La hora del sacrificio… aún no termina

Flag of Puerto Rico
Flag of Puerto Rico (Photo credit: Wikipedia)

Debe ser que me estoy cansando de decir “lo mismo… lo mismo… lo mismo” en este blog.  Cualquiera diría que los gobiernos en Puerto Rico no saben atender las crisis económicas y fiscales—creadas irresponsablemente por esos mismos gobiernos—sin que sea “el de abajo” el que pague los platos rotos.

Ahora, luego de varias semanas de estarse discutiendo la implantación de una nueva ley para declarar una “emergencia fiscal” en Puerto Rico, la misma acaba de ser aprobada por la Asamblea Legislativa y firmada por el gobernador García Padilla.  Se trata de la Ley Número 66 de 17 de junio de 2014 (Ley 66-2014), conocida como la “Ley Especial de Sostenibilidad Fiscal y Operacional del Gobierno del Estado Libre Asociado de Puerto Rico”.  Una ley que del saque se ha dado en decir que es una nueva versión de la Ley Número 7 de 9 de junio de 2009 (Ley 7-2009), conocida como la “Ley Especial Declarando Estado de Emergencia Fiscal y Estableciendo Plan Integral de Estabilización Fiscal para Salvar el Crédito de Puerto Rico”, firmada por el entonces gobernador Luis G. Fortuño Burset.  Dos leyes con largas exposiciones de motivos (23 páginas en la Ley 7-2009 vis a vis 44 páginas en la Ley 66-2014), llenas de datos, gráficas y estadísticas para justificar sus respectivas existencias.  Pero ambas van dirigidas a un mismo fin: tratar de atender una crisis de la creación de los gobiernos que las implantaron, sin asumir mayor responsabilidad que la de ponerlas en el papel (o en el formato de documentos digitales, PDF—porque hay que hacerlo “a la moderna”, ¿vi’jte?) para la posteridad.  Para que se les recuerde—y se les “quiera” en el proceso (dándole su voto en las próximas elecciones generales).

Y si vamos a hablar de recordación, la de la Ley 7-2009 y sus lamentables consecuencias aún está fresquecita, y no con mucho cariño que digamos.  Y yo la sigo viviendo todos los días en mi lugar de trabajo.  Pero vamos a seguir con lo que hoy nos trae hasta aquí.

Por lo menos esta vez, la Ley 66-2014 no nos promete retiros tempranos ni renuncias “voluntariamente involuntarias” o “involuntariamente voluntarias” (o como diría Cantinflas, “ni una cosa ni la otra sino todo lo contrario”) como las de la Ley 7-2009—digo, si le creemos a la declaración de política pública en el segundo artículo de la Ley 66-2014.  (Sí, porque parece que la situación fiscal del gobierno es de tal magnitud, que no hay para proveer los lindos chalecos salvavidas con el emblema de los dueños de la nave que quiere llegar a puerto con la carga, los pasajeros y la tripulación—la que como siempre, NUNCA está de más—que ofrecieron la última vez.)  Más bien propone una variedad de medidas que deben estar en vigor hasta el 1 de julio de 2017 (o sea, hasta casi 7 meses después de las elecciones generales de 2016), o que podrían expirar antes si se certifica que el producto nacional bruto del país habría aumentado en 1.5% (1,5%) para un próximo año fiscal, las casas acreditadoras de la Calle Wall neoyorkina resuelven que las obligaciones financieras gubernamentales no son chatarra y el año fiscal que cierra lo haga sin un déficit (a menos que algún legislador de pueblo chiquito se haya despertado de su siesta en plena sesión para reclamar que a su municipio no lo dejan beneficiarse de las “medidas importantes”… ¡como los déficits!).  Medidas tales como reducción en la contratación de servicios profesionales; reducción en el gasto de nómina de empleados de confianza; prohibición de nombramientos de empleados regulares, de carrera, transitorios o irregulares para puestos (excepto que rindan servicios directos o sean esenciales para los recaudos de la agencia implicada, o por varias otras razones); autorización de traslados o destaques de empleados dentro de una misma agencia o entre agencias (sin disminución de sueldo o beneficios marginales); prohibición en la concesión de aumentos en beneficios económicos o compensación monetaria extraordinaria; extensión de las cláusulas no económicas de los convenios colectivos vigentes en las agencias de gobierno que se rigen bajo la Ley Número 45 de 25 de febrero de 1998 (Ley 45-1998), conocida como la “Ley de Relaciones del Trabajo para el Servicio Público de Puerto Rico” (los cuales serán negociados luego de concluir la vigencia de la Ley 66-2014); prohibición de los gastos en las agencias de gobierno, en exceso de los fondos presupuestados; suspensión de las cláusulas no económicas en los convenios vigentes en las corporaciones públicas (las cuales se rigen por otras leyes que no son la Ley 45-1998), incluida la prohibición de liquidar monetariamente los balances acumulados de licencia de sus empleados; prohibición del uso de fondos públicos para pagar escoltas a jefes de agencias (con algunas excepciones), así como para viajes no esenciales al extranjero, contratación de servicios profesionales y adquisición de equipos tecnológicos personales de uso exclusivo (ustedes saben: celulares inteligentes, PDAs—¿hay quien todavía usa eso habiendo actualmente celulares más inteligentes que un PDA?—y demás); y disminuciones en los gastos de arrendamiento (por ejemplo, de edificios) y en el consumo de electricidad y agua de las agencias públicas.

(La Ley 66-2014 también tiene otras medidas que aplican a las ramas legislativa y judicial, pero para los efectos de esta entrada me enfocaré en lo resumido en el párrafo anterior.)

Tal vez muchas de esas medidas suenan bien sobre el papel (o en la copia en formato digital).  Pero no les suenan bien a todo el mundo.  Particularmente a los empleados unionados de las corporaciones públicas (particularmente las autoridades de Acueductos y Alcantarillados y de Energía Eléctrica), los cuales han amenazado con envolver al país en un “paro nacional” si no se les excluye de la Ley 66-2014 (particularmente de lo relacionado con la prohibición en la concesión de aumentos en beneficios económicos o compensación monetaria extraordinaria y la suspensión de las cláusulas no económicas en los convenios vigentes).  Un paro que podría ocurrir como la visita anual de los 3 Reyes Magos, “de noche, con gran cautela, cuando nadie, sus pasos vela”.  Un paro cuyos pininos se dieron hace unos días, cuando formaron una enorme congestión de tránsito en el Túnel Minillas, una de las principales vías de tránsito del San Juan metropolitano.

Pero, ¿para qué?  ¿Con qué propósito?  ¿Qué se quería lograr?  Tal vez para mí no se logró nada, excepto que los principales medios de prensa captaran—intencionalmente o no, eso es inmaterial—el lado oscuro de las protestas obreras en Puerto Rico: manifestantes en pleno abuso contra los conductores a los que sólo les interesaba salir del barullo que se había formado en el túnel, con latas de cerveza en la mano (como si fuera una fiesta o un pasadía en la playa), incluso faltándole el respeto a los policías asignados a mantener el orden—que si vamos a ver, también son trabajadores, también tienen sus hachas que amolar (como la del tiempo trabajado por horas extra que nunca se les quiere pagar), pero también tienen la responsabilidad social de cumplir con su deber de garantizar la seguridad ciudadana, le guste a quien le guste.

Y después de todo ese “show of force”… ¡pa’ Plaza Las Américas!  No precisamente para conseguirse “lo último en la avenida” y estar a la moda—aunque el mundo se joda—, sino a marchar por dentro del centro para revivir la eterna dialéctica entre “ustedes, los ricos” y “nosotros, los pobres”.  (Me pregunto si estas personas sabrán que no todo el o la que va a “Plaza”—me incluyo, aunque sólo voy cuando sea estrictamente necesario—es porque quiere lucir la última moda de Armani Exchange, adornarse con las más exclusivas piezas de joyería de Gordon’s, o calzar unas lujosas y decadentes tacas de 6″ o 152 mm de alto de DiMorini o Novus.  Pero ya eso es otra cosa.)

Por supuesto, no es la primera vez que las uniones obreras que representan los empleados de las corporaciones públicas tratan de convocar a un paro nacional (y por los mismos motivos), o que las mismas protestas se mudan a “Plaza”.  Y no creo que sea la última vez que ello suceda.

Otras sindicales, las cobijadas por la Ley 45-1998 (que lamentablemente, no provee el derecho a la huelga a los miembros de dichas sindicales), han tenido que negociar los impactos de la hoy Ley 66-2014 antes de que la misma fuera aprobada.  Tal vez porque entendían que era más responsable agarrar el toro por los cuernos y enfrentar directamente la amenaza de eliminación de sus conquistas laborales, a la vez que se evitara profundizar la crisis que nos ha traído hasta aquí—aunque se pudieran reservar la opción de embestir como hicieron los maestros sindicados hace unos meses, cuando vieron amenazado su sistema de retiro.  Por supuesto, sólo el tiempo dirá si el enfoque de estas sindicales fue correcto o no, y si resulta que no, que sirva de lección para evitar tomaduras de pelo en el futuro.

Pero lo importante es que estamos viendo de nuevo lo mismo que en el pasado.

“(L)o que se está viendo no es muy agradable que digamos….  (L)a tendencia de los últimos años ha sido la de los gobiernos meter la mano en los bolsillos del pueblo para tapar su propia incompetencia—porque es mejor pedir perdón que pedir permiso.  Tal vez mediante leyes traídas por los pelos, legisladas en sesiones extraordinarias convocadas con mucho sigilo, mientras el resto del país se ofusca celebrando ‘las Navidades más largas del mundo’….  Leyes que responden a un deseo de quedar bien con los tenedores de bonos o ‘bonistas’—los mismos de los que la Constitución de Puerto Rico de 1952 nos recuerda que hay que apaciguar antes que a nadie más—y con las casas de corretaje de la calle Wall neoyorquina que esperan pacientemente como buitres, que a un verdadero propósito de ayudar a un prójimo que se muere de la nada.

“¿Y los responsables de todo esto?  Siempre las mismas caras, las mismas figuras.  Lo mismo los azules del PNP que los rojos del PPD.  Unos y otros diciéndole a sus conciudadanos que lo están haciendo ‘por su bien’.  Cualquiera diría que el paternalismo de otros tiempos, como lo diría la vieja canción, no estaba muerto, sino que anduvo de parranda por un tiempo.”

Y me temo que al final, el resultado será siempre el mismo.

“(D)e ahora en adelante seguiremos viendo a un bando y al otro haciendo sus movidas correspondientes, a ver quién prevalece en un juego de ajedrez en el que los que estamos en medio somos peones….  Lo que estamos viendo en estos días, es tan sólo el comienzo de la partida.”

O tal vez la continuación de una partida de ajedrez que tuvo su inicio hace largo tiempo y está actualmente en su fase de combate, pero cuya resolución está todavía muy lejos de verse.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y sean personas razonables.

LDB

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¿Qué es, que acaso no podemos llevarnos bien?

With his family by his side, Barack Obama is s...
Image via Wikipedia

Como prácticamente todo el mundo, miro de cerca la actual discusión entre los poderes ejecutivo y legislativo estadounidenses sobre el presupuesto de gastos del gobierno federal para el año fiscal 2012, que debe iniciarse el 1 de octubre de 2011.  La misma que se ha caracterizado por la discusión de si se eleva el límite de la deuda pública estadounidense para evitar incumplir con los pagos de sus obligaciones fiscales.  Y como a prácticamente todo el mundo, me tiene que preocupar que se acerque la fecha del 2 de agosto de 2011 (pasado mañana al momento de escribir esta entrada)—la fecha que se entiende que más allá de la misma, el gobierno de Estados Unidos estaría incumpliendo con sus obligaciones fiscales, si no se atiende esta situación—sin un acuerdo que permita atajar la crisis inminente.

¿A qué se debe esto realmente (si me permiten salirme un poco de la línea en la que quiero llevar esta entrada)?  Se trata de algo así como lo que dice un reportaje de CNN-Money (noten en particular los dos párrafos en el medio de la cita):

¿Qué es exactamente el límite de la deuda?  Es un límite establecido por el Congreso (estadounidense) a la cantidad de dinero que el gobierno federal puede tomar prestado legalmente.  La limitación aplica a la deuda contraída con el público (es decir, con cualquiera que compra bonos de los Estados Unidos), más la deuda contraída con los fondos en fideicomiso del gobierno federal como aquéllos para el Seguro Social y el Medicare.

[…]

¿Cuán alto es el límite de la deuda ahora mismo?  El límite está establecido actualmente en 14 millones 294 mil millones de dólares (US$14_294 trillones).  La deuda acumulada nacional llegó a esa marca la mañana del 16 de mayo (de 2011).

“Pero al tomar medidas extraordinarias como suspender las inversiones en fondos de retiro federal, (el Secretario Federal de Hacienda, Timothy) Geithner podrá bajar la deuda total lo suficiente como para permitirle al gobierno tomar prestado hasta el 2 de agosto (de 2011).

[…]

¿Qué pasa si el Congreso (estadounidense) rebasa el límite de la deuda?

La Hacienda Federal no tendría la autoridad para tomar prestado más dinero.  Y eso puede ser un problema, ya que el gobierno federal toma prestado para compensar la diferencia entre lo que gasta y lo que recibe.  (El gobierno federal) utiliza ese dinero prestado para ayudar a sufragar (sus) operaciones y pagarle a sus acreedores.”

(Adaptado de: ‘U.S. Hits Debt Ceiling: Why It Matters’, CNN Money, 17 de mayo de 2011.  Y sí, la traducción es mía.)

Es más, yo creo que no voy ni a entrar a discutir las consecuencias de que el gobierno estadounidense se quede, como decimos en Puerto Rico, “más pela’o que la rodilla de un cabro” para poder pagar sus deudas y demás compromisos.  De hecho, Prometeo enumera varias de esas consecuencias en su blog, así que como decía el finado Raúl Vale, “eso se los dejo de asignación”.  (O si quieren, se hacen una búsqueda en Google con los términos “u.s.”, “debt” y “ceiling” y después hablamos.)  Pero a lo que sí quiero ir es a la manera en la que se ha estado manejando toda esta controversia.  Más bien, me recuerda al toma y dame que nos llevó (a mí y a unos 95000 servidores públicos más) a enfrentar un cierre del gobierno estatal en el 2006, y que se debió principalmente a que se dejó un asunto de tan grave importancia en manos de un “gobierno compartido” compuesto por gente que no estuvo, ni está (y creo que NUNCA lo estará) capacitada para manejarlo, para darle la importancia que se merece ese asunto.

(Y aunque suene exagerado, entre otras cosas se teme un cierre del gobierno federal en el caso que nos ocupa.)

Y lo malo de esto es que la gente que está manejando ese asunto mientras escribo esto—o sea, el presidente Barack H. Obama y los líderes legislativos estadounidenses—están divididos en cuanto a quién debe cargar con la responsabilidad de ayudar a mantener el crédito gubernamental flotante: si los pobres y los segmentos de la sociedad estadounidense que reciben esos beneficios de seguridad social y cuidado médico porque los necesitan para poder enfrentar un sistema injusto, o los sectores más pudientes que aún en tiempos de crisis financiera se las ingenian para hacerse de riquezas, no importa qué o a quién se tengan que llevar enredado en el proceso.  Los primeros a través de recortes en esos mismos beneficios que les ayudan a tener una vida más o menos decente (especialmente la asistencia con los costos de los servicios de salud, cada vez menos asequibles); los segundos, a través de un aumento en los impuestos que pagan, o alguna medida que les haga aportar en su justa medida a la sociedad.

Obviamente, cada quién tiene que arrimar la brasa a su sardina, cada quién tiene su derecho a defender los intereses que más le convenga defender.  Pero en el proceso, los hoy debatientes se podrían llevar enredados a quienes menos interés tienen de oír el chisme de barrio en el que toda la discusión se ha vuelto, y más interés tienen de que se gobierne de manera justa y honrada.

Y tanto yo como ésos que se verán afectados—sobre todo, las miles de personas que, para bien o para mal, dependen de las ayudas federales que recibe Puerto Rico, porque parece que a pedir eso es a lo único que va la representación-sin-voto que el partido que se monte en el poder (PNP o PPD, siempre es lo mismo) envía a Washington, D.C. cada cuatro años—nos preguntamos: ¿habrá alguna manera de que pueda lograrse un acuerdo en cuanto a la limitación de la deuda pública estadounidense?  Como en el caso que me afectó (a mí, entre otros) hace ya cinco años, parecería que los que están manejando el tema no lo están haciendo con la debida capacidad; más bien, lo que despliegan es un ansia de protagonismo, de querer aparecer como “héroes” en una guerra en la que hay salvar al mundo de las “hordas asesinas” que amenazan con destruirlo.

(OK, puede ser que la mentalidad de estas personas no sea muy diferente a la del confeso asesino de setenta-y-tantas personas en Oslo y en la isla de Utoya en Noruega hace un par de semanas, aunque tal vez no se atrevan a llegar a los extremos a los que llegó ese desgraciado—no cabe otra palabra para describirlo…)

Y en un caso y el otro, me sale hacer la misma pregunta: toda esta gente, ¿no se estará dando cuenta de las consecuencias que sus acciones les podrían acarrear a los demás, a los mismos ciudadanos y ciudadanas a los que se comprometieron a servir desde sus cargos de importancia?  (Digo, a menos que el compromiso hubiese sido a servirse de esos mismos ciudadanos y ciudadanas…)  Yo creo que a estos funcionarios públicos estadounidenses, eso ni les viene ni les va.  Lo único que les importa es ver quien es el más astuto, quién es el que puede aguantar más el fragor de la batalla y “triunfar” sobre “el enemigo”.  (¿Habrán estudiado también el libro de Sun Tzu?)

Y en eso tengo que reiterar la descripción del presidente Obama con la que inicié la entrada sobre su visita fugaz a Puerto Rico: ASTUTO.  Y fue astuto al presentarse ante sus ciudadanos en el “prime time” televisivo, con toda la solemnidad de su cargo, para pedirles que inundaran con mensajes los cuadros telefónicos y las bandejas de entrada de email de los miembros del Congreso estadounidense y sus líderes, tal vez para ponerlos públicamente en vergüenza por no hacerle caso a lo que sus representados les piden.  (Que se avergüencen de verdad… bueno, ya eso es otra cosa.)

Mientras escribo, no estoy seguro de cómo acabará ese lío.  O tal vez sí, si se da el que al último minuto antes de la medianoche entre el lunes 1 y el martes 2, salga un “héroe” dispuesto a “salvar” a los estadounidenses de una debacle económica devastadora… o dispuesto a dejar que esa humanidad se hunda para “salvarla” de un peligro mayor… un peligro que puede ser real, o no.

Es más: ¡vamos a dejarlo ahí, a ver qué sucede!  Cuídense mucho y pórtense bien.


ACTUALIZACIÓN (1 de agosto de 2011): Y resulta que mientras yo escribía esto anoche, se logró un compromiso de último minuto (¿por qué será que eso no me sorprende?) para aumentar el límite de la deuda pública estadounidense en dos millones 100 mil millones de dólares (US$2_100 trillones) adicionales, a fin de continuar pagando esa deuda hasta el 2013.  También se procuraría reducir el déficit presupuestario en el transcurso de una década, lo que incluiría la designación de un comité bipartidista que pueda encontrar US$1_5 trillones en ahorros adicionales antes de que se acabe el 2011.  (Me imagino que eso no incluirá comprar de ahora en adelante toda la ropa en “Me Salvé”…)  Aunque se dice que ese negocito aún no está tallado en piedra—porque aún hay que hacerle el cuento ése al Congreso, ¿me entienden?—, se entiende que puede ser un alivio, aunque tal vez no será la cura del mal de fondo que aqueja a la economía estadounidense.  Así que habrá de esperar, hasta que de Washington venga el próximo estornudo… ¡y sabrá Dios cuán fuerte pueda ser la pulmonía por acá!


LDB

Matando al mensajero

WIPR - Puerto Rico TV
WIPR – Puerto Rico TV (Photo credit: Wikipedia)

Sumamente penoso, mi gente.

Mientras pensaba en lo que escribiría en la entrada anterior sobre el triunfo de la hoy Jueza Asociada del Tribunal Supremo estadounidense, Sonia Sotomayor, me enteré a través del blog de Isabel Caballer, Hoy me desperté de arena, de la situación resultante de que el pasado viernes 7, la gerencia de la Corporación de Puerto Rico para la Difusión Pública (CPRDP) entregara cartas de despido a más de medio centenar de sus empleados (aproximadamente 30 de los cuales son obreros unionados).  Entre los departamentos más afectados por los despidos (si no el más gravemente afectado, ya que perdió a casi todo su personal) está el de Noticias, a juzgar por la reacción expresada en el aire esa misma tarde por la periodista-ancla Gloria Soltero (que aunque la estoy transcribiendo del blog de Isabel, vale la pena reproducir aquí, en su totalidad).

Por 15 años nuestro noticiario ha cumplido con la misión de mantener a nuestro público informado.  Ese ha sido nuestro norte siempre.  Hoy queremos que el pueblo de Puerto Rico se entere de que en plena semana de la prensa, hace sólo una hora, se nos ha informado que no volveremos a trabajar para ustedes.  Así como usted lo escucha.  Hasta hoy llegó TUTV Noticias.

A aquellos que dieron lo mejor de sí para nuestro taller informativo, para que eso acabara, los felicitamos, lo lograron.  Entre ellos está nuestro presidente Israel ‘Ray’ Cruz, que siguió al pie de la letra lo dictado por nuestro gobernador Luis Fortuño, quien le deja saber al pueblo de esta forma que no le importa lo que acontezca con la cultura de nuestro país, y mucho menos con lo que pase en nuestro país con sus empleados públicos.

Señoras y señores: a ustedes que siempre nos dieron apoyo, gracias.  A Dios gracias y a todo aquel que atentó contra la seguridad de cada hogar puertorriqueño, allá ustedes con la vida y con el Creador.  Nuestra corporación está de luto; ciertamente es difícil para nosotros.  Somos muchos los que nos hemos quedado desempleados.  Pero todo tiene una razón y un porqué y a nuestro pueblo, yo, Gloria Soltero, que he dado la cara por todos los compañeros periodistas de este noticiario como ellos también la han dado por nosotros les pido que no dejen esto en el olvido.

Acuérdense, pueblo de Puerto Rico y a usted, señor gobernador, que como diría nuestro querido y respetado Aníbal González Irizarry, “un pueblo sin prensa es un pueblo esclavo”.  Sr. Fortuño: si su deseo es un pueblo esclavo, usted lo ha logrado.  Sabemos que la administración de turno es sólo una herramienta más para lograr lo que usted ha pedido.  Son muchos los padres y madres de familia que han quedado desprotegidos.  Aún así hoy, como es nuestro compromiso con el pueblo de Puerto Rico y como dicen en el mundo del espectáculo: “the show must go on”.

Así que al pueblo le pedimos que no nos abandonen y que dejen saber su malestar con la desaparición de nuestro noticiario y con el despido a diestra y siniestra de los que les llevan la información y entretenimiento a sus hogares.  Estamos indignados.  De las emisoras que siempre le han servido a este país y que hoy están a punto de desaparecer.  Lo que oye es sólo una muestra de lo que nos espera.  Y a nuestro pueblo, recuerden que un pueblo sin prensa, nuevamente, sin libre expresión es un pueblo esclavo.

A nuestra administración, que corte nuestro noticiario cuando así lo requiera, como quiera sabrá el pueblo que o fueron ustedes sino de más arriba.  Y para buen entendedor y televidente, pocas palabras bastan.  Esto es una democracia y tenemos libertad de expresión y estamos haciendo uso de esta libertad de expresión.  Ahora como de costumbre, pasemos a las informaciones para el día de hoy”.

Una reacción que denota la indignación por el cierre de un medio informativo que—aunque en alguna ocasión estuvo maniatado por los caprichos del partido político de turno en el poder—servía al país, sobre todo en los tiempos de incertidumbre que se viven desde comienzos del año en curso.  Una reacción que denuncia una aparente motivación de dejar al público sin una herramienta informativa que le permita observar los eventos, ver los distintos ángulos, y así tener mejores elementos de juicio para llegar a sus propias conclusiones.  Una reacción que pone el dedo sobre la llaga, al relacionar lo sucedido con las actuaciones y propósitos de la actual administración gubernamental.

De entrada, se ha tratado de justificar los despidos con la apremiante situación creada por la “emergencia fiscal” en la que estamos enredados actualmente, particularmente , en lo relacionado con el quehacer cultural puertorriqueño y la difusión del mismo.  En el portal del presupuesto del gobierno de Puerto Rico se observa que el presupuesto consolidado de la CPRDP para el año fiscal 2009–2010 asciende a US$19281000; esta cifra representa una disminución de poco más del 21% en relación con el presupuesto para el año fiscal anterior.  Un corte presupuestario que ciertamente afecta la producción de programas, así como la capacidad técnica de las emisoras (justo en el momento en que la entidad está “picando alante” luego de la transición a la TV digital de junio pasado, con el uso de los cuatro subcanales digitales asignados a cada una de sus televisoras en San Juan y Mayagüez).  Pero lo peor no es tanto esto, sino el costo humano de una acción como ésta, en lo que atañe a la gente que se queda de ahora en adelante sin su sustento, tal vez afrontando la mar de deudas, mientras tratan de ayudar a sus familias a salir a flote.

Y me pregunto (no sólo en este caso, sino en los de los cerca de 10 mil empleados públicos despedidos hasta el momento… ¡más los que están por despedir pronto!), si los autores de las medidas que conforman la “medicina amarga” que se le está administrando al país, ¿toman eso en cuenta?  ¿Tendrán esas personas la cara de llegar a sus hogares al final de cada día, donde les espera una familia “feliz” (y ustedes entenderán el por qué de las comillas) que tenga todas sus necesidades satisfechas, mientras que aquellas otras familias que se ven afectadas por sus recomendaciones experimentarán la angustia de no saber de dónde sacarán el dinero para sobrevivir un día más?  ¿Podrán dormir bien cada noche esos tecnócratas, con una conciencia limpia y tranquila, satisfechos consigo mismos y con las decisiones tomadas?

¿Qué tal si a todo ello esos tecnócratas responden, “pregúntame si eso a mí me importa”?

Pero así es que están las cosas en estos momentos difíciles.  Y lo menos que yo—alguien que definitivamente no estudió para periodista, ni le interesa serlo (thanks, but… no, thanks!), y que ha expresado ocasionalmente en este blog que no todos los que practican ese oficio son hermanitas de la caridad (y con ello me refiero a que algun@s periodistas se venden al mejor postor, pero afortunadamente son “l@s menos”)—puedo hacer desde aquí es expresar mi solidaridad con los despedidos de la CPRDP, y mi esperanza de que sigan adelante, con la frente en alto, en busca de la verdad, que al final del día, es lo que debe ser el norte de todo gobierno.  Algo que parece que se hace tiempo quedó en el olvido…

¡Y vamos a dejarlo ahí… por lo pronto!  Cuídense mucho y pórtense bien… pero tengan siempre los ojos bien abiertos.

LDB

Cultura viva . . . o muerta?

(Y ahora regresamos a nuestra programación regular…)

¡Saludos, mi gente!  ¿Cómo están hoy?

Puede ser que yo esté exagerando mi manera de verlo, pero me da la impresión de que estoy presenciando una ofensiva política como no se ha visto en otras ocasiones en Puerto Rico.  Y como suele suceder en todas las ofensivas—llámese batalla, guerra, escaramuza, incursión, etc.—, los más perjudicados no son precisamente los generales (de uno u otro bando), los cuales se sientan cómodamente a dirigir las acciones sin soltar una gota de sudor ni derramar una gota de sangre.  No, los más perjudicados siempre son “los otros”.

Ejemplo de ello salió a relucir la semana pasada, cuando trascendió que como parte de la “recuperación económica” propuesta por el gobierno de Puerto Rico, se estarán recortando los presupuestos de varias entidades relacionadas con el quehacer cultural puertorriqueño…

¿Qué?  ¿Quieren que repita lo anterior?  OK…

Como parte de la “recuperación económica” propuesta por el gobierno de Puerto Rico, se estarán recortando los presupuestos de varias entidades relacionadas con el quehacer cultural puertorriqueño.  ¡Así como lo están leyendo!  De acuerdo con lo que reseñó la prensa la semana pasada, el gobernador Luis G. Fortuño Bruset recomienda en el presupuesto de gastos del gobierno de Puerto Rico para el año fiscal 2009–2010 una disminución en la asignación de fondos a siete de estas entidades.  Vean las siguientes cifras (tomadas del portal del presupuesto del gobierno de Puerto Rico) y juzguen ustedes mismos:

Entidad Asignado 2008-09 (US$) Recomendado 2009-10 (US$) % Diferencia
Corporación de las Artes Musicales 8221000 6198000 -25%
Corporación del Conservatorio de Música 7851000 6138000 -22%
Escuela de Artes Plásticas 5687000 5052000 -11%
Corporación del Centro de Bellas Artes 5342000 4741000 -11%
Corporación para el Desarrollo de las Artes, Ciencias e Industria Cinematográfica 4052000 3926000 -3%
Oficina Estatal de Conservación Histórica 2999000 2732000 -9%
Instituto de Cultura Puertorriqueña 29277000 22129000 -24%
TOTALES 63429000 50916000 -20%

Noten cómo las entidades marcadas en amarillo—de la talla de la Corporación de las Artes Musicales, la Corporación del Conservatorio de Música, y hasta el propio Instituto de Cultura Puertorriqueña (¡aunque usted no lo crea!)—salen mal parados al perder más de una quinta parte de sus fondos operacionales con el presupuesto para el año fiscal entrante.  Y ni hablar de que como lo señaló recientemente un editorial en El Nuevo Día

En situación similar se hallan todas las otras entidades que promueven, protegen y alimentan el quehacer cultural del País, cuyos recortes oscilan entre el 76% y el 88% de sus recursos actuales.

Editorial: Que haya equidad para la cultura (El Nuevo Día, 12 de mayo de 2009) (Énfasis añadido por mí con toda intención.)

¿Pero a qué puede deberse algo como esto?  Los que defienden estos recortes—principalmente, los personeros del poder en la legislatura—se atienen a la noción de que ni siquiera los que trabajan el quehacer cultural desde el gobierno están exentos, que tienen que arrollarse las mangas como “el resto de nosotros” (ustedes entienden por qué pongo esto entre comillas) y poner de su parte para salir del atolladero en el que se encuentran actualmente las finanzas públicas.  Del otro lado, entre muchos de los potencialmente afectados (quienes desde ya están declarando su oposición a los recortes) existe la opinión de que los recortes propuestos llevan tras de sí un propósito político, como el que el destacado historiador y antropólogo puertorriqueño, Ricardo Enrique Alegría (n. 1921)—fundador y primer director del Instituto de Cultura Puertorriqueña (de 1955 a 1973)—plantea aquí:

Aquí todavía no se dan cuenta de que la cultura es el alma de nuestra nación.  Me siento verdaderamente apenado, siempre la cultura es la que sufre el impacto económico….  Cada vez que el grupo anexionista toma el poder, la cultura sufre porque ellos entienden que la cultura es el obstáculo para la anexión (a los Estados Unidos).

Advierten estrangulamiento económico a la cultura (Noticias Online, 5 de mayo de 2009)

Digo, yo creo que si es como lo plantea el señor Alegría, entonces la andanada es bastante intensa, en todos los flancos.  Pero en el intento se le está haciendo un mal servicio a Puerto Rico, al disminuirle las oportunidades para desarrollar su quehacer cultural.  Puede ser que quienes toman las decisiones en el gobierno se olviden de que los puertorriqueños, como todos los pueblos del mundo, tienen una naturaleza definida, una forma de ser particular, unas expresiones particulares de esa forma de ser.  Tal vez será que quienes toman las decisiones en el gobierno tienen una visión estrecha, según la cual “cultura” es la Quinta Sinfonía de Beethoven (o tal vez la Novena), o las Cuatro Estaciones de Vivaldi, o el Ocaso de los Dioses de Wagner… pero no la bomba, ni la plena, ni las coplas, seises y décimas de nuestros jíbaros, ni la poesía de una Julia de Burgos o un Palés Matos… ni los cuadros de Oller o de Rodón… ni las tallas de santos, ni el mundillo… ni el orgullo que sentimos cuando vemos a los nuestros triunfar en los deportes, en la música, en las ciencias…

¿Habrá alguien que por tratar de resolver una crisis económica quiera dejar a un pueblo sin su alma?  Yo quisiera creer que no es así, pero ya veremos.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta luego.

P.S. Les alegrará saber que pudimos agotar la famosa caja de cereal que le mostré en la entrada anterior.  Así que por lo pronto, no creo que haya peligro de que yo me vuelva ruso de la noche a la mañana…  Nyet!

(¡Y dale que es tarde!)

LDB