Me pareció haber escuchado un eco

Shutdown button MouseHover.
Shutdown button MouseHover. (Photo credit: Wikipedia)

La verdad es que hay que ser temerario.  Hay que ser tan capaz de sacrificar las piezas de un juego sólo por mostrarle al mundo que se está ganando una batalla.  Sólo por hacer ver que eso es lo que quieren los combatientes—ya sea que esa expresión de “satisfacción del deber cumplido” sea sincera o un simple desliz mental.

Sea como sea, eso es lo que estoy viendo, ahora que el gobierno de la que se hace llamar “la nación más poderosa del mundo” está de cierre.  Sí, amigas y amigos, mi gente.  El gobierno de los Estados Unidos de América está de cierre (“shutdown”, en el idioma en el que alguna gente en algunos bastiones pudientes de Puerto Rico pretenden que muchos de nosotr@s hablemos, ¡aunque ni ell@s mism@s lo sepan hablar bien!).  Y los empleados del gobierno federal, particularmente los que no desempeñan funciones esenciales e imprescindibles para la nación estadounidense, están de receso.  Un receso durante el cual no pueden cumplir con sus responsabilidades económicas ni atender “como Dios manda” las necesidades de sus familias.  Y esas familias se deben estar viendo en estos momentos en la disyuntiva de no saber si se podrá pagar la hipoteca de la casa este mes, o llevar a los niños a la escuela o a los infantes al cuido, o darles una alimentación digna, o comprar los medicamentos “de mantenimiento” si padecen condiciones de salud que les seguirán hasta la tumba.

Y todo eso, por la maldita temeridad.  Por la temeridad de bandos políticos que no tienen la madurez, ni la fuerza de carácter que se requiere para atender situaciones tan graves como ésta.  Bandos cuya única razón de ser es acumular puntos con sus huestes.  Ya sean republicanos de esos que harían de todo por sacar de carrera a un presidente “otro” (y entenderán por qué lo escribo como lo ven aquí) al que nunca quisieron—y para lo cual, de todos modos, ya se les está haciendo un poquito tarde, a menos que lo quieran hacer el mes antes de las elecciones federales de 2016—o los demócratas encabezados por el presidente Barack H. Obama, empeñados en imponer lo más cercano a una cobertura de salud universal (cariñosamente llamada “Obamacare”) a como dé lugar, son bandos a los que no les importa sacrificar a los demás, siempre y cuando no les toque a ell@s compartir ese sacrificio con los demás—dicho eso con una cara “de lechuga”, así de fresca.

¿Les suena conocido todo lo anterior?  Por supuesto que debería.  Primero, porque en Puerto Rico pasamos por una situación similar en mayo de 2006.  Y esa situación ha sido sacada del baúl de los recuerdos por muchos de los medios puertorriqueños, como para que no se nos olvide que las cosas siempre podrían ser peores, como para enfatizar que en todos lados se cuecen habichuelas.  Que allá tal como aquí, la rencilla partidista está tan metida en el debate público, que no le importa tomar rehenes en aras de un triunfo sobre “los otros”, en aras de ser vistos como “los héroes”, los que salvaron al mundo de su propia destrucción.

(Es más, quien esté interesad@ vaya al archivo de mayo de 2006 y vea todo lo que escribí entonces sobre el tema.)

Y segundo, porque ya vimos lo que pasó cuando hubo una amenaza similar hace un par de años.  Justo cuando se discutía elevar el límite de la deuda gubernamental estadounidense, bajo pena de quedar como un mala paga (o en “buen” puertorriqueño, incurrir en un “default”) llegado el momento.  Aunque por lo menos, en ese momento se logró evitar el cierre del gobierno federal, esta vez no se pudo correr igual suerte.

Es más, aunque l@s acabo de referir al enlace, permítanme abrir mi baúl por un momento y decirlo de nuevo (yo creo que vale la pena repetirlo tanto como pueda—aunque sea actualizando la referencia de tiempo):

“Obviamente, cada quién tiene que arrimar la brasa a su sardina, cada quién tiene su derecho a defender los intereses que más le convenga defender. Pero en el proceso, los hoy debatientes se podrían llevar enredados a quienes menos interés tienen de oír el chisme de barrio en el que toda la discusión se ha vuelto, y más interés tienen de que se gobierne de manera justa y honrada.

“Y tanto yo como ésos que se verán afectados… nos preguntamos: ¿habrá alguna manera de que pueda lograrse un acuerdo en cuanto a la limitación de la deuda pública estadounidense? Como en el caso que me afectó (a mí, entre otros) [en el 2006], parecería que los que están manejando el tema no lo están haciendo con la debida capacidad; más bien, lo que despliegan es un ansia de protagonismo, de querer aparecer como ‘héroes’ en una guerra en la que hay salvar al mundo de las ‘hordas asesinas’ que amenazan con destruirlo.

[…]

“Y en un caso y el otro, me sale hacer la misma pregunta: toda esta gente, ¿no se estará dando cuenta de las consecuencias que sus acciones les podrían acarrear a los demás, a los mismos ciudadanos y ciudadanas a los que se comprometieron a servir desde sus cargos de importancia? (Digo, a menos que el compromiso hubiese sido a servirse de esos mismos ciudadanos y ciudadanas…) Yo creo que a estos funcionarios públicos estadounidenses, eso ni les viene ni les va. Lo único que les importa es ver quien es el más astuto, quién es el que puede aguantar más el fragor de la batalla y ‘triunfar’ sobre ‘el enemigo’.”

Y lo mismo que no vimos que ocurriera en 2011 es lo que estamos viendo ocurrir un par de años después.  Si antes se pudo contener la temeridad de los bandos y evitar que la sangre llegara al río, ya hoy vemos que no se pudo hacer.  Ahora, la gente en los Estados Unidos tendrá que aprender lo que es depender de una claque política—repartida entre dos bandos principales, a cual de los dos más partidista—a la que no parece importarle que los demás se vayan por el abismo para abajo, sólo para quedar decepcionada por las consecuencias de esa dependencia.

Por supuesto, que los estadounidenses aprendan de esta lección, una vez salgan de esta crisis, ya eso será otra cosa—y eso es lo mismo allá, tal como aquí.

¡Así que vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


ACTUALIZACIÓN (17 DE OCTUBRE DE 2013): Por qué será que no me sorprende que al filo de la medianoche del 16 para el 17 de octubre, los actores principales de esta comedia decidieran que ya era suficiente.  Ya se decidió que el gobierno federal se mantuviera abierto por otros 90 días y a la vez se pudo evitar que el mismo gobierno quedará como un mal apaga.  Pero no importa cuántos esfuerzos haga cada uno de los actores por quedar como “héroe”, el hecho es que habrá que volver a lo mismo, y que volverá a reinar la incertidumbre.  Y entonces, ¿qué se ha ganado con ello?


LDB

Lo importante es hacer el trabajo

English: Rainbow.
English: Rainbow. (Photo credit: Wikipedia)

Puede ser que yo lo haya mencionado en este blog y con el paso del tiempo se me haya olvidado que lo escribí—pero lo dudo.  De todos modos, a mí siempre se me ha dicho que después que yo haga mi trabajo con dedicación y responsabilidad, todo lo demás no debe importar.  Y yo siempre he encontrado que ese principio es más que razonable y debe aplicarnos a tod@s l@s que trabajamos de día en día.  En el desempeño de nuestras labores no debe mediar más consideración que esa: realizar nuestro trabajo con total dedicación y responsabilidad, no importa quién se sea.  Hombre o mujer.  Novato o veterano.  Blanco o negro.  Católico o protestante o metodista.  Cristiano o musulmán o budista.  Creyente o ateo o agnóstico.  “Straight” o…

Tal vez alguien haga excepción con la última oración del párrafo anterior, especialmente por la implicación contenida en ella.  Tal vez se trate de una de esas personas que sin buscar una aspiración política particular viven en un estado… ¡de negación!

“Pero así es como están las cosas últimamente.  En una suerte de negación de una realidad: Puerto Rico nos pertenece a todos y todas: ricos y pobres, hombres y mujeres, niños y jóvenes y adultos y ancianos, familias tradicionales y familias ‘torcidas’… santos y pecadores por igual.  Y que todos y todas, en una u otra medida, ponemos de nuestra parte para enfrentar los retos de la vida, para echar el país hacia adelante.  Pero para algunas personas, sobre todo en las esferas del poder, eso no está ‘en el contexto correcto’…”

(“Es cuestión del contexto”, 21 de junio de 2009.)

Tal vez se trate de personas que se ven a sí mismas como “buen@s”, como las únicas personas buenas en el mundo, para las que todo lo que no se ajuste a su particular visión de mundo no es bueno.  Son la clase de persona que, como he escrito en otras ocasiones,

“…por un lado echan bendiciones, pero por el otro buscan destruir a quien no se amolda a su mundo perfecto.”

(“Todos somos… ¿quién?”, 9 de diciembre de 2012.)

“Y lamentablemente, los que se hacen creer que son ‘los buenos’, que son mejores que los demás, son los que están llevando la voz cantante.  Y eso debe preocuparnos a tod@s, a quienes queremos un mundo más justo.  Y eso es algo que debemos procurar.  Por nuestro propio bien, y por el de nuestr@s herman@s, especialmente aquell@s a quienes hoy vemos como ‘diferentes’, pero que igual son seres humanos, como ustedes y como yo.  Y esa es la realidad, gústele a quien le guste.”

(“Un tiempo para odiar”, 29 de septiembre de 2012—levemente editado.)

Pues sí, eso es más o menos lo que se ve en el debate reciente sobre los dos proyectos legislativos que procuran impedir el discrimen en el reclutamiento para empleo contra personas que no encajan en el molde tradicionalista de lo que es una persona normal.  Contra esas personas a quienes el burdo prejuicio desestima como “torcid@s”,  a quienes se prefiere mantener como el objeto de mofa favorito de una sociedad supuestamente decente y dedicada a “los valores”.  Valores que tanto se predican, porque ello sale más fácil que ponerlos en práctica.

Comoquiera, la realidad es que en varios países del mundo se está empezando a legislar para que a estos sectores marginados por su orientación sexual—es decir, los homosexuales, las lesbianas, los transexuales, los transgénero y sectores afines—les cobije la misma protección de sus más elementales derechos, que las leyes de esos países reconocen para todos sus ciudadanos.  Es más, déjenme hacer hincapié: PARA TODOS SUS CIUDADANOS.  No para sólo unos cuantos.  No para sólo aquellos que sean afines a un régimen político en particular—se llame de derecha, de centro o de izquierda.  No para sólo el (la) que se la pasa diciendo a voz en cuello “Señor, Señor” (como si repetirlo “ad-nauseam” le ganara automáticamente el pase al cielo), mientras luce en sí mism@ las riquezas que tanto dice repudiar.  No para sólo los más adinerados.  No para sólo los bonitillos o las chicas “wow”.  PARA TOD@S.

Y no parece que Puerto Rico sea la excepción a esta nueva tendencia.  Algo que parece preocupar a personas como las que describo en las citas a ciertas entradas anteriores de mi blog.

Pero debe quedar clara una cosa: no me estoy refiriendo a aquella gente buena—¡y la hay!—que cree firmemente en los valores de la tradición judeo-cristiana y que los practica diariamente, haciendo con ello un bien para sí misma y para la sociedad en general.  A quienes me refiero con todas estas citas es a quienes prefieren vivir en una eterna mentira, o creyéndose sus propias mentiras, o construyéndose a su alrededor una casa de naipes que bien puede correrse el mismo riesgo que la casa construida sobre arena en vez de sobre roca (con el resultado que se expresa en el capítulo 7, verso 27 del Evangelio según San Mateo, o en el capítulo 6, verso 49 del Evangelio según San Lucas).

“(¿Se imaginan algo así como una de esas antiguas películas episódicas de ‘Buck Rogers’, en las que el enemigo máximo en lugar del Emperador Ming sea un homosexual ‘salido del closet’? ¿Cómo será eso de batallar contra una ‘loca arrebatá’ y sus hordas y testaferros para salvar la santidad de la familia… o cualquier otro motivo para el que ‘la familia’ sirva de escondite?)”

(“Episodio 100: De regreso a la calle”, 29 de agosto de 2005.)

“¿Cuántos ejemplos similares no vemos a diario aquí en Puerto Rico, de quienes se obstinan en vivir de las mentiras—ajenas o propias, o ajenas y propias—que llevan en su interior?  ¿De quienes se empeñan en atacar a quienes no se ven igual que ellos, no piensan igual que ellos, no ostentan los mismos ideales que ellos, no son iguales que ellos?  ¿De quienes se han alimentado mil veces con la misma mentira, para aceptarla como una verdad absoluta, y también para imponerla a los demás como si con ello estuvieran ‘salvando’ a la humanidad de su propia destrucción?

“Queramos o no, ésa es una clase de animal más peligroso que cualquiera otro que pueda estar suelto por ahí.  Lo importante es estar alerta al peligro siempre, y saberlo enfrentar.”

(“(Otros) animalitos (aún más) peligrosos”, 22 de diciembre de 2008.)

Yo creo que no lo podía haber dicho mejor que eso.

Volviendo al tema de los proyectos sobre discrimen en el empleo, para mí, la cosa debe reducirse a un compromiso entre el patrono y la persona a la que se va a emplear, en el cual se haga hincapié en el respeto mutuo entre las partes.  El patrono bien podría respetar la persona a la que se contrata, con base en sus capacidades y destrezas laborales, para realizar unas funciones—sin importar su raza, sexo, religión o creencias (o falta de las mismas), orientación sexual, etc.  Pero el (la) emplead@ prospectiv@ debe entender que durante 7½ a 8 horas del día estará realizando una tarea para la organización que le contrata, dentro de un ambiente profesional, el cual debe ser mantenido y respetado.  Y debe haber el entendimiento entre ambas partes de que lo importante durante esas 7½ a 8 horas laborables es realizar el trabajo por el cual el patrono paga a ese (esa) emplead@.  Cualquier otra consideración es aparte y se debe dejar fuera del portón de entrada al lugar de trabajo.

Yo creo de manera firme en lo que indico en el párrafo anterior.  A mí, en lo personal, no me debe ir ni venir lo que la persona haga con su vida fuera de las 7½ a 8 horas laborables, en tanto ello no interfiera con el ambiente profesional que debe imperar en el lugar de trabajo durante esas horas.  Y sé que hay gente talentosa y trabajadora que puede dar lo mejor de sí en el ambiente laboral, ya sea que su estilo de vida me guste o no.

Por supuesto, como ya vimos, debe haber un compromiso de parte y parte para que ello sea así.  Pero lo que no debe haber es el rechazo irracional contra una persona, sólo porque sus inclinaciones, de la índole que sea, le incapaciten de facto para ocupar un puesto para el que por lo demás está debidamente capacitad@.

Lo importante, insisto, es que la persona pueda cumplir y hacer el trabajo para el cual está capacitada, con total dedicación y responsabilidad.  Lo que esa persona haga con su vida fuera de horas laborables, es lo que esa persona hace con su vida.  Esa es su responsabilidad—y de nadie más.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

Misas sueltas de agosto–versión de 2011

From his vantage point high above the earth in...
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Amigas y amigos, mi gente: Aquí estoy de regreso, aunque nunca me he ido—como tal vez se habrán dado cuenta por los dos o tres cambios de diseño que me da por hacerle al blog de un día para otro.  Pero bueno, lo único que les pido es que me tengan un poco de paciencia cuando eso sucede, aunque voy a tratar de hacerlo lo menos seguido posible, ¿OK?

Dicho eso, voy a tratar de ponerme al día con varias cosas que llamaron bastante mi atención mientras no estuve escribiendo este blog.  El único “pero” que tengo es que esta entrada podría salir más larga de lo debido, pero como la moda ahora es decir como la nueva versión (de 2011) del clásico tema del grupo, “El Gran Combo de Puerto Rico”, “echar pa’lante, nunca pa’atrás”… pues echemos pa’lante, shall we?

1) El caso del asesinato “atenuadito”

Primero en la agenda es el furor que ha causado la decisión de una jueza de primera instancia (emitida el 11 de agosto de 2011, pero divulgada casi una semana después) de declarar a un acusado en un caso de violencia de género de tipo conyugal, culpable de “asesinato atenuado”* por los hechos (irónicamente, ocurridos el 2 de abril de 2010, o sea, el Viernes Santo de ese año) en los que le dio muerte a su esposa (de la que estaba separado) mediante golpes en el rostro con un tubo de los que se utilizan en el reemplazo de gomas para autos (“llantas” o “neumáticos” en otros países hispanohablantes).  O sea, que a pesar de toda la prueba desfilada, incluida la confesión que se alega que el individuo hizo a las autoridades en el momento en el que intervinieron con él, una jueza de primera instancia optó por no hallarlo culpable de asesinato en primer grado—dada la saña y la premeditación que él habría mostrado en la comisión del delito—y, a mi entender, se dejó llevar por el “¡ay bendito!”, ese sentimiento de pena y hasta solidaridad que (para bien o para mal) nos caracteriza a los puertorriqueños, y lo declaró culpable de “asesinato atenuado”.

(Baidegüei, la versión original que yo quería hacer de esta parte de la entrada incluiría una cita directa de los artículos en el Código Penal de Puerto Rico de 2004, relacionados con el asesinato, sus modalidades y las distintas penas a aplicarse.  Pero para no hacer esta entrada más larga de lo debido, les ofrezco lo que dice el Artículo 108 sobre el “asesinato atenuado”: es aquel asesinato que “tiene lugar en ocasión de súbita pendencia o arrebato de cólera”, y en Puerto Rico se penaliza como asesinato en tercer grado—el mismo grado que constituye la muerte ocasionada como lo indica el Artículo 109 que le sigue, “al conducir un vehículo de motor bajo los efectos de bebidas embriagantes, sustancias controladas o con claro menosprecio de la seguridad de los demás; o al apuntar y disparar con un arma de fuego hacia un punto indeterminado”.  Aquí les dejo la referencia: Delitos contra la vida (Código Penal de Puerto Rico 2004), Biblioteca PopJuris, visitado por mí el 14 de agosto de 2011.)

Hay veces en las que no sé si estas cosas suceden a propósito, porque haya quien se divierte creando situaciones sociales delicadas, sólo por ver reaccionar a los sectores sociales con mayor conciencia y sentido de humanidad…  OK, estoy estirando un poco el “chicle” porque aquí viene uno de esos “clichés” que yo odio a muerte: Como siempre, las reacciones no se hicieron esperar.  (Reacciones que en esta ocasión recoge la Lcda. Verónica Rivera Torres en su blog, Mujeres en Puerto Rico.)  Y esas reacciones han sido principalmente de indignación por la decisión tomada, de preocupación por apuntar a un retroceso hacia los tiempos en los que estos casos se hacían llamar “crímenes pasionales”, en los que al calor del momento se priva de la vida al ser que alguna vez se juró amar para siempre.

Pero una de las reacciones más interesantes ha sido la de cuestionar a la jueza que tomó la nefasta decisión.  Para much@s(incluido quien les escribe), no tiene sentido que una jueza que tiene ante sí prueba de los delitos cometidos, que incluso evaluó la confesión del acusado—que se presume que la prestó libre y voluntariamente y sin ninguna clase de presión indebida—, hubiera sentido “pena” por el acusado, incluso excusándole su conducta conyugal hacia la víctima.  Poco hubiera faltado para que la “distinguida” jueza determinara que la víctima se infligió a sí misma las heridas que la mataron (¡!), o que la víctima fuera la clase de persona que resultaría herida de un balazo, ¡si tuviera la mala suerte de estar en el medio de una pelea a cuchillazos!

Francamente, me rehúso a creer que en la judicatura puertorriqueña hayan personas capaces de tomar decisiones como ésa, aun teniendo las pruebas ante sí.  Lamentablemente, para que quienes leen esto fuera de Puerto Rico lo sepan (aunque con la experiencia de sus propios países no les sorprenda), no todos los jueces en Puerto Rico se consideran adalides de la justicia—problema que se ha estado criticando por años y años.  Y aunque—ALERTA DE CLICHÉ… ALERTA DE CLICHÉ… ALERTA DE CLICHÉ—la gran  mayoría de los jueces en Puerto Rico son honestos y decentes, gente que tiene que arar con los bueyes que el sistema de justicia les da, lamentablemente, algunos miembros de la judicatura no tienen la sensibilidad para atender situaciones como la de este caso.  Tal vez no tienen ni idea del desamparo que dejan a las víctimas, si éstas logran sobrevivir (aunque para ellas, la vida no será lo mismo), o a quienes les sobrevivan, como consecuencia de decisiones a todas luces malas.  Y esas víctimas o quienes les sobreviven acaban por perder la fe en un sistema al que acudieron en busca de justicia, sólo para acabar derrotados y dejados a morder el polvo.

Lamentablemente, esa es una de esas cosas que ya dejó de sorprenderme que ocurran.

2) El caso de la querellante fantasma

Lo otro que me llamó la atención esa misma semana fue el extraño ataque contra la reputación del reconocido salubrista puertorriqueño, José “Chaco” Vargas Vidot, fundador y líder de la organización no gubernamental, Iniciativa Comunitaria.  Todo surgió de lo siguiente:

“Una doctora boricua de nombre María Rodríguez presentó una querella ante el secretario de Justicia Federal, Eric Holder, contra el reconocido salubrista y líder de la entidad Iniciativa Comunitaria, José Vargas Vidot.

“Entre las alegaciones de Rodríguez están, que Vargas Vidot se hace pasar por médico aun sin tener licencia para practicar la medicina y que utiliza instrumentos médicos. Así como que utiliza vestimenta ‘médica’ y que permite que en los medios de comunicación se refieran a él como médico y galeno.”

(Adaptado de: Presentan querella federal contra Vargas Vidot y alegan que no es doctor, Primera Hora, 10 de agosto de 2011 @ 13:06 UTC –4.)

Ante esto, Vargas Vidot ofreció una conferencia de prensa horas después, en la que explicó que a pesar de que estudió medicina y de estar diplomado debidamente, optó en su momento por no tomar el examen de reválida y decidió hacer su práctica en salud pública.  O sea, que en lugar de sentarse cómodamente detrás de un escritorio en un consultorio con aire acondicionado, recetando sabe Dios cuántas Valium a pacientes depresivos o bipolares, él quiso dedicar su vida a ayudar a los deambulantes, a los adictos a drogas, a las prostitutas, en fin, a todos aquéllos a quienes la vida ha relegado a vivir eternamente en la miseria, a quedar en el olvido de una sociedad que se niega a verlos, que no quiere mirarse en el espejo porque le duele ver su propio reflejo.

Pero lo peor del asunto es que la doctora que presentó la querella ante la justicia estadounidense, una tal “Dra. María Rodríguez”, con “licencia número 606”, o no existe o es tan cobarde como para esconderse detrás de un seudónimo y de una licencia falsa (ya que ni siquiera ese número de licencia está activo en el organismo puertorriqueño que regula la práctica profesional de la medicina).  Y aun cuando el propio Vargas Vidot sonó un poco conciliatorio durante su conferencia de prensa y tuvo a bien perdonar a la supuesta doctora por su proceder (con lo que demostró aquello de lo que Prometeo da testimonio en esta entrada de Poder 5), muchos de nosotros (y de nuevo me incluyo) pensamos que lo ocurrido fue un acto mezquino, una muestra de la peor cobardía posible.  Un acto que como se puede leer de la cita que hice un momento atrás, denota muchas cosas: envidia, inmadurez, deseo de perjudicar a terceros, en fin, maldad absoluta.

Y siempre sucede que lo que cree quien comete actos como éste, o hasta quien los propicia (porque siempre queda la sospecha de que alguien los propicia—y no me sorprendería de que así fuera en este caso), es que con ello destruye cualquier esfuerzo que vaya dirigido a mejorar la vida de los marginados, a darles nuevas posibilidades, a darles la esperanza de una vida mejor.  Pero como siempre sucede, quien así crea se equivoca.  Creerá que al destruir a un hombre (o por lo menos, tratar de destruirlo) destruirán su misión, destruirán su propósito, su función en la vida.  Al contrario, no lo lograrán, porque siempre existirá la necesidad de darle apoyo a los marginados, de decirles que son seres humanos, de decirles que tienen tanto derecho a una vida digna y decente como el que más, de decirles que no están solos en este mundo.

Y mientras haya esa necesidad, siempre habrá gente como el Dr. José Vargas Vidot… ¡gústele a quien le guste!

3) Los vientos huracanados de agosto

Por último, demás está decir lo sorprendente que ha sido recibir sistemas ciclónicos tan temprano en la temporada de huracanes del Océano Atlántico Norte como en el mes de agosto.  Digo, hasta ahora, mi experiencia había sido que las tormentas más fuertes se sintieran ya entrado septiembre y hasta mediados de octubre (que los meteorólogos—no “metereólogos”, como solemos escucharle a alguna gente supuestamente culta—nos dicen que es la punta estadística de la incidencia de sistemas atmosféricos con potencial ciclónico).

Pero la cosa es que durante el mes de agosto han sido dos los sistemas atmosféricos que nos ha dado más dolores de cabeza—¡y lo que falta todavía!  “Emily”, hace dos semanas, pasó al sur de Puerto Rico con secuelas de lluvias fuertes.  Pero entonces, para hacerme quedar mal, creíamos que el próximo sistema que apuntaba hacia el Caribe seguiría el mismo rumbo, y no fue así.  “Irene” pasó por Puerto Rico como tormenta tropical en la madrugada del lunes 22 de agosto de 2011, pero se convirtió en huracán a su salida de la isla a mar abierto.  (Mientras escribo esto, “Irene” se mantiene como huracán y apunta a rozar la costa este de los EE.UU.—y hasta penetrar los estados del noreste—, probablemente desarrollándose con mayor intensidad en el proceso.)

Y nuevamente, ha quedado al descubierto las fallas que suelen ocurrir en los sistemas vitales para los ciudadanos: líneas eléctricas tumbadas por los vientos o por ramas de árboles, viviendas sin servicio de agua potable, derrumbes de tierra o roca suelta (o ambas) sobre las carreteras, particularmente las del interior montañoso boricua, viviendas afectadas por las crecidas de los ríos, al lado de los cuales ni se debió haber construido las mismas…

¿Será que no hemos aprendido de tantas veces que la naturaleza descarga su furia contra nuestra isla?  ¿Cuantas veces tendremos que darnos con la cabeza contra la misma pared?  (Y esa pared, hace rato está teñida de rojo sangre…)  Digo, para muchas personas es evidente que ello es el reflejo de años en los que la planificación no era lo suficientemente proactiva como lo debería ser hoy en día.  (Y aún así, hay áreas de la planificación que creo que aún no han evolucionado desde el siglo pasado, pero ya eso es otro tema.)

Pero en fin, habrá que ver cuántos de estos fenómenos atmosféricos tendrán que pasar por Puerto Rico, aunque sea “por un pelo”, antes de buscar la manera de prevenir sus efectos más adversos.  Yo prefiero creer que no será muy tarde para ello.

Y ahora sí, ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

¿Y el hueso? ¡Pa’ los demás!

A photo of a marinated steak
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Déjenme ver si entendí bien las expresiones que voy a citar a continuación, hechas por el Secretario de Educación de Puerto Rico, Jesús Rivera Sánchez al comienzo del nuevo año escolar 2011–2012:

“Cuando hoy se le preguntó al funcionario sobre la educación privada que reciben sus hijos, Rivera Sánchez contestó en entrevista con el periodista Julio Rivera Saniel en Radio Isla que ‘por el momento se quedan en la escuela privada donde están por varias razones.  Número uno, yo quiero la mejor educación para mis hijos.  Esa es la mejor herencia que yo les puedo dejar a ellos’.

“‘¿La mejor educación no está en el sistema público?’, le inquirió el periodista.

“‘Yo soy producto del sistema público de enseñanza y estoy sumamente satisfecho y contento con la mayoría de los maestros del sistema.  Y como iba diciendo, mis niños se quedan donde están.  Quiero lo mejor para ellos, y por eso estoy trabajando arduamente para que lo mismo que le estoy dando a mis hijos en la escuela privada, nosotros se lo podamos dar también en el sistema público’, respondió.”

(‘Secretario de Educación reconoce que escuelas públicas no son las mejores’, El Nuevo Día, San Juan, P.R., 8 de abril de 2011)

Todo aquél (o toda aquélla) que tiene hijos tiene que preocuparse por darle lo mejor a sus hijos—eso es algo que no se puede negar bajo ningún concepto.  Sin embargo, ¿qué puede leerse de la cita anterior, cuando la persona que administra un sistema público de enseñanza admite que lo mejor para sus hijos es la escuela privada?  ¿Será que el funcionario—aunque lo niegue públicamente una y mil veces—no confía lo suficiente en el sistema que administra para exponer a sus propios hijos a un ambiente distinto de aquél al que están acostumbrados?  (¿No será más bien, “mal acostumbrados”?)

Puede ser que el funcionario no quiera exponer a sus niños al “trauma” de acudir a una escuela en la que los salones no reciben el debido mantenimiento, o las paredes de los mismos no están bien pintadas, o los patios no están bien desyerbados, o los servicios sanitarios están en pésimas condiciones… o tal vez será que él no quiere que sus hijos—con el permiso de “Doña Florinda”—se junten con “esa chusma”.

Yo no sé, pero para mí que esas expresiones del Secretario de Educación, como que no fueron bien pensadas, como que son más bien un reflejo de una cultura en la cual se distingue entre “los míos” y “los demás”.  Para los míos, lo mejor de la vida.  Para los demás, cualquier otra cosa.  Para los míos, el lujo y la ostentación.  Para lo demás, lo barato, aunque se rompa de tan sólo mirarlo.  Para mí y los míos, lo mejor del asado, la carne más rica y jugosa.  Pero, ¿y qué hay del hueso?  ¡Eso es pa’ los demás!  Para mí y los míos, el poder y la gloria.  Para los demás, la miseria y el desespero.

Aunque valga decir que por lo menos a este funcionario no se le ocurrió “salir de atrás pa’lante” como hizo hace unas semanas el actual gobernador republicano de New Jersey, Chris Christie:

“El confrontativo gobernador de Nueva Jersey, quien apareció en un reciente programa de entrevistas telefónicas para una televisora pública local, en efecto mandó a callar a una señora que le preguntó por qué él envía a sus niños a una escuela privada.

“‘¿Sabe qué?  Para empezar, eso a usted no le importa’, soltó Christie, luego de que se le pidiera justificar cómo él puede imponer recortes al sistema escolar público, al tiempo que mantenía a sus hijos fuera del mismo.

“‘Segundo’, continuó, ‘yo pago 38 mil dólares al año en impuestos a la propiedad para un sistema escolar público… que mi esposa y yo hemos elegido no utilizar, porque creemos, que hemos decidido como padres que creemos que una educación religiosa debe ser parte de la educación diaria de nuestros hijos.  Así que enviamos a nuestros hijos a la escuela parroquial.’”

(Traducido por mí de: Christie to Caller: ‘None of Your Business’ Where My Kids Go to School, FoxNews.com, 21 de junio de 2011.  Y me van a tener que disculpar si cito del medio “justo” y “balanceado”, pero no se me ocurrió una fuente mejor que ésta. Confundido )

(Me pregunto qué clase de educación religiosa habrá tenido este individuo para dispararse una maroma como ésa.  Para mí que él se comportó en este incidente con toda la suavidad y sutileza… ¡de una hoja de papel de lija!  Y si eso es así, yo no quiero saber cómo saldrán los hijos…)

Definitivamente, otro ejemplo de la actitud de “distancia y categoría” que distingue a algunas personas cuando se hacen de su parcela de poder.  O sea, tú te las arreglas como puedas con lo poco que tengas, pero con lo mío, tú no te metes.

Me pregunto si esa energía que personas como éstas gastan en defender sus privilegios mientras los demás arrean con los bueyes que tienen, no sería mejor dedicarla a lograr que los sistemas públicos de enseñanza se mejoren a un nivel que puedan competir favorablemente con los sistemas de educación privada.  Digo yo, que tengan la misma calidad educativa, unas mejores facilidades físicas, unos mejores servicios a los estudiantes… una escuela pública con la calidad de una escuela privada.  (Bueno, una escuela pública que sea como la escuela privada, pero sin la coprofagia.  Y por si les chocó esta palabra dominguera, “coprofagia” significa lo que muchos de ustedes están pensando—¡no se hagan los inocentes!—que caracteriza el ambiente en las escuelas privadas, ¿OK?)  Como dicen, ¡soñar no cuesta nada!

Pero mientras tanto, seguirá habiendo personas que se vanaglorien de estar cenando lo más jugoso del asado, mientras que nos dejan los huesos al resto de nosotros.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB