Las uvas de la discordia… o la discordia de las uvas?

Saludos, mi gente.

Culmina otra Semana Santa que, a pesar de los pesares, pasó de manera relativamente tranquila en Puerto Rico.  Una tranquilidad relativa, sólo quebrada por el revuelo causado por las declaraciones emitidas el lunes pasado por el cantante Ricky Martin en torno a su orientación sexual.  Una “noticia” que aunque a muchos no nos sorprendió (y ustedes saben muy bien por qué lo expreso así, no se me hagan los inocentes), ha corrido por el mundo como las “infames” fotos de los médicos puertorriqueños en Haití (a los que la Junta de Licenciamiento y Disciplina les tiró la toalla un día antes de lo de Ricky, pero allá Juana con sus pollos…)  Y que ha servido de base para el destaque noticioso que muchos de nuestros políticos envidian—y del que siempre parece que están hambrientos como los lobos.

Francamente, yo no sé ni qué llevó a Ricky a “salirse del clóset”, ni creo que eso importe ya.  Pero si como él alega, esto lo hace sentirse libre… pues que sea libre y feliz, eso ya es asunto suyo y de nadie más.  Pero no es a esto a lo que voy—ya del tema se ha dicho suficiente.

Lo que quiero compartir con ustedes hoy es a algo que vi ayer mientras revisaba el boletín del sitio web Salon.com (y que creí pertinente añadir a Lo que me llama la atención).  Se trata de un artículo cuya autora, Jeanette DeMain, relata su experiencia en la búsqueda de comentarios sobre libros en Amazon.com, especialmente sobre las obras maestras de la literatura clásica y contemporánea.  La experiencia de DeMain es mixta: De un lado hay muchos comentarios acertados y excelentes; del otro lado,

"… están las reseñas que me atraen de forma algo masoquista, de ésas que le dan una puntuación de ‘una estrella’ a una obra que me ha conmovido de una manera que no puedo expresar o que ha influido en mí indeleblemente."

Seguidamente, DeMain cita varias de esas reseñas de “una estrella”, algunas de las cuales traduzco a continuación:

Sobre The Grapes of Wrath (Las uvas de la discordia) (John Steinbeck, 1939):

"Aunque he leído muchos libros malos, ninguno se puede comparar con esta obra trillada y maquinada.  Cada línea, cada palabra es deliberada y pretenciosa…  La gente ha llamado propaganda a este libro, pero eso ni siquiera es el comienzo.  En ningún otro lugar usted encontrará un diálogo tan empalagoso, ni un mensaje tan laborioso y falsamente profundo.  Pero recomiendo que todos lean este libro, sólo para gustar del tan absoluto mondongo que millones de personas son capaces de tragarse."

(¿Alguien podría dirigir al morón o morona que escribió eso a la página de Wikipedia sobre este libro, que de entrada menciona que tiene a su haber el Premio Pulitzer de 1940 y el Premio Nobel de Literatura de 1962—cosas que de seguro le serán ajenas—, y cuya versión cinematográfica de 1940 le valió a John Ford el Oscar/Academy Award al mejor director en 1941?)*

¿Qué tal Jane Eyre, (Charlotte Brontë, 1847)?

"Descripción interminable y sin sentido.  ¡¡¡DESCRIPCIÓN, DESCRIPCIÓN, DESCRIPCIÓN!!!  Todo el libro está escrito en metáforas estúpidas.  Los pocos sitios donde de veras hay algún diálogo aburren al lector hasta las lágrimas.  Honestamente, pienso que esto está marcado como un clásico porque es más viejo que la arena.  ¡Caray, yo creo que si yo garabateo algunas palabras en un pedazo de papel, será un clásico en 160 años!  Será lectura requerida en el tercer año de escuela superior, como este ‘cuento’ idiota.  Con su permiso, me voy a empezar mi obra maestra.  Estoy seguro que será mejor que esto."

(Y a esta persona, ¿tanto le molesta la prosa descriptiva?  De nuevo, que alguien dirija a este engendro a la página sobre Jane Eyre en el mataburros cibernético de récord.)

Ni siquiera se salvan del ataque inmisericorde los clásicos para niños, como Charlotte’s Web (E.B. White, 1952):

"Un libro absolutamente sin razón para leerse.  Yo no sentí nada hacia los personajes.  A mí en realidad no me importó que Wilbur [el cerdo] ganara el primer premio [en la feria agrícola].  ¿Y cómo rayos un cerdo y una araña se pueden hacer amigos?  No alcanzo a entenderlo.  La parte de atrás de una caja de cereal es más excitante que este libro.  Fui forzado a leerlo por lo menos cinco veces y lo encontré agotador.  Hasta cuando niño yo encontré que la trama era traída por los pelos.  Debido a este libro horrendo es que como salchichas cada mañana y le digo a mi papá que mate cada araña que veo.  Es un relato traumático que induce al coma y que ha cambiado mi vida para siempre.  En conclusión siento que nadie debería pasar por esa tortura y que este libro debe ser vetado de toda escuela, biblioteca y librería de la Vía Láctea."

Cualquiera diría que esta persona nunca tuvo infancia, o si la tuvo, nunca la disfrutó.  Como tal vez esta otra persona, a quien le dio con criticar así el libro, Where the Wild Things Are (Maurice Sendak, 1963):

"Con todas las reseñas—compré este libro para mi hijo.  Aunque aunque alguna de la gráfica del libro es muy buena, creo que el mensaje es totalmente equivocado.  Él [Max, el niño protagonista del relato] le contesta a su madre y creo que el mensaje para los niños es totalmente equivocado.  Ahorre su dinero—hay muchísimos otros libros que envían un mensaje positivo."

¡Quién sabe y a lo mejor esta misma persona habrá boicoteado la versión semianimada para el cine que se hizo el año pasado (dir. Spike Jonze, 2009)!  Y qué interesante que su preocupación sea el “mal ejemplo” de Max al retar la autoridad de su mamá (aun por más justificada que sea esa preocupación, valga aclararlo) y la necesidad de sustituir ese tipo de mensaje con mensajes “positivos”… ¡aunque habría que ver qué significa eso para esta persona!

Por último, y para no abrumarlos tanto como a mí (y nada más de hacer todas estas traducciones, ya me siento drenado emocionalmente… de veras), veamos esta lumbrera de reseña sobre Nineteen Eighty-four (George Orwell [seudónimo de Eric Arthur Blair], 1949):

"Al principio sí me gustó el libro.  Entonces, comenzó a ponerse porquería para cuando Winston [Smith, el personaje principal] estaba envolviéndose sexualmente con su amiguita.  Odié tanto el libro que hasta se me olvidó el nombre de ella.  Las primeras cien páginas más o menos me gustaron, entonces se puso realmente aburrido.  Así que yo recomiendo muchísimo que NO LEAN ESTE LIBRO.  Y por favor, por amor a Dios no lean ese libro de ‘Un Nuevo Mundo Feliz’ por Hoxley.  Es el doble de peor que 1984.  Francamente, NO LEAN NADA DE GEORGE ORWELL.  Están perdiendo su tiempo."

Francamente, parece que esta persona perdió su tiempo en la escuela, a juzgar por los errores y horrores en su comentario (incluido el error en el nombre del autor de Brave New World, Aldous Huxley) y por su falta de un argumento sólido y contundente.  Y entonces, ¿esta persona va a boicotear un libro como 1984 porque lo encontró aburrido?

Y parece que esta persona no es la única, ya que más adelante, DeMain cita una reseña sobre el libro, The Diary of a Young Girl (Annelies Marie “Anne” Frank, 1947), que se reduce a lo siguiente:

"No me gustó este libro porque era muy aburrido.  Eso es todo lo que hay que decir.  Era muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy aburrido.  Si usted tiene que leer este libro, péguese un tiro antes."

A esta persona yo le diría, “¡Después de usted!”

DeMain pasa entonces a cuestionarse qué clase de persona escribe este tipo de “análisis” (que yo no dignificaría mediante el uso de esa palabra, pero ya para qué):

"En realidad tengo que preguntarme quiénes son estos tipos.  ¿Serán estudiantes disgustados?  ¿’Trolls’?  ¿Descontentos que no tienen nada que hacer?  ¿Creen ellos que están luchando contra molinos de viento y nadando valientemente contra la marea del conformismo al advertirle a otros que no lean libros universalmente reconocidos como clásicos?  (En cuyo caso yo les podría recomendar que leyeran el ‘Don Quijote’ de Cervantes, pero entonces me daría miedo ver las reseñas.)"

Sea como sea, el caso es que tras leer este artículo de Jeanette DeMain me quedé bastante sorprendido con la profundidad de la ignorancia que demuestran algunas personas.  Parecería como si ellos hubieran pasado por la escuela, pero la escuela nunca pasó por ellos.  ¿Será que “el sistema” educativo les falló?  Yo no lo creo, aunque últimamente la calidad de la enseñanza en los planteles escolares estadounidenses parece estar en descenso.  Tal vez estas personas fallaron al no aprovechar las oportunidades que se les dieron—dentro de las limitaciones propias del sistema—para expandir sus horizontes, y se convirtieron en máquinas, en seres sin sensibilidad para con el mundo que los rodea (como el “come salchichas” al que le importa poco si el cerdo Wilbur gana el premio de la feria o al final lo hacen tocineta—o panceta, como la llaman en otros países hispanos).  Seres a los que tal vez les da miedo (¿pánico?) la libertad de pensamiento… o que tal vez no reconocen su responsabilidad, con otros y consigo mismos.

(Me pregunto si alguno de ellos está infiltrado en nuestro gobierno o en nuestra legislatura…  ¡Eso sí que da mucho miedo!)

¡Y vamos a dejarlo ahí, que ya esta entrada se puso muy larga y no quiero que me digan que estuvo muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy aburrida!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta la próxima.

(* Academy Award(s)® © The Academy of Motion Picture Arts and Sciences.  All Rights Reserved.)

LDB

(Otros) Animalitos (Aun Mas) Peligrosos

¡Saludos, mi gente, dondequiera que estén!

¡Sí!  Aquí estoy de vuelta, disfrutando de un muy necesario par de semanas de vacaciones por las Navidades—o séase, the holidays, para sonar políticamente correcto—, gracias a la generosidad de la administración saliente de mi lugar de trabajo.  Tiempo que me imagino que mis jefes aprovecharán para tratar de darle caza a la pantera (o lo que se alega que es una pantera) que anda suelta por el Barrio Caimito de Río Piedras, antes que culmine el mandato de la actual administración de gobierno.  Y la verdad es que estos animales (y que conste que me refiero a aquéllos como la presunta pantera, no a quienes salieron a perseguirla, ¿OK?), queramos o no, es de preocupar que anden sueltos por ahí, alimentándose de animales domésticos, causando pavor en la ciudadanía… y convirtiéndose en la comidilla de mis querid@s compañer@s en la blogósfera.

(De hecho, muchos de los blogs puertorriqueños que enumero en el lateral de mi blog le han sacado bastante punta al tema.  Lamentablemente, yo no estoy precisamente en la mejor posición para comentar este asunto, por las razones que ya ustedes conocen.  Pero como yo digo a veces, ¿quién dijo que la vida era justa?)

Lo más malo del asunto es que, como se ha conjeturado públicamente, esto puede haber sido el resultado de que alguna persona hubiera importado ese animal a Puerto Rico de manera ilícita.  Probablemente, el responsable haya sido alguien vinculado con el bajo mundo, una de esas personas que con la ganancia económica que sacan del dolor ajeno (y ustedes saben exactamente a qué me refiero), pueden ostentar su poder—y quién sabe si hasta su dominio sobre las esferas del poder—mediante el lucimiento y la ostentación.  Vestimentas caras, automóviles de lujo (que comoquiera no serán de mucha utilidad en nuestras autopistas, ataponadas de un tiempo a esta parte), viviendas de urbanización “con acceso controlado” cuyo precio de venta comienza en “los bajos” US$500,000 (y que ciertamente ni yo me podría costear como están las cosas ahora, y mucho menos en la presente etapa de mi vida), animales exóticos arrancados de las junglas remotas de la América del Sur o del Oriente Lejano… ¡y paren ustedes de contar!

(Y aparte, aunque recién acabo de implicar que me estoy absteniendo de entrar en el tema por tratarse de una acción de la entidad gubernamental para la que yo trabajo, creo pertinente añadir el siguiente elemento a la discusión: Existe reglamentación que establece cuáles son las especies exóticas que se pueden importar a Puerto Rico, siempre y cuando las mismas no sean liberadas al medio ambiente, y que además prohíbe expresamente la importación de las especies exóticas que no sean aquéllas a las que me acabo de referir.  Para más información, échenle una mirada al Reglamento Para Regir la Conservación y el Manejo de la Vida Silvestre, las Especies Exóticas y la Caza en el Estado Libre Asociado de Puerto Rico, Reglamento 6765 del 10 de febrero de 2004, especialmente el Artículo 7 y el Apéndice 4 de dicho reglamento.  ¡Y ciertamente no verán allí que la pantera esté en la lista de especies permitidas! ¡Ni de chiste!)

Pero bueno, dejemos que las cosas sigan su rumbo.  Mientras tanto, quiero traer a la atención de ustedes una situación que se relaciona con un tipo de animal más peligroso que cualquier pantera, puma, chupacabras, “comecogollo”, vampiro, o algún otro animal de ésos.  Se trata de lo que a mí me da por llamar…

(Redoble de tambores, por favor…)

El Homo ignorantus histericus.

OK, yo sé que se supone (dije “se supone“) que el ser humano (Homo sapiens) es el nivel más alto del desarrollo de la vida en la tierra, supuestamente superior a todos los demás animales de la tierra (y el énfasis es con todo propósito), e incluso a los primates, de los cuales nos dice la teoría evolutiva que somos descendientes, gústele a quien le guste.  Pero a veces surge uno que otro ejemplo de entes derivados de ese nivel superior que parecen echar por tierra todos los logros de la humanidad, y encima de eso, quieren que el resto del género humano baile al mismo son que ellos.

Pues bien, el ejemplo al que me estoy refiriendo se pudo observar en todo su esplendor hace un par de semanas en los EE.UU., cuando uno o varios grupos (¿no sería mejor llamarles “manadas”?) de estos “animalitos” trataron de varias maneras de impugnar el triunfo electoral de Barack Obama como su nuevo presidente.  Para ello, estos rudimentos de ser humano acudieron a los tribunales estadounidenses para esgrimir el argumento de que Mr. Obama no es un ciudadano estadounidense natural, por haber nacido en algún otro lugar fuera de sus límites from sea to shining sea.  Veamos lo que dice este artículo de la revista Salon sobre lo que argumentan los presuntos implicados en esta “conspiración”:

The gist of the conspiracy theory is that Obama doesn’t meet the Constitution’s requirement that a president be a “natural born citizen.”  Somehow Obama is concealing the fact that he was either born in Kenya (or maybe Indonesia) or that he renounced his U.S. citizenship as a child.  One of (the) alarmists . . . said Obama is an undocumented immigrant.  Most of this “evidence” is easily debunked, though it can get confusing as it gets more feverish.

At any rate, the theory goes, Obama’s not fit to take office, and (the main alarmists), along with a few followers and . . . anti-tax activist Bob Schultz, aim to stop him.  Schultz feels so strongly about the threat Obama poses to the republic that he spent tens of thousands of dollars on full-page newspaper ads last week, and plans to hold a citizens’ conference after Inauguration Day if the courts don’t intervene — just the first step, apparently, in a process that Schultz says is devoted to resisting a government that has turned lawless.

(De hecho, si quieren reírse un poco—aunque sea para “reírse por no llorar”, como diría la que fuese mi secretaria en la oficina en la que yo trabajé al comienzo de mis labores en el DRNA—, en este otro artículo encontrarán el play-by-play de lo sucedido en la conferencia de prensa de estas “personas”.  Cualquier parecido con el cuento del pollito que se puso a proclamar que el cielo se estaba cayendo . . . ¡es pura pocavergüenza!  Y PUNTO.)

Yo no sé cómo lo vean ustedes, pero luce como que aún existen heridas abiertas en algunos sectores de la población estadounidense, que no han querido sanar.  Digo, ver a personas (creo que soy demasiado benévolo al llamarlos “personas”) que por lo demás parecen tener dedos de frente, exponer argumentos que desafían toda razón, y pretender que el público acepte dichos argumentos como si fuesen la verdad—como los “dignos” promotores que parecen ser de la máxima expresada en su momento por el propagandista alemán Paul Joseph Goebbels (1897–1945):

Una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en una verdad.

(Cita tomada de Proverbia.net)

Y encima de ello, estos subhumanos se ponen en el plan de regañar a los medios de prensa (“los medios masivos liberales, como siempre”) por no darles crédito a sus exageraciones.  Y aunque yo insisto en que algunos periodistas y sus medios no son precisamente aspirantes a la santidad, por lo menos en este caso, los hubo quienes le vieron la costura al refajo y no se dejaron engañar por estas personas.  (¡Menos mal que a ninguno de estos periodistas se le ocurrió el gesto “amistoso” del periodista iraquí que le “regaló” sus zapatos al presidente George W. Bush durante su reciente visita relámpago a Irak el domingo antepasado!)

Para colmo, no parece haber indicios de que seres como éstos estén en vías de extinguirse.  Otro artículo que encontré hace unos días sobre el mismo tema indica que aunque el Tribunal Supremo estadounidense rechazó—sin dar más explicación ni estar obligado a ello—la demanda civil de un abogado del estado de New Jersey que impugnaba la ciudadanía estadounidense del mandatario entrante, ello no parece haber detenido a quienes insisten en esta controversia, ya que aún hay otros casos judiciales pendientes al respecto.  El autor de ese artículo opina que el que dichos casos se caigan en los tribunales no es más importante que la atención que se les dedique a estos subhumanos, la publicidad que ellos se puedan agenciar para su causa, y la maldad que puedan ocasionarle a la “tarjeta” objeto de sus ataques (y repito, ésa es la opinión del autor del artículo).  El autor del artículo distingue entre el escrutinio continuo que tendrán las actuaciones de Mr. Obama como el máximo funcionario público estadounidense durante el periodo 2009–2013 (algo que es parte de la vida diaria de todo funcionario público), y el ataque personalista basado en absurdos sin fin (creo que Luigi Pirandello no podría estar más que satisfecho), dirigido a hacer daño a la persona que está en vías de asumir las riendas de “la nación más poderosa del mundo”, sólo por ser “diferente” (¿por no ser un white anglo-saxon protestant?).

¿Cuántos ejemplos similares no vemos a diario aquí en Puerto Rico, de quienes se obstinan en vivir de las mentiras—ajenas o propias, o ajenas y propias—que llevan en su interior?  ¿De quienes se empeñan en atacar a quienes no se ven igual que ellos, no piensan igual que ellos, no ostentan los mismos ideales que ellos, no son iguales que ellos?  ¿De quienes se han alimentado mil veces con la misma mentira, para aceptarla como una verdad absoluta, y también para imponerla a los demás como si con ello estuvieran “salvando” a la humanidad de su propia destrucción?

Queramos o no, ésa es una clase de animal más peligroso que cualquiera otro que pueda estar suelto por ahí.  Lo importante es estar alerta al peligro siempre, y saberlo enfrentar.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho, pórtense bien, y a disfrutar las fiestas de fin de año en familia.  ¡Feliz Navidad a todos!

(¡Ah!  Y no se hagan l@s tont@s… ¡yo sé que me echaron de menos este último par de semanas! 😉 )

LDB