Guerreros y justicieros

(… left-right-left-right-left-right-LEFT-RIGHT-LEFT-RIGHT-LEFT-RIGHT-LEFT-RIIIIIGHT-HALT!)

¡Saludos, mi gente!

Yo sé que hay un refrán que dice que sobrevivir en tiempos extraordinarios requiere la adopción de medidas extraordinarias.  Pero a mí me parece que hay medidas extraordinarias que se adoptan cuando no se tiene ni la menor idea de cómo resolver una situación—o tal vez no se tiene la capacidad, ni la voluntad para hacerlo—, y se prefiere una salida fácil que no requiere mucha ponderación (¿será eso lo que los estadounidenses llaman, un “no brainer”?).

Y si vamos a hablar de esa clase de salida, debemos hablar de la decisión anunciada hace exactamente dos semanas (el 1 de febrero de 2010) por el gobernador de Puerto Rico, Luis G. Fortuño Bruset, de activar ‘de forma temporera’ la Guardia Nacional de Puerto Rico para ayudar a la Policía de Puerto Rico en el patrullaje preventivo en áreas de alta incidencia criminal y poner al día la flota de vehículos de la Policía.  Según lo expresó entonces durante su mensaje de estado ante la Asamblea Legislativa, la activación de la Guardia Nacional será hasta tanto se gradúen unos 1000 cadetes que están al momento en que escribo esto en la Academia de la Policía de Puerto Rico (que por cierto, está situada en la antigua instalación militar “Camp O’Reilly” en el vecino municipio de Gurabo.)

Academia de la Policía de Puerto Rico, Gurabo, P.R.
Academia de la Policía de Puerto Rico, Gurabo, P.R.

Por supuesto—y esto se cae de la mata—, no es nada nuevo la idea de dar una muestra de poderío cuando no se tiene una idea clara de cómo atajar una incidencia criminal que hace mucho tiempo se le salió de control al gobierno.  (Digo, a un gobierno que se entretiene en acrecentar el problema mediante un “plan de reestructuración fiscal” que—por lo que vemos a diario en la calle—parece haber hecho más mal que el bien que se pretendía hacer.)  Ya lo habíamos visto anteriormente, cuando en la gobernación del Dr. Pedro J. Rosselló González (de 1993 al 2000) se estableció la política de “mano dura contra el crimen” y se llevaron a cabo ocupaciones policiales en los residenciales públicos (“of all places”).  Como si los residenciales públicos fueran este único crisol en el que se forman los delincuentes y merecieran la atención detallada de las fuerzas del orden público.

Claro está, siempre será más fácil atacar “al de abajo”, a un “Juan de la Calle” cualquiera, que a otros que se esconden detrás de la urbanización con “control de acceso”, detrás del “blín-blín”, el lujo y la afluencia.  ¡NOOOOO!  A ésos que nadie los toque, ni con un pétalo de rosa…  Y además, ¿cómo se vería, por ejemplo, en una de esas urbanizaciones de lujo de Guaynabo, lo que el actor de doblaje que hacía la voz de “Pedro Picapiedra” hubiera llamado, “veinte mil leguas de traje azul marino”?  ¿24/7?  ¡Horrrrrooooor!

Lo importante es que ya la suerte está echada y que el ejercicio para “combatir” la ola delictiva puertorriqueña está en progreso.  Pero más importante aún, que este ejercicio “no responde a que hubiera fracasado el ‘plan anticrimen’ del gobierno actual”.  O por lo menos, eso fue lo que le dijo a la prensa el ex-agente del FBI en funciones como Superintendente de la Policía, José Figueroa Sancha (de “grata” recordación para algunos sectores puertorriqueños, especialmente los periodistas objeto del incidente del 10 de febrero de 2006 en Río Piedras):

“Figueroa Sancha negó que la activación de la Guardia Nacional refleje el fracaso de las gestiones de la Policía y el Gobierno para combatir el crimen.
“‘Todo lo contrario, cuando tu estás en una guerra sin cuartel contra los criminales, todos los recursos cuentan y valen, y el pueblo lo recibe con mucho beneplácito’, aseguró Figueroa Sancha.”

(Primera Hora, 2 de febrero de 2010)

¿De veras?  Si lo que dice el súper es cierto, yo estoy ofreciendo para la venta una mansión de 18 habitaciones y 9-y-medio baños, justo en medio del pantano Caño Boquilla de Mayagüez.  ¿Alguno de ustedes interesa comprármela?  ¿Y qué tal si la doy a mitad de precio?  Any takers?

(NOTA A MÍ MISMO: Archivar la cita del Súper bajo “Desde que se inventaron las excusas…”)

Y no sólo eso.  Antes de lanzarlos a la calle, se les estaría ofreciendo a los efectivos militares un adiestramiento relámpago de un fin de semana, con el fin de familiarizarlos con lo que a los cadetes policiales regularmente les llevaría entre año y medio y tres años en aprender en cuanto a ley y orden se refiere.  (¿Y qué libro usarán como texto?  ¿“Law Enforcement for Dummies”?)

Para mí, lo que refleja el uso continuo de la fuerza—llámese Policía, llámese Guardia Nacional, llámese Ejército o Marina o Infantería, llámese como se llame—como el presunto alivio gubernamental a los males de nuestra sociedad son muchas cosas: incompetencia, falta de voluntad, fracaso, miopía (si no una ceguera total), no querer atender las causas de un problema que se dejó deteriorar por muchos años.  Un problema que, por su parte, nos debió haber llevado al punto que expuse varias entradas atrás, sobre la aparente dependencia entre el gobierno y la delincuencia como mecanismo de supervivencia.  Por si acaso, conviene que repita aquí lo que escribí al final de esa entrada:

“Sea como sea, lo que plantea Roberto Saviano en la columna de Mayra Montero—si interpreté correctamente lo que leí—es una posibilidad escalofriante.  Y ello significa que el gobierno (sea del partido que sea) necesita de la actividad criminal para justificar su existencia, para poder darle al mundo un espectáculo en el que aparezca como el héroe, como la salvación de un pueblo oprimido por una violencia sin freno—eso, de un lado, mientras que tras bastidores se beneficia (de alguna manera) de la influencia que dicha actividad criminal puede ganar mediante su participación en empresas e intereses legítimos.  Y quienes están (más bien, estamos) atrapados entre los unos y los otros… ¿a quién le importa eso?”

Y qué mejor manera de aparecer como el héroe, como la salvación de la patria (whatever that means!), que dar un espectáculo de fuerza, que querer aparecer como el justiciero, como el ángel de la venganza, con todo lo que eso conlleva.  Pero en eso hay que andar con mucho cuidado, como si se caminara sobre vidrios rotos, porque no es cosa fácil.  Si lo fuera, tendrían razón de ser las siguientes palabras del propio gobernador Fortuño en su mensaje de estado—dichas mientras miraba fijamente a la cámara de televisión:

“Nuestro mensaje a aquellos que están envenenado a nuestros hijos… matando a nuestros hermanos… y robándole la paz a nuestro pueblo… es bien sencillo: te vamos a buscar… te vamos a encontrar… y TE VAMOS A AJUSTICIAR.”

Wait a minute!  ¿Él dijo, “AJUSTICIAR”?  ¿AJUSTICIAR?  ¿Sabrá el distinguido letrado—aun sin ser un criminalista, que eso no es lo de él—lo que eso significa?  Cualquiera diría que a quien le preparó ese texto—presumiendo que él no lo hubiera redactado—le pasó lo que a Don Alonso Quijano, que “se le secaron los sesos” de tanto leer novelas de caballería… o en defecto, de tanto ver dramas policiales en la TV.

Es más, déjenme plantearles el siguiente ejercicio: Imaginen por un momento al gobernador Fortuño en la emblemática escena de la película Dirty Harry (1971), mientras confronta a uno de los dos asaltantes de un banco:

“I know what you’re thinking.  ‘Did he fire six shots or only five?’  Well, to tell you the truth, in all this excitement I kind of lost track myself.  But being as this is a .44 Magnum, the most powerful handgun in the world, and would blow your head clean off, you’ve got to ask yourself one question: ‘Do I feel lucky?’  Well, do ya, punk?”

La verdad es que de pensar en eso, ya me están dando escalofríos…  Pero en fin, un@ ya no sabe qué más esperar.

Y ahora, con el permiso de ustedes, me falta marchar un par de millas más (y para colmo, estoy cargando una mochila que pesa más que un matrimonio mal llevado), así que vamos a dejarlo ahí.  Cuídense mucho y pórtense bien.  ¡Hasta la próxima!

(ATEEEEEN-HUT!  FORWAAAAARD… MARCH!  LEFT-RIGHT-LEFT-RIGHT-LEFT-right-left-right-left-right-left…)

LDB

Mar en calma y (no tan) prospero viaje

¡Saludos, mi gente!

Leo con detenimiento la Ley 7 del día 9 de marzo de 2009, la cual lleva el título de “Ley Especial Declarando (sic) Emergencia Fiscal y Estableciendo (otra vez, sic) Plan Integral de Estabilización Fiscal para Salvar el Crédito de Puerto Rico”.  Específicamente, el Capítulo III de esa ley, el que habla de las medidas de “reducción de gastos” en el gobierno de Puerto Rico, a las que me refería la vez pasada.

Y con toda franqueza, lo que leí me ha dejado bastante sorprendido.  Se trata de una serie de medidas en las que el nuevo gobierno de Puerto Rico pretende atajar en poco tiempo (a lo sumo, tres de los cuatro años del presente ejercicio de gobierno) una crisis que se estuvo desarrollando durante muchos años, sin que ninguno de los dos partidos políticos que comparten el poder (PPD y PNP) hubiesen dado pasos afirmativos para evitar que llegáramos al punto en el que nos encontramos hoy en día.

Por supuesto, no ha faltado quien ha tratado de ayudarnos a entender esto “en arroz y habichuelas”.  Supongamos que usted es el capitán de un barco que lleva carga y pasajeros, de los cuales debe llevar una cantidad más o menos limitada—digamos, 250 personas (sin contar la tripulación—ésa NUNCA está de más… y menos en el caso que nos ocupa).  Sin embargo, usted ha dejado entrar más de tres veces esa cantidad de pasajeros (o sea, hay un total de 800 pasajeros) . . . y para colmo de males, está enfrentando un tiempo tormentoso y la nave se está arriesgando a zozobrar como el avión de la teleserie Lost.  Usted se ve entonces en la disyuntiva de reducir la cantidad de pasajeros abordo de la nave, aunque sea para salvar la carga (¿?).

Así que si seguimos el modelo esbozado por la Ley 7 de 2009—y establecemos como meta que la nave llegue a puerto seguro con la cantidad de 250 pasajeros, más la carga—, usted empieza por ofrecerle a sus pasajeros abandonar “voluntariamente” la nave en alta mar, a cambio de lo cual les dará como “incentivo” . . . ¡un lindo chaleco salvavidas con el emblema de la compañía dueña de la nave!  (Ya me imagino el comentario: . . . and all I’ve got is this lousy life jacket!).  O en vez de eso, que por cada quince horas se monten por una hora en un bote salvavidas.

Dependiendo de cuántos tontos picaron el anzuelo cuántos “voluntarios” aceptaron hacer ese sacrificio, usted verifica si está cumpliendo con la meta de 250 pasajeros.  Veamos:

  1. De los 800 pasajeros que había en la nave, digamos que 120 abandonaron “voluntariamente” la nave y se tiraron al mar embravecido, luciendo el lindo chaleco salvavidas con el logo de la compañía matriz de la nave (800 – 120 = 680).
  2. De los 680 que quedan, digamos que otros 195 están se dando una “gozadita” por una hora (de cada quince) en los botes salvavidas (680 – 195 = 485).  Y entonces usted nota que aún no cumple con el objetivo que se trazó, o sea,
  3. Usted todavía tiene 235 pasajeros de más en la nave (485 – 250 = 235), y sigue arriesgándose a no llegar a puerto seguro con la carga que lleva la nave (y que no me venga nadie con que ésa no es la prioridad).  ¿Qué hacer entonces?
  4. Ah, pues recurra al “plan B”: Usted tiene que sacar los 235 pasajeros que están de más, hasta que llegue a los 250.  Empiece por los 175 que abordaron la nave en las escalas más recientes (485 – 175 = 310).  ¡Ah!  Y no se olvide del lindo chaleco salvavidas como incentivo.
  5. ¿Que todavía tiene pasajeros de más?  ¿Y que éstos están entre los primeros que abordaron la nave en el puerto de partida?  Pues ni modo, ésos se van también, con todo y los lindos chalecos salvavidas (310 – 60 = 250).

Y si entendí esto correctamente, se supone que ahí se detenga la cosa, cuando sólo haya 250 pasajeros y se pueda llevar la carga a puerto seguro.  (Traducido al caso real, eso será cuando se logre una economía de US$2 000 000 000.)  Pero a lo mejor resulta que como dice el mantra de los originadores de este plan de “rescate económico”, eso no será suficiente . . . ¿y entonces, qué?

(Y antes de que se me olvide, hay algo muy importante: La decisión que usted tome como capitán de la nave es final y firme, y ninguno de los pasajeros podrá discutírsela, por más razón que tenga.  En mi libro, eso se llama “salirse con la suya”.)

Pero bueno, la cosa es que ya ha dado inicio el conteo regresivo para que se vean los efectos de la Ley 7 de 2009.  Y demás está decir que al día en que escribo esta entrada reinan la confusión, la especulación y la incertidumbre entre los empleados públicos que se verán potencialmente afectados, muchos de los cuales están buscando desde ya las maneras de enfrentar una posible cesantía (claro está, si es que eso les toca como suerte).  Y eso es algo que estoy viendo todos los días en mi lugar de trabajo. Y me temo que ésa será la norma por los próximos meses.

Es más, ahora que lo pienso, había un ambiente más o menos parecido cuando se empezaba a plantear lo del cierre gubernamental de mayo del 2006… Así que como decía el gran filósofo pelotero estadounidense, Yogi Berra,

It’s déjà vu all over again!

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta luego.


P.S. Hasta este fin de semana que acaba de concluir, no había tenido la oportunidad de chequear lo que me llama la atención en mis suscripciones de Bloglines.com.  Pero esta vez me puse al día, especialmente con una variedad de artículos dedicados a destacar el papel que están desempeñando últimamente los llamados “nuevos medios” como la Internet en la provisión de información al público; cómo los aprovechó (y los sigue aprovechando) la administración estadounidense del presidente Obama, aun desde que éste era candidato a la presidencia; y cómo se están afectando varios de los medios tradicionales, como los periódicos.  Así que valdría la pena que se dieran una vueltita por allí.


NOTA: En la mañana de hoy (23 de marzo de 2009), Puerto Rico despertó con la triste noticia del fallecimiento (en la tarde del día anterior) de la que se conoció como “la dama de la comedia en Puerto Rico”, Awilda Carbia Benítez; tenía 71 años de edad al morir de un paro respiratorio.  Actriz y comediante de extensa trayectoria en la radio, la televisión y el teatro puertorriqueños, se distinguió en los años más recientes por sus “Desconciertos”, en los cuales imitaba a figuras públicas de gran prominencia (en la política y la farándula, dos áreas que comoquiera uno no sabe dónde termina una y empieza la otra, pero ya ése es otro tema).  Interesantemente, el deceso se produce dos meses después del de don Tommy Muñiz, productor con el cual ella despuntó como comediante y actriz, y cinco años después del de don José Miguel Agrelot (ver: ¡Ajaaaaaaaaaa!), con quien también despuntó en el difícil arte de hacer reír.  No en balde, al anunciar el deceso, el cantante y productor Edgardo Huertas (cuya página en YouTube.com, que mencioné en una ocasión anterior, contiene vídeos de Awilda Carbia) lo expresó de esta manera:

Tommy Muñiz llamó.  Necesita a Awilda Carbia para hacer un sketch con (José Miguel) Agrelot.

¡BUEN VIAJE, AWILDA!  Y QUE ALLÁ ARRIBA PUEDAS ALEGRAR A LAS HUESTES CELESTIALES, COMO NOS HAS ALEGRADO AQUÍ EN LA TIERRA.

FUENTES: De luto la comedia y ‘Por mis venas estaba el artistaje’ (El Nuevo Día, 23 de marzo de 2009).


LDB

La hora del sacrificio

¡Hola, mi gente!  ¿Cómo estamos?

Pues a juzgar por lo que el gobernador de Puerto Rico, Hon. Luis G. Fortuño Bruset, dijo el martes 3 de marzo de 2009 en un mensaje a todo el país, en Puerto Rico estamos muy mal.  Muy, pero que muy mal.  Una “tormenta perfecta” en la que se juntaron el hambre y las ganas de comer… o más bien, en la que se juntaron la lamentable situación económica de la gente común y corriente—gente como usted y como yo, que vive y padece de día en día el encarecimiento en el costo de la vida—y la no menos lamentable situación fiscal del gobierno del Estado Libre Asociado de Puerto Rico… whatever was the meaning of the phrase I’ve just uttered! En lo que al gobierno se refiere, no hay más que ver la admisión que el propio primer ejecutivo hace al comienzo de su mensaje:

En estos 60 días, hemos descubierto que el déficit fiscal que encontramos es CUATRO VECES mayor que el que nos dijeron… de hecho, el déficit es de más de $3,200 millones de dólares… proporcionalmente el más alto en toda la Nación.

¿Verdad que suena aterrador?  Y lo que él describe aquí es el resultado de una tendencia de los distintos gobiernos (sean del PNP o el PPD—y como ya hemos visto, ninguno de los dos partidos está limpio de polvo y paja) a gastar más allá de lo que sus posibilidades les permitían, aun en los tiempos en los que la austeridad se predicaba como si fuera el evangelio (o como decía un comediante hace muchos años, “¡hay que economizar… cueste lo que cueste!”).  Y si se añade a esa tendencia la mala costumbre de tratar de “cuadrar” los presupuestos de gastos públicos mediante la toma de préstamos a los bancos centrales… ¡tremendo lío en el que estamos metidos!

Y tan tremendo es el lío, que el riesgo que corre Puerto Rico es que las casas de corretaje estadounidense que evalúan el crédito de nuestro país decidan que no se nos dé más crédito.  Y entonces, ¿qué sucederá con la realización de las obras públicas que hacen falta en estos momentos, así como la atención a la salud de la gente (especialmente aquélla que no se puede dar el lujo que se dan algunos(as) de atenderse en una sala de emergencias… ¡hasta para un uñero!) y la atención que tan urgentemente necesitan nuestros complejos problemas sociales?

Más que aterrador, suena deprimente, ¿no?  Y ésa es la parte del “cómo fue que nos metimos en este lío”.  Así que lo próximo que debe venir es el “cómo salimos de ahí”, ¿no?

Aquí es donde entra la medicina amarga de la que hablábamos no hace mucho.  Aparte de algunas medidas de ayuda que dependerán de lo que le toca a Puerto Rico del stimulus package firmado el otro día por el presidente Obama (y como ustedes entenderán, no me voy a detener en esto por lo que resta de esta entrada), el gobernador habló de que se había recortado la cantidad de contratos con asesores (muchos de los cuales también tenían asignado un vehículo oficial con chofer), abogados externos, agencias de publicidad, etc.; se había recortado la cantidad de puestos “de confianza” y disminuido los sueldos “demasiado altos” de los que se quedan en esa categoría (para mí que eso último es tomar al perro por las patas traseras para descubrir… esteeeeeeeeee… ustedes saben a qué me refiero); se habrían eliminado los teléfonos celulares oficiales, las tarjetas de crédito oficiales (que se prestan muchísimo al abuso, como el de un alcalde que utilizó una para jugar en un casino en el extranjero) y los vehículos oficiales (me imagino que se refiere a los de aquellos funcionarios públicos para los cuales ese privilegio no se justifica); y hasta se disminuyó el sueldo del gobernador (en un 10%) y de los jefes de las agencias (en un 5%).

Digo, no es que nada de eso esté mal.  Además, ¿no es eso en lo que yo he estado insistiendo por mucho tiempo?  Todo sea por “dar el ejemplo”.

Pero (¿por qué siempre tiene que haber un “pero”?) donde la puerca entorcha el rabo es en el papel que desempeñamos “los demás” actores en esta tragicomedia.  Los mismos que “no tienen la culpa” de esta crisis (¡no! ¿quién dijo?).

En Puerto Rico tenemos 300,000 empleados públicos, proporcionalmente muchísimos más que ningún estado de la Unión.  Peor aún, la nómina gubernamental se disparó de $3,748 millones de dólares en el 2001 a $5,528 millones de dólares en el 2009. . . .

(Aproveche ahora y tenga a la mano una caja de pañuelos faciales de su marca favorita, porque aquí viene la parte emotiva…)

Pero el empleado público no tiene la culpa de los desmadres administrativos de los que estaban a cargo. Considero que los empleados públicos son servidores leales y responsables, padres y madres de familia que se ganan el pan de cada día con esfuerzo y dedicación. Ustedes no tienen la culpa de que los que estaban a cargo del gobierno fueran incapaces de desarrollar nuestra economía creando más oportunidades de empleo en el sector privado.

(Conmovedor, ¿no?  Por cierto, el énfasis es mío, y lo hice con toda intención.  En cuanto a los violines… no me pregunten de dónde salieron, que yo no me di cuenta.)

Aparte de que se congelarían los aumentos en los sueldos, beneficios marginales y otro tipo de compensación de los empleados públicos por los próximos dos años fiscales (2009–2010 y 2010–2011), los artífices de las medidas económicas presentadas por el gobernador (el CAREF, al que me referí anteriormente) tienen la noción de que eso “no es suficiente” para salir de la crisis.  Por lo que las “soluciones” que se proponen no son exactamente las más fáciles de asimilar.  Primero, se  ofrecería una opción de retiro voluntario, que permitiría al empleado público que la ejerza obtener un incentivo y alternativas de readiestramiento y capacitación, o de reempleo en el sector privado o en organizaciones sin fines de lucro.  (OK, a mí me parece bien, con la cantidad de gente en el gobierno que deberían irse retirando YA.  Y eso, que cada día veo en mi lugar de trabajo gente que sólo piensa en retirarse lo antes posible, ante el ambiente enrarecido en el que pasan sus días supuestamente productivos, pero ya ése es otro tema.)  Y a los empleados que hayan cumplido 20 años en el gobierno, se les permitirá acogerse voluntariamente a la reducción permanente de su jornada laboral, a razón de un día laborable por quincena.

¿Vamos bien hasta ahí?  Lo malo es que aun si hubiese una gran cantidad de “voluntarios” que se acojan a esas alternativas, ello no será suficiente para aliviar la crisis (otra vez el mantra de los genios que desarrollaron el plan).  Y ahí es donde entra en escena la versión gubernamental del “Plan B” (y por favor, saque de nuevo su caja de pañuelos faciales):

De no haber alcanzado nuestra meta de ahorros con esta fase voluntaria, comenzaremos una transición ordenada de empleados de su actual empleo en el gobierno.  No te puedo anticipar la cantidad exacta de los empleados que se verán afectados porque el número dependerá de los ahorros en gastos operacionales, la congelación de salarios y demás beneficios, y del número de empleados que se acojan a los programas voluntarios.  Pero te soy franco, la cantidad puede ser significativa y me temo que pueden exceder los 30,000 empleados.

(Nuevamente, el énfasis es mío y con toda intención.)

¿No será eso darle la razón al que fue secretario de gobernación en la administración anterior, Jorge Silva Puras, cuando dijo que en el mundo de hoy, no hay seguridad de empleo para nadie (ni siquiera en el gobierno)?  Aun si se siguiera un proceso “ordenado” como el que el señor Fortuño implica en la cita anterior, el que se iniciaría con el despido de los empleados de menor antigüedad (ustedes saben, los últimos en llegar y los primeros en irse) y al que se extenderían las mismas opciones de readiestramiento, capacitación y reempleo que se están proponiendo para la fase “voluntaria” inicial, a mí me parece que se está tratando de una manera demasiado drástica un problema de gigantismo gubernamental que NUNCA debió haberse permitido que ocurriera.  Además, ¿no fue para evitar esto que se impuso el IVU?

A mi entender, hay mejores maneras de atender esa situación, que no conlleven el despido masivo de empleados públicos.  Por ejemplo, algo en lo que yo siempre insisto es que las agencias públicas deben asegurar que su capital humano sea ubicado en las áreas de trabajo en las que sus destrezas, conocimientos y capacidades puedan ser más útiles, y que a la vez hagan que dichas áreas de trabajo operen más eficientemente.  Y eso es algo que no vemos a diario en muchas agencias públicas… ¡incluida aquélla para la que yo trabajo!  (Y todavía me pregunto qué le cuesta a una agencia de gobierno en Puerto Rico hacer algo así de sencillo.)

Total, a grandes rasgos, esto es lo que trae el llamado “plan de recuperación económica y fiscal” del que habló el señor Fortuño el martes pasado.  Y me parece que entre sus consecuencias estará revolver el avispero social, como ya lo están demostrando muchas de las uniones obreras del país (especialmente las que representan a los servidores públicos), que están alzando desde ya su voz de protesta.  ¿Y qué puede ganar una administración gubernamental—como dije, la que sea—con provocar ese hervidero social, con causar una sensación de desasosiego entre la población general, ante un futuro no muy prometedor?

NADA, ABSOLUTAMENTE NADA.

Pero bueno, me temo que eso es lo que nos espera, sabe Dios hasta cuándo.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien… ¡y que Dios nos encuentre confesados!

(Por cierto, ¿le importaría prestarme su cajita de pañuelos faciales?  Me temo que la voy a necesitar pronto…)

LDB

Medicinas Amargas

¡Saludos, mi gente, dondequiera que estén!

Aquí estoy de nuevo, después de una Navidad más o menos sosa, en la que no sonó casi ni un petardo ni un siquitraque (ni en mi vecindario ni en el de alguna de la gente que conozco).  Una Navidad que—tristemente lo tengo que decir—ha ido perdiendo su brillo y se ha convertido en una suerte de vacaciones de verano… frase que tiene más sentido en estos momentos al Sur del ecuador, claro está.  Pero bueno, siempre queda la esperanza de que las cosas y los tiempos sean mejores.

OK, creo que tengo que atemperar un poco la última oración del párrafo anterior, a la luz de lo que ocurre mientras escribo en el conflicto entre israelíes y palestinos en la Franja de Gaza, iniciado el último fin de semana del año 2008.  Allí, parece que las cosas no mejorarán en buen tiempo, ante la poca disposición de los caudillos de guerra israelíes a ceder hasta no cumplir con su misión, de eliminar a los terroristas que controlan a esa zona y a sus habitantes.  Lo malo del asunto es que en el desempeño de esta misión, son los civiles—de uno y otro bando, que conste—los que pagan los platos rotos.  Y peor aún, los niños—no importa a cuál bando pertenezcan—son los que siempre, siempre, siempre salen más perjudicados—física y emocionalmente—con las acciones de una guerra como ésta.  Y las imágenes que se obtienen de uno y otro lado de la frontera no pueden ser más elocuentes.  Edificios destruidos, escuelas destruidas, ciudades destruidas, inocencias destruidas… vidas destruidas.

En fin, la receta de una medicina amarga, administrada por médicos insensibles a un paciente que ha sido forzado a tomarla.  (Y para los fines de esta nota, ese paciente no representa a un pueblo en particular, sino que tiene rasgos de los unos y los otros.)

¿Y que hay de las críticas de la comunidad internacional a esta acción militar?  Pues, como diría una pegatina (en buen puertorriqueño, un bumper sticker) que algunos carros ostentan con un orgullo indebido, “los críticos, pa’l ca…”.

Y ya que estamos en el tema del conflicto entre palestinos e israelíes en Gaza, quiero aprovechar para pedir que alguien me explique algo que vi antes de empezar a escribir esta entrada: Viene un DON NADIE como Samuel Wurzelbacher, mejor conocido como “Joe el Plomero” (Joe The Plumber), que luego de haber tenido su cuarto de hora de fama dentro del espectáculo electoral estadounidense del 2008, un portal cibernético lo envía a Israel a cubrir este conflicto como “corresponsal de guerra” (¿sabrá él lo que eso conlleva?), para entonces decirle a los reporteros de medios informativos legítimos cómo hacer su trabajo.  Mr. Wurzelbacher ha tenido la desfachatez de decirle a los periodistas destacados en este conflicto que la prensa no tiene por qué estar cubriendo ninguna guerra en absoluto, porque lo que estos medios—legítimos, muy a su pesar—informan es sólo lo “malo”, las atrocidades de la guerra, en lugar de lo que él considera “positivo” (pero, ¿cuando se ha visto algo positivo en una guerra?).  A tal grado parece llegar la limitada visión del mundo de Mr. Wurzelbacher, que él implica su deseo de que los informes de los demás medios de prensa sobre esta guerra fueran como los noticiarios (newsreels) que se veían en los cines en los tiempos de la Primera (sic) y la Segunda Guerra Mundial, en los que sólo se daba paso a los “logros” del bando estadounidense, a fin de entusiasmar a la gente y motivarla a aumentar su aporte al esfuerzo de guerra del momento.

(Por cierto, ¿alguien sabe si los newsreels existían en tiempos de la Primera Guerra Mundial?  Que alguien me corrija si me equivoco, pero para mí eso es como decir que la telefonía inalámbrica ya existía desde mucho antes de la Antigua Grecia, con planes de llamadas “I-LI-MI-TADOS”…)

Es más, lean la “experta” opinión de este plomero/periodista, cuyas credenciales profesionales son tan auténticas como un billete de US$3.00:

I’ll be honest with you.  I don’t think journalists should be anywhere allowed war.  I mean, you guys report where our troops are at.  You report what’s happening day to day.  You make a big deal out of it.  I-I think it’s asinine.  You know, I liked back in World War I and World War II when you’d go to the theater and you’d see your troops on, you know, the screen and everyone would be real excited and happy for’em.  Now everyone’s got an opinion and wants to downer–and down soldiers.  You know, American soldiers or Israeli soldiers.  I think media should be abolished from, uh, you know, reporting.  You know, war is hell.  And if you’re gonna sit there and say, ‘Well look at this atrocity,’ well you don’t know the whole story behind it half the time, so I think the media should have no business in it.

(FUENTE: Joe The Reporter, from Israel: “Media shouldn’t report war”)

Y éste es el enlace al vídeo en YouTube.comJoe Plumber: Media Shouldn’t Report War.  (La infame cita ocupa los 32 segundos finales del vídeo, de un minuto con 55 segundos de duración.)

Miren, yo insisto en que mentalidades mediocres como la de “Joe el Plomero” son altamente peligrosas para toda sociedad que se precie de ser civilizada (como hemos visto anteriormente).  Pero mientras haya quienes les den apoyo… pues, ¡habrán muchos más de éstos!  Lo importante aquí es estar alertas y vigilantes, y exponerlos como lo que son, a la luz de la verdad y la razón.

Bueno, yo también tenía que desahogarme un poco sobre este tema.  Pero quiero pasar a otra cosa.  Según están soplando los vientos, parece que en Puerto Rico nos esperan tiempos que no serán fáciles de sobrellevar.  (Y eso, que el cuatrienio que concluyó la semana pasada no fue exactamente “miel sobre hojuelas”…)  Otra cosa que yo estaba viendo antes de escribir esta entrada fue el resumen ejecutivo del informe del Consejo Asesor sobre Reconstrucción Económica y Fiscal (CAREF) al nuevo gobernador de Puerto Rico, Luis G. Fortuño Bruset, relacionado con la situación económica de Puerto Rico y las medidas que podrían resolver esa situación a corto y largo plazo.  Y la verdad es que muchas de las recomendaciones del informe no son muy agradables que digamos, algo así como una medicina amarga que los puertorriqueños tendríamos que tomar durante el cuatrienio que acaba de comenzar (2009–2012).  Entre moratorias de créditos contributivos; sobretasas impositivas a corporaciones e individuos; aumentos en arbitrios como el de la gasolina, el alcohol o los cigarrillos, más la imposición de nuevos arbitrios (como el de US$0.01 por minuto que se pretende imponer a la comunicación de voz, aunque no la de datos o texto, por los teléfonos celulares); la imposición de una moratoria de dos años a las cláusulas económicas de los convenios colectivos vigentes; la congelación de la contratación de empleados, y reducción de puestos transitorios, irregulares y de confianza; la reducción de los gastos de funcionamiento en las agencias del gobierno y en la legislatura (de un 10%) y otras medidas, aquí parece que hay de todo y para todos.

(Por cierto, a la fecha de esta entrada no había un enlace directo al informe del CAREF, por lo que si alguno de ustedes está interesado, le recomiendo una búsqueda de ese acrónimo en Google para dar con el documento.)

A mí me parece que muchas de estas recomendaciones no prosperarán, porque son innecesarias o resultarían muy onerosas para la gente común y corriente, la gente que está en la calle tratando de sobrevivir de día en día y de cheque de pago en cheque de pago.  El aumento al arbitrio de la gasolina, por ejemplo, sería perjudicial en el caso de que vuelva a ocurrir un aumento monstruoso en el precio del carburante, como el que vimos el verano pasado.  ¿Y qué hay de la imposición del centavo por minuto a la comunicación celular de voz?  Mucha gente ya está poniendo el grito en el cielo, ahora que la comunicación celular está desplazando a la de línea fija en muchos hogares.  (En mi casa, por ejemplo, hace rato que eliminamos el teléfono de línea fija, a pesar de que eso tiene sus desventajas, pero eso ya es otro tema.) Menos mal que la propia industria de telecomunicaciones de Puerto Rico está expresando su oposición a la idea.  ¿Y qué me dicen de la moratoria de dos años a las cláusulas económicas de los convenios colectivos?  Ya las uniones obreras—por cierto, las mismas con las que nunca se contó para formar parte del CAREF (con lo que mis lectores fuera de Puerto Rico podrán imaginar el resto de la historia de ese comité)—deben estar considerando medidas para exigir que se cumpla con la implantación de esas cláusulas.

En fin—porque esta entrada del blog ya se me está alargando demasiado—, a mí me parece que la medicina que nos espera sí que va a ser difícil de tragar para un pueblo que ya está saturado con sus problemas de todos los días.  Cómo pueda cada uno de nosotros asimilar esa medicina es lo que determinará si las recomendaciones (porque como insiste el gobernador Fortuño, “sólo son recomendaciones”) propuestas en ese informe surten algún efecto… pero no me quiero hacer muchas ilusiones sobre ello.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta la próxima.

P.S. Por cierto, quiero aprovechar para darle las gracias a Elco Lao, por incluir mi blog en su reciente felicitación por el año nuevo 2009.  Digo, además de que todavía me estoy preguntando qué hice yo para merecer este honor 😉 … la verdad es que ello me hace sentir que estoy en una compañía demasiado buena, por lo que de todo corazón acepto esa felicitación.  Igualmente deseo muchas cosas buenas para Elco, Myrisa, Ivonne, Edwin, Eugenio, Prometeo, y para todos los que le dan relieve e importancia a la blogósfera puertorriqueña, en este año que ya comenzó y por muchos años más.

LDB

Es Muy Facil Entrar… Lo Dificil es Salir!

¡Hola, mi gente, dondequiera que estén!

Aquí estoy, sobreviviendo la onda tropical centrada al Sur de Puerto Rico, que nos dejó unas cantidades considerables de lluvia (por ejemplo, el domingo 21 llegó a dejar hasta 15 pulgadas—38 centímetros—en algunas áreas de la Isla).  Mientras escribo esto, el sistema no mostraba señales de que se fuera a fortalecer muy pronto, pero los meteorólogos ya estaban dando por sentado que, como están las cosas en el Atlántico noroccidental en esta época del año, se podría convertir en depresión tropical, tormenta y hasta huracán (nombrados “Kyle”) y que podría seguir un rumbo hacia la costa Nordeste de los EE.UU.  Eso sí, yo auguro que a los residentes en esa comarca no les espera una cosa como la de este caballero:

Por favor, deposite setenta y cinco centavos por las próximas tres pulgadas de lluvia.  ¡Gracias!
Por favor, deposite setenta y cinco centavos por las próximas tres pulgadas de lluvia. ¡Gracias!

Pero yo no soy meteorólogo para estar haciendo pronósticos, así que voy a otra cosa más digna de lo que ustedes esperan como mis lectores.

¡Si, papi!  Como si tú fueras a leer el resto de esta entrada...
¡Sí, papi! Como si la gente fuera a leer el resto de esta entrada...

OK, sarcasmos aparte…  El miércoles de la semana pasada me sorprendió ver que apenas entrado en el tercer mes del presente año fiscal (2008–2009), el Departamento de Hacienda de Puerto Rico tuvo que tomar prestado al Banco Gubernamental de Fomento unos US$500 000 000 para poder pagar la nómina de los 120 mil servidores públicos que cobramos del Fondo General.  Presuntamente, esto aumenta la deuda de dicha agencia de gobierno por ese renglón a US$1 000 000 000, sin contar con los intereses que se acumulen de la misma.  Pero eso no es lo único que mete miedo en esta situación: el Departamento de Hacienda insiste en cifrar sus esperanzas de recuperación en ingresos provenientes de fuentes no muy estables, como la venta de deudas viejas por la misma cantidad que le debe al referido banco, y en que el precio del petróleo—y por consiguiente, el de la gasolina—siga su actual tendencia a bajar… cosa que a mi entender, tendrá que esperar a que termine la temporada de huracanes (por el efecto de los mismos sobre las plataformas petroleras del Golfo de México)… o a que a la rana le salga pelo… o a que la estatua de San Juan Bautista que está junto al mar en el lado Norte del Capitolio (no la de Cristóbal Colón, como todavía cree alguna gente; ésa está en la placita del mismo nombre, a la entrada del Viejo San Juan) baje su dedo acusador… o a que…

Y mientras tanto, ¿habrá inversionistas dispuestos a comprar esas deudas viejas?  Si los hay, ¿quiénes son y dónde están?  Y si no los hay, ¿quién vendrá a sacar al pobre gobierno de Puerto Rico del hoyo en el que quedó enterrado?

¡Ea rayo! ¡Pero si esta nube de polvo del Sahara no era tan densa!
¡Ea rayo! ¡Pero si esta nube de polvo del Sahara no era tan densa!

Y eso, que este desastre potencial no pudo venir en un peor momento.  Justo al mismo tiempo, el gobierno federal está tratando de atender la peor crisis económica vista en mucho tiempo, motivada principalmente por la enorme cantidad de préstamos hipotecarios “malos” (o sea, las llamadas hipotecas de tasa ajustable o adjustable rate mortgage o ARM… que a mucha gente le ha costado un ARM y una leg) y por la caída de los precios en el mercado de viviendas.  ¿Y qué se le ocurre al Departamento federal de Hacienda (fíjense que me estoy refiriendo al de allá) para remediar esa situación?  ¡Sencillo!  Un plan de liquidación (bailout)—en discusión en el Congreso estadounidense cuando empecé a escribir esto el martes 23*—mediante el cual el gobierno federal compraría esa cartera de préstamos hipotecarios “malos” por una cantidad no mayor de US$700 000 000 000.  Si el estimado que vi la noche del lunes 22 en el noticiario estelar de NBC es correcto, eso representa que cada hombre, mujer y niño estadounidense tendrá que sacar alrededor de US$3 500 de donde no los tiene para sacar del hoyo a las propias instituciones financieras estadounidenses (yo espero que eso no incluya a PR, USVI y demás territorios y posesiones estadounidenses… pero no me siento muy optimista).  Pero no es sólo eso: La implantación de este plan conllevaría aumentar el límite de la deuda pública estadounidense a la cantidad de US$11 315 000 000 000… ¡y ya me estoy mareando con tanta cifra astronómicamente alta!

* Por cierto, en una nota publicada a las 20:16 UTC del 23 de septiembre de 2008, la agencia Reuters informó que la Comisión de Banca del Senado de EE.UU. había rechazado el referido plan de liquidación, al que consideró como “inaceptable” según propuesto, pero dejó la puerta abierta a una negociación sobre el mismo.  Comoquiera, la administración federal seguirá insistiendo en que no hay otro camino, que “es una solución buena para el país”, por lo que habrá que estar pendientes.  (Y por supuesto, ésa tendrá que ser la cuestión más importante para los candidatos presidenciales Obama y McCain en las próximas elecciones… ¡si les da la gana de abordarla responsablemente y no andarse por las ramas!)

A mí, francamente, cosas como ésta son para preocuparme.  A mi entender, son el resultado de muchos factores, entre los que se destaca la irresponsabilidad en la toma de decisiones fiscales.  Y esa irresponsabilidad no es del día de hoy, sino que viene de muchos años de no afrontar los problemas económicos mediante la toma de decisiones valientes, sabias y sólidas.  Y si vamos a hablar de irresponsabilidad fiscal, recurrir a ingresos no recurrentes o a fuentes volátiles de ingresos (por ejemplo, un préstamo) para tratar de aliviar una crisis de la magnitud de la que existe en las finanzas del gobierno de Puerto Rico, a mí me parece el epítome (palabra “de domingo”) de la irresponsabilidad fiscal, en tanto la situación original no se atiende y se siguen acumulando los problemas.

¿Y quién es el que siempre acaba pagando los platos rotos?  No son precisamente los que nos metieron en el lío para empezar.  Ésos tienen su ganancia asegurada, mientras que al resto de nosotros nos toca salvarles de la ruina.  (¿No será eso lo que en una columna de opinión que leí la semana pasada en El Nuevo Día llamaban, “privatización de la ganancia, socialización de la deuda”?)

OK, test sin avisar (y cuenta para la nota del semestre). Identifique a quiénes se refiere el párrafo anterior (20 puntos).
OK, test sin avisar (y cuenta para la nota del semestre). Identifique a quiénes se refiere el párrafo anterior (20 puntos).

Y a todo esto, tengo que preguntar de nuevo: ¿no se suponía que el impuesto de ventas y uso (IVU) era la bala de plata que vendría para ayudar a mantener a flote las finanzas del estado y evitar otro cierre gubernamental?  ¿Será que lo que yo escribí en mayo pasado, cuando recordé el segundo aniversario del cierre gubernamental de 2006 sigue siendo cierto?

…al día de hoy, yo tengo que preguntarme: ¿A dónde han ido a parar los recaudos del IVU? ¿Quién más (que no sea el pueblo de Puerto Rico) se está beneficiando con esos recaudos? ¿Por qué no se le dice al público—el mismo al que se le recalca cada año su responsabilidad de aportar al bienestar del país—lo que ocurre en la realidad?

En resumidas cuentas, es muy fácil crear una crisis financiera.  Lo difícil es salir de ella.  Sobre todo, si se está bien enterrado y sin posibilidades de salir por un buen tiempo…

Enterrados hasta el ñú en...
Enterrados hasta el ñú en...

Así que…  ¡Buena suerte, no hay más ná’!

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta luego.

(Por cierto, tengo una última sugerencia para aliviar la crisis financiera del gobierno de Puerto Rico, si éste insiste en manejarla de la manera en la que la ha estado manejando hasta el momento.  ¿Qué tal si en el Departamento de Hacienda le prenden una o varias velas a la Virgen de la Caridad del Cobre?  Después de todo, se dice que ella es la creadora del dinero…)

LDB