo cierto!

¿Y qué hay de Puerto Rico?  Si no por otra cosa, tanto el año como la década se destacaron por poner en vitrina lo que es la claque política que tenemos por liderato del país.  Gente que no parece tener la inteligencia (¿no sería mejor que por lo menos tuvieran sabiduría, que a mi entender, es hasta más importante que la simple inteligencia?), ni el temple, ni el carácter, ni la tolerancia para atender las necesidades de un pueblo.  Gente cuyo único ánimo es el de mantenerse en poder, a base de una presunta superioridad moral con respecto al otro bando (o a los otros bandos).  Gente que pretende decirle a los demás cómo vivir en lo que debe ser una sociedad decente y moral, mientras se hace acompañar de gente que no representa aquello que es “decente” y “moral”, cuando no se involucra directamente en conductas que no son precisamente “decentes” ni “morales”.  Gente falta de responsabilidad—consigo mismos y con los demás—y de compromiso, cuyas acciones no toman en consideración las consecuencias que puedan acarrear, quizás no tanto a esa gente, sino al resto de nosotros, que somos los que acabamos pagando los platos rotos.

Y si de pagar platos rotos se trata, ahí está la delincuencia que cada día más se ensaña contra quienes están en los malos pasos y los inocentes por igual.  Ahí está la deficiencia en la salud mental de mucha de nuestra población, cuya psiquis no encuentra cómo defenderse de la andanada de todos los días.  Ahí está la pobreza, la cual crece como resultado de una crisis económica que cierra las puertas a quienes buscan atender sus necesidades más básicas, al tiempo que llena las arcas de unos pocos codiciosos y los aleja como si los demás estuviesen infectados con un virus mortífero.  Ahí está el desasosiego.  Ahí está el pesimismo.

Pero ahí es donde también debe estar la esperanza, donde también debe estar el optimismo, donde también debe estar la fe.  La fe de que las injusticias (las verdaderas, que conste) se puedan acabar, la fe de que podamos vivir en libertad, de que podamos seguirnos moviendo libremente a donde queramos sin preocuparnos de que la vida se nos vaya en un momento, de que podamos resolver nuestras diferencias sin guerras, de que nuestros líderes desarrollen ideas y soluciones sabias a los problemas que nos aquejan a todos (y eso incluye a nuestros líderes, quieran o no), de que todos podamos buscar unidos la paz, la felicidad y la prosperidad.

Y como hago en casos como éste, aquí les dejo esta pregunta retórica:

¿SERÁ TODO ESTO DEMASIADO PEDIR AL ENTRAR EN UN NUEVO AÑO Y UNA NUEVA DÉCADA?  ¡YO CREO QUE NO!  ¡YO PREFIERO CREER QUE NO!

¡Y vamos a dejar el 2009—y con él, la década del cero—ahí!  A ustedes que han tenido la gentileza de acompañarme durante la mayor parte de esta década (o sea, desde que empecé a escribir este blog a mediados de 2003), les deseo todo lo mejor que la vida les pueda ofrecer, tanto en este año que comienza en pocas horas como en la década que se avecina.  Como siempre, cuídense mucho y pórtense bien, ¿OK?

¡NOS VEMOS EN LA DÉCADA DEL 10!

Luis Daniel Beltrán Burgos
Juncos, Puerto Rico

La vida es como una caja de chocolates…

¡Saludos, mi gente!

Leo en la prensa diaria sobre lo mal que está la economía puertorriqueña, muy a pesar de los pronósticos que aseguran que los Estados Unidos y otros países están pudiendo salir—poco a poco, pero a paso seguro—del hoyo económico que se cavaron.  Leo cómo se pretende la idea de resolver “a la trágala” problemas que, por las razones que sean, no debió haberse permitido que ocurrieran, como la gesta de los residentes de Villas del Sol en Toa Baja, un grupo de personas pobres, las mismas que quedan excluidas por omisión de la posibilidad de adquirir una vivienda en el mercado actual (donde la vivienda más barata está hoy en día en los “bajos” US$190000), cuyo único delito es reclamar unos terrenos en los cuales construir sus viviendas (aun cuando la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias, FEMA, ha determinado que los terrenos donde está asentada esa comunidad son inundables—y no creo que ése sea un dato para sacarse “de la manga”, sobre todo si así consta en los mapas de zonas inundables que dicha agencia federal prepara), y que por los pasados años han estado a la expectativa de cualquier intento gubernamental de desalojarlos, como puede leerse en este resumen (en inglés) (vean también la traducción al español).  (Y a muchos de nosotros, esos intentos de desalojo nos traen a la mente el violento desalojo policial en la comunidad Villa Sin Miedo en 1982, ante la posibilidad—latente, pero nunca lejana—de que eso sea lo que acabe por suceder.)

Y tal vez ustedes crean que nuestros políticos “del patio” mostrarán algún interés por atender problemas como los que acabo de mencionar (sólo por mencionar algunos).  Pero no.  Parece que el interés de nuestros pseudolíderes es mantenerse siempre en el candelero, aunque sea por cualquier estupidez que se les ocurra, de manera que la gente les ría las gracias que hacen y l@s apoye de todos modos a la hora de votar.  Tal vez será como decía en una ocasión la cantante Madonna, que lo importante es que la gente hable de un@… bien o mal, ¡pero que hablen!

Ejemplos de lo anterior (de los miles que vemos a diario) saltan a la vista.  Uno de ellos lo provee la “distinguida” senadora Evelyn Vázquez (les refiero a mi más reciente comentario en la entrada que le dediqué), el cual el blog Poder 5 resume en todos sus sórdidos detalles…  (Michael, si estás leyendo esto, discúlpame la exageración, ¿OK?).  El otro ejemplo se dio a finales de esta semana, cuando el Senado de Puerto Rico publicó en los principales rotativos del país un folleto publicitario—de esos que dan de qué hablar, pero no necesariamente por las razones correctas—en el que divulga asuntos de interés para el país.  Digo, hasta ahí vamos bien, ¿no?  Pero ése no es el problema.  Veamos los siguientes "exhibits":

  • Exhibit 1: El presidente del Senado, Thomas Rivera Schatz con la recién juramentada Jueza Asociada del Tribunal Supremo de los EE.UU., Sonia Sotomayor. Me imagino que cuando ella se retire mirará esta foto y se preguntará, "What the hell was I thinking? Who the hell's this guy?"
  • Exhibit 2: El presidente del Senado, Thomas Rivera Schatz, ayuda al alcalde (en chaqueta y corbata) y a la Primera Dama estatal (Sra. Lucé Vela de Fortuño) a sembrar un árbol de almácigo en una escuela de Trujillo Alto. ¡Así cualquiera siembra un árbol!
  • Exhibit 3: El presidente del Senado, Thomas Rivera Schatz (do you see a pattern here?) parece que está en campaña todo el tiempo. (¡Adió'! Y la rubia que está a la derecha en la foto, ¿no es la senadora Evelyn Vázquez? Hasta en esta entrada ella se cuela…)
  • Y por último, Exhibit 4: El presidente del… OK, ustedes ya saben quién, rodeado de los jóvenes del Campamento de Verano del Taller de Fotoperiodismo de San Juan. Yo no sé, pero en mi casa me enseñaron de niño a no acercarme mucho a los extraños…

¿Notan algo extraño en estos "exhibits"?  Pues sí, en todos ellos aparece el presidente del Senado, Thomas (Tomás, si lo quieren escribir así) Rivera Schatz.  De hecho, él aparece en unas 15 fotos de todas las que “engalanan” las 12 páginas del folleto.  Desde retratarse con la recién juramentada Jueza Asociada del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, Sonia Sotomayor (de quien espero que ninguna de sus decisiones futuras "se sale" después de haberse tomado esa foto), hasta retratarse con los Niños Escuchas, los participantes del Taller de Fotoperiodismo (o de periodismo gráfico, que así suena a tono con nuestros tiempos) o los presidentes de organizaciones cívicas… ¡y algunos vicepresidentes también!

Y yo me pregunto, ¿qué necesidad tiene este señor de darse tanta exposición?  ¿Será que él aspira a la gobernación de Puerto Rico en el 2012, y quiere empezar el ascenso a la cima desde ya?  ¿Será que él quiere dar la impresión de que él es quien gobierna realmente en Puerto Rico, y no el gobernador Luis G. Fortuño Bruset, a quien el pueblo eligió democráticamente (aunque parece que algunos de quienes lo eligieron se están empezando a arrepentir por las razones que todos conocemos)?  Para mí hay una cosa que es segura, y es que él quiere que la gente hable de él—bien o mal, pero que hablen de él—, que lo vea como el gran protagonista, como un hombre de poder, que puede hacer y deshacer sin que se le cuestione su capacidad, porque quien lo cuestione, quien lo critique es su enemigo, es de los que “no le gusta que se digan las cosas positivas que él el Senado está haciendo por Puerto Rico y sólo destacan lo negativo”, como dijo de “algunos sectores de la prensa” puertorriqueña.  (Y aunque eso no me impide pensar lo que ya en otras ocasiones he dicho aquí sobre algunos sectores de la prensa, sospecho que por lo demás él es de los que prefiere matar al mensajero cuando éste se atreve a cantarle las verdades.)

Pero bueno, ya que establecimos el propósito de este ejercicio de autopromoción del senador Rivera Schatz, creo que lo que procede es invocar la sabiduría de cierto retardado sureño estadounidense con incapacidad de aprendizaje, Forrest Gump:

My momma always says, ‘Life is like a box of chocolates. . . you never know what you gonna get!’

(¿Alguien sabe si el DVD de esta película se consigue todavía?)

Y como recordarán los que vieron esa película, un punto fuerte de dicho personaje es su habilidad para insertarse dentro de la historia, hacer un cuento tan y tan verosímil que el resto del mundo se lo podría creer.  (Claro está, ayuda mucho a ello el que se emplearan efectos digitales en esa película para, por ejemplo, ubicar a Forrest en una ceremonia en la que recibe una medalla de honor de parte del presidente Kennedy, pero ya eso es otra cosa…)  Es más, ¿qué tal si hacemos algunas sugerencias para ubicar a esta versión boricua (porque lo es, quiera o no) de Forrest Gump?  Permítanme sugerir varios ejemplos:

  • Él ayudó a rescatar algunas de las víctimas del incendio en el Dupont Plaza, el día de año viejo de 1986, y salió retratado en todos los periódicos de esa época;
  • Él se ganó todos los eventos de pista y campo (atletismo… pero me gusta más la frase “pista y campo”) de los Juegos Panamericanos San Juan 1979, y salió retratado en todos los periódicos;
  • Cuando ocurrieron los trágicos eventos del 11 de septiembre de 2001, el salió inmediatamente en un avión hacia Nueva York y llegó a tiempo para salvar a varios centenares de personas, antes de que se cayera la primera de las torres gemelas…

Podría estar todo este rato proponiendo ejemplos y más ejemplos, pero creo que con éstos es más que suficiente.  Pero en fin, ésta es la realidad de nuestra faena política cotidiana, una faena en la que más se destaca el o la que más “roba cámara”, el o la que se presenta hasta en los bautizos de muñecas, el o la que se desvive porque hablen de él o ella—bien o mal… ¡pero que hablen!

Y los que estamos en la rueda de abajo… ¡bien, gracias!

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

P.S.  Antes de terminar, aprovecho para agradecer a la autora del resumen al que me refería al final del primer párrafo de esta entrada, la periodista Firuzeh Shokooh Valle, de Global Voices, por citar parte de mi entrada anterior sobre los despidos en el departamento de noticias de la televisora pública WIPR-DT de San Juan en su reseña de lo que la blogosfera puertorriqueña ha estado comentando al respecto.  Digo, eso me hace sentir halagado, en tanto hice mi aportación para ayudar al resto del mundo a entender la lamentable situación por la que Puerto Rico atraviesa en estos momentos.  Nuevamente, ¡muchas gracias!

NOTA ADMINISTRATIVA (8 DE SEPTIEMBRE DE 2009 A LA 01:42 UTC): Para los que se estén preguntando qué pasó con las cuatro fotos que eran los “exhibits” de la ubicua presencia del presidente del Senado a través de su folleto publicitario, sepan que decidí eliminar las mismas de la entrada para evitar problemas con los derechos de autoría que pueda reclamar el Senado de Puerto Rico por dicho folleto.  Es solamente ésa y ninguna otra razón.  Gracias.

LDB

Deja vu otra vez?

¡Saludos, mi gente!  No se asusten, no me he desaparecido…  Total, que no creo que lo haga, y mucho menos con las cosas como están, pero qué se va a hacer…

Ahora bien, una cosa que sí he estado haciendo en estos días es aprovechar para poner etiquetas (o sea, tags) a todas las 300-y-pico de entradas de este blog, para quienes quieran buscar qué fue lo que escribí en alguna entrada anterior sobre X o Y tema.  (De hecho, a la fecha en que escribo esto, sólo me falta etiquetar muchas de las entradas de 2005 y 2006.)  Y una de las cosas que más me ha llamado la atención mientras repaso las entradas viejas para etiquetarlas es cómo se tiende a repetir el antagonismo entre los funcionarios que elegimos cada cuatro años para que rijan los destinos de nuestro país (ya sean del PPD o del PNP) y los sectores de nuestra sociedad que siempre llevan las de perder cuando se toman decisiones antipáticas.

Lo vimos cuando el cierre gubernamental de mayo de 2006, e igual lo estamos viendo en 2009, cuando se están proponiendo proyectos legislativos que—en muchos casos—resultan ser la antítesis de lo que debe ser una buena medida de gobierno democrático (como la ley que anularía de facto el Fideicomiso de la Tierra del Caño Martín Peña y la que impone una onerosa fianza para el que ose impugnar la legalidad de un permiso de desarrollo—o más bien, la falta de esa legalidad).  Medidas para las que se rechaza en principio cualquier gesto de buena voluntad para ofrecer alternativas que, sin ser tan drásticas, permitan obtener el resultado que se quiere obtener (como las que proponen algunos de nuestros líderes sindicales, por ejemplo)… ¡sólo para que al final del proceso quienes rechazaron esas alternativas quieran “escuchar” a quienes las propusieron en su momento!  Y escribo “escuchar” entre comillas, con toda intención, porque quienes están llamados a escuchar no escuchan con el ánimo de rectificar injusticias y enmendar un rumbo que comoquiera está trazado, sino que lo hacen por compromiso, como para decirle a quienes les llevan la contraria ideológica…

Pueden sugerir lo que se les ocurra, cualquier cosa, y yo cumpliré con hacer el ejercicio de “escucharlos”, pero los míos son los que mandan aquí y ya la suerte está echada.

Con un cuadro como ése, ¿qué hacer?  Tal vez convocar al pueblo una marcha en protesta por la imposición de leyes antidemocráticas cuyas secuelas serían devastadoras para el bienestar de los ciudadanos.  Algo así como la marcha que se efectuó el 5 de junio de 2009, desde la entrada a la isleta de San Juan hasta el Capitóilet Capitolio.  Una marcha en la que cientos de miles de puertorriqueños manifestaron su descontento, un sentir de molestia por el derrotero que sigue nuestro país en las presentes circunstancias.  Un sentir que debería ser escuchado por quienes tienen en sus manos la solución para evitar un impacto adverso de las medidas propuestas… ¡siempre y cuando no “se juyan” de allí—y de su responsabilidad con el mismo colectivo que los puso donde están—antes de que lleguen los manifestantes!  (¿Tanto es el miedo que les tienen?)

Debe ser que en los pasillos por los que corre el poder cada día, hay un caso crónico de lo que los estadounidenses llaman, an attitude problem.  Y yo creo que ése es un problema que hay que atender, el de la actitud de que “como yo soy quien manda aquí, voy a hacer lo que me dé la gana y tú te tienes que quedar callado y tomar el golpe”.  (Y no hace falta decir quién expresa esa actitud; lleguen ustedes a sus propias conclusiones.)  Actitud que no resuelve ninguno de los problemas que ya existen—más los que se avecinan—y que puede tener consecuencias más serias.  Consecuencias que no serán beneficiosas para nadie. . . ¡ABSOLUTAMENTE, PARA NADIE!

Y entonces yo me pregunto, ¿será que ante la realidad de hoy en día, el concepto “democracia” significa algo muy diferente a lo que desarrollaron los antiguos griegos—e incluso, lo que mis maestros y profesores me enseñaron en la escuela y en la universidad?  Yo me resisto a aceptar eso.  Yo quiero creer que eso no es así.

Pero así son las cosas.  Y así seguirán siendo.  Y no cambiarán mucho, ni de aquí a un año, ni de aquí a dos años, ni de aquí a diez años, ni de aquí a…

¡Y vamos a dejar eso ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta luego.


DEDICATORIA: Quiero dedicar esta entrada de mi blog a un compañero de trabajo, de los que se abren paso a través de la vida, venciendo todos los escollos que la misma le pone, para buscar la excelencia en su quehacer profesional, y en el proceso ayudar a otros a conocer—y apreciar—la belleza del mundo que nos rodea.

A pesar de que su nombre sonaba foráneo, no podía haber mejor puertorriqueño que él.  Gracias a su esfuerzo y dedicación, se han iniciado esfuerzos dirigidos a la rehabilitación de los arrecifes de coral en nuestras costas, a través de un programa de arrecifes artificiales.  (Y de hecho, gracias a él cambió mi noción—muy equivocada, por cierto—de que en Puerto Rico no se estaba haciendo un esfuerzo serio en esa dirección, más allá de la colocación de llantas vacías en el piso marino—práctica que hoy en día, ningún experto recomienda por el impacto nocivo de la acción corrosiva de la sal de mar sobre las llantas, y que ha sido abandonada en favor del uso de otros materiales que cumplan el mismo propósito.)

Pero también se dice que no todo puede ser el trabajo (¡y díganmelo a mí!).  Siempre recordaremos su alegría cuando compartía con nuestros compañeros en las fiestas navideñas, por ejemplo.

En fin, la clase de persona cuya partida hacia el infinito—como consecuencia de un accidente de buceo, ocurrido unos ocho días antes de la fecha en que escribo esta entrada—se hace a veces muy difícil de entender.  Pero así son las cosas, y hoy estamos aquí, pero mañana, ¡quién sabe dónde estaremos!

Desde aquí, mi lamento por el deceso del compañero y amigo James H. Timber Giboyeaux, y mis condolencias y solidaridad para sus familiares y para quienes nos quedamos aquí—porque no hay más remedio—en el empeño de continuar la obra que él comenzó en su breve paso por este mundo.

¡Que tengas un buen viaje hacia la eternidad, James!


LDB