Sal y agua… y arena y mangles y cienagas y tortugas y…

(SALVEDAD: A pesar de que a estas alturas debe estar entendido, aclaro que lo que sigue lo escribo en mi carácter personal y no como miembro del personal del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales de Puerto Rico, DRNA.)

¡Qué es lo que hay, mi gente!

Francamente, no sé si atribuirlo a una filosofía de gobierno mal entendida y peor interpretada, o a una simple rencilla porque “los otros” lo hicieron y eso hay que borrarlo.  Lo cierto es que al final de la semana pasada, lo que se entendió en su momento como un triunfo para las organizaciones y las personas que actuamos en defensa del medio ambiente en Puerto Rico, quedó borrado de un plumazo.

A lo que me refiero es a lo sucedido la semana pasada, cuando el gobernador Luis G. Fortuño Bruset firmó una directriz para suprimir las Órdenes Ejecutivas 2007-37 y 2008-22 (suscritas por su antecesor, Aníbal Acevedo Vilá—con quien no comparto su ideología política, para que lo sepan), mediante las cuales se designaba al Corredor Ecológico del Nordeste como una Reserva Natural, y declarar el lugar como un “área de planificación especial” (que tiene implicaciones menos restrictivas que las reservas naturales).


Corredor Ecológico del Noreste (Fajardo-Luquillo, Puerto Rico)

Lo que conocemos como el Corredor Ecológico del Noreste ocupa una cabida superficial de unas 1274 hectáreas (que equivalen a 3240 “cuerdas” o 3147 acres) entre los municipios de Fajardo y Luquillo, en la costa nordeste de Puerto Rico.  El Corredor es un área cuyo valor ecológico ha sido reconocido desde los 1970s, con base en el carácter único de su diversidad biológica.  Parte de esta biodiversidad única incluye aquellas especies de plantas y animales (especialmente aves) cuyo riesgo de extinción presente o futura en el estado silvestre es entre alto y extremadamente alto, por lo que merece hacerse esfuerzos especiales para su protección y conservación.

La existencia de esta biodiversidad única se atribuye principalmente a la variedad de hábitats naturales disponibles en las seis fincas que componen el Corredor.  Estos hábitats incluyen (sin limitarnos a éstos): humedales estuarinos y aquéllos formados por la acción del agua dulce o salobre (por ejemplo, ciénagas herbáceas), un sistema de dunas residuales en el frente de playa, manglares de gran valor por su tamaño (árboles de mangle con alturas hasta de 20 metros), pantanos salobres de tipo poco común (dominados por el palo de pollo, Pterocarpus officinalis), una colina forestada de gran valor por su contenido de plantas de extremada rareza y una laguna bioluminiscente (Laguna Aguas Prietas).

Las aguas de mar circundantes a la porción costera del Corredor son parte del segmento costero preferido para el anidamiento de tortugas marinas como el tinglar (Dermochelys imbricata) y el carey de concha (Eretmochelys imbricata), especies en peligro de extinción, y en ellas también abundan las praderas de yerbas marinas, cuya vegetación es preferida por dichas tortugas y por el manatí antillano (Trichechus manatus), también en peligro de extinción.

El área del Corredor ha sido objeto de fuertes presiones, principalmente para construir allí desarrollos turísticos de tipo tradicional.  Entre éstos se incluye el desarrollo de habitaciones de hotel, condohoteles, varios campos de golf de 18 hoyos, clubes de golf, clubes playeros y unidades de vivienda multifamiliar en varios edificios (incluidas villas orientadas al golf y a las actividades playeras).  El problema es que algunos de los usos y actividades propuestos que acabo de describir no son permitidos bajo los distritos de zonificación vigentes para estos terrenos.  Más aún, distintas organizaciones ambientalistas han propuesto como alternativa para estos terrenos, los usos asociados al ecoturismo o el turismo de naturaleza, los cuales son de menor impacto ambiental y ecológicamente sostenibles.

Tijerilla o Rabijunco (Fregata magnificens)

Para poder asegurar el disfrute de los valores naturales que caracterizan al Corredor, tanto por las actuales generaciones como por aquéllas a las que (como dice un antiguo proverbio nativo americano) hemos tomado prestado el mundo en el que vivimos, el gobierno de Puerto Rico y organizaciones no gubernamentales realizaron en su momento gestiones para obtener los fondos necesarios para adquirir los terrenos que lo forman.  No se trata de un proceso sencillo, ya que requiere una serie de pasos y reviste un montón de “sutilezas” en cuyos detalles no creo pertinente entrar aquí.  No obstante, sí puedo decir que ese tipo de gestión suele ser respaldada por el levantamiento de información científica de índole ambiental, datos científicos por medio de los cuales se describen los valores naturales del lugar, y que ayudan en el proceso de diseñar las estrategias que ayudarán a proteger esos valores naturales.

Pero antes de que se me vayan a marear con lo que están leyendo, les diré una cosa: Yo sé de lo que les estoy escribiendo, por haber formado parte (tal vez no muy visible, pero no por ello menos importante) de ese proceso.

Así que podrán imaginarse cómo yo—Luis Daniel Beltrán Burgos, M.S., P.P.L.—me siento al enterarme que la nueva administración de gobierno ha anulado de un plumazo todo el esfuerzo invertido en la protección del Corredor Ecológico del Noreste.  Sobre todo, me deja muy desagradablemente sorprendido ver cuál es la razón que se invoca para esta decisión:

“Entendemos que faltó un análisis ponderado sobre el proceso que delimitaría sobre 3000 cuerdas de terreno como reserva natural.”

(Héctor Morales Vargas, presidente de la Junta de Planificación de Puerto Rico) (Énfasis añadido.)

O sea, que el ejercicio anterior mediante el cual se caracterizó el Corredor y se diseñaron las estrategias para proteger los valores naturales que le dan su importancia y su verdadero atractivo, ¿fue una pérdida de tiempo?  ¿No produjo resultados que valieran la pena?  ¿O será que los resultados de ese ejercicio son un obstáculo hacia la consecución de la aspiración de ciertos intereses, de promover el desarrollo turístico tradicional dentro de la zona?

Para mí, es una pena que se dé una situación como ésta, en la que se echa por tierra todo el esfuerzo por proteger un área de gran belleza paisajista y valor ecológico, tal vez por darle el gusto a quienes pretenden soslayar esa belleza y ese valor natural (aunque después se llenen la boca tratando de hacer creer lo contrario) mediante un desarrollo turístico tradicional.  Pero lo que me parece más penoso e inaceptable es que se pueda estar escondiendo algún otro motivo detrás de la implicación de que no se hizo un ejercicio responsable de análisis que llevara a la designación del Corredor Ecológico del Noreste como Reserva Natural (y en su lugar, se designe la misma área como “área de planificación especial”).

Ojalá y al final las consecuencias para los terrenos del Corredor Ecológico del Noreste no sean tan severas… pero yo no estoy muy optimista que digamos.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  ¡Hasta luego!


Otras fuentes sobre este tema:


P.S. No quiero despedirme por hoy sin darle la más cordial bienvenida a un blog que tal vez ustedes habrán visto en la lista de novedades en RSS, bajo el título Ecoturismo y Ambiente.  A partir de este momento, dicho blog se conocerá como la Revista Atabey.  El mismo continúa como hasta el momento, dirigido por la periodista Marielisa Ortiz Berríos, con quien he compartido en varias actividades profesionales, y de quien me consta personalmente su gran capacidad y dedicación a los temas medioambientales y de planificación.

Lamentablemente, Marielisa pasó a formar parte del “selecto” grupo de compañeros del servicio público cuyos despedidos entran en vigencia al final de la semana que entra en enero de 2010.  No obstante, tengo la certeza de que ésta o cualquier otra misión que emprenda desde aquí en adelante, ella la acometerá con dignidad y profesionalismo, sea dónde sea.

(Y si quieren tener una idea de lo que les digo, sólo tienen que ver la entrada en la que ella explica la mudanza de su blog.  De hecho, me alegra mucho que sea a WordPress.  ¡Magnífica elección!)

¡Buena suerte, Marielisa, y que siempre vengan cosas buenas para ti!


LDB

Cronica de una Guerra por Agotamiento

¡Saludos, mi gente!

Tal vez el título de este mensaje suene un poquitio extraño, pero la razón para ello es que quiero compartir con ustedes algo que surgió hace unos días y que me toca bastante de cerca. Resulta que el martes de la semana pasada (3/06/2007), el Gobernador de Puerto Rico presentó su discurso de situación de estado… que para muchos pareció otro episodio de “La Isla de la Fantasía”. (¿Cómo era que lo decía Ricardo Montalbán?… Güelcom to Fantasi Áilan…) El caso es que entre los anuncios de las cosas que el gobierno puertorriqueño pretende hacer para levantar la economía (la misma de cuya situación se suponía que era el mensaje, en todo caso), está la propuesta adquisición de los terrenos dentro de los cuales se iba a construir un complejo turístico residencial, en el sector Piñones del municipio de Loíza (al Este de San Juan, para quienes no conocen mi Isla). Para ello, según el ejecutivo estatal, se proyecta efectuar una tasación de los susodichos terrenos, con miras a que el gobierno estatal los adquiera y los convierta en una gran reserva natural.

Hasta ahí vamos bien, ¿no? Pero la cosa es que mucha gente está cuestionando la idea de que se haga la adquisición de esos terrenos—lo que implica el gasto de fondos públicos—en lugar de una expropiación. Y lo peor del caso es que se deja con muy poca explicación el aspecto de la procedencia de los fondos para la adquisición, y si los mismos serán suficientes para cubrir esa transacción.

¿Ya ven cómo se pone esto de complicado? Pero veamos de qué se trata todo esto.

La propiedad en cuestión es una finca de alrededor de 500 hectáreas (yo creo que son más), situada en la carretera que lleva desde el Aeropuerto Internacional Luis Muñoz-Marín en Carolina hasta el municipio de Loíza. El tipo de desarrollo propuesto para toda esta finca consta de unas 2,000 unidades de vivienda en condohotel, repartidas en villas y edificios de apartamentos de diversa altura. De ese total, unas 1,360 unidades de vivienda serían construidas en el desarrollo conocido como “Costa Serena”, que se prolonga por unos dos kilómetros en el lado Sur de la carretera en cuestión, mientras que el resto de las unidades se construirían en los terrenos adyacentes a un promontorio rocoso cercano, llamado Punta Vacía Talega. También se dedicarían algunos terrenos en ambas localidades para uso comercial, y se dejarían otras secciones de terreno para recreación de tipo pasivo.

Ahora bien, ¿por qué es importante el área implicada? Para empezar, forma parte de un área que contiene uno de los manglares de mayor extensión de todo Puerto Rico (1,360 hectáreas). Este manglar, y las lagunas que lo rodean, sustenta una gran variedad de especies de crustáceos como el cangrejo de tierra (“juey”), reptiles de agua dulce como la hicotea (la tortuga de agua dulce endémica de Puerto Rico), peces estuarinos y arrecifales de importancia comercial y recreativa, y casi un centenar de especies de aves. Estas últimas incluyen varias especies acuáticas (principalmente, patos) cuya existencia en el estado silvestre en estos momentos es bastante precaria, debido a la pérdida o degradación de su hábitat acuático, la cacería furtiva y el robo de sus huevos.

Los manglares de Piñones reciben durante los meses de agosto a noviembre grandes aportes de agua dulce, nutrientes y sedimentos de las escorrentías de los terrenos río arriba. A su vez, esta agua dulce arrastra parte de la hojarasca fuera del manglar, hacia las lagunas, estuarios y praderas submarinas adyacentes, en los cuales sirve como fuente de alimento para el plancton estuarino, que a su vez provee alimento a las especies de pesca de importancia comercial y recreativa… ¡y el resto no debe ser muy difícil de entender!

Por su parte, Punta Vacía Talega es un promontorio rocoso compuesto por dunas cementadas de arenisca (lo que los geólogos llaman “eolianita”), las cuales son comunes en la costa Norte de Puerto Rico. La vegetación existente allí es tolerante a la escasa humedad del terreno y al rocío salino producido por el rompimiento de la ola contra la roca de playa y la parte baja de la duna. (Quienes han estado allí, saben que las hojas de esa vegetación son generalmente gruesas y parecen estar enceradas, para reducir lo más posible el impacto de la evaporación.) Además de eso (o por esa misma razón), la Punta Vacía Talega está incluida dentro del Sistema de Barreras Costeras de los Estados Unidos. Esa designación, si bien no impide que el dueño de una propiedad en ese tipo de área costera la desarrolle como le plazca (contrario a lo que algunos periodistas locales dijeron erróneamente), impide al gobierno federal fomentar ese tipo de desarrollo, o hasta proveerle seguros en caso de inundaciones.

Para complicar un poco las cosas, la playa al Norte de los terrenos en controversia—además de ser un punto favorito para los bañistas… y créanme, ¡bastante que se llena esa playa los sábados y domingos!—son una conocida área de anidamiento para cuatro especies de tortugas marinas, cuya existencia en el estado silvestre también se considera precaria. En este caso, lo preocupante es el impacto de la iluminación exterior de las propuestas facilidades turístico residenciales sobre el anidamiento de estas tortugas y sobre las tortugas recién nacidas (también llamadas “neonatos”). Los efectos de la iluminación artificial suelen ser fatales, y van desde la desorientación espacial de los neonatos hasta un mayor riesgo de morir a manos de los depredadores o golpeados por vehículos de motor (sobre todo si hay estacionamientos o carreteras cercanas). Pero eso no es todo: las hembras adultas suelen evitar las costas intensamente iluminadas, lo que hasta las hace desistir de su intención de anidar.

Para hacer corto el relato, todo lo anterior, más la existencia de ciertas limitaciones impuestas por la zonificación de los terrenos a su alrededor (incluidos aparentes yacimientos arqueológicos en su interior), hacían que el proyecto “Costa Serena” no fuese muy viable que digamos. Pero eso no impidió que los proponentes del proyecto insistieran en impulsarlo con cada vez mayor ahínco, como ha sido el caso durante unos treinta y tantos años. Sin entrar en detalles específicos del asunto, podría decirles que todo el proceso durante estos años se ha ido en propuestas de desarrollo del proyecto (de parte de sus propulsores), a las que el gobierno ha respondido diciendo que no son viables, que no cumplen con las leyes y reglamentos ambientales, etc., etc., etc.

Una cosa que sí debo confesar es que en ocasiones, cada vez que llegaba a mi atención una nueva propuesta para este asunto, yo pensaba si no se le había dicho ya lo suficiente a los proponentes del proyecto sobre las razones por las que no se le podía considerar viable. Pensaba si lo que los proponentes querían era librar una guerra contra el estado, en la que éste perdiera por agotamiento… una guerra en la que se seguiría ofreciendo insistentemente el desarrollo del lugar, hasta que el estado se cansara y dijera como “Mano de Piedra”… ¡No más! ¡No más!

Tal vez entiendan ahora mi sorpresa al levantarme la mañana siguiente del mensaje del Gobernador y escuchar por la radio que se había hecho el anuncio de que el proyecto turístico residencial “Costa Serena” ya no procedería, a causa de un acuerdo al que el estado habría llegado con el proponente y dueño de los terrenos, para que se valorara la propiedad y se le diera el monto de ese valor a este último. Entonces, ¿habrá sido el interés público el que ganó la guerra por agotamiento? ¿Será esa una noticia demasiado buena para ser cierta? ¿Habrá prevalecido al final la paciencia y la persistencia de quienes hemos luchado (y me incluyo con mucho orgullo) por demostrar que la idea de desarrollar el proyecto “Costa Serena” en ese lugar era algo mal concebido? ¿O habrá alguna otra razón que ninguno de nosotros conozcamos para la media vuelta?

Tal vez nunca se conozcan las respuestas a esas interrogantes (aunque dicen que en la vida, todo se sabe). Pero en lo que a mí se refiere, por lo menos puedo decir que cumplí con mi deber y mi conciencia está tranquila. ¡No hay más que decir!

Antes de seguir, por si a alguien le interesa, he aquí algunas referencias útiles en las que baso mis comentarios:

a. Manglares

Manglares. Unos Aspectos de su Ecología en Puerto Rico, por Barbara B. Cintrón y Gilberto Cintrón. San Juan, Puerto Rico: Oficina del Gobernador, Junta de Calidad Ambiental (1980).

b. Tortugas marinas e iluminación artificial

Coastal Roadway Lighting Manual. Preparado para la Florida Power & Light Company. Jensen Beach, FL: Ecological Associates, Inc. (1998).

Decline of the Sea Turtles: Causes and Prevention. Preparado por el Consejo Nacional de Investigación de los Estados Unidos (National Research Council). Washington, D.C.: National Academy Press (1990).

Understanding, Assessing, and Resolving Light-Pollution Problems on Sea Turtle Nesting Beaches. Second Edition, Revised. Por Blair E. Witherington y R. Erik Martin. FMRI Technical Report TR-2. St. Petersburg, FL: Florida Fish and Wildlife Conservation Commission, Florida Marine Research Institute (2000).

Bueno, y ahora vamos a otra cosa…

ESTA SEMANA (12–18 DE MARZO DE 2007): Le decimos de una actividad placentera que puede hacerse de muchas maneras diferentes… Y… Algo que no se ve todos los días: ¡un publicista tan generoso (¡las ganas!) como para ayudar a un ciego a recibir más limosnas!

Visite Sitio ‘Web’ de Luis Daniel Beltrán y oprima donde dice “Humor, según Luis Daniel Beltrán”.

¡Y vamos a dejar eso ahí! Cuídense mucho y pórtense bien. ¡Hasta luego!

LDB