De mujeres y contrastes

The Revolutionary flag of Lares "The firs...
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¡Saludos, amigas y amigos, mi gente!

En una misma semana, mujeres muy diferentes entre sí han tomado para sí la mira pública.  Y entre ellas se destacó una activista política, una figura a la mención de cuyo nombre se podía sentir, lo mismo la más elevada reverencia que el miedo más incapacitante, un digno modelo a seguir para sus simpatizantes, o una terrorista para quienes discrepaban de sus ideales políticos, o de la manera como ella los afirmó en un momento importante de su vida.

En medio del ruido generado por aquéllas que son figuras públicas, de las que buscan cualquier manera de hacer que el público, los demás meros mortales, hablen de ella—bien o mal, pero que hablen—, se produjo el fallecimiento de la líder nacionalista puertorriqueña, Dolores (Lolita) Lebrón Sotomayor, ocurrido el domingo 1 de agosto de 2010, por complicaciones de una condición cardiopulmonar que ella padeció durante varios meses.  Huelga decir aquí cuál es su reclamo de un sitial en la historia puertorriqueña de nuestros días, pero creo que es mejor decirlo una vez más, tantas veces como sea necesario para que nadie se atreva a borrarlo de un plumazo, así porque sí: Doña Lolita fue quien encabezó el ataque armado contra la Cámara de Representantes estadounidense, el 1 de marzo de 1954, en el cual participaron también tres varones puertorriqueños.  ¿Para qué fue el ataque?  Para protestar por lo que ellos consideraron entonces—y a comienzos del Siglo 21, muchos de nosotros (aún aquéllos que no somos independentistas ni afiliados) todavía lo consideramos—como el “engaño” cometido por los Estados Unidos de la América del Norte al concederle a Puerto Rico su actual condición política como Estado Libre Asociado (ELAPR).  Una condición política en la cual se “pactan”, entre otras, condiciones de moneda común y defensa común—aunque habría que ver de qué manera el ejército, la marina, la infantería o la fuerza aérea, tendría que venir a defendernos y de quién, pero ya eso es otro tema—, pero se deja en manos del propio Congreso estadounidense asuntos fundamentales como la interacción de Puerto Rico con otros pueblos del mundo, especialmente aquéllos que tenemos tan cerca (físicamente) y tan lejos de nosotros, en nuestro propio vecindario antillano y caribeño.  Más aún, es una condición política en la que algunas de las leyes estadounidenses, como la que establece la pena de muerte como castigo por delitos graves como el asesinato, entran en conflicto evidente con las leyes de Puerto Rico (y la propia Constitución del ELAPR es directa en prohibir la aplicación de ese castigo).

(Curiosamente, según una nota del Washington Post sobre el fallecimiento de Lolita Lebrón, el ataque se produjo en momentos en los que en la Cámara de Representantes estadounidense se discutía un proyecto sobre inmigración.  ¡Justo el mismo tema que es objeto de controversia hoy en día!  Y por favor, que a nadie se le ocurra idea alguna, ¿OK?)

Afortunadamente, no hubo muertos tras el incidente, a pesar de que cinco congresistas fueron heridos.  De hecho, cuando Doña Lolita y los tres fueron arrestados por las autoridades capitolinas federales, ella hizo una expresión muy interesante: dijo que ella no había ido allí a matar a nadie… pero que estaba dispuesta a perder su libertad, a morir por su patria, por Puerto Rico.  Expresión que mantuvo durante el juicio que se le siguió ulteriormente y del cual salió condenada a 50 años de cárcel—sentencia de la cual llegó a cumplir apenas la mitad, al serle conmutada la misma por el entonces presidente James Earl Carter en 1979.  Expresión y actitud que la llevaron ulteriormente a ser parte de la lucha para que la marina estadounidense levantara sus operaciones en la isla puertorriqueña de Vieques (que había establecido allí desde la década de 1940), como resultado de la cual fue encarcelada por varios días durante el 2001—aunque para entonces, ella consideró que había otras maneras de luchar por la independencia para Puerto Rico, aparte de los métodos violentos empleados en el pasado.

Es una pena que el fallecimiento y sepelio de Lolita Lebrón se produjera casi al mismo tiempo en el que salió a la luz el momento difícil por el que atraviesa la modelo y empresaria puertorriqueña, María del Pilar (“Maripili”) Rivera (a quien ya conocieron en esta entrada, además de que sin mencionarla por nombre, la propuse indirectamente para la nueva tradición de los caganers de Puerto Rico), con su esposo, el ex-jugador del Major League Baseball, Roberto Alomar.  (No que Maripili no hubiera pasado ya por momentos difíciles—su último novio conocido antes de su boda con Alomar se suicidó debido a que enfrentaba problemas económicos—, pero vamos a dejar ese punto ahí.)  Sobre todo, ante lo que se ha tendido a criticar como la desmedida atención e importancia que se le ha dado a la crisis matrimonial de Maripili, en comparación con la poca—o si se quiere, superficial—atención e importancia dadas al deceso de quien desde hace más de medio siglo es parte de nuestra historia contemporánea—gústele a quien le guste.

¿Será que en algún punto del camino hemos cambiado nuestras prioridades como sociedad?  ¿Será que le damos más valor a las “hazañas” de las estrellas de la farándula—incluidas de un tiempo a esta parte, aquéllas estrellas que son de más relevancia para otros pueblos hispanos que la que tienen para los puertorriqueños (y esto lo escribo con el mayor respeto hacia mis lectores en México y otros países hispanohablantes)—, en lugar de las figuras que forjan la vida de nuestro pueblo con sus acciones, aunque éstas no sean del agrado de algunas personas?  Tal vez será que hemos llegado al punto de favorecer (y creo que hasta a premiar) la superficialidad y la mutación de principios (algo así como en esta cita de Marx… no de Karl, sino Groucho),* por encima de la honestidad, el compromiso y la verticalidad.

Y aun si yo no comulgara personalmente con los ideales que llevaron a Doña Lolita a hacer lo que hizo en el Congreso ese 1 de marzo de 1954—bastante tiempo antes de mi nacimiento—, tengo que reconocer que esa señora siempre fue honesta, vertical y comprometida con sus ideales.  Fue una persona de esas que ya no se ven mucho por ahí, que asumen una gran responsabilidad, que siempre están dispuestas a sacrificar su bienestar, hasta su propia vida, por hacer lo que consideró justo, sin importarle las consecuencias que ello le acarrearía.  Y lo que ella consideró justo fue buscar que Puerto Rico se independizara de los Estados Unidos de la América del Norte, que Puerto Rico dejara de ser un país sometido al yugo de un país más poderoso (experiencia que vivió durante cuatro siglos bajo el dominio español), sin posibilidades de forjar su propio destino, y se sentara en la misma mesa con otras naciones del mundo, en igualdad de condiciones.

Pero yo creo que ése es el gran problema: A nosotros no nos importa más el brillo farandulero que la integridad.  Y mientras sea así, seguiremos más interesados en el chisme que en el diálogo sincero y honesto, seguiremos más pendientes de las desventuras sentimentales de otros, que de afrontar las realidades que la vida nos pone de frente.  Para mí que eso no se vale… pero tenemos que arar con esos bueyes.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta luego.


* Por cierto, la cita a la que me refería es la siguiente:

“Those are my principles, and if you don’t like them… well, I have others.”
(“Ésos son mis principios, y si a usted no le gustan… pues, tengo otros.”)

Julius Henry “Groucho” Marx (1890–1977)


LDB

Haz lo que YO digo, NO lo que YO hago… Uh, shouldn’t it read, “Do as I say, NOT as I do”?

¡Saludos, mi gente!

Como creo haber dicho en alguna otra entrada, a veces lo que ocurre en otros lares es más interesante que lo que ocurre con nuestros líderes locales.  Y para mí, lo ocurrido esta semana en el estado de South Carolina fue hasta más interesante que el circo puertorriqueño de tres pistas que presentó su espectáculo en Washington, D.C.

(Obviamente y de manera no muy sutil, me refiero con lo último a la vista efectuada el 25 de junio de 2009 ante la Comisión de Recursos Naturales de la Cámara de Representantes estadounidense, sobre el Proyecto H.R. 2499, de la autoría del Resident Commissioner Pedro Pierluissi, para que se trate de iniciar el proceso para resolver dentro del presente cuatrienio—como lo insinuó en su momento el presidente Barack Obama—el centenario problema de la relación política entre Puerto Rico y los Estados Unidos.  Pero en lo que a mí se refiere, no amerita gastar unos y ceros en discutir esta vista, ya que todas las partes implicadas en el asfixiante debate diario sobre el tema fueron a hacer más de lo mismo—o sea, que cada quién fue a llevarle los mismos chismes de siempre al Congreso estadounidense, el mismo que, queramos o no, tiene la última palabra sobre este asunto.  Es más, hasta el presidente de la susodicha Comisión optó por no quedarse hasta el final de la vista, porque tenía “asuntos más importantes que atender”.  Y ése es el problema con el Congreso estadounidense: ¡siempre hay “asuntos más importantes que atender”!  Pero así es la vida…)

¿Y qué fue lo que desvió mi atención de las actuaciones de los mismos payasos de siempre?  Pues nada menos que la saga protagonizada por el gobernador del estado de South Carolina, Mark Sanford.  Saga que comenzó a trascender a comienzos de la semana pasada cuando los medios noticiosos dijeron que él había desaparecido sin dejar rastro, sin que nadie tuviera ni p…erra idea de dónde se le podía encontrar si hubiera ocurrido una situación de emergencia, que hasta sus propios alcahuetes, alzacolas y soplapotes ayudantes decían que él se había tomado unos días libres para caminar por el Appalachian Trail (el sendero de 3500 kilómetros de largo que recorre los estados de Georgia, North Carolina, Tennessee, Virginia, West Virginia, Maryland, Pennsylvania, New Jersey, New York, Connecticut, Massachusetts, Vermont, New Hampshire y Maine).*  Saga que llegó a su punto culminante cuando Mr. Sanford regresó el martes a los Estados Unidos (vía Miami Atlanta) para presentarse al día siguiente en una conferencia de prensa en la capital de su estado y admitir que él no estuvo caminando por el Appalachian Trail. . . sino que él se había ido de viaje… ¡nada menos que para la Argentina!¡y a verse con una mujer que no era su esposa (y ya saben lo que eso significa)!

(¿Así que Mr. Sanford, diz que desapareció para irse de hiking por el Appalachian Trail?  ¡Sí Pepe!  Y el redneck dijo, “¡unjú!”—o un facsímil razonable del “¡unjú!”)**

Digo, lo menos que se pudiera pensar cuando un funcionario del nivel del gobernador Sanford desaparece por varios días sin dejar rastro, es que a él le hubiese ocurrido algo grave, algo trágico, especialmente en este mundo post-9/11.  (Menos mal que a ninguno de los gobernadores en la historia reciente de Puerto Rico se le ha ocurrido semejante barbaridad… ¡pero uno nunca sabe!)  Y me pregunto si el gobernador Sanford pensó en eso cuando llevó a cabo su acción.  (Y cuando digo “pensó”, me refiero a pensar con la cabeza que todos los seres humanos—hombres y mujeres—llevamos sobre nuestros hombros, y no con… esteeeeeeeee… ¡ustedes me entienden!)

Pero para mí, hay algo más sorprendente aún: Se trata de una de las estrellas en ciernes del Partido Republicano estadounidense, que se ha estado haciendo sentir en el esfuerzo por sacar a su partido del enajenamiento—de mucho tiempo—que lo aqueja y volverlo a llevar al favor del pueblo estadounidense.  Como ejemplo de ello, hace unos meses incluí en mi blog de los artículos que me llaman la atención, un escrito del propio gobernador Sanford, en el que discutía las razones de la derrota electoral republicana de noviembre de 2008 y planteaba varias recomendaciones para la recuperación de su partido.  Estas recomendaciones incluían (énfasis añadido intencionalmente):

  1. Hablar en serio y de frente sobre los problemas que aquejan a la nación estadounidense,
  2. Lealtad a las ideas, y no a los individuos, y
  3. Elevar los estándares del partido, especialmente en lo que se relaciona con sus principios fundamentales: la expansión de la libertad individual, el fomento de la libre empresa, y limitar la intervención del gobierno federal en la vida cotidiana de los ciudadanos.

Interesantemente, Sanford atribuyó la derrota electoral de los republicanos a que los electores no rechazaron esos principios fundamentales, sino a quienes hacían campaña bajo esos tres temas, pero fallaron de manera consecuente en el uso de esos mismos principios para gobernar.  En otras palabras, según el gobernador Sanford, los estadounidenses no rechazaron el conservadurismo; más bien rechazaron a quienes fingieron ser conservadores.

El problema es que con sus acciones de los últimos días, el gobernador de South Carolina, Mark Sanford, acaba de quedar como uno de aquéllos a quienes tanto criticó, de esos que predican una conducta de moral y rectitud, una conducta regida por valores y principios sólidos, para entonces hacer a espaldas de sus conciudadanos todo lo contrario de lo que predican.  Otro “digno” ejemplo del “haz lo que yo digo, no lo que yo hago”.  Y eso acarreará sus consecuencias a la larga, si no de inmediato.

Y créanme, no es nada bueno ser un@ mism@ lo que tanto critica en los demás.  ABSOLUTAMENTE, NADA BUENO.  Es más, ahora hasta creo que Groucho Marx tenía razón cuando dijo…

Estos son mis principios.  Si no le gustan, aquí tengo otros.


Interrumpo momentáneamente el final de esta entrada, para dejar constancia de la pérdida de varias figuras del mundo artístico durante la semana que acaba de concluir:

  1. Ed McMahon, conocido animador de la televisión estadounidense, más recordado como la contrafigura “seria” del comediante Johnny Carson durante unos 30 años;
  2. Farrah Fawcett, a quien siempre recordaremos como ‘la “Jill Munroe” de Charlie’s Angels (la serie televisiva de mediados de los 1970s), así como por el famoso afiche con el bañador enterizo rojo, su ondulante cabellera rubia y su sonrisa que derretía hasta el metal más duro (OK, lo siento, lo último es una exageración);
  3. Michael Jackson, cantante y bailarín que marcó un hito en la historia de la música pop estadounidense y mundial (muy a pesar del misterio y la controversia que rodeó su vida a causa del blanqueamiento de su piel, las cirugías plásticas a través de las cuales alteró bastante sus facciones, y una afición infantil que pudo haberle costado demasiado caro); y
  4. (Añadido al último minuto, al anunciarse su muerte después que yo empecé a escribir esta entrada) Billy Mays, conocido promotor de diversas líneas de productos para el hogar, conocido por su publicidad A PURO GRITO y por su talento para venderle un refrigerador a un esquimal.

Cuatro personas que murieron de maneras tan diversas: McMahon, de una serie de complicaciones de salud que se complicaron aún más, ante la precaria situación económica en la que pasó sus últimos años; Farrah, de un cáncer de colon (y que conste que no voy a utilizar la palabra con la que se ha descrito ese cáncer en la prensa, a riesgo de que esta entrada de mi blog quede “filtrada”) que hizo metástasis hacia el hígado y los pulmones; Jackson, de un aparente paro cardiorrespiratorio que sufrió mientras se preparaba para una gira de conciertos que marcaría su “regreso” al mundo del entretenimiento, del que se había alejado a causa de las controversias que ya mencioné; y Mays, del que se dice que pudo haberse golpeado la cabeza ayer (sábado 27) durante el aterrizaje forzoso de un vuelo que lo traía de regreso a su hogar en Tampa, Florida.***

No creo que que yo vaya a entrar en más de lo que se ha estado diciendo sobre estas cuatro muertes.  Pero lo interesante es que las mismas—o por lo menos, las de Farrah Fawcett y Michael Jackson, ocurridas el mismo día (25 de junio de 2009), con apenas seis horas de diferencia—parecen haber abierto un proceso de penar como no se ve todos los días.  De hecho, mientras buscaba hoy la referencia al artículo del gobernador Sanford que cité arriba, tropecé con un artículo escrito por David Kessler (un colaborador y amigo de la Dra. Elisabeth Kübler-Ross, QEPD), en el cual se aplica el concepto de las cinco etapas del dolor al proceso que estamos viendo en estos días.  Kessler explica en su artículo que en el caso de Farrah, al mundo le fue fácil seguir este proceso, desde la negación que representó enterarse de que ella padecía de cáncer del colon, la ira de pensar que esa enfermedad le arrebatara al mundo uno de sus “ángeles” más queridos, la negociación en la que todos supondríamos que ella podría vencer el cáncer si hacía el mayor esfuerzo posible, la depresión al ver cómo su salud se deterioraba, y finalmente la aceptación de que ella ya no sufrirá más, y que (como siempre digo) ella está mejor que todos nosotros, dondequiera que ella esté.

Y un proceso más o menos parecido es lo que está ocurriendo en el caso de Michael Jackson, mientras escribo esto (aunque a mí me parece que lo están llevando al punto de la exageración, pero ya eso es otra historia).

Así que sigamos adelante, celebrando la vida, y celebrando a quienes hicieron su aporte para un mundo mejor.

(Y ahora regresamos a nuestra programación regular…)


¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta luego.


* Si usted interesa más información sobre el Appalachian Trail, aquí dejo el enlace de la organización no gubernamental dedicada a cuidar de ese monumento natural estadounidense, The Appalachian Trail Conservancy.

** Les dejo aquí una décima del poeta, periodista y escritor puertorriqueño don Luis Llorens Torres (n. Juana Díaz, 1876; m. Santurce, 1944) que retrata a nuestro campesino, el jíbaro, como alguien que no se deja convencer fácilmente por los cantos de sirena, sobre todo en la ciudad—y que imagino que también aplica al redneck genérico que menciono arriba:

Llegó un jíbaro a San Juan,
y unos cuantos pitiyanquis
lo atajaron en el parque
queriéndolo conquistar.
Le hablaron del Tío Sam,
de Wilson, de Mr. Root,
de New York, de Sandy-Hook,
de la libertad, del voto,
del dólar, del hábeas corpus…
y el jíbaro dijo ¡unjú!”

*** RECTIFICACIÓN (29 DE JUNIO DE 2009): La autopsia efectuada por la oficina forense de la ciudad de Tampa, Florida, determinó que la muerte de Billy Mays fue ocasionada por una condición cardiaca y no por algún trauma producido por el cantazo que se dio en la cabeza durante el aterrizaje de su vuelo del sábado.


LDB

Algunas Cosas Que Me Llaman la Atencion

¡Hola, mi gente!  ¿Cómo están?

Pues sí, aquí estoy, luego de sobrevivir al pavo del Día de Acción de Gracias y sus secuelas, el alboroto creado por las recién concluidas “fiestas de pueblo” (que no son ni un remedo de lo que en su tiempo fueron las Fiestas Patronales en honor a la Inmaculada Concepción de María), el enredo que se formó anteayer (30 de noviembre) en la llegada del Trigésimo Segundo Medio Maratón Internacional Modesto Carrión (cuando en los últimos kilómetros del evento se formó una confusión tal que varios corredores tomaron la ruta que no era y unos corredores llegaron a la meta por una ruta y los otros corredores por otra… y aquéllos a quienes les incumbe nunca se dignan en resolver el problema que representa la falta de un control adecuado del tránsito vehicular en la ruta de la carrera… pero eso debería ser un tema para otro día)…

Eeeeeeeeeenigüei, vamo’ a’l mambo.

Lo importante es que me la pasé descansando en estos días, preparándome mentalmente para el próximo fin de semana, cuando celebro el haber llegado a lo que quiero creer que es el punto medio de mi vida (es que quiero ser optimista sobre eso; ya hablaremos sobre eso en la próxima entrada).  Una de las cosas que hice en estos días fue aprovechar una herramienta que hasta el momento me ha resultado muy valiosa.  Se trata de Bloglines.com, un portal de Internet mediante el cual ustedes se pueden poner al día con los temas que más les interesan, ya sean noticias, política estadounidense e internacional, asuntos del hogar, estilos de vida, etc.  (Por cierto, yo conocía a Bloglines.com desde octubre de 2005, pero no vine a acordarme de ese portal sino hasta que lo vi reseñado la semana pasada en uno de los newsletters de Kim Komando.)  Y una de las cosas buenas que tiene ese portal es que permite al usuario marcar aquellos artículos de su interés y publicarlos a manera de un blog (que puede hacerse público o privado, según se desee).  Como es de suponer, se me pegó esa fiebre y ahora puedo anunciarles que tengo mi blog en Bloglines.com (además del que ustedes están leyendo), al que bauticé como Lo Que Me Llama la Atención.

Notarán que en ese blog hay unos cuantos artículos interesantes que me llamaron la atención (y de ahí, el título), como la reflexión que hace el gobernador del estado de South Carolina, Mark Sanford, sobre las causas de la derrota del Partido Republicano en las elecciones presidenciales estadounidenses del 4 de noviembre de 2008 (¡hace ya casi un mes!).  Según el gobernador Sanford, la derrota de los Republicanos no se debió a que el electorado hubiera rechazado—como lo pretenderían los Demócratas y otros ideólogos de la izquierda estadounidense—los principios de impuestos más bajos, un gobierno de menor escala (y que “interfiera” menos en la vida de los ciudadanos, especialmente en la libre empresa) y una mayor libertad individual, esbozados por los ideólogos conservadores.  Más bien lo que hizo el electorado estadounidense, añade Sanford, fue rechazar a quienes hacían campaña abrazados a esos tres principios (y otros principios afines con éstos), pero fueron consecuentes en fallar de manera estrepitosa en el uso de esos mismos principios para gobernar.  En otras palabras, según el gobernador Sanford, los estadounidenses no rechazaron el conservadurismo en las urnas electorales; más bien rechazaron a quienes fingieron ser conservadores (el énfasis es mío).

Ahora bien, ¿qué propone el gobernador Sanford para que su partido recupere el norte que parece haberse perdido?  Primero, él señala que su partido debe ser consecuente en el mensaje que se le lleva al electorado, como si fuese la marca de un producto comercial; así, de la misma manera en que el fabricante de un producto X se esfuerza por fabricar un producto X mejor para aumentar sus ventas (o recuperarse si las ventas están bajando), el partido en el que él milita debe esforzarse por “producir un mejor producto” si quiere recuperar su posición “en el mercado”.  Segundo, si debe haber tal cosa como lealtad dentro de un partido político, la misma debe ser hacia las ideas y los principios básicos (como los que mencioné en el párrafo anterior) y no hacia las personas (¿personalidades?) individuales.  Y tercero, se deben buscar las soluciones a los problemas apremiantes del país, no en una sede central de gobierno (como Washington, DC, en el caso de este artículo), sino en los niveles inferiores (los estados individuales, donde se está más cerca del problema).

La cosa es que cuando terminé de leer ese artículo, pensé que por lo menos, los primeros dos planteamientos del gobernador Sanford deberían tener su aplicabilidad a la situación política de Puerto Rico.  Digo, afrontemos esto.  Los partidos políticos puertorriqueños necesitan ser consecuentes en el mensaje que le llevan al electorado, necesitan ser consecuentes en el cumplimento con las cosas que prometen, o de lo contrario pierden toda su credibilidad.  Y al igual que lo que menciona Sanford, se debe acabar con la lealtad (yo espero que eso no esté llegando al nivel de un culto) a la persona o la personalidad, como si se tratara del “salvador de la patria”—o sea, ¿el “Mesías”? (y para que lo entiendan bien quienes tienen que entenderlo, esa palabra merece usarse con mucho RESPETO)—, y en su lugar se debe regresar a la esencia de todo movimiento político, o sea, a las ideas que el mismo esboza (a lo mejor se evitan las divisiones que dicen demasiado—y nada de ello, positivo—de nuestros partidos políticos de hoy en día).

Digo, a lo mejor me equivoco, pero ésa es sólo mi opinión…

Pero bueno, basta ya de hablar de ese tema, porque hay otra cosa que me llamó la atención (y con la que quiero cerrar esta entrada de hoy).  Pero dejemos que sea mi amigo, el Sargento Viernes, quien se las narre con su es-ti-lo ú-ni-co:

Lunes, 31 de noviembre… Hacía una calor en Los Angeles… Trabajábamos durante el día en la División de Delincuentes Juveniles… Mi compañero es el Sargento Mengano de Tal… Nuestro jefe es el Capitán Zutano de Cual… Soy el Sargento José Viernes… Eran las tres de la tarde cuando mataron a Lola… Perdón… Eran las tres de la tarde cuando nos dirigimos a la Escuela Intermedia Francisca (Paca) Garmendía Domingo… a la Oficina del Director… Allí nos informaron de que un estudiante había atacado a sus compañeros de estudio tirándoles… esteeeeeeeeee… retortijones… El atacante fue descrito como cruel y despiadado… Nuestra tarea: detenerlo.

Pues sí, aunque ustedes no lo crean, la policía en una localidad del estado de Florida intervino a comienzos del mes pasado con un estudiante de escuela intermedia por estarse tirando… esteeeeeeeeee… más bien, por estar soltando sus gases intestinales en pleno salón de clase; igualmente se le imputó apagarle las computadoras a otros estudiantes que las estaban utilizando.  Ulteriormente, el chamaquito fue arrestado por los agentes locales del orden público—luego de confesar su “fechoría”—y puesto bajo la custodia de su madre… aunque habría que ver si eso no sería lo más adecuado, no sea que en su casa se la pasen… esteeeeeeeeee… haciendo alardes de su capacidad para contaminar el aire.  Digo, ¡quién sabe!  Pero por si acaso, vean esta entrada de The Huffington Post (el artículo fue publicado originalmente por The Associated Press a comienzos de noviembre pasado).

Es más, yo creo que si lo que hizo ese manganzón se tipificara como delito… ¡las cárceles de los Estados Unidos (¿qué tal las de Puerto Rico, ah?) no darían abasto con tanto “delincuente” que debe haber por ahí!

Es más, ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta la próxima.

P.S. Antes de terminar, quiero expresar desde aquí mi pena y mi solidaridad con los centenares de víctimas (entre muertos y heridos) de los ataques terroristas del fin de semana pasado en Mumbai (antigua Bombay), India.  Que nos sirva esto como una nueva lección en el ejercicio de sobrevivir en un mundo que de la noche a la mañana se ha vuelto siniestro y peligroso, y un recordatorio de que quienes cometen actos tan salvajes como éstos, tarde o temprano responderán por los mismos.

LDB