¿Qué es, que acaso no podemos llevarnos bien?

With his family by his side, Barack Obama is s...
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Como prácticamente todo el mundo, miro de cerca la actual discusión entre los poderes ejecutivo y legislativo estadounidenses sobre el presupuesto de gastos del gobierno federal para el año fiscal 2012, que debe iniciarse el 1 de octubre de 2011.  La misma que se ha caracterizado por la discusión de si se eleva el límite de la deuda pública estadounidense para evitar incumplir con los pagos de sus obligaciones fiscales.  Y como a prácticamente todo el mundo, me tiene que preocupar que se acerque la fecha del 2 de agosto de 2011 (pasado mañana al momento de escribir esta entrada)—la fecha que se entiende que más allá de la misma, el gobierno de Estados Unidos estaría incumpliendo con sus obligaciones fiscales, si no se atiende esta situación—sin un acuerdo que permita atajar la crisis inminente.

¿A qué se debe esto realmente (si me permiten salirme un poco de la línea en la que quiero llevar esta entrada)?  Se trata de algo así como lo que dice un reportaje de CNN-Money (noten en particular los dos párrafos en el medio de la cita):

¿Qué es exactamente el límite de la deuda?  Es un límite establecido por el Congreso (estadounidense) a la cantidad de dinero que el gobierno federal puede tomar prestado legalmente.  La limitación aplica a la deuda contraída con el público (es decir, con cualquiera que compra bonos de los Estados Unidos), más la deuda contraída con los fondos en fideicomiso del gobierno federal como aquéllos para el Seguro Social y el Medicare.

[…]

¿Cuán alto es el límite de la deuda ahora mismo?  El límite está establecido actualmente en 14 millones 294 mil millones de dólares (US$14_294 trillones).  La deuda acumulada nacional llegó a esa marca la mañana del 16 de mayo (de 2011).

“Pero al tomar medidas extraordinarias como suspender las inversiones en fondos de retiro federal, (el Secretario Federal de Hacienda, Timothy) Geithner podrá bajar la deuda total lo suficiente como para permitirle al gobierno tomar prestado hasta el 2 de agosto (de 2011).

[…]

¿Qué pasa si el Congreso (estadounidense) rebasa el límite de la deuda?

La Hacienda Federal no tendría la autoridad para tomar prestado más dinero.  Y eso puede ser un problema, ya que el gobierno federal toma prestado para compensar la diferencia entre lo que gasta y lo que recibe.  (El gobierno federal) utiliza ese dinero prestado para ayudar a sufragar (sus) operaciones y pagarle a sus acreedores.”

(Adaptado de: ‘U.S. Hits Debt Ceiling: Why It Matters’, CNN Money, 17 de mayo de 2011.  Y sí, la traducción es mía.)

Es más, yo creo que no voy ni a entrar a discutir las consecuencias de que el gobierno estadounidense se quede, como decimos en Puerto Rico, “más pela’o que la rodilla de un cabro” para poder pagar sus deudas y demás compromisos.  De hecho, Prometeo enumera varias de esas consecuencias en su blog, así que como decía el finado Raúl Vale, “eso se los dejo de asignación”.  (O si quieren, se hacen una búsqueda en Google con los términos “u.s.”, “debt” y “ceiling” y después hablamos.)  Pero a lo que sí quiero ir es a la manera en la que se ha estado manejando toda esta controversia.  Más bien, me recuerda al toma y dame que nos llevó (a mí y a unos 95000 servidores públicos más) a enfrentar un cierre del gobierno estatal en el 2006, y que se debió principalmente a que se dejó un asunto de tan grave importancia en manos de un “gobierno compartido” compuesto por gente que no estuvo, ni está (y creo que NUNCA lo estará) capacitada para manejarlo, para darle la importancia que se merece ese asunto.

(Y aunque suene exagerado, entre otras cosas se teme un cierre del gobierno federal en el caso que nos ocupa.)

Y lo malo de esto es que la gente que está manejando ese asunto mientras escribo esto—o sea, el presidente Barack H. Obama y los líderes legislativos estadounidenses—están divididos en cuanto a quién debe cargar con la responsabilidad de ayudar a mantener el crédito gubernamental flotante: si los pobres y los segmentos de la sociedad estadounidense que reciben esos beneficios de seguridad social y cuidado médico porque los necesitan para poder enfrentar un sistema injusto, o los sectores más pudientes que aún en tiempos de crisis financiera se las ingenian para hacerse de riquezas, no importa qué o a quién se tengan que llevar enredado en el proceso.  Los primeros a través de recortes en esos mismos beneficios que les ayudan a tener una vida más o menos decente (especialmente la asistencia con los costos de los servicios de salud, cada vez menos asequibles); los segundos, a través de un aumento en los impuestos que pagan, o alguna medida que les haga aportar en su justa medida a la sociedad.

Obviamente, cada quién tiene que arrimar la brasa a su sardina, cada quién tiene su derecho a defender los intereses que más le convenga defender.  Pero en el proceso, los hoy debatientes se podrían llevar enredados a quienes menos interés tienen de oír el chisme de barrio en el que toda la discusión se ha vuelto, y más interés tienen de que se gobierne de manera justa y honrada.

Y tanto yo como ésos que se verán afectados—sobre todo, las miles de personas que, para bien o para mal, dependen de las ayudas federales que recibe Puerto Rico, porque parece que a pedir eso es a lo único que va la representación-sin-voto que el partido que se monte en el poder (PNP o PPD, siempre es lo mismo) envía a Washington, D.C. cada cuatro años—nos preguntamos: ¿habrá alguna manera de que pueda lograrse un acuerdo en cuanto a la limitación de la deuda pública estadounidense?  Como en el caso que me afectó (a mí, entre otros) hace ya cinco años, parecería que los que están manejando el tema no lo están haciendo con la debida capacidad; más bien, lo que despliegan es un ansia de protagonismo, de querer aparecer como “héroes” en una guerra en la que hay salvar al mundo de las “hordas asesinas” que amenazan con destruirlo.

(OK, puede ser que la mentalidad de estas personas no sea muy diferente a la del confeso asesino de setenta-y-tantas personas en Oslo y en la isla de Utoya en Noruega hace un par de semanas, aunque tal vez no se atrevan a llegar a los extremos a los que llegó ese desgraciado—no cabe otra palabra para describirlo…)

Y en un caso y el otro, me sale hacer la misma pregunta: toda esta gente, ¿no se estará dando cuenta de las consecuencias que sus acciones les podrían acarrear a los demás, a los mismos ciudadanos y ciudadanas a los que se comprometieron a servir desde sus cargos de importancia?  (Digo, a menos que el compromiso hubiese sido a servirse de esos mismos ciudadanos y ciudadanas…)  Yo creo que a estos funcionarios públicos estadounidenses, eso ni les viene ni les va.  Lo único que les importa es ver quien es el más astuto, quién es el que puede aguantar más el fragor de la batalla y “triunfar” sobre “el enemigo”.  (¿Habrán estudiado también el libro de Sun Tzu?)

Y en eso tengo que reiterar la descripción del presidente Obama con la que inicié la entrada sobre su visita fugaz a Puerto Rico: ASTUTO.  Y fue astuto al presentarse ante sus ciudadanos en el “prime time” televisivo, con toda la solemnidad de su cargo, para pedirles que inundaran con mensajes los cuadros telefónicos y las bandejas de entrada de email de los miembros del Congreso estadounidense y sus líderes, tal vez para ponerlos públicamente en vergüenza por no hacerle caso a lo que sus representados les piden.  (Que se avergüencen de verdad… bueno, ya eso es otra cosa.)

Mientras escribo, no estoy seguro de cómo acabará ese lío.  O tal vez sí, si se da el que al último minuto antes de la medianoche entre el lunes 1 y el martes 2, salga un “héroe” dispuesto a “salvar” a los estadounidenses de una debacle económica devastadora… o dispuesto a dejar que esa humanidad se hunda para “salvarla” de un peligro mayor… un peligro que puede ser real, o no.

Es más: ¡vamos a dejarlo ahí, a ver qué sucede!  Cuídense mucho y pórtense bien.


ACTUALIZACIÓN (1 de agosto de 2011): Y resulta que mientras yo escribía esto anoche, se logró un compromiso de último minuto (¿por qué será que eso no me sorprende?) para aumentar el límite de la deuda pública estadounidense en dos millones 100 mil millones de dólares (US$2_100 trillones) adicionales, a fin de continuar pagando esa deuda hasta el 2013.  También se procuraría reducir el déficit presupuestario en el transcurso de una década, lo que incluiría la designación de un comité bipartidista que pueda encontrar US$1_5 trillones en ahorros adicionales antes de que se acabe el 2011.  (Me imagino que eso no incluirá comprar de ahora en adelante toda la ropa en “Me Salvé”…)  Aunque se dice que ese negocito aún no está tallado en piedra—porque aún hay que hacerle el cuento ése al Congreso, ¿me entienden?—, se entiende que puede ser un alivio, aunque tal vez no será la cura del mal de fondo que aqueja a la economía estadounidense.  Así que habrá de esperar, hasta que de Washington venga el próximo estornudo… ¡y sabrá Dios cuán fuerte pueda ser la pulmonía por acá!


LDB

¡Que vengan los payasos!

clowns
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¡Saludos, amigas y amigos, mi gente!  Antes de comenzar, tengo una noticia de última hora:

“La modelo puertorriqueña Maripily se encuentra en franca recuperación de la cirugía que le realizara ayer el doctor Anire Okpaku, en el Mercy Hospital de Miami, para eliminar la marcada separación que lucía entre sus senos.

“‘i’m back! mi amores de twitter, estoy nuevamente aqui con ustedes. Gracias a Dios me encuentro bien, super contenta, quedaron de show!’, expresó esta mañana Maripily, a través de la red social Twitter.

“La también anfitriona de televisión compartió con Primera Hora unas imágenes de parte del proceso quirúrgico.”

(“Maripily asegura que los senos le ‘quedaron de show’”, Primera Hora, 27 de mayo de 2011)

OK, ya mencioné a Maripily, salí de eso.  Pasemos a otra cosa, shall we?

Parece mentira que con el pretexto de evaluar la prestación de servicios en las agencias del gobierno puertorriqueño se cometan barbaridades.  Pero así fue que trascendió en la prensa el viernes 27 de mayo de 2011.  Dos funcionarias gubernamentales… no, creo que sería más justo describirlas como parte de lo que ya conocemos como los “gatilleros” gubernamentales, han estado dejando correr su vena histriónica y se han ido a varias oficinas del Departamento de la Familia (antes llamado “de Servicios Sociales”) a montar un espectáculo bastante patético.  Es más, voy a dejar que la siguiente descripción hable por sí misma:

“Usualmente, visten de forma impecable y elegante para cumplir con sus labores como funcionarias de la Secretaría Auxiliar para Asuntos Gubernamentales y Federales en Fortaleza.

“ […]  En esta ocasión, el outfit de María Sánchez Bras y María Fullana Hernández cambia drásticamente para estelarizar a ‘Fulana’ y ‘Mengana’, dos mujeres desempleadas que acuden de forma incógnita… a alguna oficina local del Departamento de la Familia (DF) a solicitar los servicios del Programa de Asistencia Nutricional (PAN), el cual les ofrece ayuda económica a las personas o familias de bajos ingresos.

“Su arribo a las oficinas—como parte del show—conlleva que vayan vestidas de forma descuidada, sin maquillaje, un moñito mal hecho y, en ocasiones, con la tira del brassiere por fuera.

“Después de todo, según ellas mismas les han explicado a algunos empleados de Familia, ‘tenemos que vestir como los clientes’.

[…]

“Ahí no queda la cosa, pues el teatro—cuya deprimente función se ha escenificado en unas 36 oficinas del DF—incluye también incurrir en un comportamiento indisciplinado.

“‘Ellas llegan, cada una por su lado, y se sientan en la sala de espera.  Esperan un ratito y de momento una—en mi caso fue la licenciada Fullana Hernández—se para y empieza a decir de forma gritona: ­«Quiero que me atiendan ahora…  Quiero que me den una emergencia».  Entonces la recepcionista trata de explicarle que tiene que hacer turno y esperar por una cita y ahí se alborota el gallinero’, dijo otra fuente, esta vez de la región de Mayagüez, donde casualmente se realizan las visitas sorpresa esta semana….

“Tras Fullana Hernández hacer su aparición estelar, entra a escena Sánchez Bras a realizar un ‘numerito’ similar.

[…]

“… una vez finalizada la actuación, Sánchez Bras y Fullana Hernández continúan tratando con arrogancia a los supervisores de las oficinas, quienes en ocasiones se han quedado con la palabra en la boca.”

(“Bochornoso espectáculo de María Sánchez Bras y María Fullana Hernández”, Primera Hora, 27 de mayo de 2011)

A simple vista, lo anterior parece la descripción de uno de esos sainetes de calle con los que Allen Funt (1914–1999) ponía—y sus miles de “herederos putativos” en todo el mundo (que en Puerto Rico van desde Efraín López Neris hasta Tita Guerrero) siguen poniendo—en aprietos a la gente común, la gente de la calle, sólo para terminar indicándole al (a la) incaut@ de turno que mirara hacia donde se ocultaba la cámara mientras le decía, “smile, you’re on Candid Camera!” (o “¡sonríe, estás en ‘La Cámara Cómica’!”, o “¡mira que ‘T-V-O’!”).  Y si las dos funcionarias en cuestión creen que con ello están haciendo un “statement” en forma de chiste, nadie (excepto tal vez, el secretario de la gobernación—el mismo que abogó en su momento por “sacar a patadas” de la Universidad de Puerto Rico a los revoltosos de izquierda, ya fuesen profesores o estudiantes, que a él lo mismo le da) se está riendo a juzgar por reacciones como la que sigue… con perdón de “Minga y Petraca”:

“‘Con ese espectáculo quedaron como «Minga y Petraca»…  Si tienen tanto guille de ser actrices, que se vayan a Hollywood en lugar de estereotiparnos a nosotros, que ya bastante que nos marginan diciéndonos «buscones», «vagos» y «cafres»’, dijo furioso y en su estilo picoso el líder comunitario Roberto ‘Papo Christian’ Pérez.

“Y es que para el vecino del residencial Manuel A. Pérez, en San Juan, el fabuloso plan teatral no es la forma adecuada de fiscalizar el servicio que se ofrece en las agencias gubernamentales.

“‘Por qué mejor no le preguntan directamente a los clientes cómo nos sentimos con el trato, en lugar de estar con este espectáculo.  Ésas no son formas… ¿qué están queriendo decir?  Que los que cogen cupones, incluyendo el montón de profesionales que quedaron desempleados con la Ley 7, somos unos indisciplinados, vulgares y sin educación.  Porque, pa’ que les quede claro, la mayoría del pueblo no somos gente como «Minga y Petraca»’, dijo Papo Christian.”

( “¿María Sánchez Bras y María Fullana Hernández se creen ‘Minga y Petraca’?”, Primera Hora, 27 de mayo de 2011)

A mí, francamente, me deja un mal sabor el que haya esa clase de funcionario de gobierno en Puerto Rico.  La clase de funcionario que se cree superior al resto de los seres humanos, la clase de funcionario que ostenta su poder y sus influencias, para “restregárselos” en la cara a quienes no tienen acceso a ese mismo poder.  Y no hay que ir muy lejos: sólo hay que recordar la burla de que fueron objeto las comunidades cercanas a la antigua base naval Roosevelt Roads en Ceiba, a manos del funcionario ostentoso e insensible que quiso zafarse del asunto con su “Such is life!” (que no fue el único en burlarse, como lo vimos a la semana siguiente).  Y ésta es la clase de funcionario público que asume una conducta enajenada de la realidad, en la que se resalta en forma burlona lo desagradable de la persona, con tal de “marcar su territorio”.  Y si esta clase de funcionario cree estar actuando en el mejor interés de los ciudadanos, e incluso se va “hasta el ñu” para justificar una maroma como ésa (como lo hizo posteriormente una de las funcionarias en cuestión—que por cierto, fue la encargada de la implantación de la famosa, o infame, Ley Número 7 de 2009)… ¡qué tal si a continuación me hace un chiste de “Pepito”!

Miren, mi gente, de que ha habido—y hay—deficiencias en los servicios que las agencias de gobierno le dan a los ciudadanos, eso no es nada nuevo.  Y en el caso de una agencia como el Departamento de la Familia, que en nuestro caso es la agencia que todo gobierno—que se enorgullezca de serlo—posee para fomentar el bienestar social y atender las necesidades de los menesterosos entre nosotros: niños, adultos, ancianos, personas con incapacidad física, personas que necesitan del apoyo de su gente para ponerse de pie y seguir adelante en la vida… ésa ha sido una realidad dolorosa por muchos años.  Y los elementos que causan ese problema—y hasta lo agrandan—siempre han estado ahí: poco personal para atender la clientela (muchas veces enorme) que viene a solicitar un servicio (problema amplificado por los efectos de la Ley Número 7 de 2009—ya expirada, por cierto), poca competencia del personal asignado a dar ese servicio (aunque aclaro: no son todos, ¿OK?), supervisión deficiente de los empleados, condiciones de trabajo que no son ni para una bestia de carga… y no sigo enumerando porque eso no es lo que quiero hacer aquí.

¿Y qué se ha hecho o se hace para atender esos elementos, para anular, o si no aliviar, su impacto, especialmente su impacto sobre esa misma clientela?

[…]

(¡Por favor, no contesten tod@s a la vez!)

[…]

(“¡No se oye!  ¡No se oye!  ¡No se oye!”)

[…]

OK, me cansé de esperar por la respuesta.  Aunque todavía tengo fe de recibir la misma algún día.  Pero en lo que llega ese día, ¿qué será lo próximo?  ¿Otra incursión de “Fulana” y “Mengana” (que ahora que se sabe a lo que van, seguramente las potenciales “víctimas” estarán en alerta)?  ¿O qué tal si envían los payasos?  ¿Y el resto del circo—con todo y animales?

¡Y vamos a dejarlo ahí!  (Digo, a menos que ustedes quieran que yo vuelva a lo de las “nenas” copa DD de Maripily… ¡yo sabía que no!)  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

Se revela el misterio: La culpa no es de los “animalitos peligrosos”

Household electric meter, USA
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Amigas y amigos, en la prensa de hoy (28 de septiembre de 2010) ha trascendido un análisis de la fórmula empleada por la Autoridad de Energía Eléctrica de Puerto Rico (AEE) (portal en español; el mismo portal, pero en inglés) por medio de la cual le fajan le roban le cobran el costo de la electricidad a los abonados del sistema eléctrico.  Ciertamente esto debe dar al traste con otras explicaciones fantasiosas sobre por qué los puertorriqueños tenemos que estar pagando precios de oro por un servicio esencial para nuestra vida diaria, para nuestro bienestar y para nuestro desarrollo económico.

Permítanme dar un par de paseítos down memory lane.  Por ejemplo, ¿se acuerdan cuando en junio de 2008 les planteé el caso de la factura de electricidad de mi residencia?  (Y por si acaso, los énfasis son los de la entrada original.)

“¿(M)e creerían si les digo que la factura de electricidad de mi residencia para el mes en curso refleja un monto cercano a los US$250.00?  (¡Y eso, que no hace ni dos años pensábamos en mi casa que una factura de electricidad de US$50.00 era cara!)  Lo malo es que apenas un 17% de ese total es el cargo por la electricidad realmente consumida en mi residencia. Pero lo peor es que la mayor parte del monto restante (o un 80% de esa diferencia) es un cargo para la compra de combustible.  Ése es un cargo que para mí nunca ha tenido mucho sentido, y que históricamente… (la AEE) ha aumentado o disminuido (más aumentado que disminuido, que conste) según le ha sido conveniente….

“¿No sería entonces mejor cambiar el nombre de la corporación pública a algo así como ‘Autoridad para la Compra de Combustible’, sobre todo si quienes tenemos que cargar con ese muerto somos nosotros?”

No pasaron ni cuatro meses del 2008, cuando el entonces director de la AEE le obsequió al pueblo de Puerto Rico esta “joya” explicativa sobre el alto costo de la electricidad—que como joya al fin, le salió bastante cara al final:

“Pues sí, más o menos eso fue que hizo… el Director Ejecutivo de la (AEE)…, Ing. Jorge Rodríguez, cuando contestó a la pregunta de una entrevistadora radial sobre los factores que han llevado al increíble aumento en el costo de la electricidad que se provee a los abonados.  El funcionario citó el caso de un abonado de la AEE que había visto un aumento en la factura de electricidad de su vivienda, que atribuyó a que unos ‘animalitos’ que él no describió habían penetrado el susodicho medidor, y que por ello el abonado tuvo que pedir que se le diera un crédito por la cantidad de electricidad consumida en exceso, cada vez que uno de estos ‘animalitos’ se electrocutaba dentro del medidor.

[…]

“Sea como sea, el caso es que esta expresión del Director Ejecutivo de la AEE le ganó una rechifla bastante grande entre el público general, al punto de que (dos días después), el funcionario se estaba disculpando públicamente por haberla hecho.  Pero ello no quedó ahí, ya que ese mismo día se supo que el abonado que había sufrido la lamentable experiencia con los ‘animalitos’ en su medidor de electricidad, y que había solicitado el crédito en su cuenta… ¡era el propio Director Ejecutivo de la AEE!”

OK, ¿qué tal si hacemos fast forward hasta el día de hoy?  El director del Centro para la Nueva Economía (CNE) reveló algo que voy a dejar que lo expresen las primeras líneas del artículo que lo reseña:

“La fórmula para calcular el factor de ajuste por concepto de compra de combustible ha sido el secreto mejor guardado de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) desde que empezó a utilizarse en 1948, porque la ecuación fue diseñada para proteger sólo a la corporación pública, favorecer la sobrefacturación y castigar al abonado cargándole hasta el doble por su consumo.”

(FUENTE: El misterio de su factura eléctrica: Sepa por qué la electricidad es tan cara.  El Nuevo Día, San Juan, P.R., 28 de septiembre de 2010.)

Según el artículo, la fórmula tiene cuatro componentes:

  1. Un “ajuste” por concepto de la compra del combustible (derivados de petróleo) que se utiliza en la generación de electricidad;
  2. Un “ajuste” por concepto de la compra de la energía producida por dos plantas co-generatrices que operan en la costa sur de Puerto Rico (una—EcoEléctrica—a base de gas natural y otra—AES—a base de carbón);
  3. Un cargo fijo de US$3.00 (US$3,00) para el manejo y servicio de la cuenta del abonado (o sea, para cosas así como el costo del franqueo postal de la factura); y
  4. El cargo por el consumo real de electricidad—que si vuelven un momentito hacia atrás en esta entrada, verán que es el 17% del total al que me refería en el caso de mi factura.

El artículo añade que los dos componentes de “ajuste” utilizan factores similares, algunos de cuyos componentes tienen que ver poco o nada con la electricidad.  Entre estos componentes están el costo de la electricidad consumida por los 78 municipios de Puerto Rico y el costo de la electricidad que la AEE pierde (principalmente por las instalaciones ilegales conocidas popularmente como “pillos de luz”) y no puede cobrar… ¡y no hace falta decir a costa de quién lo vienen a recuperar!  Añádase a esto un “ajuste” inversamente proporcional por el consumo de barriles de petróleo para la generación de electricidad (o sea, que mientras más petróleo se consume en el mes, menos le cobran al abonado, y viceversa)… ¡y póngase a llorar!

Para no estar vaciando el artículo completo aquí, digamos que todo lo anterior se presta para la sobrefacturación, al multiplicar el consumo real de electricidad por una cifra total que resulta ser inflada, o sea, que se paga hasta el doble de lo que debería ser una cantidad justa y razonable por un servicio público.

Francamente, la explicación que da el CNE sobre el alto costo de la electricidad en Puerto Rico me parece más lógica y con más sentido que aquélla sobre los “animalitos” que penetran los medidores de consumo eléctrico y se electrocutan allí, para causar un mayor consumo de energía en el proceso.  Pero al igual que el enfermo que se niega a ver su propia realidad (y ya saben que ése es el primer paso hacia la recuperación), la AEE se niega a aceptar que se esté facturando excesivamente el costo de la electricidad, o hasta que en ese proceso se sea injusto con los abonados.  (Y para lograr que la AEE admita algo así… ¡se necesita de Dios y su santa ayuda!)

Yo, por mi parte, prefiero creer en el análisis ponderado de la situación, en un análisis que me dé una explicación lógica y racional de por qué tengo que pagar un costo exagerado para poder tener asegurado mi bienestar y mi tranquilidad… y no en una “gansería” irresponsable como el cuento aquél de los “animalitos peligrosos”.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.

LDB

Duelo a Tiros en el Corral Educativo

¡Saludos, mi gente, dondequiera que estén!

Aquí estoy desde mi punto de mira, observando lo que me parece que es un juego de gato-y-ratón (o tal vez, algo peor). Desde finales de la semana pasada, la Federación de Maestros de Puerto Rico ha estado manteniendo una huelga en contra del Departamento de Educación de Puerto Rico (la misma agencia que en los tiempos de mi padre se conocía como el “Departamento de Instrucción Pública”). Para beneficio de quienes leen esto alrededor del mundo, la huelga en cuestión se produce en momentos en que ambas partes negocian un convenio colectivo, al amparo de la Ley 45 del 25 de febrero de 1998, conocida como la Ley de Relaciones del Trabajo para el Servicio Público de Puerto Rico. Ambas partes llevan alrededor de dos años en esas gestiones, y aún están encontrados en lo que se refiere a salarios, privatizaciones de servicios y cantidad de estudiantes que un maestro puede atender por aula de clase.

Hasta ahi vamos bastante bien. Por lo menos ya hay un compromiso de la agencia gubernamental, de que no se recurrirá a privatizar aquellas escuelas que se estén desempeñando de manera inferior a lo deseado, y cosas como el mejoramiento en las condiciones económicas y el número de estudiantes por aula estaban en vías de negociarse. Pero entonces, ¿cuál es el problema? El problema es que en una movida sorpresiva, la sindical magisterial se levantó de la mesa de negociación y decretó la huelga, a pesar de que muchos sectores del pueblo aconsejaron que ello no se hiciera. Peor aún, la huelga estaba contraindicada por la misma Ley 45 bajo la cual se estaba llevando a cabo la negociación. Por si alguien tiene alguna duda, veamos qué es lo que dice la Ley 45 a ese respecto:

Artículo 7 (Prohibiciones), Sección 7.1: Se prohibe participar, decretar o inducir a los miembros de una organización sindical o cualquier otro grupo de empleados del sector público, ya fuere por una persona en su carácter individual o por una organización sindical, a que decreten o participen en una huelga. Aquellos empleados que participen en una huelga, podrán ser destituidos conforme a las disposiciones reglamentarias que sobre acciones disciplinarias haya promulgado la Agencia.

Por supuesto, esta prohibición tiene sentido para quienes creen que el sector público—por contener las agencias de gobierno que atienden las necesidades apremiantes del pueblo, como la seguridad y la salud pública—no debe irse a una huelga que podría poner en juego la estabilidad del mismo pueblo al que se pretende servir. Otros creen que éste es uno de los muchos defectos de los que padece la Ley 45, y que por ello no debió ni aprobarse tan siquiera. Otro defecto notable de la Ley 45 estriba en una cláusula que hace que la propia existencia de la ley gravite sobre la prohibición que acabo de citar (cosa que normalmente yo no veo cuando se refiere a mi atención algún proyecto de ley):

Artículo 18 (Vigencia y Claúsula de Separabilidad), Sección 18.1 (Separabilidad): Si cualquier parte, párrafo o sección de esta Ley fuese declarada nula por un Tribunal con jurisdicción competente, la sentencia dictada a tal efecto sólo afectará aquella parte, párrafo o sección cuya nulidad haya sido declarada. En aquellos casos que la nulidad declarada se refiera a las disposiciones relacionadas con la prohibición de realizar huelgas o la prohibición de negociar cláusulas que representen compromisos económicos más allá de los recursos disponibles, la sentencia dictada tendrá el efecto de declarar nula la Ley en su totalidad.  (Énfasis añadido.)

Personalmente, yo creo que la Ley 45 tiene sus fallas (como las que acabo de citar), pero no es como para pedir que la misma sea derogada de golpe y porrazo, como es una de las pretensiones que se han expresado en esta huelga. Yo también creo que la misma ley debe ser reformulada, a fin de que se garanticen los derechos de los trabajadores del gobierno y se mantengan aquellos logros que tanto sacrificio ha costado obtener. Y una de las reformas que podría considerarse es un derecho de huelga con ciertas limitaciones, que no afecten los servicios esenciales que se presten al pueblo. Aún así, tengo fe en que la Ley 45 se revise a su debido tiempo, y que todos saldremos beneficiados.

Pero para hacer el cuento corto, en este conflicto nadie quiere dar su brazo a torcer. Cada parte reclama para sí el éxito con cada movida táctica. Educación reclama que hay poco apoyo para la huelga de parte de los maestros, aunque no debería sorprender que esa falta de apoyo obedezca a que muchos de los maestros han optado por esperar en sus casas a que pase la tormenta. Los huelguistas, por su parte, reclaman el éxito al paralizar las escuelas, aunque para ello estén usando refuerzos (por ejemplo, estudiantes izquierdistas y miembros de otras sindicales). Sin embargo, no deja de preocupar cuando se echan sombras sobre este tipo de conflicto, en forma de actos violentos e intimidatorios de una u otra parte. (Y eso es algo de lo que no tengo duda alguna: ¡NINGUNA DE LAS PARTES ES INOCENTE!)

Y entonces yo me pregunto, ¿a qué abona eso? Una huelga que no está avalada por la misma ley bajo la cual se está negociando, ¿qué propósito puede tener? Hay quien dice que el fin ulterior de esta huelga es que se derogue la Ley 45. Pero entonces, ¿qué quedará para las demás agencias gubernamentales que están sujetas a esa ley (como aquélla para la cual yo trabajo)? ¿Habrá que empezar todo el proceso de nuevo? Y más importante aún: ¿qué sucederá con la educación de los niños? El bienestar y la formación de nuestros niños, ¿debe caer como víctima de la provocación de una sindical y de la falta de seriedad y compromiso de un gobierno? (Y cuando utilizo aquí la palabra “gobierno”, incluyo tanto a una rama ejecutiva carente de la fuerza moral necesaria para enfrentar retos, como a una rama legislativa enfocada en una lucha por obtener el poder sin importar a quién se lleve por el medio. Y de eso tampoco me queda la menor duda: ¡NINGUNA DE LAS PARTES ES INOCENTE!)

En fin, que este conflicto apenas está comenzando.  Habrá que esperar a que el mismo termine para ver quién más salió lastimado…

¡Y vamos a dejar eso ahí! Cuídense mucho y pórtense bien. ¡Hasta luego!

LDB