Derribando un oso blanco sin que sea asunto de nadie más

A veces, cuando me tomo un receso (en buen español boricua, un “break”) de mis labores, me pongo a mirar por un momento el mundo que está más allá del ventanal del piso o nivel del edificio de mi oficina.  Cierto es que tener actualmente frente a mí parte de los distritos sanjuaneros de Río Piedras y Hato Rey, no compensa el mar que tanta falta me hace mirar, como cuando estaba en Puerta de Tierra hasta hace unos 8 años.  Pero por lo menos con mirar las áreas verdes cercanas a mi oficina me basta.  Aunque las mismas estén rodeadas—casi ahogadas, diría yo—por las urbanizaciones alrededor, la vía elevada del Tren Urbano, un cementerio, y un poco más hacia el fondo, el enorme edificio de lo que fue en su momento la Penitenciaría Estatal de Río Piedras, construida entre 1927 y 1933.  O, como much@s la conocemos “afectuosamente”, el Oso Blanco.

Antigua Penitenciaría Estatal de Río Piedras («El Oso Blanco»), situada entre las carrerteras PR-18 (Avenida Las Américas), PR-21 y PR-1 y la Avenida José de Diego en Río Piedras.
Antigua Penitenciaría Estatal de Río Piedras («El Oso Blanco»), situada entre las carrerteras PR-18 (Avenida Las Américas), PR-21 y PR-1 y la Avenida José de Diego en Río Piedras.

Sí, ese complejo de edificios que se ve hacia el centro de la foto, con tres urbanizaciones a su costado derecho (Este) y varios desarrollos más a su alrededor.  Lo que en sí habrá sido problemático para los residentes, cada vez que se daba alguna fuga de confinados o algún incidente entre confinados y guardias penales.  (Y sólo por eso, yo no le hubiera ubicado desarrollos residenciales demasiado cercanos o a su alrededor, pero ya eso es otra historia.)

Pues bien, ahora resulta que ese mismo complejo de edificios que se aprecia en la foto aérea de arriba, de la noche a la mañana se ha visto en medio de una controversia.  No por una fuga de confinados más o menos peligrosos.  No por una rebelión de los confinados, de ésas que las organizaciones que los agrupan allí adentro organizan cuando tienen agravios—unos con razón y otros sin razón—para los que exigen reparación.  NO.  Porque ya el Oso Blanco cumplió hace tiempo con su función y ya no se está utilizando como institución penal.  Y allí ya no hay presos que se fuguen o que se rebelen.

Ahora es porque están derribando al Oso.  Pero, ¿para dar paso a qué?

Cierto es que se ha hablado de planes grandiosos, como el que se barajaba durante la época de la “emergencia fiscal” en la administración de gobierno anterior, de desarrollar allí una “ciudad de las ciencias”.  Algo que complementara el proyecto de Ciencias Biomoleculares de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Ciencias Médicas, cuya única cara visible en estos momentos es un edificio con paredes exteriores de vidrio—lo que me imagino que vendrá “súper bien” en caso de que a Puerto Rico lo azote un huracán durante la temporada que se avecina—y una ampliación vial que no parece terminar nunca o parece que se está haciendo sin mirar bien lo que se hace.

Si no me lo creen…

Carretera PR-8838 en el Barrio El Cinco de Río Piedras, frente al Edificio de Ciencias Biomoleculares de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Ciencias Médicas. Foto tomada el 13 de octubre de 2013 a las 9:28 AM (1328 UTC).

Esta foto la tomé la mañana del 13 de octubre de 2013, frente a lo que deberá ser a su debido tiempo el estacionamiento del Edificio de Ciencias Biomoleculares (detrás del matorral a la derecha).  Se supone que esto sea un carril adicional de la Avenida Ponce de León, donde ésta sigue la ruta de la carretera PR-8838, en dirección hacia el barrio Cupey.  ¿Notan algo raro?  Como que hay 2 postes del tendido eléctrico “metidos” en la futura vía de rodaje, ¿no?  ¿Y me creerían si les digo que a la fecha en la que escribo esta entrada (¡32 semanas después!), el lugar sigue igual que como lo retraté entonces?*

Pero volviendo al tema, a la fecha en la que escribo hará un par de semanas que comenzó una obra de demolición de la estructura principal del Oso Blanco.  Tanto la demolición como el propósito de la misma han estado escondidos bajo un manto de silencio y secreto.  Como si cualquiera que fuese el propósito de “la misión” corriera peligro si el público supiera el porqué de la misma.

Y ese manto de secreto no le ha caído bien a mucha gente, por ejemplo, a los arquitectos profesionales licenciados y colegiados.  Porque no se ha querido dar explicaciones en público.  Porque no ha habido ni la cortesía de explicar por qué un edificio que—queramos o no—cumplió una función importante para la sociedad puertorriqueña, al alojar a quienes fueron encontrados culpables de transgredir las normas de esa misma sociedad (por las razones que fueran), debe ser borrado de la faz de la tierra.  Como si fuera un borrón que afea el paisaje urbano y debe ser eliminado.  Como si la sola presencia de la estructura fuera tan amenazante como los más violentos de sus huéspedes—aquéllos que no mostraron arrepentimiento por sus transgresiones ni voluntad para rehabilitarse (y ésa es la realidad, nos guste como sociedad o no).  Como si ese complejo de edificios anidado entre urbanizaciones, carreteras y otros desarrollos no mostrara arrepentimiento por haber almacenado a esa parte del género humano que—seamos honestos y admitámoslo—nadie desea volver a ver por ahí.

Tal vez sea que alguna de esa misma gente que repudia esa fealdad no tiene la capacidad para ver la belleza en la fachada de la institución, con la que por lo menos se mantenía una semblanza de algo estético dentro de todo lo tétrico.  Fachada adornada con un mensaje noble—para quien quiera recibir y asimilar ese mensaje: “Odia el delito y compadece al delincuente”.

Pero a riesgo de exagerar un poco, a much@s de nosotros el asunto huele más que nada a especulación.  A un afán de especular con el valor económico de un terreno, irónicamente, en un momento de crisis económica.  Y esa especulación requiere que el terreno esté “limpio” de obstáculos, libre de cualquier impedimento que disminuya su valor en un apetecible mercado inmobiliario.

A mí, con toda franqueza, no me sorprendería si ésa es la razón para tanto misterio, para tanta urgencia de demoler el Oso Blanco, sin darle explicaciones a nadie, sin que haya una transparencia en los procesos que llevaron a determinar que se procediera de esta manera.  Y en eso, las administraciones políticas puertorriqueñas, del partido que sea (PPD o PNP), no son muy diferentes, le guste a quien le guste.

Pero es así como se hacen las cosas en este país.  Por satisfacer el afán de lucro se trata de borrar la historia de un plumazo.  Como si eso borrara un pasado nefasto.  Como si eso fuera “por nuestro bien”—aunque quién sabe cuántas maldades se esconden detrás de ese pretendido bien.  Porque ese pretendido bien es lo único que a nosotr@s nos tiene que importar.  Eso, y ninguna otra cosa.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y sean personas razonables.


* NOTA PARA REÍRNOS UN POCO: ¿También me creerían si les digo que la de los 2 postes mal ubicados es una de las 2 fotos más populares de las que tengo colocadas en mi cuenta de Instagram?  Debe ser porque tiene características de un clásico y miserable “FAIL!”, al que sólo falta escribirle el “meme”.  Es más, tengo una idea: si fracasa todo el proyecto en medio de una economía tan pésima como la actual, me gustaría proponer este lugar como la sede del nuevo evento olímpico de… redoble de tambores, por favor… ¡SLALOM DE CARRETERA! Thumbs upThumbs down 

La otra foto es la de mi reciente primer experimento culinario—o sea, como cocinero, no sean malpensados—friendo sorullos de maíz (y si alguno de mis lectores fuera de Puerto Rico no recuerda lo que son los sorullos de maíz, lo refiero a la segunda nota al final de una entrada anterior en este blog)…

Mi primera experiencia culinaria cocinando sorullos.

Digo, para ser mi primera vez (friendo sorullos, que conste) no estuvo tan mal.  Lo interesante es que esta foto parece ser la sensación entre muchas de las chicas que me siguen en Instagram… y uno que otro “chico” que me sigue también.  Eye rolling smile  Pero bueno, siempre y cuando en los comentarios yo no vaya a encontrar algo así como… Embarrassed smile … esteeeeeeeeee…

“¡Ay, papi!  ¡Qué rico tu sorullo!  ¡Rico rico rrri-cooooo!  ¡A que te lo como todito!  Red lips

… esteeeeeeeeee… ¡estaremos muy bien!


ACTUALIZACIÓN (27 DE MAYO DE 2014): Yo creo que les debo la foto de lo que mencioné al comienzo de la entrada:

Vista del Oso Blanco (hacia el centro, a la izquierda) desde el Edificio de Agencias Ambientales, Río Piedras, Puerto Rico). (c) 2014 Luis Daniel Beltrán Burgos. Derechos reservados.

En esta vista, el Oso Blanco queda detrás de la vía y la estación de Cupey del Tren Urbano.  Me imagino que si los intereses detrás de la demolición de la estructura se salen con la suya, el paisaje se verá muy diferente a como se veía esta mañana cuando tomé la foto.


ACTUALIZACIÓN (11 DE JUNIO DE 2014):

El Oso Blanco, o lo que queda del mismo, al 11 de junio de 2014.

Además de mostrar la necesidad de que vengan los de mantenimiento y le den una buena limpieza al ventanal del edificio donde yo trabajo… Annoyed … la foto muestra por dónde va la demolición del Oso Blanco.  Para que la comparen con la foto anterior y lleguen a sus propias conclusiones.


LDB

El día en el que la música y la magia se nos fueron

Muchos años después, yo recordaría aquella experiencia vivida durante “los setentas”, de ver a Cheo confesar su verdad en un anuncio de servicio público por televisión.  Ver cómo admitía haberse dejado seducir por las drogas.  Ver cómo se sinceraba al admitir que ello le había costado su libertad.  Ver cómo dijo que tuvo que dejar esa adicción: “romper en frío”.  Así, de cantazo.  Con todo el dolor que representa la abstinencia de la heroína y quién sabe qué otra sustancia más.  Con esa agonía, esas ganas de que todo se acabe pronto, que el suplicio termine ya.  ¡YA!  Para entonces admitir de todo corazón que no quería que eso le ocurriera a nadie más y entonces proclamar, “¡Detente!  ¡Ni una vida más para la droga!”*

(Por supuesto, de mi diario caminar por la vida, sé que una cosa es el llamado y otra muy distinta es el caso que se le haga.  Pero ya eso es otra historia.)

Pero esa sería una de muchas cosas que yo recordaría ese Jueves Santo.  Como el dueto que Cheo hizo con su compueblana, la diva (dicho en el mejor sentido que pueda tener esa palabra) ponceña Ednita Nazario, para otro anuncio televisivo de servicio público.**  Y digo lo que sigue sin que quede me nada por dentro: 2 de las mejores voces de Puerto Rico, unidas para exhortar mediante la canción a preocuparnos por nuestra gente, por quienes necesitan de nuestra mano para poder atender sus situaciones difíciles y salir a flote en la vida.  Tal vez todo lo que faltaba en medio de un anuncio hecho tan elegantemente y tan en serio, fuera que Cheo lanzara su grito característico de… “¡FAMILIA!”  Pero aun si así lo hubiera hecho, ello hasta se le hubiera aplaudido.

Y muchos años después, en la mañana de ese 17 de abril de 2014, en el que quedé atónito al leer en mi teléfono inteligente que José Luis Feliciano Vega… sí, ése mismo, Cheo Feliciano, había fallecido en un accidente vehicular ocurrido en el área sanjuanera de Cupey a eso de las 4:15 AM (08:15 UTC), a poca distancia de su residencia, se lo aplaudiría también.

La tachuela roja marca el lugar donde ocurrió el accidente vehicular en el que falleció el cantante José Luis "Cheo" Feliciano Vega el 17 de abril de 2014 a las 4:13 AM (0813 UTC). El lugar está a unos 100–200 metros del puente de la Avenida Ana G. Méndez (carretera PR-176) sobre el Río Piedras y a unos 600 metros más o menos de la Universidad Metropolitana (UMET).
La tachuela roja marca el lugar donde ocurrió el accidente vehicular en el que falleció el cantante José Luis “Cheo” Feliciano Vega el 17 de abril de 2014 a las 4:13 AM (0813 UTC). El lugar está a unos 100–200 metros del puente de la Avenida Ana G. Méndez (carretera PR-176) sobre el Río Piedras y a unos 600 metros más o menos de la Universidad Metropolitana (UMET).

Pero no, ése no era un momento para aplaudir.  Sobre todo porque la revelación era doblemente estremecedora para mí.  Primero, porque antes de que empezaran las obras de construcción “en los alrededores de la estación del del Tren Urbano en Cupey”, yo solía pasar por ese lugar todos los días laborables al salir de mi trabajo (o de camino hacia éste, si el tránsito no era el normal de los días de semana, cuando se formaban los molestos “tapones” a la entrada de la Universidad Metropolitana o UMET).  Peor aún: ¡yo había pasado por el mismo lugar 2 días antes, cuando los estudiantes de la UMET estaban de receso por Semana Santa (¿o sería el descanso post-Justas Interuniversitarias?) y el tránsito era liviano, para variar!  ¿Cómo yo podría imaginar que ese mismo lugar sería el escenario de una tragedia 2 días más tarde?

Pero lo segundo era más estremecedor.  No era ninguna broma pesada—algo impensable en un Jueves Santo (aunque uno nunca sabe).  Era la realidad que golpeaba duramente, como siempre lo hace, al saberse que Cheo había perdido el control de su auto y se había estrellado contra un poste del alumbrado eléctrico—y para colmo (y lo voy a decir aquí con el mayor respeto posible), ése no era el momento más adecuado para acordarse de tener abrochado el cinturón de seguridad antes de poner el vehículo en movimiento.  Y él no lo llevaba abrochado al momento del impacto.  Pero así son las cosas.

Y conforme lo confirmaban los medios que trabajaban ese día a pesar del asueto (y si alguien tiene alguna duda, vea lo que la periodista Sandra Rodríguez Cotto escribió de inmediato en su blog sobre la cobertura que hicieron los medios), esa realidad se hacía permanente, se grababa en piedra, y no había manera de evitarla.  Desde el príncipe hasta la cortesana, todo el mundo lo supo.  Hasta periódicos de la “distingancia” (¡de nada, doña Jacinta!) de The New York Times y el New York Daily News dedicarían notas a su deceso, notas en las que lo calificaban de elegante (o si lo prefieren en inglés, “debonair”), de icono, de leyenda de la salsa.

(Y si leyeron la entrada del blog de la señora Rodríguez Cotto mencionada en el párrafo anterior, se habrán dado cuenta de que el lugar del accidente prácticamente se convirtió en punto de peregrinaje para mucha de su fanaticada, una vez se dijo lo que allí ocurrió—y hasta de uno que otro encontronazo con las autoridades que estaban manejando la zona para no afectar su investigación.  Pero total, así es como comienza el culto a los grandes cuando nos dejan, digo, así es que me parece.)

Pero ésa no sería la única sorpresa que el destino tenía reservada para ese día.

Dos de mis obras favoritas de Gabriel García Márquez: 'Cien Años de Soledad' (1967) y 'Noticia de un Secuestro' (1996). Otra de mis obras favoritas de Gabriel García Márquez: 'El amor en los tiempos del cólera' (1985). Al lado, la versión cinematográfica de 2007 (dir. Mike Newell) en DVD.

“¡Y aquí se nos va otro!”, fue mi reacción al enterarme la misma tarde de que Gabriel José de la Concordia García Márquez, o mejor, el Gabo, el sinónimo del “realismo mágico”, había dejado de existir terrenalmente (y mientras escribo esto, no se ha establecido públicamente la causa del fallecimiento).  Y eso, que para mí no es común que 2 figuras públicas importantes terminen su estadía en este valle de lágrimas el mismo día.  (O por lo menos no desde el 25 de junio de 2009, cuando la actriz Farrah Fawcett había muerto en la mañana… sólo para verse opacada horas más tarde por la muerte del “rey del pop”, Michael Jackson—y nadie más acordarse de ella desde entonces (excepto quien quiera verlos mencionados en una entrada anterior).  Y gústele a quien le guste, esa es la verdad.  Pero como me lo dijo alguna vez un ex-compañero de trabajo, “no siempre se gana”.)

En ésas vinieron a mi mente recuerdos como el de mi primer encuentro con la literatura del Gabo, unos 30 y tantos casi 40 años antes, a través de la lectura del libro, Cien años de soledad (Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1967).***  Aún recuerdo mi fascinación con ese mundo tan extraño pero interesante, con sus sueños, esperanzas y tragedias, con sus personajes tan reales como lo absurdo que de sus vidas—alguno de los cuales me serviría de pie forzado para criticar la conducta de otros personajes más reales, pero que se comportan de maneras igual de absurdas.  (Después de todo, ¿no se supone que a eso se refiere la frase de Pirandello que yo uso en el “tagline” de este blog?)

Siempre será parte de mí y de lo que soy esa fascinación con una comunidad como la de Macondo, que puede ser cualquier comunidad latinoamericana, en pleno proceso de vida, que nace, prospera, decae y muere.

O qué decir de El amor en los tiempos del cólera (Bogotá: Editorial Oveja Negra, 1985), con un Florentino que persiste en alcanzar el amor de Fermina (la mujer que siempre amó), o más bien, que busca mantener viva la llama de la esperanza.  Total, ¿no es eso lo que perseguimos tod@s?  ¿Mantener viva esa misma llama?  ¿Quién dice que no?

O qué tal ese encuentro con el estilo de crónica que ayudó al Gabo a llegar a donde lo llevó su fama, a través de la Noticia de un secuestro (New York: Penguin Books, 1996), sobre el secuestro de figuras públicas prominentes por los narcotraficantes que alguna vez creyeron tener a Colombia bajo su bota.  (Otro duro golpe de la realidad de nuestros tiempos, de la realidad de nuestra América.)  Y pensar que tuve ese encuentro después de la insistencia de otro ex-compañero de trabajo (aunque muchos años después nos reencontraríamos trabajando en el mismo edificio, para entidades medioambientales distintas) de que lo leyera.  De hecho, una revelación que tuve con ese libro fue la de descubrir que cada quien usa a Dios y la religión a su manera, como lo ilustra la manera en la que los sicarios se persignan y hacen sus ruegos, pero no por lo que lo harían quienes verdaderamente creen en la bondad, la misericordia y el amor por los semejantes.

Por supuesto, que a fin de cuentas tengo que darle las gracias a mi ex-colega y hoy vecino de edificio por la insistencia.

Pero sea como sea, lo que yo me llevaría como lección de la partida física de dos grandes, distintos en su lar nativo y en su emprendimiento de vida, es apreciar lo que cada uno aportó al género humano.  Desde la precisión del soneo de Cheo hasta la destreza con la que el Gabo manejó la palabra, desde la elegancia con la que Cheo entonaba melodías románticas como “Amada Mía” (compuesta por José Nogueras) hasta el arte del Gabo para convertir una situación por demás absurda en una imagen con la que evocar la fantasía, y ambos asumiendo su responsabilidad de expresar el sentir de sus pueblos respectivos, de sus ansiedades, de sus esperanzas.  Y ciertamente, ambos seguirán vivos, muy vivos, en los frutos de sus respectivos esfuerzos y en el corazón de toda una humanidad agradecida.

Y por eso hoy, yo también quiero darles las gracias, a ambos, a Cheo y al Gabo, porque siempre serán parte de lo que soy y porque gracias a ellos puedo seguir aspirando a un mundo mejor.

Mientras tanto, quiero tomarme la libertad de cerrar como Cheo lo haría, al final de su interpretación de “Los Entierros”, de su compadre, Catalino “Tite” Curet Alonso (1926–2003)**** (con quien seguramente se habrá reencontrado—y lo más seguro es que allá se debe haber empezado a formar tremendo rumbón):

¡Buen viaje, Cheo!  ¡Buen viaje, Gabo!

¡Buen viaje!


* Por si acaso: Se trata de una campaña que el periódico El Nuevo Día tuvo durante la década de 1970, bajo el lema, “¡Ni una vida más para la droga!”, para crear conciencia sobre el significativo—ya para entonces—problema en el que la adicción a drogas se estaba convirtiendo.  (La misma también tuvo otra ejecución en la que el testimonio era el de nuestra Voz Nacional, Lucecita Benítez, pero ya eso debe ser tema para otra entrada.)

** También por si acaso: Se trata de una campaña de la entidad-sin-fines-de-lucro, Fondos Unidos de Puerto Rico (la afiliada boricua de United Way), emitida—si mi recuerdo es correcto—a mediados de la década de 1980.  No sé si haya algún vídeo de este anuncio en YouTube (dudo mucho que del de la nota anterior haya alguno), aunque sería buena idea investigar eso.  Si lo encuentro, les dejaré saber.

*** Aquell@s de ustedes que no se quieran pasar el trabajo de leer la obra completa, les interesará la descripción de la obra en Wikipedia (en español).

**** OK, una nota más: Aquell@s de ustedes que no conocen la letra de esa canción, les recomiendo que la vean en el enlace en el texto.


LDB

No es el cuento

Torre de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, al atardecer. © Luis Daniel Beltrán-Burgos. Derechos reservados.
Torre de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, al atardecer. © Luis Daniel Beltrán-Burgos. Derechos reservados.

“¿Qué digo yo de mí?  ¿Cuál vida me improviso para ustedes?  ¿La del quíntuple que recita «El duelo de la cañada» o «El brindis del bohemio»?, ¿la del amante empedernido?, ¿la del jugador empedernido?

[…]

“¡El cuento no es el cuento!  ¡El cuento es quien lo cuenta!”

(Parlamentos citados de la cuarta escena de Quíntuples, por Luis Rafael Sánchez [Hanover, NH: Ediciones del Norte, 1985].)

No hago más que citar las palabras del “irremediablemente bello” (según él se describe a sí mismo, que conste) «Mandrake Morrison» para mirar hacia atrás a una tarde a mediados de la década de 1980 (creo que fue en 1986), cuando tuve la oportunidad de ver una representación de los Quíntuples del escritor humacaeño Luis Rafael Sánchez en el Teatro de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.  Por entonces, la tarea de dar vida a estos personajes tan… ¿cómo lo digo?… tan complicados recayó en la actriz teatral y catedrática de “la iupi”, Idalia Pérez Garay, y en el excelente actor puertorriqueño Francisco “Paco” Prado* (que tras de la inesperada muerte de este último, años más tarde de aquella tarde, fue sustituido—también con gran éxito—por el también actor teatral y catedrático de “la iupi”, José Félix Gómez).  A Idalia le correspondía—y entiendo que le ha seguido correspondiendo en reposiciones ulteriores—interpretar a las tres féminas de esta progenie peculiar, mientras que a Paco (y ulteriormente a José Félix) le tocaron en suerte los dos varones, más el que lo habría hecho posible (¿me entienden?), “el divo” «Papá Morrison» (cuya escena es la sexta y última de la obra).

Había que ver con qué deleite y maestría se manejaba Paco por el escenario, navegando entre el patético «Baby Morrison», jaula en mano en eterna búsqueda de su gato «Gallo Pelón», el “irremediablemente bello” (¡y dale, que es tarde!) «Mandrake Morrison» y “el divo” «Papá Morrison».  Como si Sánchez hubiera escrito la obra pensando en él… aunque como Sánchez lo ha expresado en varias ocasiones desde entonces (por ejemplo, en este artículo de “En Rojo” de 2011 [en PDF], que encontré en la fuente en este enlace), la obra fue escrita pensando precisamente en Paco Prado.  Y aunque a su salida del escenario en aquella tarde, no bien pasados unos segundos después de pronunciar sus líneas sobre “el cuento” (precisamente las que cito arriba), se golpeó accidentalmente en el costado derecho con una pieza de utilería (y aún recuerdo el susto que pasamos quienes estuvimos presentes cuando eso sucedió), regresó ulteriormente como todo un PROFESIONAL para la última escena, para recordarnos al final—tanto él como su compañera de escena—lo que es verdaderamente el teatro, esa maroma de complicidad entre el público y los actores para crear una magia hermosa.  Y aún décadas más tarde, a mí me alegra haber sido parte de esa maroma de complicidad.

Por lo menos, la de esa tarde.

Pero a lo mejor ustedes—amigas y amigos, mi gente—se están preguntando a qué viene que yo saque del baúl esta experiencia personal.  (Además del siempre tan necesario desahogo, que conste.)  Pues bien, sucede que esto es lo que me viene a la mente cada vez que oigo tantos de esos cuentos con los que nos vienen a cada rato.

Francamente, hay veces que no estoy seguro de cuál es la “vida” que se está improvisando en esos cuentos.  La del optimista empedernido que nos dice que todo está bien, que se está “salvando” al país de una debacle económica, a pesar de que la realidad (la de que los inversionistas, principalmente los estadounidenses, siguen desconfiando de la capacidad puertorriqueña para cumplir con sus compromisos financieros) dice elocuentemente otra cosa.  O la del que quiere elevar el alma de los puertorriqueños hasta las estrellas, cuando la realidad es que la desilusión y el desengaño son más elocuentes—como la de la familia del niño que inocentemente se habrá dejado utilizar para la propaganda gubernamental de la “isla estrella”, para resultar después que esa misma familia ha tenido que emigrar a Orlando, Florida, en busca de un mejor futuro.  (Y que conste, aunque en una entrada anterior, yo me reafirmé que me quedo aquí para dar mi propia pelea, no le quito ni le añado a su derecho de irse a buscar un mejor futuro.  Total, tod@s tenemos necesidades que satisfacer.  Hasta el mismo Paco Prado tuvo que irse a buscar fortuna en “los niuyores”—¡con el agravante de que por allá le fue mejor que por acá!—, pero ya eso es otra historia.)  O la del que nos dice que está bajando la actividad delictiva en Puerto Rico, sólo para ver cómo decenas de vidas son terminadas de forma violenta (¡hasta 17 en un sólo fin de semana!) y entonces, en lo que luce más como una “perreta”, agarrar la juyilanga y dejarle el canto a alguien que pueda hacer un mejor trabajo.  (Digo, siempre y cuando se lo permita la cultura política que sólo ve la solución por la fuerza, en lugar de ir a las raíces del problema.)

Sí, son muchos cuentos.  Pero ése no es necesariamente el cuento.  Tal vez el [¡YA ESTÁ, NO VOY A REPETIR ESA FRASE AQUÍ!] «Mandrake Morrison» tiene la razón.  El cuento verdaderamente es quien lo cuenta.  Es y ha sido y será siempre el (la) mism@ cuenter@.  Que sea del PNP o del PPD da lo mismo.  Es quien parece vivir en una realidad paralela a la nuestra, en un universo paralelo al nuestro.  Un universo paralelo en el que el país se está salvando de años décadas de malos manejos económicos (de muchos de los cuales no se responsabilizan, ni tocándolos con una vara de 3 metros—o de 10 pies, lo que le dé la gana de que venga primero)’’; en el que la confianza de los inversionistas en la capacidad de recuperación económica de nuestro país nunca estuvo en duda (y quien diga lo contrario es un mentiroso, según esa mentalidad); en el que somos una “estrella” que puede aportar mucho al mundo, que hasta puede enseñar a jugar béisbol a los mismos que inventaron el “baseball”… sin que lo más talentoso de su gente se tenga que ir pa’ otro la’o en busca de suerte.

Son y han sido y serán l@s que pretenden crear una “magia hermosa” que esconda—y que l@s esconda de—la realidad que los demás vivimos a diario.  Son y han sido y serán l@s que pretenden crear una maroma de complicidad entre ell@s y nosotr@s, l@s espectadores/espectadoras que tenemos que aguantarle los cuentos que nos hacen cada día.  Y el precio que nosotr@s, l@s espectadores/espectadoras tenemos que pagar por esa maroma de complicidad se hace cada vez más costoso.

Ésa no es una maroma de complicidad de la que me alegre ser parte.  Pero gústele a quien le guste, ése es el cuento nuestro de siempre.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


* NOTA A MÍ MISMO: Cuando tenga un “break”, me gustaría averiguar por qué ca…ramba en la sección de biografías de la Fundación Nacional para la Cultura Popular no se ha incluido una biografía de Francisco “Paco” Prado.  Sea por lo que sea (y espero que no sea por haber hecho su carrera artística en la ciudad de New York), a mí me parece que no se está siendo justo con un SEÑOR ACTOR—así, con mayúsculas—de su excelencia y calibre, que gústele a quien le guste, aportó grandemente a la cultura de nuestro país.  Así que si a quien le compete está leyendo esto y le cae su agüita… séquese primero y póngase en movimiento, ¿OK?)


LDB

… o antes, de ser necesario: Una pérdida en la familia

“… llegar al extremo de segar dos vidas humanas, dos padres de familia… dos hombres que todo lo que querían era servir a su pueblo… y ¿para qué? […] ¿Para tener algo de qué echárselas, algo con que demostrarle al resto del mundo que tienen el poder sobre la vida y sobre la muerte, que están por encima de las consecuencias de sus acciones?”

Crime Scene
Image by freefotouk via Flickr

¡Una nota triste, mi gente!

Mientras me preparaba esta mañana (martes 23 de marzo de 2010) para dirigirme a mi trabajo en el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA), la radio me trajo la lamentable noticia de que dos miembros del Cuerpo de Vigilantes de Recursos Naturales que prestaban vigilancia en la sede de la agencia, habían sido asesinados a balazos en las primeras horas de hoy (aproximadamente a las 00:51 UTC –04:00), en medio de lo que hasta el momento en el que escribo esto se presume como un intento de robo.

Edificio de Agencias Ambientales Dr. Cruz A. Matos (sede del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales, la Junta de Calidad Ambiental y la Autoridad de Desperdicios Sólidos), Sector El Cinco, Río Piedras, P.R.
Edificio de Agencias Ambientales Dr. Cruz A. Matos (sede del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales, la Junta de Calidad Ambiental y la Autoridad de Desperdicios Sólidos), Sector El Cinco, Río Piedras, P.R.

Según los relatos de la prensa local (El Nuevo Día, Primera Hora), tres hombres que habían saltado sobre una verja del edificio tomaron de sorpresa a los dos Vigilantes, tras lo cual se produjo un intercambio de disparos, del cual los dos Vigilantes resultaron muertos y uno de los tres asaltantes quedó herido.  A pesar de que los asaltantes huyeron del lugar en el vehículo de uno de los dos Vigilantes muertos (al que se presume que le quitaron su arma de fuego reglamentaria), una confidencia anónima llevó a su arresto una hora más tarde en la madrugada.   Mientras tanto, a la pesquisa del asesinato por la Policía de Puerto Rico se han sumado las autoridades del gobierno federal, ya que aparentemente al ocurrir el robo violento de un vehículo de motor (“carjacking”) entra en juego la jurisdicción federal.

Sinceramente, aún estoy en “shock” al ver una noticia como ésta, que afecta directamente al lugar donde me desempeño cada día laborable.  Es sumamente lamentable, sobre todo si se piensa en que se trata de personas con las que he tenido o tengo que colaborar en alguno que otro momento, que tienen una misión de proteger los recursos naturales y el medio ambiente puertorriqueño, y a la vez orientar al público sobre la conservación y el cuido de dichos recursos para su disfrute.  Aunque es posible que se cuestione—como ya se ha cuestionado (El Nuevo Día, Primera Hora)—la necesidad de que un cuerpo especializado como el Cuerpo de Vigilantes de Recursos Naturales tenga que hacer las funciones que debería estar haciendo una compañía de seguridad privada.  Funciones que por los efectos de la Ley 7 del 9 de marzo de 2009 ya no puede realizar la compañía privada de seguridad que había sido contratada para ello, y que como dice mi ex-colega, el hoy Secretario de la agencia (y lo que acabo de escribir no es broma, ya que hace algunos años él era “uno de nosotros”), habrá que seguirlas haciendo.

Sea como sea, lo que me preocupa es el efecto que este incidente tendrá en muchos de quienes trabajamos en ese edificio, un edificio que ha visto su cuota de incidentes delictivos.  Hace apenas un par de meses, por ejemplo, un oficinista fue asaltado cerca del edificio mientras compraba un boleto de “la Lotto” en un negocio adyacente al edificio.  Y un par de años atrás, cuando el buen amigo “Nikolás del Pueblo” tenía su carrito de almuerzos frente al edificio, su vehículo fue objeto de un robo del que le llevaron dinero y algunos documentos.  Y si sigo contando, creo que no voy a acabar.  Pero llegar al extremo de segar dos vidas humanas, dos padres de familia—por lo menos uno de los Vigilantes occisos deja huérfanos a una niña y un niño de no más de 5 años de edad—, dos hombres que todo lo que querían era servir a su pueblo… y ¿para qué?  ¿Para apropiarse de algo con lo cual pagarían la próxima compra en el “punto” de drogas y alimentar su vicio?  ¿Para tener algo de qué echárselas, algo con que demostrarle al resto del mundo que tienen el poder sobre la vida y sobre la muerte, que están por encima de las consecuencias de sus acciones?

Para mí, eso es y seguirá siendo completamente inaceptable.

Termino por expresar a los familiares de los dos Vigilantes caídos en el edificio del DRNA  la madrugada del 23 de marzo de 2010, mi más profunda pena por lo ocurrido y mis más sinceros deseos de que Dios les dé la fortaleza necesaria para poder sobrellevar este momento tan amargo en sus vidas.  ¡Que así sea!

Nos vemos en la próxima entrada… ¡o antes, si es necesario!

LDB

Guerreros y justicieros

(… left-right-left-right-left-right-LEFT-RIGHT-LEFT-RIGHT-LEFT-RIGHT-LEFT-RIIIIIGHT-HALT!)

¡Saludos, mi gente!

Yo sé que hay un refrán que dice que sobrevivir en tiempos extraordinarios requiere la adopción de medidas extraordinarias.  Pero a mí me parece que hay medidas extraordinarias que se adoptan cuando no se tiene ni la menor idea de cómo resolver una situación—o tal vez no se tiene la capacidad, ni la voluntad para hacerlo—, y se prefiere una salida fácil que no requiere mucha ponderación (¿será eso lo que los estadounidenses llaman, un “no brainer”?).

Y si vamos a hablar de esa clase de salida, debemos hablar de la decisión anunciada hace exactamente dos semanas (el 1 de febrero de 2010) por el gobernador de Puerto Rico, Luis G. Fortuño Bruset, de activar ‘de forma temporera’ la Guardia Nacional de Puerto Rico para ayudar a la Policía de Puerto Rico en el patrullaje preventivo en áreas de alta incidencia criminal y poner al día la flota de vehículos de la Policía.  Según lo expresó entonces durante su mensaje de estado ante la Asamblea Legislativa, la activación de la Guardia Nacional será hasta tanto se gradúen unos 1000 cadetes que están al momento en que escribo esto en la Academia de la Policía de Puerto Rico (que por cierto, está situada en la antigua instalación militar “Camp O’Reilly” en el vecino municipio de Gurabo.)

Academia de la Policía de Puerto Rico, Gurabo, P.R.
Academia de la Policía de Puerto Rico, Gurabo, P.R.

Por supuesto—y esto se cae de la mata—, no es nada nuevo la idea de dar una muestra de poderío cuando no se tiene una idea clara de cómo atajar una incidencia criminal que hace mucho tiempo se le salió de control al gobierno.  (Digo, a un gobierno que se entretiene en acrecentar el problema mediante un “plan de reestructuración fiscal” que—por lo que vemos a diario en la calle—parece haber hecho más mal que el bien que se pretendía hacer.)  Ya lo habíamos visto anteriormente, cuando en la gobernación del Dr. Pedro J. Rosselló González (de 1993 al 2000) se estableció la política de “mano dura contra el crimen” y se llevaron a cabo ocupaciones policiales en los residenciales públicos (“of all places”).  Como si los residenciales públicos fueran este único crisol en el que se forman los delincuentes y merecieran la atención detallada de las fuerzas del orden público.

Claro está, siempre será más fácil atacar “al de abajo”, a un “Juan de la Calle” cualquiera, que a otros que se esconden detrás de la urbanización con “control de acceso”, detrás del “blín-blín”, el lujo y la afluencia.  ¡NOOOOO!  A ésos que nadie los toque, ni con un pétalo de rosa…  Y además, ¿cómo se vería, por ejemplo, en una de esas urbanizaciones de lujo de Guaynabo, lo que el actor de doblaje que hacía la voz de “Pedro Picapiedra” hubiera llamado, “veinte mil leguas de traje azul marino”?  ¿24/7?  ¡Horrrrrooooor!

Lo importante es que ya la suerte está echada y que el ejercicio para “combatir” la ola delictiva puertorriqueña está en progreso.  Pero más importante aún, que este ejercicio “no responde a que hubiera fracasado el ‘plan anticrimen’ del gobierno actual”.  O por lo menos, eso fue lo que le dijo a la prensa el ex-agente del FBI en funciones como Superintendente de la Policía, José Figueroa Sancha (de “grata” recordación para algunos sectores puertorriqueños, especialmente los periodistas objeto del incidente del 10 de febrero de 2006 en Río Piedras):

“Figueroa Sancha negó que la activación de la Guardia Nacional refleje el fracaso de las gestiones de la Policía y el Gobierno para combatir el crimen.
“‘Todo lo contrario, cuando tu estás en una guerra sin cuartel contra los criminales, todos los recursos cuentan y valen, y el pueblo lo recibe con mucho beneplácito’, aseguró Figueroa Sancha.”

(Primera Hora, 2 de febrero de 2010)

¿De veras?  Si lo que dice el súper es cierto, yo estoy ofreciendo para la venta una mansión de 18 habitaciones y 9-y-medio baños, justo en medio del pantano Caño Boquilla de Mayagüez.  ¿Alguno de ustedes interesa comprármela?  ¿Y qué tal si la doy a mitad de precio?  Any takers?

(NOTA A MÍ MISMO: Archivar la cita del Súper bajo “Desde que se inventaron las excusas…”)

Y no sólo eso.  Antes de lanzarlos a la calle, se les estaría ofreciendo a los efectivos militares un adiestramiento relámpago de un fin de semana, con el fin de familiarizarlos con lo que a los cadetes policiales regularmente les llevaría entre año y medio y tres años en aprender en cuanto a ley y orden se refiere.  (¿Y qué libro usarán como texto?  ¿“Law Enforcement for Dummies”?)

Para mí, lo que refleja el uso continuo de la fuerza—llámese Policía, llámese Guardia Nacional, llámese Ejército o Marina o Infantería, llámese como se llame—como el presunto alivio gubernamental a los males de nuestra sociedad son muchas cosas: incompetencia, falta de voluntad, fracaso, miopía (si no una ceguera total), no querer atender las causas de un problema que se dejó deteriorar por muchos años.  Un problema que, por su parte, nos debió haber llevado al punto que expuse varias entradas atrás, sobre la aparente dependencia entre el gobierno y la delincuencia como mecanismo de supervivencia.  Por si acaso, conviene que repita aquí lo que escribí al final de esa entrada:

“Sea como sea, lo que plantea Roberto Saviano en la columna de Mayra Montero—si interpreté correctamente lo que leí—es una posibilidad escalofriante.  Y ello significa que el gobierno (sea del partido que sea) necesita de la actividad criminal para justificar su existencia, para poder darle al mundo un espectáculo en el que aparezca como el héroe, como la salvación de un pueblo oprimido por una violencia sin freno—eso, de un lado, mientras que tras bastidores se beneficia (de alguna manera) de la influencia que dicha actividad criminal puede ganar mediante su participación en empresas e intereses legítimos.  Y quienes están (más bien, estamos) atrapados entre los unos y los otros… ¿a quién le importa eso?”

Y qué mejor manera de aparecer como el héroe, como la salvación de la patria (whatever that means!), que dar un espectáculo de fuerza, que querer aparecer como el justiciero, como el ángel de la venganza, con todo lo que eso conlleva.  Pero en eso hay que andar con mucho cuidado, como si se caminara sobre vidrios rotos, porque no es cosa fácil.  Si lo fuera, tendrían razón de ser las siguientes palabras del propio gobernador Fortuño en su mensaje de estado—dichas mientras miraba fijamente a la cámara de televisión:

“Nuestro mensaje a aquellos que están envenenado a nuestros hijos… matando a nuestros hermanos… y robándole la paz a nuestro pueblo… es bien sencillo: te vamos a buscar… te vamos a encontrar… y TE VAMOS A AJUSTICIAR.”

Wait a minute!  ¿Él dijo, “AJUSTICIAR”?  ¿AJUSTICIAR?  ¿Sabrá el distinguido letrado—aun sin ser un criminalista, que eso no es lo de él—lo que eso significa?  Cualquiera diría que a quien le preparó ese texto—presumiendo que él no lo hubiera redactado—le pasó lo que a Don Alonso Quijano, que “se le secaron los sesos” de tanto leer novelas de caballería… o en defecto, de tanto ver dramas policiales en la TV.

Es más, déjenme plantearles el siguiente ejercicio: Imaginen por un momento al gobernador Fortuño en la emblemática escena de la película Dirty Harry (1971), mientras confronta a uno de los dos asaltantes de un banco:

“I know what you’re thinking.  ‘Did he fire six shots or only five?’  Well, to tell you the truth, in all this excitement I kind of lost track myself.  But being as this is a .44 Magnum, the most powerful handgun in the world, and would blow your head clean off, you’ve got to ask yourself one question: ‘Do I feel lucky?’  Well, do ya, punk?”

La verdad es que de pensar en eso, ya me están dando escalofríos…  Pero en fin, un@ ya no sabe qué más esperar.

Y ahora, con el permiso de ustedes, me falta marchar un par de millas más (y para colmo, estoy cargando una mochila que pesa más que un matrimonio mal llevado), así que vamos a dejarlo ahí.  Cuídense mucho y pórtense bien.  ¡Hasta la próxima!

(ATEEEEEN-HUT!  FORWAAAAARD… MARCH!  LEFT-RIGHT-LEFT-RIGHT-LEFT-right-left-right-left-right-left…)

LDB