Los vientos del cambio–Versión de 2012

English: Seal of Puerto Rico Governor. Español...
English: Seal of Puerto Rico Governor. Español: Sello del Gobernador de Puerto Rico. (Photo credit: Wikipedia)

¡Hola, amigas y amigos, mi gente!  ¡Saludos a tod@s, dondequiera que estén!

Se siente en el aire, ¿no es así?  Es la sensación de que todo se acabó, de que vamos a tener un respiro—si acaso, por el momento.  Ya todo el alboroto de la campaña política para las elecciones de 2012 ha llegado a su fin (aunque algunas personas todavía no han superado la etapa de negación, pero eso ya es otra historia).

Es como si lo peor del huracán se hubiese alejado, aunque dejando una estela de escombros a su paso.  Y la estela de escombros que quedó del evento electoral que recién nos acaba de dejar fue inmensa.  Desde campañas que contaron con cada vez menos sustancia—pero a quién sorprende eso—hasta el rastro de los movimientos políticos “emergentes” con los que se quiso hacer mella en la hegemonía de los dos baluartes de la partidocracia boricua.

Sea como sea, ya los puertorriqueños rendimos nuestro veredicto: el martes 1 de enero de 2013 llega a su fin la administración del Lcdo. Luis Guillermo Fortuño Burset (PNP).  Una administración que ciertamente se recordará (si es que nos acogemos al dictamen de ”¡Prohibido olvidar!”), más por sus efectos adversos que por sus logros… digo, si los hubo y no están sepultados bajo el peso de tanto negativismo.  Pero no se puede negar que la implantación improvisada e incorrecta de políticas como la de “recuperación fiscal” que nos regaló la infame Ley 7 de 2009 (que tiró a la calle a casi 30 mil empleados públicos a la calle—y que de varias maneras, a mí me tocó muy de cerca), la caída vertiginosa de la seguridad pública a unos niveles de peligrosidad alarmantes (que casualmente, hasta llevan a cuestionar si nos estamos dejando gobernar por elementos criminales), el ataque frontal contra las instituciones sociales necesarias para el desarrollo de nuestra vida de pueblo (por supuesto que me tiene que venir a la mente el intento de desmantelar los colegios profesionales como el Colegio de Abogados) porque éstas son piedra de tropiezo para la ideología política imperante, y—sobre todo—el desfile de figuras públicas en el más amplio lucimiento de su necedad, de su bajeza, de aquello de lo que realmente están hech@s, tuvieron sus consecuencias.  Y el electorado puertorriqueño entendió que cualquiera que fuese la elección que ejercieran, tendría que vivir por los 4 años siguientes con las consecuencias de su decisión.  Buena o mala, era su decisión a fin de cuentas.

Y entonces resultó que—para sorpresa de nadie—el electorado puertorriqueño eligió al candidato del PPD, Lcdo. Alejandro García Padilla, como quien entrará en funciones de gobernador el miércoles 2 de enero de 2013—por lo menos hasta el domingo 1 de enero de 2017, si no se le ocurre buscar la reelección.  (Y aclaro que para los fines de la oración anterior, me excluyo de la frase “el electorado puertorriqueño eligió”, ya que yo no voté por el licenciado García… aunque tampoco voté por el licenciado Fortuño… pero eso es lo único que voy a decir al respecto.)  Un candidato que much@s de nosotros encontraríamos tan difícil de entender como la sonrisa de la Gioconda de Da Vinci (pa’ los que jugábamos “bolita y hoyo” con la Mona Lisa).  No es tanto que él sea tan diferente al dinámico abogado joven que junto a cierta socióloga independentista (a quien mejor dejo que sea el amigo Elco Lao quien la describa: exhibit número 425, exhibit número 786) y a un joven abogado estadoísta que encabezaría ulteriormente otra investigación (ooooooooootra más…) sobre los asesinatos policiales en el Cerro Maravilla, discutían por las tardes en la radio local los temas noticiosos del día a principios de la década del 2000.  (Sí, mi gente, extraño mucho tiempos como ése cuando yo los escuchaba, fue algo bueno mientras duró.)  Imagino que con el tiempo transcurrido desde que hizo sus pininos, él habrá ganado experiencia para saber cuándo hablar y cuándo no.  Lo único es que él parece haber abusado de esa experiencia, ya que fue poco lo que él habló durante su campaña, que sirviera para aquilatar qué clase de líder será en un futuro.  Y la tarea que tiene por delante al haber sido elegido le va a requerir hablar bastante, directamente y al grano.

Habrá que ver cómo él resolverá la crisis económica actual, sin cometer el mal hábito de sus antecesores políticamente afines, de desvestir a un santo para vestir a otro (o sea, tratar de “cuadrar” los presupuestos gubernamentales mediante préstamos—algo de lo que yo siempre he estado y estaré en contra).  Habrá que ver cómo resolverá el problema de las agencias públicas afectadas por la pérdida de sus servidores públicos, sin crear un problema mucho más grave que el que se pretendió resolver (si es que lo hubo en realidad, porque hasta yo me estoy cuestionando eso mientras escribo).  Habrá que ver cómo detiene la ola delictiva que hace que tengamos que mirar más a menudo por encima del hombro.  Habrá que ver cómo él piensa restaurar la confianza del pueblo en su gobierno, cómo piensa reconstruir los puentes rotos por la arrogancia e insolencia de quienes se sienten que por estar en el poder, pueden imponer su ley y sus normas sin que nadie les cuestione ni les oponga resistencia.

Habrá que ver si el futuro incumbente hará algo que no sea quedarse callado ante semejantes retos.  Los mismos ciudadanos que lo eligieron para asumir esa posición (y vuelvo a insistir que yo no estoy entre ellos—pero aun así, pienso estar pendiente de lo que él haga) no deben exigir menos que eso.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


ACTUALIZACIÓN DE UNA ENTRADA ANTERIOR: Por cierto, el viernes 9 de noviembre de 2012 culminó el caso civil en contra de los agentes de la Policía de Puerto Rico que se vieron involucrados en el incidente de agosto de 2007 en el que uno de ellos mató de 4 disparos al ciudadano Miguel Cáceres, mientras otro ciudadano grababa lo ocurrido en un vídeo que le dio la vuelta al mundo.  Y culminó de una manera que no creo que la hayamos visto anteriormente, cuando se le otorgó a los familiares del occiso la suma de US$11’500’000 como compensación.  ¡Once y medio millones de dólares!  Once y medio millones de dólares que no le devolverán la vida a Miguel Cáceres, ni podrán borrar el dolor que lleva 5 años marcando la vida de su familia—y tal vez no podrán ni mitigar el impacto emocional en la vida de la niña cuyo quinceañero iba a ser acompañado por el desfile de motocicletas del occiso.  Peor aún, once y medio millones de dólares que tal vez ni hagan mella en el esfuerzo que debía haberse iniciado hace rato por sanear la Policía de Puerto Rico de aquellos elementos que deshonran el uniforme y la placa, y que están en todos los niveles de su jerarquía.  Pero aun así, yo creo que esos once y medio millones de dólares deben servir de advertencia para todos los miembros de la Policía: a los buenos—y a mí me parece (aunque use el odioso cliché) que son los más—para que procuren siempre desempeñarse con prudencia, dignidad y respeto, y a los otros… para que sepan lo que puede suceder si no actúan con cuidado.


LDB

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Detras del encierro

¡Saludos, mi gente!

Hace unas semanas recibí en los feeds de RSS a los que estoy suscrito un artículo sobre las urbanizaciones de acceso controlado—las mismas que están en auge en Puerto Rico de un tiempo a esta parte—, el cual establece que las mismas no son todo lo seguras que alegan ser.  De acuerdo con Kaid Benfield, director del Programa de Desarrollo Inteligente (o lo que se conoce en inglés como “smart growth”) de Washington, D.C.,

"Las urbanizaciones cerradas con portones con el fin de excluir a los intrusos, puede que no sean más seguras que aquéllas que son completamente públicas….

"Los miembros de la clase económica superior (o aquéllos que desean ser vistos como tales) han buscado en las últimas décadas refugio en las ‘comunidades cerradas’, las cuales albergan colectivamente un 12 porciento de los estadounidenses.  ‘Cerradas’ ciertamente lo son, pero el grado al cual son ‘comunidades’ está abierto al debate….

"Un deseo de prevenir el crimen (presuntamente cometido sólo por intrusos) se cita a veces como justificación para la privatización y aislamiento de lo que por lo demás sería un espacio público, pero esta teoría podría no ser sólida…."

FUENTE: ‘Gated communities’ are not necessarily safer, por Kaid Benfield, NRDC Switchboard, 14 de enero de 2010.  (Tanto la traducción libre como los énfasis son míos.)

Benfield cita en su artículo varios ejemplos que demuestran por qué (según él lo entiende) las urbanizaciones cerradas no son tan seguras como se quiere hacer ver.  Entre las razones que él cita en apoyo de su argumento, están la falta de una cohesión social interior en la cual se basen las normas y controles sociales que ayuden a desalentar el comportamiento delictivo y antisocial en sus residentes (lo cual también se postula en este artículo escrito por Peer Smets, también citado por Benfield), y la falta de un sentido de responsabilidad de los propios residentes, de una preocupación por el bien común, principalmente el bienestar de quienes son como ellos… y de los que no lo son.

Al leer todo eso, me pregunto si ese sentido de responsabilidad, esa preocupación por el bien común, hubieran ayudado a evitar la trágica muerte del niño Lorenzo González Cacho, la madrugada del 9 de marzo de 2010 en una urbanización cerrada en Dorado (al oeste de San Juan).  Muerte que al par de días de ocurrida, las autoridades decían que había sido el (aparente) resultado de un acto criminal (y entenderán que tengo que ser responsable y poner lo de "aparente" entre paréntesis).  Muerte rodeada de una cadena de intrigas, como la falta de cooperación de la madre de Lorenzo con las autoridades (más las dudas que se han creado alrededor de su persona, especialmente su intención de cremar el cadáver de Lorenzo—cosa que no llegó a hacerse debido a que el padre del niño intervino para evitarlo), la aparición en escena de personajes tan extraños como un agente del Servicio Federal de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) y un ingeniero que estuvieron en la vivienda esa misma madrugada, y el hallazgo de una pipa para fumar cocaína “crack” (la cual, según el abogado de la madre de Lorenzo, diz que fue “plantada” por los policías que investigaron el lugar—¡ay, por favor!) en el lugar de la tragedia.

Quién sabe si como resultado de una tragedia como ésta se comience a pensar que no se puede estar “seguro”, a salvo de la criminalidad “de afuera”, dentro de una urbanización cerrada.  De hecho, los artículos de Banfield y Smets que cito arriba mencionan que los residentes de las urbanizaciones cerradas tienden a sentirse menos seguros y a invertir en sistemas de alarma y en compañías privadas de seguridad.  Pero, ¿y en qué quedamos?  ¿No se supone que los residentes de las urbanizaciones cerradas estén más seguros detrás de su encierro?  Así que además de la criminalidad que viene de afuera, ¿también hay que temerle a la criminalidad “de adentro”?

(Y la última pregunta en el párrafo anterior me trae a la mente la tragedia ocurrida en la Navidad de 2008, en la que un niño que jugaba “al esconder” murió a balazos, dentro de una urbanización cerrada, de esas en las que la criminalidad “de adentro” parece que también ha echado raíces.)

Pero creo que ése es el precio que se paga cuando un segmento urbano corta toda la cohesión social con su entorno, pierde su sentido de responsabilidad para con quienes lo habitan—y para con quienes no tienen esa fortuna—, queda atrapado en su propio encierro.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta la próxima.

LDB

Dime Con Quien Andas…

Saludos, mi gente.

Yo siempre estoy diciendo, como lo saben quienes tienen la cortesía de leer lo que escribo en este blog, que algo está terriblemente mal cuando quienes juran ante Dios (el Ser Supremo según cada quien lo entienda) y ante los seres humanos obedecer y respetar las leyes y las instituciones políticas de un país, y actuar en favor del bienestar del pueblo al que juran servir, son los primeros en actuar de manera contraria a lo que han jurado. Y si estas personas exhiben lo que aparenta ser alguna afinidad con elementos destacados en el ámbito de quienes violan abiertamente esas mismas leyes en busca de su lucro particular, ciertamente el cuadro que se conforma es poco halagador.

Tal ha sido el caso desde que se produjo la muerte por asesinato, hace una docena de días atrás, de un conocido empresario de música de reggaetón y presunto traficante de narcóticos (conocido en la calle como “Coquito” o “Coco el Pelotero”), cuya sede era la ciudad de Carolina (al Este de San Juan, para quienes leen esto en el exterior). Aparte de todos los delitos (en los que hubiese participado directa o indirectamente) que se le pudiesen atribuir (y de ninguno de los cuales se le pudiera haber convicto, ya que en varias ocasiones logró zafarse de responder por los mismos), su mayor mérito parece haber sido su aparente influencia sobre varios líderes políticos (específicamente legisladores novoprogresistas del distrito que incluye la ciudad antes mencionada). Desde el liderazgo de una comisión legislativa de seguridad pública (¡!), cuyo presidente ha sido vinculado fuertemente con el occiso en este asunto, hasta dos senadores que aparentemente habrían preguntado por su estado de salud en los días previos a su muerte, “como lo haría con cualquier constituyente (sic) de su distrito”… ¡Ay, por favor! Aquí ha habido de todo: vistas oculares a varias instalaciones penales de la Isla, en las que el occiso habría acompañado a la comisión (¿como asesor?); una licencia de portación de armas de fuego para el occiso, tramitada personalmente por el legislador al que me refiero a mitad de este párrafo; negaciones de muchos de los señalados de haber conocido al hoy occiso, para luego dar un reversazo cuando se les pone la evidencia en su propia cara; intentos de señalar a “los otros” como implicados, para desviar la atención de “los míos”… ¡para que luego resulte que quienes hacen los señalamientos también habrían coincidido con el occiso en alguna actividad!

Y luego estos pseudolíderes quieren hacernos creer que son unas blancas ovejas, limpias e inmaculadas… Pero en el proceso, han dejado ver pedazos de su verdadero rostro. Y todo eso, gracias a (si no a pesar de) un elemento delictivo que de una forma u otra, los atrapó a todos ellos en sus redes…

(… y que dicho sea de paso, por lo menos nos hizo olvidarnos por un momento de… Zuleyka por aquí… Zuleyka por allá… Zuleyka por delante… Zuleyka por detrás.)

Definitivamente, éste es el momento de que quienes se han dejado ver en compañía del ahora desaparecido narcotraficante den al pueblo explicaciones serias y convincentes. Sobre todo, es el momento de que los implicados mediten en las consecuencias desatrosas—para ellos como personas y como ocupantes de puestos electivos, y para quienes depositaron en ellos su confianza—que les podría acarrear esa juntilla. Después de todo, creo que tal vez a ninguno de ellos le agradaría verse (a sí mismos o a sus familias) en la misma situación que a diario pasan las víctimas de la ira de los narcotraficantes (y ustedes entienden a qué es a lo que me refiero)…

OK, ya me cansé de esa porquería. Vamos a lo que vinimos…

ESTA SEMANA (7—13 DE AGOSTO DE 2006): COMPLETANDO EL MES DE JULIO: Un médico recién graduado obra un milagro en un pueblito… ¡pero tal vez tendrá que arrepentirse después!… Y… La tierna (¡ja!) historia de un pescador, una serpiente y una rana. LO NUEVO EN EL MES DE AGOSTO: Antes de irse de viaje, una pareja se ve en apuros por culpa de su gata… Un nuevo estudio científico da al traste con lo que ustedes y yo conocemos sobre la iluminación… Y… Un hombre está en tremendo aprieto por causarle un grave problema a su suegra.

Humor, Según Luis Daniel Beltrán. Aquí todo el mundo es bienvenido… pero ¡cuida’o!

Y vamos a dejarlo ahí. Cuídense mucho y pórtense bien. Bye!

LDB