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¿Y el hueso? ¡Pa’ los demás!

A photo of a marinated steak
Image via Wikipedia

Déjenme ver si entendí bien las expresiones que voy a citar a continuación, hechas por el Secretario de Educación de Puerto Rico, Jesús Rivera Sánchez al comienzo del nuevo año escolar 2011–2012:

“Cuando hoy se le preguntó al funcionario sobre la educación privada que reciben sus hijos, Rivera Sánchez contestó en entrevista con el periodista Julio Rivera Saniel en Radio Isla que ‘por el momento se quedan en la escuela privada donde están por varias razones.  Número uno, yo quiero la mejor educación para mis hijos.  Esa es la mejor herencia que yo les puedo dejar a ellos’.

“‘¿La mejor educación no está en el sistema público?’, le inquirió el periodista.

“‘Yo soy producto del sistema público de enseñanza y estoy sumamente satisfecho y contento con la mayoría de los maestros del sistema.  Y como iba diciendo, mis niños se quedan donde están.  Quiero lo mejor para ellos, y por eso estoy trabajando arduamente para que lo mismo que le estoy dando a mis hijos en la escuela privada, nosotros se lo podamos dar también en el sistema público’, respondió.”

(‘Secretario de Educación reconoce que escuelas públicas no son las mejores’, El Nuevo Día, San Juan, P.R., 8 de abril de 2011)

Todo aquél (o toda aquélla) que tiene hijos tiene que preocuparse por darle lo mejor a sus hijos—eso es algo que no se puede negar bajo ningún concepto.  Sin embargo, ¿qué puede leerse de la cita anterior, cuando la persona que administra un sistema público de enseñanza admite que lo mejor para sus hijos es la escuela privada?  ¿Será que el funcionario—aunque lo niegue públicamente una y mil veces—no confía lo suficiente en el sistema que administra para exponer a sus propios hijos a un ambiente distinto de aquél al que están acostumbrados?  (¿No será más bien, “mal acostumbrados”?)

Puede ser que el funcionario no quiera exponer a sus niños al “trauma” de acudir a una escuela en la que los salones no reciben el debido mantenimiento, o las paredes de los mismos no están bien pintadas, o los patios no están bien desyerbados, o los servicios sanitarios están en pésimas condiciones… o tal vez será que él no quiere que sus hijos—con el permiso de “Doña Florinda”—se junten con “esa chusma”.

Yo no sé, pero para mí que esas expresiones del Secretario de Educación, como que no fueron bien pensadas, como que son más bien un reflejo de una cultura en la cual se distingue entre “los míos” y “los demás”.  Para los míos, lo mejor de la vida.  Para los demás, cualquier otra cosa.  Para los míos, el lujo y la ostentación.  Para lo demás, lo barato, aunque se rompa de tan sólo mirarlo.  Para mí y los míos, lo mejor del asado, la carne más rica y jugosa.  Pero, ¿y qué hay del hueso?  ¡Eso es pa’ los demás!  Para mí y los míos, el poder y la gloria.  Para los demás, la miseria y el desespero.

Aunque valga decir que por lo menos a este funcionario no se le ocurrió “salir de atrás pa’lante” como hizo hace unas semanas el actual gobernador republicano de New Jersey, Chris Christie:

“El confrontativo gobernador de Nueva Jersey, quien apareció en un reciente programa de entrevistas telefónicas para una televisora pública local, en efecto mandó a callar a una señora que le preguntó por qué él envía a sus niños a una escuela privada.

“‘¿Sabe qué?  Para empezar, eso a usted no le importa’, soltó Christie, luego de que se le pidiera justificar cómo él puede imponer recortes al sistema escolar público, al tiempo que mantenía a sus hijos fuera del mismo.

“‘Segundo’, continuó, ‘yo pago 38 mil dólares al año en impuestos a la propiedad para un sistema escolar público… que mi esposa y yo hemos elegido no utilizar, porque creemos, que hemos decidido como padres que creemos que una educación religiosa debe ser parte de la educación diaria de nuestros hijos.  Así que enviamos a nuestros hijos a la escuela parroquial.’”

(Traducido por mí de: Christie to Caller: ‘None of Your Business’ Where My Kids Go to School, FoxNews.com, 21 de junio de 2011.  Y me van a tener que disculpar si cito del medio “justo” y “balanceado”, pero no se me ocurrió una fuente mejor que ésta. Confundido )

(Me pregunto qué clase de educación religiosa habrá tenido este individuo para dispararse una maroma como ésa.  Para mí que él se comportó en este incidente con toda la suavidad y sutileza… ¡de una hoja de papel de lija!  Y si eso es así, yo no quiero saber cómo saldrán los hijos…)

Definitivamente, otro ejemplo de la actitud de “distancia y categoría” que distingue a algunas personas cuando se hacen de su parcela de poder.  O sea, tú te las arreglas como puedas con lo poco que tengas, pero con lo mío, tú no te metes.

Me pregunto si esa energía que personas como éstas gastan en defender sus privilegios mientras los demás arrean con los bueyes que tienen, no sería mejor dedicarla a lograr que los sistemas públicos de enseñanza se mejoren a un nivel que puedan competir favorablemente con los sistemas de educación privada.  Digo yo, que tengan la misma calidad educativa, unas mejores facilidades físicas, unos mejores servicios a los estudiantes… una escuela pública con la calidad de una escuela privada.  (Bueno, una escuela pública que sea como la escuela privada, pero sin la coprofagia.  Y por si les chocó esta palabra dominguera, “coprofagia” significa lo que muchos de ustedes están pensando—¡no se hagan los inocentes!—que caracteriza el ambiente en las escuelas privadas, ¿OK?)  Como dicen, ¡soñar no cuesta nada!

Pero mientras tanto, seguirá habiendo personas que se vanaglorien de estar cenando lo más jugoso del asado, mientras que nos dejan los huesos al resto de nosotros.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

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Seis Reglas para el Uso del Telefono Celular en la Oficina

¡Saludos, mi gente!

Bueno, hoy como que no tengo muchas ganas (que digamos) de hablar de lo mismo… lo mismo… lo mismo… Así que vamos a intentar algo diferente hoy.

Resulta que hoy encontré un artículo de About.com (una unidad de la misma gente que le trae a los neoyorquinos “todas las noticias que se puedan imprimir”, o séase, The New York Times) con el que me puedo identificar bastante bien, por tratarse de una situación que muchos de nosotros enfrentamos de día en día. Se trata del uso (¿no será más bien, abuso?) de los teléfonos celulares en el ambiente de trabajo.

Cierto es que desde que los teléfonos celulares se comenzaron a mercadear entre “el resto de nosotros” (sí, porque ¿quién era el/la que ud. veía cargando con un teléfono celular en un pasado no muy lejano, ah?), han sido una verdadera ayuda, sobre todo en situaciones de emergencia o para comunicarnos con nuestros seres queridos para saber que estén seguros y bien. Pero ya la cosa ha llegado al punto en el que uno/a a veces se pregunta si no están causando más molestias que las que se supone que evite. Y ciertamente ustedes saben a qué me refiero…

Por supuesto, yo tengo mi teléfono celular como mucha gente últimamente. Y por supuesto, lo tengo principalmente conmigo por si en mi casa ocurre alguna situación de emergencia que me requiera, por ejemplo, salir de mi oficina fuera de tiempo (siempre y cuando yo se lo notifique antes a mis jefes). Pero eso sí, yo por lo menos tengo la decencia de cuidarme en cuanto al uso que yo le doy, durante las 7-horas-y-media que dura mi jornada laboral (excluyendo los almuerzos, por supuesto).

Enigüei, con eso en mente, me gustaría compartir con ustedes lo que dice el artículo de Dawn Rosenberg McKay (de About.com) sobre las seis reglas que uno debe seguir si va a tener en su persona el teléfono celular durante sus horas de trabajo. Claro, lo que dice el artículo aplica principalmente al ambiente oficinal, pero creo que puede aplicarse en otras situaciones laborales. Sea como sea, lo importante es sopesar la conveniencia de que uno/a tenga en su persona el celular, vs. el impacto de su uso sobre los compañeros de oficina y (por supuesto) el jefe (la jefa), por no hablar de la capacidad del usuario para desempeñar las tareas asignadas.

Según la señora McKay, lo primero debe ser apagar el teléfono celular durante las horas de labores. Sin embargo, si usted tiene la necesidad absoluta de mantenerse en contacto (o sea, que por ejemplo, su cónyuge sepa que usted está ahí, al cantío de un gallo), ponga su teléfono en función de vibrar. Así, no molestará a otros compañeros con el timbre de su teléfono. Además, ¿ustedes se imaginan la gallera que se formaría en mi oficina si los celulares de los seis empleados de la misma (incluido el que les escribe) estuvieran sonando a cada rato? Y otra cosa muy importante: si usted es de los que recibe llamadas a cada rato a través de su celular, como alguna gente que se la pasa “atendiendo sus negocios personales” en horas de oficina, usted no querrá llamar la atención de los jefes, ¿no?

La segunda regla que menciona la señora McKay en el artículo… yo creo que se cae de la mata (ver mi explicación par de párrafos atrás): UTILICE EL TELÉFONO CELULAR SÓLO PARA LLAMADAS IMPORTANTES. (Noten que en esto tengo que hacer doble énfasis, porque es así de importante.) O sea, úselo sólo para situaciones que requieran atenderse URGENTEMENTE, como una emergencia familiar; eso sí, ella menciona como válido cuando los niños llaman para avisar que han llegado bien a la casa desde la escuela, y eso está muy bien. Pero para compartir los últimos chismes dichos por una conocida muñeca de trapo… ¿he mencionado nombre yoooooooooo?… o “atender negocios personales”… o peor aún, para recibir una llamada del “chillo” o la “chilla” (o sea, el/la amante, según el caso)…

En tercer lugar, supongamos que usted tiene el celular encendido, pero tiene dudas de si la llamada que está entrando en estos momentos obedece la regla anterior. En ese caso, la señora McKay recomienda que deje que las llamadas sean redirigidas a su buzón de mensajes de voz (voice mail, en buen español). ¡Total! Después usted tendrá un chancecito de chequear si la llamada en cuestión merecía hacer algún alboroto.

La cuarta regla en el artículo de la señora McKay dice que usted debe buscarse un sitio PRIVADO donde contestar sus llamadas. Para empezar, a mí me interesa tres ca… ¡uy, perdón!… a mí no me importa la conversación que mi vecino/a de escritorio esté llevando en ese momento por su celular, de la misma manera que a él (ella) no le tiene que importar la conversación que yo esté llevando. Pero aun si no se tratara de asuntos personales, yo prefiero irme a otro lugar donde yo pueda conversar en privado con quien esté al otro lado de la línea. (Por lo menos, actualmente tengo la suerte de que frente a la oficina en la que trabajo hay una sala pequeña donde puedo disfrutar de alguna privacidad para contestar las llamadas que entren a mi celular. Ah, y debo aclarar que ello es completamente diferente al hecho de que tengo una extensión del cuadro telefónico del DRNA, y que la utilizo sólo para los asuntos oficiales relacionados con mis funciones allí.)

La quinta regla esbozada por la señora McKay… yo no sé qué opinen ustedes, pero quiero presentarla en todo su glorioso detalle (porque la viví de cerca hace dos semanas): NUNCA SE LE OCURRA A USTED UTILIZAR SU TELÉFONO CELULAR EN EL BAÑO (DE DAMAS O DE CABALLEROS, SEGÚN EL CASO). Y ustedes se preguntarán, ¿pero y por qué la Sra. Dawn Rosenberg McKay, de About.com, hace un alboroto con que a alguien se le ocurra utilizar su celular en el baño? Fácil: Porque usted nunca sabe quién más está con usted en el baño (sean empleados o visitantes); porque la persona al otro lado de la conversación escuchará los sonidos característicos de los baños, como… esteeeeeeeee… como cuando le halan la cadena a los inodoros para descargarlos (además de otros sonidos que no voy a mencionar aquí); porque se invade la privacía del (de la) compañero/a de trabajo que esté allí en el momento… ¿de veras quieren ustedes que yo siga añadiendo a la lista?

And last, but not leastEVITE UTILIZAR SU TELÉFONO CELULAR MIENTRAS ESTÁ EN MEDIO DE UNA REUNIÓN CON LOS JEFES. Por supuesto, sólo si es absolutamente necesario que usted se mantenga comunicado, puede poner el teléfono a vibrar (vea la primera regla arriba). ¡Sí! Porque… ¿usted sabe lo que es que, por ejemplo, yo esté reunido con el Secretario de Recursos Naturales y Ambientales por un asunto de importancia, y que de momento de mi celular salga algo así como esto?

¡Hola, papi! Soy yo, [PONGA AQUÍ EL NOMBRE DE SU MODELO LATINA FAVORITA DE “PLAYBOY”]. Me gustaría salir contigo esta noche, ¿sí? ¡Ay, papi, coge el teléfono, porfa!

¡Que bochorno!

(Que conste: Yo tenía un tono más o menos parecido en mi teléfono celular anterior al que tengo actualmente… ¿de dónde creen que salió este ejemplo?)

O aun si no fuera ése el caso… sobre todo, CON LA CLASE DE SUERTE QUE YO TENGO, pero no sigamos hablando de mí… es imperativo que usted esté enfocado completamente en lo que tiene ante sí, que es la reunión con los jefes. Si acaso, espere a un receso o a que termine la reunión. Después de todo…

Es más… ¡QUIZ SIN AVISAR! Por 10 puntos (que cuentan para la nota de este semestre): ¿CUÁL ES LA TERCERA REGLA PARA EL USO DE LOS CELULARES EN EL LUGAR DE TRABAJO?

Bueno, espero que lo anterior haya cumplido con esa muy necesaria función educativa, a la vez que nos ayuda a devolverle la paz a
los lugares de trabajo. Por supuesto, si no me creen que esas reglas existen, éste es el enlace al artículo en cuestión:

Top 6 Rules for Using Cell Phones at Work

Bueno, y ahora vamos a otra cosa…

ESTA SEMANA (19–25 DE MARZO DE 2007): Un niño dice estar contento con el trato que le da su padrastro, pero esperen a ver de qué se trata… Y… Una pareja de gays muere de SIDA, y no encuentran una manera segura de darles la debida sepultura.

Visite Sitio ‘Web’ de Luis Daniel Beltrán y oprima donde dice “Humor, según Luis Daniel Beltrán”.

¡Y vamos a dejar eso ahí! Cuídense mucho y pórtense bien. ¡Hasta luego!

LDB