Categorías
agravio economía Estados Unidos eventos atmosféricos gobierno injusticia noticias política Puerto Rico sociedad

Los numeros no mienten, pero quienes los manejan…

Skyline of San Juan's Central Business Distric...
Image via Wikipedia

¡Saludos, amigas y amigos!

La semana pasada, además del stress que nos dejó la emergencia suscitada por el paso cercano del huracán Earl—que a muchos de nosotros (hasta a mí, que ni se suponía que me reportara a trabajar el día que se proyectaba el paso del huracán) nos dejó con el mal sabor de soportar descomunales tapones de tránsito en las principales intersecciones de San Juan, de esos tapones en los que todo el mundo trata de meterse al mismo tiempo, en la misma intersección en la que se supone que haya un semáforo en funcionamiento y el mismo no funciona por culpa de una falla general en el sistema eléctrico—, sacó a relucir una situación que me ha dejado pensando bastante.  Se trata del despido del director ejecutivo del Instituto de Estadísticas de Puerto Rico, Mario Marazzi, luego de que éste intentara por la vía judicial que el Departamento del Trabajo y Recursos Humanos de Puerto Rico publicara el Índice de Precios al Consumidor para Puerto Rico.

Este despido llama la atención ante el hecho de que dicho ministerio dejara de publicar el índice en diciembre de 2009, debido a que los datos del mismo estaban “erróneos”.  (Pero si es cuestión de “corregir” los alegados “errores” que puedan tener los datos, dicha agencia debe haber tenido tiempo más que suficiente para poderlos corregir y producir un índice confiable… ¿o me equivoco?)  Y también llama la atención al tomarse en contra de un funcionario como el señor Marazzi, al que distintos sectores vinculados con el quehacer económico han elogiado por su capacidad profesional (dentro de la cual destacan su reciente trabajo para la Reserva Federal estadounidense) y por su sentido de responsabilidad en su petición de que se divulgue el índice de marras.  Pero sobre todo, este despido llama la atención por el presunto matiz político que se desprende del mismo, al haberse dispuesto el despido por parte del ex-presidente de la Junta de Planificación de Puerto Rico—precisamente, el mismo funcionario que al final de agosto dejó su cargo para asumir la secretaría general del partido actualmente en el poder (el PNP).

Más allá de todo lo que se ha escrito y dicho sobre esta noticia, a mí me pone a pensar bastante sobre por qué una entidad de gobierno… vamos, un gobierno en sí decide de golpe y porrazo suprimir la publicación o demorarse un tiempo largo para publicar una cifra de tanta importancia, que no es un simple número, sino un número sumamente poderoso.  Y si alguien tiene alguna duda, vea esto:

“Un índice de precios al consumidor (IPC) mide los cambios a través del tiempo en el nivel de precios de bienes de consumo y servicios comprados por los núcleos familiares.  Es un estimado estadístico que se construye mediante el uso de los precios de una muestra de artículos representativos, los cuales son recopilados periódicamente….  El porciento anual de cambio en un IPC se utiliza como medida de la inflación.  Un IPC se puede utilizar… para ajustar por el efecto de la inflación el valor verdadero de los sueldos, salarios y pensiones, para regular los precios y para desinflar las magnitudes monetarias para que éstas muestren cambios en los valores reales.”
Traducido y adaptado de: Consumer Price Index (vía Wikipedia)

Ciertamente, el índice de precios al consumidor es una pieza de información de tanta importancia.  Hasta el propio gobierno estadounidense le da una gran importancia a esta cifra, como lo demuestra esta página que le dedica el Negociado de Estadísticas Laborales del Departamento Federal del Trabajo.  Pero entonces, ¿qué tiene de particular una cifra como el índice de precios al consumidor en Puerto Rico para que la misma sea otro rehén más del teje-y-maneje político de todos los días?

Tal vez nuestros pseudolíderes se han dado cuenta de que la información es el poder.  Y de que quien tiene ese poder—quien posee los datos con los que se construye esa información, esos números que bien usados nos pueden decir la verdad—es quien dicta la agenda a seguir.  (Lo que me recuerda la nueva versión de la Regla de Oro: “Quien tiene el oro… ¡es quien hace las reglas!”)  Pero, ¿cuál será la agenda en este caso?  ¿Una agenda que pinte un cuadro de aparente recuperación económica y fiscal, aunque “abajo en la tierra” la realidad sea muy dura?  (Yo no sé qué piensen ustedes, pero a mí eso se me parece un poco al infame cruzacalle de Mission Accomplished con el que hace unos añitos se quiso dar a entender que la guerra en Irak había terminado—aunque en realidad lo que había terminado era la ración de credibilidad de quien proclamó un “éxito” que no fue tal, pero eso deberá ser tema para otra entrada…)

La verdad es que el asunto del despido del señor Marazzi y la no divulgación del Índice de Precios al Consumidor para Puerto Rico, se presta para demasiadas sospechas, sospechas que deberían aclararse lo antes posible.  No hacerlo así, abona a la escasa confianza que tiene el público en las estadísticas gubernamentales, y a la sensación de que hacer el bien, actuar responsablemente, en lugar de un premio es un castigo en el Puerto Rico de hoy, un castigo que acarrea serias consecuencias.

Y vamos a dejarlo aquí.  Cuídense mucho, mi gente.  Hasta la próxima.

LDB

Categorías
agravio artistas comunicaciones cultura deportes dinero economía educación Estados Unidos gobierno injusticia libros política Puerto Rico sociedad tragedia universidades violencia

Cuestion de privilegio

Main tower of the University of Puerto Rico ca...
Image via Wikipedia

Lo cierto es que la UPR disfruta de un enorme privilegio… y sus estudiantes también.

[INSERTAR AQUÍ UN GRÁFICO MUY LINDO Y LLAMATIVO TITULADO, “Estudiar en la UPR es un privilegio…”]

“La Universidad disfruta de una asignación presupuestaria multimillonaria garantizada por fórmula equivalente al 9.6% de los ingresos del gobierno… que este año fiscal 2010 ascendió a la friolera de $730 millones.  El 81% de los gastos de la universidad lo pagamos NOSOTROS LOS CONTRIBUYENTES y el gobierno federal.  Eso quiere decir que este año la UPR le cuesta $726 a CADA CONTRIBUYENTE en Puerto Rico.

No son pocos los que reconocen que estudiar en la Universidad de Puerto Rico es un privilegio. Si no, pregúntenle a las decenas de miles de jóvenes que no pueden estudiar en la universidad del estado y se fajan estudiando responsablemente y pagando el costo mucho más alto de universidades privadas.

“El crédito en la UPR cuesta en promedio $51; mientras que en las principales universidades privadas de la Isla cuesta entre $163 y $176.  El año en la UPR cuesta en promedio $1,300, mientras que en la más barata de las principales universidades privadas en Puerto Rico el año cuesta $4,200.

“En el año fiscal en curso, la UPR recibió casi $165 millones en Becas Pell del gobierno federal para beneficiar unos 40,300 estudiantes.  Eso quiere decir que CADA ESTUDIANTE RECIBIÓ en promedio $4,082 en Becas Pell del gobierno federal… $1,320 para pagar la matrícula y otros $2,762 para gastar EN LO QUE ELLOS QUIERAN.  Ningún estudiante, no ya en Puerto Rico, sino en ninguna universidad estatal en los estados disfruta de privilegios como esos.

“De hecho, del presupuesto de este año de la UPR que asciende a $1,460 millones, solamente $90 millones—o apenas el 6.2%—proviene del pago de matrícula y, de eso, más de la mitad proviene de las Becas Pell.

“O sea, que la matrícula que pagan los estudiantes de la UPR cubre apenas el 3% del presupuesto de la Universidad… el resto lo pagamos NOSOTROS LOS CONTRIBUYENTES.

“Por eso es que nuestro pueblo—que es un pueblo justo y noble, pero que también es un pueblo de ley y orden que cree en la democracia—se molesta cuando ve y escucha lo que todos hemos presenciado en la Universidad en los pasados días.

“El respeto al principio de la autonomía universitaria nos obliga a ser prudentes y no intervenir hasta que nos lo requieran las autoridades universitarias.  Pero a las autoridades universitarias les digo: estamos aquí, listos y dispuestos para brindarles la ayuda que ustedes estimen necesaria, cuando ustedes así lo determinen, para proteger los derechos de TODOS los estudiantes—tanto del minúsculo grupo que protesta, como de la inmensísima mayoría que quiere que las clases continúen—así como los derechos de TODOS los profesores, TODO el personal universitario, TODOS los padres, y TODOS los contribuyentes que pagamos para que la universidad del estado esté abierta, no cerrada.”

(Citado de las páginas 4–5 de: MENSAJE de PRESUPUESTO [Año Fiscal 2010–2011].  Luis G. Fortuño, Gobernador de Puerto Rico.  Capitolio, San Juan [Puerto Rico].  26 de abril de 2010. Cifras monetarias, en dólares estadounidenses [US$].  Y el énfasis, especialmente en todo lo que tiene que ver con “privilegio” en esta cita, es completamente intencional.)

¡Saludos otra vez, mi gente!

Déjenme ser honesto con ustedes.  Quise incluir el tema del actual paro en el sistema de la Universidad de Puerto Rico (UPR) en la entrada anterior (con todo y las consecuencias que suelen tener los paros en la UPR, como lo relaté en este blog hace cinco años), aunque ello resultara en una entrada muy larga.  Pero aunque al fin y al cabo me limité a dedicar la entrada anterior al creciente disgusto con la nueva ley estatal de Arizona que criminaliza a los inmigrantes ilegales (particularmente los mexicanos y otros latinoamericanos), no dejaba de inquietarme este otro ejemplo de la actitud oficialista de tratar a quienes son opuestos ideológicos como “el enemigo”.  De particular inquietud me resultó leer la cita en el mensaje presupuestario para el año fiscal que comenzará el 1 de julio de 2010, en el sentido de que estudiar en el sistema de la Universidad de Puerto Rico es lo que el gobernador Luis G. Fortuño Bruset llama, “un privilegio”.  Un privilegio que se alcanza y se disfruta, mayormente a costillas de quienes pagamos nuestros impuestos (“las víctimas inocentes”).  Un privilegio que permite que los estudiantes (“los villanos”), además de estudiar, puedan hacer lo que les dé la gana (y eso automáticamente los hacen ser “los malos de la película”).  Un privilegio por el que los estudiantes deben “agradecer” al Estado (“el héroe”, “el gran benefactor”, “el padre bondadoso”) y a quienes lo sostienen (principalmente) mediante el pago de impuestos, en lugar de estar protestando cada vez que al mismo Estado le dé la gana de limitar el acceso a ese mismo “privilegio” (mediante el recorte presupuestario y la reducción o eliminación de las exenciones de matrícula), por aquello de la “recuperación económica y fiscal”.

Y si los estudiantes no son todo lo “agradecidos” que el Estado quiere que sean por tener ese privilegio, ¿los habrá de disciplinar como a niños desobedientes?  Digo, yo no sé si ése es el mensaje que se desprende del último párrafo de la cita de arriba, en el cual “el héroe” se ofrece para “rescatar” a “las víctimas inocentes” de la maldad de “los malos”.  Tal vez sea de la misma manera que ocurrió en las huelgas de 1948 y 1981 y en las refriegas de comienzos de la década de 1970, cuando el Estado recurrió a la fuerza policial para aplicar esa disciplina, como suele suceder cuando no se tienen argumentos válidos ni estrategias de negociación efectivas para lidiar con esas situaciones.  (Y en esas ocasiones, no fueron únicamente los estudiantes los que pagaron los platos rotos, sino también muchos ciudadanos de Río Piedras que no tenían nada que ver con lo que sucedía.)

Y la primera idea que me viene a la mente es que lo que se está diciendo aquí es que el Estado “le está haciendo un favor” al estudiantado universitario—tanto a los que por las pasadas dos semanas se han estado apostando en los portones de casi todos los 11 recintos del sistema para no dejar que se efectúen las funciones normales de la universidad, como a aquéllos que no creen en ese mecanismo de presión y desean completar su año académico sin más retrasos—, de permitirles el acceso a los estudios superiores.  Como si se tratara de proveer el acceso a los servicios que toda agencia gubernamental está llamada a dar.

Pero el problema es que la Universidad de Puerto Rico, la UPR, la universidad del Estado, no es una agencia gubernamental como, por ejemplo, el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA), que tiene unas funciones específicas conforme a la ley que lo creó en 1972.  La UPR es mucho más que eso. Es donde se prepara a toda una juventud para afrontar los retos del futuro.  Es de donde salen los futuros maestros, médicos, arquitectos, abogados, científicos sociales, filósofos, escritores, artistas plásticos, matemáticos, físicos, químicos y—por qué no—biólogos (celulares, de organismos, de poblaciones y comunidades, etc.).  Es donde se enseña a pensar a las nuevas generaciones, a ver más allá de los confines de sus propias vivencias y experimentar otras corrientes intelectuales…

Déjenme ser más específico: Para mí, la UNIVERSIDAD (así, en mayúsculas) es donde se forman seres humanos pensantes, integrales e íntegros, y no entes mecánicos o autómatas sin vida ni sensibilidad. Y si se fuera a ver en función de prestación de servicios, el servicio que le presta la UPR a Puerto Rico es algo que no se puede reducir a “dólares y centavos”, como lo reducen quienes perciben la universidad como un “campo enemigo”, como un semillero de “izquierdistas” y “comunistas” que quieren “hacerle daño” a “un país de ley y orden”.

Me pregunto si el gobernador Fortuño habrá sentido el aprecio por la UPR en algún momento en su vida.  Digo, si lo que dice su biografía es lo correcto, él tuvo el “privilegio” de ser universitario alguna vez… ¡aunque no en la UPR!

“Obtuvo un grado de bachillerato en Ciencias con especialidad en Servicio Extranjero (B.S.F.S., por sus siglas en inglés) de la Escuela de Servicio Extranjero Edmund A. Walsh en la Universidad de Georgetown, y recibió más adelante el grado de Juris Doctor (J.D., por sus siglas en latín) de la Escuela de Derecho de la Universidad de Virginia en 1985.”

(Tomado de la biografía de Luis G. Fortuño Bruset, vía Wikipedia.  Vea también este otro enlace.)

Yo no sé de él, pero tal vez él no tiene el aprecio por la UPR que tenemos quienes hemos tenido el privilegio de formar parte de la misma (como estudiantes o como instructores, catedráticos, técnicos, etc.), y para quienes la UNIVERSIDAD (de nuevo así, en mayúsculas) sigue siendo fuente de orgullo, y lo será por muchos años más.  Pero allá Juana con sus pollos…

Torre de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, al atardecer. (Tomada originalmente en marzo de 1984.)

Y desde mi posición de “privilegiado” les digo que… ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB
(Maestría en Ciencias en Biología, Clase de 1986, Universidad de Puerto Rico, Río Piedras)
(Bachillerato en Ciencias en Biología Marina, Clase de 1980, Universidad de Puerto Rico, Humacao)