La hora del sacrificio… aún no termina

Flag of Puerto Rico
Flag of Puerto Rico (Photo credit: Wikipedia)

Debe ser que me estoy cansando de decir “lo mismo… lo mismo… lo mismo” en este blog.  Cualquiera diría que los gobiernos en Puerto Rico no saben atender las crisis económicas y fiscales—creadas irresponsablemente por esos mismos gobiernos—sin que sea “el de abajo” el que pague los platos rotos.

Ahora, luego de varias semanas de estarse discutiendo la implantación de una nueva ley para declarar una “emergencia fiscal” en Puerto Rico, la misma acaba de ser aprobada por la Asamblea Legislativa y firmada por el gobernador García Padilla.  Se trata de la Ley Número 66 de 17 de junio de 2014 (Ley 66-2014), conocida como la “Ley Especial de Sostenibilidad Fiscal y Operacional del Gobierno del Estado Libre Asociado de Puerto Rico”.  Una ley que del saque se ha dado en decir que es una nueva versión de la Ley Número 7 de 9 de junio de 2009 (Ley 7-2009), conocida como la “Ley Especial Declarando Estado de Emergencia Fiscal y Estableciendo Plan Integral de Estabilización Fiscal para Salvar el Crédito de Puerto Rico”, firmada por el entonces gobernador Luis G. Fortuño Burset.  Dos leyes con largas exposiciones de motivos (23 páginas en la Ley 7-2009 vis a vis 44 páginas en la Ley 66-2014), llenas de datos, gráficas y estadísticas para justificar sus respectivas existencias.  Pero ambas van dirigidas a un mismo fin: tratar de atender una crisis de la creación de los gobiernos que las implantaron, sin asumir mayor responsabilidad que la de ponerlas en el papel (o en el formato de documentos digitales, PDF—porque hay que hacerlo “a la moderna”, ¿vi’jte?) para la posteridad.  Para que se les recuerde—y se les “quiera” en el proceso (dándole su voto en las próximas elecciones generales).

Y si vamos a hablar de recordación, la de la Ley 7-2009 y sus lamentables consecuencias aún está fresquecita, y no con mucho cariño que digamos.  Y yo la sigo viviendo todos los días en mi lugar de trabajo.  Pero vamos a seguir con lo que hoy nos trae hasta aquí.

Por lo menos esta vez, la Ley 66-2014 no nos promete retiros tempranos ni renuncias “voluntariamente involuntarias” o “involuntariamente voluntarias” (o como diría Cantinflas, “ni una cosa ni la otra sino todo lo contrario”) como las de la Ley 7-2009—digo, si le creemos a la declaración de política pública en el segundo artículo de la Ley 66-2014.  (Sí, porque parece que la situación fiscal del gobierno es de tal magnitud, que no hay para proveer los lindos chalecos salvavidas con el emblema de los dueños de la nave que quiere llegar a puerto con la carga, los pasajeros y la tripulación—la que como siempre, NUNCA está de más—que ofrecieron la última vez.)  Más bien propone una variedad de medidas que deben estar en vigor hasta el 1 de julio de 2017 (o sea, hasta casi 7 meses después de las elecciones generales de 2016), o que podrían expirar antes si se certifica que el producto nacional bruto del país habría aumentado en 1.5% (1,5%) para un próximo año fiscal, las casas acreditadoras de la Calle Wall neoyorkina resuelven que las obligaciones financieras gubernamentales no son chatarra y el año fiscal que cierra lo haga sin un déficit (a menos que algún legislador de pueblo chiquito se haya despertado de su siesta en plena sesión para reclamar que a su municipio no lo dejan beneficiarse de las “medidas importantes”… ¡como los déficits!).  Medidas tales como reducción en la contratación de servicios profesionales; reducción en el gasto de nómina de empleados de confianza; prohibición de nombramientos de empleados regulares, de carrera, transitorios o irregulares para puestos (excepto que rindan servicios directos o sean esenciales para los recaudos de la agencia implicada, o por varias otras razones); autorización de traslados o destaques de empleados dentro de una misma agencia o entre agencias (sin disminución de sueldo o beneficios marginales); prohibición en la concesión de aumentos en beneficios económicos o compensación monetaria extraordinaria; extensión de las cláusulas no económicas de los convenios colectivos vigentes en las agencias de gobierno que se rigen bajo la Ley Número 45 de 25 de febrero de 1998 (Ley 45-1998), conocida como la “Ley de Relaciones del Trabajo para el Servicio Público de Puerto Rico” (los cuales serán negociados luego de concluir la vigencia de la Ley 66-2014); prohibición de los gastos en las agencias de gobierno, en exceso de los fondos presupuestados; suspensión de las cláusulas no económicas en los convenios vigentes en las corporaciones públicas (las cuales se rigen por otras leyes que no son la Ley 45-1998), incluida la prohibición de liquidar monetariamente los balances acumulados de licencia de sus empleados; prohibición del uso de fondos públicos para pagar escoltas a jefes de agencias (con algunas excepciones), así como para viajes no esenciales al extranjero, contratación de servicios profesionales y adquisición de equipos tecnológicos personales de uso exclusivo (ustedes saben: celulares inteligentes, PDAs—¿hay quien todavía usa eso habiendo actualmente celulares más inteligentes que un PDA?—y demás); y disminuciones en los gastos de arrendamiento (por ejemplo, de edificios) y en el consumo de electricidad y agua de las agencias públicas.

(La Ley 66-2014 también tiene otras medidas que aplican a las ramas legislativa y judicial, pero para los efectos de esta entrada me enfocaré en lo resumido en el párrafo anterior.)

Tal vez muchas de esas medidas suenan bien sobre el papel (o en la copia en formato digital).  Pero no les suenan bien a todo el mundo.  Particularmente a los empleados unionados de las corporaciones públicas (particularmente las autoridades de Acueductos y Alcantarillados y de Energía Eléctrica), los cuales han amenazado con envolver al país en un “paro nacional” si no se les excluye de la Ley 66-2014 (particularmente de lo relacionado con la prohibición en la concesión de aumentos en beneficios económicos o compensación monetaria extraordinaria y la suspensión de las cláusulas no económicas en los convenios vigentes).  Un paro que podría ocurrir como la visita anual de los 3 Reyes Magos, “de noche, con gran cautela, cuando nadie, sus pasos vela”.  Un paro cuyos pininos se dieron hace unos días, cuando formaron una enorme congestión de tránsito en el Túnel Minillas, una de las principales vías de tránsito del San Juan metropolitano.

Pero, ¿para qué?  ¿Con qué propósito?  ¿Qué se quería lograr?  Tal vez para mí no se logró nada, excepto que los principales medios de prensa captaran—intencionalmente o no, eso es inmaterial—el lado oscuro de las protestas obreras en Puerto Rico: manifestantes en pleno abuso contra los conductores a los que sólo les interesaba salir del barullo que se había formado en el túnel, con latas de cerveza en la mano (como si fuera una fiesta o un pasadía en la playa), incluso faltándole el respeto a los policías asignados a mantener el orden—que si vamos a ver, también son trabajadores, también tienen sus hachas que amolar (como la del tiempo trabajado por horas extra que nunca se les quiere pagar), pero también tienen la responsabilidad social de cumplir con su deber de garantizar la seguridad ciudadana, le guste a quien le guste.

Y después de todo ese “show of force”… ¡pa’ Plaza Las Américas!  No precisamente para conseguirse “lo último en la avenida” y estar a la moda—aunque el mundo se joda—, sino a marchar por dentro del centro para revivir la eterna dialéctica entre “ustedes, los ricos” y “nosotros, los pobres”.  (Me pregunto si estas personas sabrán que no todo el o la que va a “Plaza”—me incluyo, aunque sólo voy cuando sea estrictamente necesario—es porque quiere lucir la última moda de Armani Exchange, adornarse con las más exclusivas piezas de joyería de Gordon’s, o calzar unas lujosas y decadentes tacas de 6″ o 152 mm de alto de DiMorini o Novus.  Pero ya eso es otra cosa.)

Por supuesto, no es la primera vez que las uniones obreras que representan los empleados de las corporaciones públicas tratan de convocar a un paro nacional (y por los mismos motivos), o que las mismas protestas se mudan a “Plaza”.  Y no creo que sea la última vez que ello suceda.

Otras sindicales, las cobijadas por la Ley 45-1998 (que lamentablemente, no provee el derecho a la huelga a los miembros de dichas sindicales), han tenido que negociar los impactos de la hoy Ley 66-2014 antes de que la misma fuera aprobada.  Tal vez porque entendían que era más responsable agarrar el toro por los cuernos y enfrentar directamente la amenaza de eliminación de sus conquistas laborales, a la vez que se evitara profundizar la crisis que nos ha traído hasta aquí—aunque se pudieran reservar la opción de embestir como hicieron los maestros sindicados hace unos meses, cuando vieron amenazado su sistema de retiro.  Por supuesto, sólo el tiempo dirá si el enfoque de estas sindicales fue correcto o no, y si resulta que no, que sirva de lección para evitar tomaduras de pelo en el futuro.

Pero lo importante es que estamos viendo de nuevo lo mismo que en el pasado.

“(L)o que se está viendo no es muy agradable que digamos….  (L)a tendencia de los últimos años ha sido la de los gobiernos meter la mano en los bolsillos del pueblo para tapar su propia incompetencia—porque es mejor pedir perdón que pedir permiso.  Tal vez mediante leyes traídas por los pelos, legisladas en sesiones extraordinarias convocadas con mucho sigilo, mientras el resto del país se ofusca celebrando ‘las Navidades más largas del mundo’….  Leyes que responden a un deseo de quedar bien con los tenedores de bonos o ‘bonistas’—los mismos de los que la Constitución de Puerto Rico de 1952 nos recuerda que hay que apaciguar antes que a nadie más—y con las casas de corretaje de la calle Wall neoyorquina que esperan pacientemente como buitres, que a un verdadero propósito de ayudar a un prójimo que se muere de la nada.

“¿Y los responsables de todo esto?  Siempre las mismas caras, las mismas figuras.  Lo mismo los azules del PNP que los rojos del PPD.  Unos y otros diciéndole a sus conciudadanos que lo están haciendo ‘por su bien’.  Cualquiera diría que el paternalismo de otros tiempos, como lo diría la vieja canción, no estaba muerto, sino que anduvo de parranda por un tiempo.”

Y me temo que al final, el resultado será siempre el mismo.

“(D)e ahora en adelante seguiremos viendo a un bando y al otro haciendo sus movidas correspondientes, a ver quién prevalece en un juego de ajedrez en el que los que estamos en medio somos peones….  Lo que estamos viendo en estos días, es tan sólo el comienzo de la partida.”

O tal vez la continuación de una partida de ajedrez que tuvo su inicio hace largo tiempo y está actualmente en su fase de combate, pero cuya resolución está todavía muy lejos de verse.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y sean personas razonables.

LDB

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Las cartas sobre la mesa

Amigas y amigos, mi gente: Sé que no me estoy dejando ver mucho por aquí en estos días.  Para ser honesto con ustedes, los meses que han pasado desde fin de año 2013 han sido un tanto difíciles debido a una situación familiar que estoy ayudando a atender.  Pero eso no significa que no haya habido cosas que llamaran mi atención durante estas semanas—si las 2 entradas que vienen antes de ésta son una muestra.

Aun así, he aquí algo que llevo varias semanas por tratar de sacar un momento para comentarlo.  Es la idea que el gobierno de Puerto Rico ha lanzado en las últimas semanas, de convocar a lo que llama la “Mesa de Acción para la Competitividad y Crecimiento”.

Y esa mesa, ¿es de queso y se come con melao?  Según lo presenta su sitio ‘web’ (cuya dirección a la fecha en que escribo esto—y puede ser que el enlace no esté activo después de abril de 2014—es o era: http://mesadeaccion.pr.gov/) el propósito de esa iniciativa es el siguiente (énfasis añadido—con toda intención, como siempre):

“La Mesa de Acción está formada por 24 ciudadanos de diferentes sectores de nuestra sociedad con la encomienda de atender 4 áreas para adelantar nuestro crecimiento y competitividad como país: la baja tasa de participación laboral, la fuga de talento joven, el envejecimiento de la población y la economía subterránea.

“Las recomendaciones que surjan de esta iniciativa formarán parte del Plan de Recuperación que presentará el gobernador en su Mensaje de Estado de Situación en las próximas semanas y estará complementado con acciones en el plano fiscal, gubernamental y de desarrollo económico.  El conjunto de estas estrategias deberá conducir al país hacia el objetivo de tener un gobierno eficiente y fiscalmente responsable, que a la vez propenda a un crecimiento económico sostenible y a una mejor calidad de vida para todos los puertorriqueños.

Suena bastante bonito.  Y no dudo de que haya una intención noble de atender esas áreas de desarrollo económico y competitividad para lograr los objetivos que se persiguen.  Más aún, no dudo que una iniciativa como ésta debe atraer todas las ideas posibles (y si posible, las mejores) para atender estas situaciones—al punto de que cuando visité esa página el 30 de marzo de 2014, había unas 108 propuestas sometidas (en las 4 categorías que se mencionan en la cita arriba), aunque no parece que ninguna de ellas había sido evaluada (o sea, en status de “revisión”) a esa fecha.

Pero como siempre, tiene que haber un “pero”.  O varios “peros”.  Principalmente en lo que se refiere a las 4 áreas en las que ese grupo busca propuestas.  Máxime cuando las mismas son el resultado de situaciones que no se atendieron o se dejaron de atender—o tal vez no se tuvo la entereza y valentía de atender—durante 3 ó 4 décadas en Puerto Rico.  De hecho, muchos de los comentarios que he leído en la prensa desde que se dio esta noticia indican que las 4 áreas a las que se pretende enfatizar no son sino los síntomas de males aún mayores, males que requieren algo más que simplemente proponer ideas—aun cuando las mismas se presenten con la mejor intención.

Por ejemplo, ¿cómo se van a atender seriamente y de raíz las desigualdades económicas y sociales que causan que muchos de nuestros mejores muchachos y muchachas se pierdan en la delincuencia, o que quienes pueden alejarse de ese tipo de vida también se quieran alejar de su patria, de la tierra que les vio nacer, porque en su propio terruño no les dan la oportunidad de aportar su talento y tienen que emigrar a otras tierras?  ¿Y dónde está el apoyo y el respeto a quienes se quedan, especialmente a una población de “la tercera edad” que hace tiempo está empujando los límites de su longevidad?

Por la manera en la que veo estas cosas, no estoy muy seguro de que los gobiernos de la actualidad de crisis—y como yo siempre digo, sean del PNP o del PPD, ambos son la misma cosa en lo que a eso respecta (y eso también lo vimos aquí y aquí en este blog)—estén suficientemente capacitados para enfrentar estas situaciones, porque no demuestran la capacidad para enfrentarlas seriamente y buscar soluciones que trasciendan la política partidista y el figureo de los políticos ante sus fanáticos.  Basta con ver que ni siquiera dentro de un mismo bando (PPD) hay acuerdo—y tampoco me parece ver que haya voluntad para lograrlo—para diseñar e implantar una reforma en la producción de energía eléctrica que deshaga el esquema de enriquecimiento con el que unos pocos defraudan a todo un pueblo consumidor y baje el costo de ese servicio esencial a un nivel aceptable.

Lo cual no significa que la gente deje de hacer un esfuerzo sincero para proponer ideas que ayuden a todo el colectivo a resolver sus problemas, como lo he mencionado en este blog una vez y otra vez y otra más.  Pero nuevamente me sale otro “pero” (énfasis en el original):

“(C)iertamente, no ha habido la voluntad para acoger muchas de las soluciones razonadas, discutidas sensatamente, nutridas con la buena voluntad y el deseo de sus proponentes, con el interés de sacar al país de la crisis económica, social, medioambiental, de salud y seguridad pública, en la que ha estado sumido durante años, y que no es privativa de partido político—se llame PNP, PPD o PIP—o líder alguno.

“Por el contrario, lo que se ve en estos días es una tendencia a dejar de lado mucha de esta sabiduría de pueblo, a sustituir la idea sensata y justamente formada por la burda acción que favorece un punto de vista político particular.  A sustituir el mayor bien posible por el bien de algunos, particularmente de quienes son afines a la ideología dominante de turno.  Y en ese proceso, se olvidan de las consecuencias, tal vez porque no saben manejarlas (¿no estaré siendo yo demasiado benévolo?), o no pueden manejarlas, o no les interesa manejarlas, o les importa un pepino angolo lo que pase por no manejarlas.  Total, el que venga atrás… ¡arrégleselas como pueda!

“Y no hace falta entrar en lo que sucede cuando ‘el que viene atrás’ tiene que enfrentar las consecuencias de las acciones de otros—o la falta de las mismas.  Las estamos viendo en los periódicos, las estamos escuchando cada mañana por la radio, las estamos viendo en la televisión al atardecer, en todo su ‘glorioso’ detalle.”

Habrá que esperar a ver lo que resulte de la gestión de la “Mesa de Acción para la Competitividad y Crecimiento”, aun cuando yo, en lo personal, no estoy muy convencido de que se haga caso de alguna de las 108 propuestas sometidas hasta el día en que escribo esto.  Tal vez será que este ejercicio resulte ser apariencia, una ilusión de que se quiere hacer algo por rescatar a un país del borde de un abismo, al que no fue necesariamente de muy buena gana.

Y vamos a dejarlo ahí…


No, todavía no.  Porque no puedo ni debo pasar por alto el bochornoso incidente de hace unos días, en el que se reveló la existencia del vídeo de un acto íntimo entre 2 oficiales de la Policía de Puerto Rico, dama y caballero (para que no se me equivoque nadie).  Dentro de una instalación oficial (que al día en que escribo se dice que fue en una de las facilidades anexas a “La Fortaleza”, el palacio de gobierno de Puerto Rico).  En tiempo oficial.  Con ambas personas vistiendo el honroso uniforme de la Policía de Puerto Rico—uniforme que tras esta acción, se habrá visto bastante manchado (y por favor, no tomen el comentario más allá del sentido simbólico en el que lo hago).

Francamente, ¿en qué estaban pensando ambos agentes del orden público?  (Y por favor, no empecemos a filosofar sobre la diferencia que hace la letra L en esa palabrita, ¿OK?)  Tal vez no les importó utilizar una facilidad gubernamental para su “sesión privada”, en lugar de ir a algún lugar más alejado donde pudieran dar rienda suelta a su pasión.  Tal vez no importó que—si es como se ha dicho—el hecho se hiciera en tiempo oficial, cuando compete atender la protección y la seguridad de los ciudadanos, ante una ola delictiva que se hace cada día más grave.  Peor aún, tal vez no les importó usar la vestimenta oficial de la Policía, la misma que se supone que se lleve como un símbolo de confianza, autoridad y respeto.

Y ciertamente, respeto fue lo menos que hubo por todas esas cosas.

Que nadie se sorprenda de que algunas personas no respeten a la misma Policía.  Si dentro de sus filas no hay respeto propio, ¿cómo puede pedírsele al resto de nosotros que respetemos a la Policía?

¡Simplemente, vergonzoso!


OK, ahora sí, ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

Lo importante es hacer el trabajo

English: Rainbow.
English: Rainbow. (Photo credit: Wikipedia)

Puede ser que yo lo haya mencionado en este blog y con el paso del tiempo se me haya olvidado que lo escribí—pero lo dudo.  De todos modos, a mí siempre se me ha dicho que después que yo haga mi trabajo con dedicación y responsabilidad, todo lo demás no debe importar.  Y yo siempre he encontrado que ese principio es más que razonable y debe aplicarnos a tod@s l@s que trabajamos de día en día.  En el desempeño de nuestras labores no debe mediar más consideración que esa: realizar nuestro trabajo con total dedicación y responsabilidad, no importa quién se sea.  Hombre o mujer.  Novato o veterano.  Blanco o negro.  Católico o protestante o metodista.  Cristiano o musulmán o budista.  Creyente o ateo o agnóstico.  “Straight” o…

Tal vez alguien haga excepción con la última oración del párrafo anterior, especialmente por la implicación contenida en ella.  Tal vez se trate de una de esas personas que sin buscar una aspiración política particular viven en un estado… ¡de negación!

“Pero así es como están las cosas últimamente.  En una suerte de negación de una realidad: Puerto Rico nos pertenece a todos y todas: ricos y pobres, hombres y mujeres, niños y jóvenes y adultos y ancianos, familias tradicionales y familias ‘torcidas’… santos y pecadores por igual.  Y que todos y todas, en una u otra medida, ponemos de nuestra parte para enfrentar los retos de la vida, para echar el país hacia adelante.  Pero para algunas personas, sobre todo en las esferas del poder, eso no está ‘en el contexto correcto’…”

(“Es cuestión del contexto”, 21 de junio de 2009.)

Tal vez se trate de personas que se ven a sí mismas como “buen@s”, como las únicas personas buenas en el mundo, para las que todo lo que no se ajuste a su particular visión de mundo no es bueno.  Son la clase de persona que, como he escrito en otras ocasiones,

“…por un lado echan bendiciones, pero por el otro buscan destruir a quien no se amolda a su mundo perfecto.”

(“Todos somos… ¿quién?”, 9 de diciembre de 2012.)

“Y lamentablemente, los que se hacen creer que son ‘los buenos’, que son mejores que los demás, son los que están llevando la voz cantante.  Y eso debe preocuparnos a tod@s, a quienes queremos un mundo más justo.  Y eso es algo que debemos procurar.  Por nuestro propio bien, y por el de nuestr@s herman@s, especialmente aquell@s a quienes hoy vemos como ‘diferentes’, pero que igual son seres humanos, como ustedes y como yo.  Y esa es la realidad, gústele a quien le guste.”

(“Un tiempo para odiar”, 29 de septiembre de 2012—levemente editado.)

Pues sí, eso es más o menos lo que se ve en el debate reciente sobre los dos proyectos legislativos que procuran impedir el discrimen en el reclutamiento para empleo contra personas que no encajan en el molde tradicionalista de lo que es una persona normal.  Contra esas personas a quienes el burdo prejuicio desestima como “torcid@s”,  a quienes se prefiere mantener como el objeto de mofa favorito de una sociedad supuestamente decente y dedicada a “los valores”.  Valores que tanto se predican, porque ello sale más fácil que ponerlos en práctica.

Comoquiera, la realidad es que en varios países del mundo se está empezando a legislar para que a estos sectores marginados por su orientación sexual—es decir, los homosexuales, las lesbianas, los transexuales, los transgénero y sectores afines—les cobije la misma protección de sus más elementales derechos, que las leyes de esos países reconocen para todos sus ciudadanos.  Es más, déjenme hacer hincapié: PARA TODOS SUS CIUDADANOS.  No para sólo unos cuantos.  No para sólo aquellos que sean afines a un régimen político en particular—se llame de derecha, de centro o de izquierda.  No para sólo el (la) que se la pasa diciendo a voz en cuello “Señor, Señor” (como si repetirlo “ad-nauseam” le ganara automáticamente el pase al cielo), mientras luce en sí mism@ las riquezas que tanto dice repudiar.  No para sólo los más adinerados.  No para sólo los bonitillos o las chicas “wow”.  PARA TOD@S.

Y no parece que Puerto Rico sea la excepción a esta nueva tendencia.  Algo que parece preocupar a personas como las que describo en las citas a ciertas entradas anteriores de mi blog.

Pero debe quedar clara una cosa: no me estoy refiriendo a aquella gente buena—¡y la hay!—que cree firmemente en los valores de la tradición judeo-cristiana y que los practica diariamente, haciendo con ello un bien para sí misma y para la sociedad en general.  A quienes me refiero con todas estas citas es a quienes prefieren vivir en una eterna mentira, o creyéndose sus propias mentiras, o construyéndose a su alrededor una casa de naipes que bien puede correrse el mismo riesgo que la casa construida sobre arena en vez de sobre roca (con el resultado que se expresa en el capítulo 7, verso 27 del Evangelio según San Mateo, o en el capítulo 6, verso 49 del Evangelio según San Lucas).

“(¿Se imaginan algo así como una de esas antiguas películas episódicas de ‘Buck Rogers’, en las que el enemigo máximo en lugar del Emperador Ming sea un homosexual ‘salido del closet’? ¿Cómo será eso de batallar contra una ‘loca arrebatá’ y sus hordas y testaferros para salvar la santidad de la familia… o cualquier otro motivo para el que ‘la familia’ sirva de escondite?)”

(“Episodio 100: De regreso a la calle”, 29 de agosto de 2005.)

“¿Cuántos ejemplos similares no vemos a diario aquí en Puerto Rico, de quienes se obstinan en vivir de las mentiras—ajenas o propias, o ajenas y propias—que llevan en su interior?  ¿De quienes se empeñan en atacar a quienes no se ven igual que ellos, no piensan igual que ellos, no ostentan los mismos ideales que ellos, no son iguales que ellos?  ¿De quienes se han alimentado mil veces con la misma mentira, para aceptarla como una verdad absoluta, y también para imponerla a los demás como si con ello estuvieran ‘salvando’ a la humanidad de su propia destrucción?

“Queramos o no, ésa es una clase de animal más peligroso que cualquiera otro que pueda estar suelto por ahí.  Lo importante es estar alerta al peligro siempre, y saberlo enfrentar.”

(“(Otros) animalitos (aún más) peligrosos”, 22 de diciembre de 2008.)

Yo creo que no lo podía haber dicho mejor que eso.

Volviendo al tema de los proyectos sobre discrimen en el empleo, para mí, la cosa debe reducirse a un compromiso entre el patrono y la persona a la que se va a emplear, en el cual se haga hincapié en el respeto mutuo entre las partes.  El patrono bien podría respetar la persona a la que se contrata, con base en sus capacidades y destrezas laborales, para realizar unas funciones—sin importar su raza, sexo, religión o creencias (o falta de las mismas), orientación sexual, etc.  Pero el (la) emplead@ prospectiv@ debe entender que durante 7½ a 8 horas del día estará realizando una tarea para la organización que le contrata, dentro de un ambiente profesional, el cual debe ser mantenido y respetado.  Y debe haber el entendimiento entre ambas partes de que lo importante durante esas 7½ a 8 horas laborables es realizar el trabajo por el cual el patrono paga a ese (esa) emplead@.  Cualquier otra consideración es aparte y se debe dejar fuera del portón de entrada al lugar de trabajo.

Yo creo de manera firme en lo que indico en el párrafo anterior.  A mí, en lo personal, no me debe ir ni venir lo que la persona haga con su vida fuera de las 7½ a 8 horas laborables, en tanto ello no interfiera con el ambiente profesional que debe imperar en el lugar de trabajo durante esas horas.  Y sé que hay gente talentosa y trabajadora que puede dar lo mejor de sí en el ambiente laboral, ya sea que su estilo de vida me guste o no.

Por supuesto, como ya vimos, debe haber un compromiso de parte y parte para que ello sea así.  Pero lo que no debe haber es el rechazo irracional contra una persona, sólo porque sus inclinaciones, de la índole que sea, le incapaciten de facto para ocupar un puesto para el que por lo demás está debidamente capacitad@.

Lo importante, insisto, es que la persona pueda cumplir y hacer el trabajo para el cual está capacitada, con total dedicación y responsabilidad.  Lo que esa persona haga con su vida fuera de horas laborables, es lo que esa persona hace con su vida.  Esa es su responsabilidad—y de nadie más.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

Hoy es un buen día para…

Sunrise at San Vito Lo Capo, Sicily (Italy)
Sunrise at San Vito Lo Capo, Sicily (Italy) (Photo credit: Wikipedia)

“Hoy es un buen día para…”

Esa es una frase interesante.  Implica que el de hoy es un día favorable para hacer eso que queremos hacer ya, o que hemos querido hacer por mucho tiempo.  Un día en el que todos los elementos parecen unirse para favorecer la realización de las tareas del hogar, la salida a la playa o al parque o al cine o a tomarse un helado o una taza de café junto a nuestra familia o nuestras amistades, o para planear ese viaje que queremos darnos en crucero por el Caribe, o en avión a visitar a nuestra gente “de la banda allá” o a explorar otros países, otras culturas, otros mundos distintos al nuestro.

Lamentablemente, para quienes tienen sus propios intereses en mente y a quienes no les entra el concepto de la responsabilidad que deben tener para con el resto de nosotros, también es un buen día.  Un buen día para despojar a los demás de aquello que se ganaron trabajando honestamente.  Un buen día para imponerle “respeto” a la persona a quien se pretende despojar de ese bien, para hacer valer ese “respeto” por la fuerza del plomo y la pólvora (será porque así le es más fácil, según su limitada mentalidad).  Un buen día para huir con aires de triunfo, botín en mano, sintiéndose como el rey del mundo, mientras queda atrás quien se negó a rendirle pleitesía, muerto o esperando el final de la agonía.

(Aparte: me pregunto si eso mismo era lo que pasaba por la mente del presunto asesino de 12 personas que habían ido inocentemente a ver el estreno de la más reciente película de Batman, la medianoche del 20 de julio de 2012 en Aurora, estado de Colorado.  Que tenía que imponerles “respeto” a fuerza de gas lacrimógeno, plomo y pólvora.)

O también puede ser un buen día para decirle arrogantemente al resto del mundo que les importa tres carajos lo que piense el resto del mundo y mostrarle “el dedo malo”, que ellos son “los que mandan” y que mejor no se metan con ellos, ni siquiera para defender el honor de una chica en medio de una fiesta juvenil (si se merecía—o no—que le defiendan su honor, ya eso es otra cosa).

(Posiblemente también les importará tres carajos que los utilicen como gancho publicitario para una causa política—como la del referendo previsto para el mes próximo, en el que se propone enmendar la constitución de Puerto Rico para limitar el derecho a fianza a los acusados de ciertos tipos de delito violento—, pero ya eso es asunto de políticos oportunistas que le otorgan el derecho al voto a los confinados, y que no se pueden quejar después cuando éstos les pasan la cuenta.  Total, para eso están los demás…)

Pero tal vez éstos no son los únicos para quienes es un buen día.  Porque también es un buen día para quienes salieron a realizar una encomienda encargada por quienes confían confiaban (aunque me sospecho que aún confían) en ell@s, y en lugar de eso deciden hacer otra cosa.  Un buen día para proponer medidas que además de limitar los derechos de los ciudadanos—como cualquier profesional que conoce del tema lo puede ver, hasta en la oscuridad de la noche—no deben ni de considerarse, si se va a confiar en la discreción de los jueces para poderlas implantar.  (Y esa misma discreción judicial, como ya hemos visto en ocasiones anteriores como ésta, ésta o ésta, ha traído resultados bastante funestos.)

Un buen día para crear una legislación que me favorezca en la adquisición de una propiedad (digamos, una casa) a través de un programa de ayuda a quienes no tienen ni el acceso ni los privilegios que tiene un político, mientras que a esas personas que no tienen ni ese acceso ni esos privilegios se les hace difícil conseguir una vivienda que no cueste más de los US$150’000 que se piden como un incómodo “mínimo” (habiendo por ahí tanta vivienda disponible para la venta… ¡comenzando en los “bajos” US$400’000!).

Un buen día para aprovechar ilegalmente los servicios públicos como electricidad y acueducto y conectarlos a un comité político del candidato a la alcaldía de algún municipio, para después salir a la calle a gritarle al mundo que eso no es nada ilegal—digo, a menos que no sea un Juan del Pueblo cualquiera, o una comunidad pobre como Villas del Sol, porque si no… ¡que se cuiden!

Parecería que hoy es un buen día para muchas cosas negativas y destructivas.  Pero, ¿no debería ser hoy un buen día para cosas positivas y constructivas?  ¿Y que debería haber más de estas últimas que de aquéllas?  Tal vez debemos comenzar por ponernos de pie tod@s l@s que creemos en la capacidad del ser humano para mejorar su situación.  Tal vez debemos comenzar a pensar y actuar nosotr@s mism@s, y dar los pasos que nos ayuden que ayuden a mejorar nuestra situación colectiva, especialmente en lo que ello ayude a mejorar la vida de quienes más sufren los embates de la injusticia.

Y tal vez esos pasos no sean lo que algunas personas de limitada perspectiva—especialmente quienes creen que la dádiva monetaria federal lo resuelve todo—desearían ver.  Pero no creo que haya más alternativa.

Y eso tal vez inquiete a algunas personas más, especialmente para quienes la lealtad a un partido o un ideal—ya sea noble o burdo—sea lo que le da su razón de ser en la vida, su savia vital.  Y esas personas deben saber desde ya que no tendrán ni la ilusión de un descanso tranquilo, porque esos días de gozar de impunidad mientras que el resto de nosotros paga caro los platos que ellos han estado rompiendo por varias décadas—y aún los rompen—se acabarán tarde o temprano.  (Y ahora me digo yo, ¿será por eso que nuestros pseudolíderes quieren que se apruebe un nuevo código penal que castigue—hasta con 3 años de cárcel—a quienes bien o mal osen interrumpir las “sagradas” funciones de una Asamblea Legislativa que ha tirado su prestigio y su respeto propio a la basura?  ¡Lo que hace la irracionalidad y el miedo!  ¡Lo que hacen el servilismo y el culto a la partidocracia!  Pero allá ell@s con su conciencia… ¡si la tienen!)

Definitivamente, hoy es un buen día para pensar en las cosas que evidentemente andan mal—muy mal—malísimo—terriblemente mal—y buscar la manera de corregirlas, de buscar hacer el bien.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

Soy Luis Daniel Beltrán… ¡y yo apruebo esta entrada!  Pulgar hacia arriba

Ser o no ser puertorriqueño

Flag-map of Puerto Rico
Flag-map of Puerto Rico (Photo credit: Wikipedia)

“To be, or not to be, that is the question:
Whether ‘tis nobler in the mind to suffer
The slings and arrows of outrageous fortune,
Or to take arms against a sea of troubles
And by opposing end them….”

(“Ser o no ser, esa es la cuestión:
si es más noble para el alma soportar
las flechas y pedradas de la áspera Fortuna
o armarse contra un mar de adversidades
y darles fin en el encuentro….”)

William Shakespeare (1564–1616), La Tragedia de Hamlet, Príncipe de Dinamarca (según Wikipedia, escrito en algún punto entre 1599 y 1602), Acto Tercero.  (La traducción al español no es mía—¡para variar!—, sino de La Máquina del Tiempo, de donde la obtuve el 13 de mayo de 2012.)

Saludos, amigas y amigos, mi gente.

Recientemente comenzamos a ver por ahí una campaña publicitaria, de cara a las elecciones generales puertorriqueñas (que por una de esas “casualidades” de la vida se celebran el mismo día que las elecciones presidenciales estadounidenses, esta vez el 6 de noviembre de 2012), por medio de la cual se pretende “definir” lo que es “ser puertorriqueño”.  De acuerdo con la campaña lanzada el 25 de abril de 2012 por el Partido Nuevo Progresista (PNP),* actualmente en el poder, se procura resaltar los valores que caracterizan a esa colectividad por medio de las cinco expresiones que enumero a continuación:

  • “Ser puertorriqueño es no rendirse”;
  • “Ser puertorriqueño es ser responsable y decidido”;
  • “Ser puertorriqueño es decidir con valentía”;
  • “Ser puertorriqueño es hacer, no criticar”; y
  • “Ser puertorriqueño es respetar a tu familia.”

La verdad es que cuando leo algo como esto me digo lo interesante que es ver cómo se habla de una serie de valores que, según su propio “track record”, son los que menos practican sus propios líderes (como han podido ver en ocasiones a través de este blog).  Pero, ¿qué tal si lo seguimos, shall we?

(OK, aguántenme con una camisa de fuerza, si quieren, pero aquí va el maldito clisé.)  Como es de suponerse, las reacciones no se hicieron esperar, en especial en las redes sociales y los medios informativos independientes.  Una de las reacciones más interesantes es la de la periodista Sandra Rodríguez Cotto en el blog, 80grados.net.  Entre otras cosas, Rodríguez Cotto reseña en su nota de dónde viene la idea de un partido político por lo demás asociado con la propuesta de anexar a Puerto Rico como el quincuagésimo primer (para l@s que se les hace difícil entender eso, “51”) estado de los EE.UU., de utilizar (¿no será más bien “manipular”?) imágenes y mensajes asociados con la puertorriqueñidad para su propio mensaje.  Y por supuesto, no faltó quien sugiriera “valores” adicionales que también caracterizan a esa colectividad—algunos dirían que más fielmente que los de la campañita ésa—y que bien pudiera haber aprovechado para proclamarlos a los cuatro vientos.  (No es que con el “track record” al que me refería hace un  momento no los estén proclamando a los cuatro vientos, pero ya eso es otra historia.)

De todas maneras, si algo bueno se puede decir de todo esto, es que una situación como ésta nos pone a pensar en lo que somos—algo que he estado haciendo una y otra vez desde que empecé a ver esa campaña en mi ruta de la casa al trabajo y del trabajo a la casa.  Y sí, hay muchas cosas que se podrían decir de lo que es ser puertorriqueño.  Por ejemplo, para mí, ser puertorriqueñ@ es:

  • Ser honesto;
  • Ser decente;
  • Ser cumplidor (o cumplidora) y honrar los compromisos;
  • Ser responsable, consigo mismo y con los demás;
  • Solidarizarse con los demás, tanto en los momentos felices como en las amarguras (y eso lo hemos visto en tantas temporadas de huracanes, y en tantas situaciones como la de nuestros hermanos haitianos);
  • Respetar una autoridad llevada con el mismo respeto y la misma dignidad que se nos exige a los demás (algo que difícilmente podemos ver hoy en día cuando, por ejemplo, hay quien no respeta el ordenamiento del tránsito vehicular);
  • Actuar de buena fe, sin maldad, evitando engañar y herir a los demás (y en el proceso, a sí mismo), teniendo en cuenta que toda acción, buena o mala, tiene sus consecuencias—y algunas de esas consecuencias pueden llegar a ser lamentables;
  • Llamar la atención sobre Denunciar todo aquello que esté mal, sin importar de quién o de dónde venga, para que se corrija y no se repita.  Algo muy diferente a la implicación de “hacer, no criticar”, pero que tampoco es criticar por criticar, sino alzar la voz aunque se moleste quien se moleste, para ayudar a que la vida sea mejor para tod@s.

Hay muchas otras cosas que podría añadir a lo que estoy enumerando arriba (y para eso estarán los comentarios a esta entrada), pero para mí lo más importante es esto: Ser puertorriqueño es mucho más que una expresión propagandística, en la que se trata de reducir a poco y simple unos valores que tanto se predican pero poco se practican—especialmente cuando quienes más los predican son quienes menos los practican.  Es algo con lo que nacemos en esta mi bendita tierra.  Es algo que se lleva de corazón.  De todo corazón.

Y eso es algo que quienes no se sienten cómodos en su propia piel, quienes no tienen el orgullo de ser lo que deberían ser y no son, quienes se engañan a sí mismos tratando de ser algo cuando en realidad no son nada (como bien lo plantea—en otro contexto, claro está—Gálatas, capítulo 6, verso 3), no lo entenderán ni lo apreciarán nunca.  ¡NUNCA!

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


* Por cierto, mientras buscaba la dirección de la página web oficial del PNP para poder hacer la debida referencia (y eventualmente, para corregir el enlace en la columna lateral del blog), se me ocurrió entrar en mi navegador (Mozilla Firefox, por si lo quieren saber) la siguiente secuencia: “pnppr.org”.  Cuánta no sería mi sorpresa (¡otro odioso clisé… aaaaargh! Echando humo ) cuando lo que salió fue esto:

(¡No se rían, por favor!)

Definición de 'corrupción' según el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE).

Francamente, yo no sé en qué está pensando la persona a la que se le ocurrió esta lindeza, al asociar una organización política puertorriqueña… esteeeeeeeeee… ¡con la diarrea!  ¡Cosas veredes, Sancho!


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