¿Mugir o embestir?

“¡Ah desgraciado si el dolor te abate,
si el cansancio tus miembros entumece!
Haz como el árbol seco: reverdece
y como el germen enterrado: late.

“Resurge, alienta, grita, anda, combate,
vibra, ondula, retruena, resplandece…
Haz como el río con la lluvia: ¡Crece!
Y como el mar contra la roca: ¡Bate!

“De la tormenta al iracundo empuje,
no has de balar, como el cordero triste,
sino rugir, como la fiera ruge.

“¡Levántate! ¡Revuélvete! ¡Resiste!
Haz como el toro acorralado: ¡Muge!
O como el toro que no muge: ¡Embiste! ”

José de Diego (1866–1918), En la Brecha

En Puerto Rico, los últimos meses de 2013 y el inicio de 2014 han sido objeto de una disyuntiva, ocasionada por las medidas que toman quienes tienen la sartén por el mango—y como decía Alberto Cortez, “el mango también”—cuando dicen darse cuenta, temprano en el proceso, de que el mismo oro con el que pavimentaron las calles de la ilusión se ha hecho inasequible.  Medidas que responden a la Regla de Oro del nuevo milenio: “El que tiene el oro, es el que hace las reglas.

Medidas que son la principal consecuencia de años y años de despilfarros, de malos manejos fiscales que se quisieron subsanar con dinero “prestado” por las generaciones futuras, y que se pretenden borrar tan “de golpe y porrazo” como sea posible.  Y ello a costa, no de quienes se hicieron con el botín, sino de quienes hicieron su aporte honesto, sus sacrificios más fuertes para poder poner en marcha un país, sólo para ver como se les “castiga” esa lealtad.

Es más, no hace falta decir que ya pasamos por este mismo camino antes.  Y no puedo decir que los signos no estuvieran visibles, aun para los más ciegos entre nosotros, y que no se hicieron las debidas advertencias.  Como lo escribí alguna vez en este blog:

“A mí me parece que muchas de estas recomendaciones… son innecesarias o resultarían muy onerosas para la gente común y corriente, la gente que está en la calle tratando de sobrevivir de día en día y de cheque de pago en cheque de pago….

[…]

“En fin… a mí me parece que la medicina que nos espera sí que va a ser difícil de tragar para un pueblo que ya está saturado con sus problemas de todos los días.  Cómo pueda cada uno de nosotros asimilar esa medicina es lo que determinará si las recomendaciones (porque… ‘sólo son recomendaciones’) propuestas… surten algún efecto… pero no me quiero hacer muchas ilusiones sobre ello.”

Ni entonces, ni ahora, quiero hacerme ilusiones de que el efecto de las “recomendaciones” para solucionar la crisis del fisco sea positivo.  Sobre todo, a juzgar por lo que se está viendo últimamente.  Y lo que se está viendo no es muy agradable que digamos.  Particularmente cuando la tendencia de los últimos años ha sido la de los gobiernos meter la mano en los bolsillos del pueblo para tapar su propia incompetencia—porque es mejor pedir perdón que pedir permiso.  Tal vez mediante leyes traídas por los pelos, legisladas en sesiones extraordinarias convocadas con mucho sigilo, mientras el resto del país se ofusca celebrando “las Navidades más largas del mundo”.  (¿En ese “duérmete, nene” es que nos tienen?)  Leyes que responden a un deseo de quedar bien con los tenedores de bonos o “bonistas”—los mismos de los que la Constitución de Puerto Rico de 1952 nos recuerda que hay que apaciguar antes que a nadie más—y con las casas de corretaje de la calle Wall neoyorquina que esperan pacientemente como buitres, que a un verdadero propósito de ayudar a un prójimo que se muere de la nada.

¿Y los responsables de todo esto?  Siempre las mismas caras, las mismas figuras.  Lo mismo los azules del PNP que los rojos del PPD.  Unos y otros diciéndole a sus conciudadanos que lo están haciendo “por su bien”.  Cualquiera diría que el paternalismo de otros tiempos, como lo diría la vieja canción, no estaba muerto, sino que anduvo de parranda por un tiempo.

Entonces, como lo planteé en la entrada que cito arriba, ¿cómo puede cada uno de nosotros asimilar esa medicina que nunca deseó tomar?

Por lo menos, el colectivo de l@s maestr@s del sistema público de enseñanza, cuyo sistema de retiro independiente del de los demás servidores públicos—con la excepción que mencionaré en breve—se ha visto amenazado con esas nuevas leyes aprobadas “de noche, con gran cautela”, encontró que mugir como el toro acorralado del poema de de Diego no lo llevará a ninguna parte.  Ese colectivo decidió embestir.  Y luego de que no se le hiciera caso en principio, llevó su protesta al palacio boricua de las leyes—el mismo recinto cuyos ocupantes rojos, azules y verdes han hecho desmerecer su prestigio.  Y aunque algun@ de l@s agraviad@s se fuera a extremos objetables—como el de un maestro cuyo acto de orinar en uno de los escaños ha desatado un debate filosófico sobre dónde cayó el chorro (si en la silla del legislador o en el escritorio) y sobre el rango jerárquico de la “víctima” del aparente intento de “orinicidio” (¡hay que ver en lo que perdemos el tiempo en este país!), o el maestro que en su empeño por entrar a una oficina legislativa destruyó una costosísima puerta de vidrio (como diría cierta politóloga sata, “güey tu gou!”)—, no es menos cierto que estaba haciendo sentir su molestia por el agravio cometido en su contra.

Porque eso fue lo que ocurrió: l@s maestr@s fueron objeto de un agravio.  Y en lugar de sólo mugir acorralados, es@s maestr@s estaban en plena embestida, exigiendo la reparación de ese agravio.  Un agravio que podría tener repercusiones, pero a eso quiero ir más abajo en la entrada.

Hasta aquí todo estaría bien, de no ser porque hay otros que están tratando de embestir contra lo que consideran como un agravio: los miembros de la rama judicial de gobierno, cuyo sistema de retiro también es independiente del de los empleados públicos y del de los maestros.  Contra los jueces y las juezas se cierne también el espectro de leyes de reforma a su sistema de retiro, también para tapar el mismo agujero que se pretende tapar con la reforma al sistema de retiro de l@s maestr@s.  Porque parece que eso es lo único que saben hacer las autoridades en una crisis como ésta: tapar agujeros.*  Y aunque no tan militantes como l@s maestr@s, los jueces y las juezas han mostrado oposición a esas medidas, aunque tal vez los motivos no parezcan ser igual de nobles, especialmente cuando equiparan la independencia judicial a su sueldo.  Sobre todo porque cuando se retiran, se les garantiza un 100% del salario más alto percibido—que no es lo mismo que para l@s maestr@s y otros servidores públicos, a los cuales lo más que se les garantizaba hasta no hace mucho era un 75% del promedio de los tres salarios más altos.  (Y para colmo, para quienes nos retiremos del servicio público en un futuro no muy lejano, esa proporción será aún más baja [dicen que hasta de 38%].  ¡Qué mal nos va! Crying face )

Sea como sea, lo principal es que en Puerto Rico, en los últimos años, la situación económica ha caído en una verdadera crisis, más o menos la misma que veíamos que ocurría en países como Argentina o Grecia, en los que la irresponsabilidad fiscal de los gobiernos llevó a apretar el cinturón, aunque no necesariamente su propio cinturón, sino el cinturón de los demás, de la gente que trabaja, que produce, que no tiene la culpa de esa irresponsabilidad.  Y esa misma gente ha visto, o según espero, lo está empezando a ver, o debe de empezar a ver, que no puede seguir mugiendo como toro acorralado.  Que hay que unirse para buscar soluciones, por encima de la arrogancia y el desprecio de quienes crearon un caos del que les interesa distanciarse, como si con ellos no fuera la cosa.

Y le guste a quien le guste, hay quien se está levantando, quien se está revolviendo, quien se está resistiendo.  Hay quien está embistiendo.  Y más vale que quienes pusieron a los demás en este predicamento tomen nota y se muevan actuar para bien.

Y ya que no cerré adecuadamente el 2013 en este blog—por lo que les pido las debidas disculpas—, vamos a hacer algo mucho mejor: ¡vamos a dejar el comienzo de 2014 ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


* Y ya que estamos hablando de tapar agujeros, he aquí algo del baúl de los recuerdos… ¿o era “de los recuerdos del baúl”?  ¡Qué sé yo!  Smile with tongue out

"Francamente, para mí… es como tratar de reparar una represa colocando un dedo en la grieta por donde se está colando el agua….

[…]

“Por cierto, me viene a la mente la leyenda del niño holandés—unas versiones lo llaman ‘Peter’, otras versiones lo llaman ‘Hans Brinker’—que salvó a su poblado de verse inundado, al ser el primero en percatarse de que el agua del océano se estaba colando por una grieta en un dique y tapar dicha grieta con un dedo…  Si eso hubiese ocurrido en Puerto Rico, probablemente la prensa estaría a su alrededor tratando de matarlo a preguntas, y hasta habría manifestaciones de ‘apoyo’ y ‘solidaridad’ de los radicales en el movimiento ambiental local (y ellos saben quiénes son)…  ¡Y tal vez hasta el propio gobierno le requeriría al pobre muchachito preparar una declaración de impacto ambiental por tan sólo estar poniendo el dedo en la grieta!  ¡Quién entiende esto!”

De una vez, aprovecho para corregir la omisión de no haber hecho referencia a alguna de las fuentes de esa leyenda.  Afortunadamente, encontré la fuente que les dejo a continuación (en inglés), en la que se aclara quién era realmente Hans Brinker y quién era Peter, y que este último fue el verdadero héroe que salvó la ciudad de Haarlem, Holanda.

The Boy who Saved the Netherlands, en Lidy’s Page (acceso: 19 de enero de 2014).


LDB

¿Qué es, que acaso no podemos llevarnos bien?

With his family by his side, Barack Obama is s...
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Como prácticamente todo el mundo, miro de cerca la actual discusión entre los poderes ejecutivo y legislativo estadounidenses sobre el presupuesto de gastos del gobierno federal para el año fiscal 2012, que debe iniciarse el 1 de octubre de 2011.  La misma que se ha caracterizado por la discusión de si se eleva el límite de la deuda pública estadounidense para evitar incumplir con los pagos de sus obligaciones fiscales.  Y como a prácticamente todo el mundo, me tiene que preocupar que se acerque la fecha del 2 de agosto de 2011 (pasado mañana al momento de escribir esta entrada)—la fecha que se entiende que más allá de la misma, el gobierno de Estados Unidos estaría incumpliendo con sus obligaciones fiscales, si no se atiende esta situación—sin un acuerdo que permita atajar la crisis inminente.

¿A qué se debe esto realmente (si me permiten salirme un poco de la línea en la que quiero llevar esta entrada)?  Se trata de algo así como lo que dice un reportaje de CNN-Money (noten en particular los dos párrafos en el medio de la cita):

¿Qué es exactamente el límite de la deuda?  Es un límite establecido por el Congreso (estadounidense) a la cantidad de dinero que el gobierno federal puede tomar prestado legalmente.  La limitación aplica a la deuda contraída con el público (es decir, con cualquiera que compra bonos de los Estados Unidos), más la deuda contraída con los fondos en fideicomiso del gobierno federal como aquéllos para el Seguro Social y el Medicare.

[…]

¿Cuán alto es el límite de la deuda ahora mismo?  El límite está establecido actualmente en 14 millones 294 mil millones de dólares (US$14_294 trillones).  La deuda acumulada nacional llegó a esa marca la mañana del 16 de mayo (de 2011).

“Pero al tomar medidas extraordinarias como suspender las inversiones en fondos de retiro federal, (el Secretario Federal de Hacienda, Timothy) Geithner podrá bajar la deuda total lo suficiente como para permitirle al gobierno tomar prestado hasta el 2 de agosto (de 2011).

[…]

¿Qué pasa si el Congreso (estadounidense) rebasa el límite de la deuda?

La Hacienda Federal no tendría la autoridad para tomar prestado más dinero.  Y eso puede ser un problema, ya que el gobierno federal toma prestado para compensar la diferencia entre lo que gasta y lo que recibe.  (El gobierno federal) utiliza ese dinero prestado para ayudar a sufragar (sus) operaciones y pagarle a sus acreedores.”

(Adaptado de: ‘U.S. Hits Debt Ceiling: Why It Matters’, CNN Money, 17 de mayo de 2011.  Y sí, la traducción es mía.)

Es más, yo creo que no voy ni a entrar a discutir las consecuencias de que el gobierno estadounidense se quede, como decimos en Puerto Rico, “más pela’o que la rodilla de un cabro” para poder pagar sus deudas y demás compromisos.  De hecho, Prometeo enumera varias de esas consecuencias en su blog, así que como decía el finado Raúl Vale, “eso se los dejo de asignación”.  (O si quieren, se hacen una búsqueda en Google con los términos “u.s.”, “debt” y “ceiling” y después hablamos.)  Pero a lo que sí quiero ir es a la manera en la que se ha estado manejando toda esta controversia.  Más bien, me recuerda al toma y dame que nos llevó (a mí y a unos 95000 servidores públicos más) a enfrentar un cierre del gobierno estatal en el 2006, y que se debió principalmente a que se dejó un asunto de tan grave importancia en manos de un “gobierno compartido” compuesto por gente que no estuvo, ni está (y creo que NUNCA lo estará) capacitada para manejarlo, para darle la importancia que se merece ese asunto.

(Y aunque suene exagerado, entre otras cosas se teme un cierre del gobierno federal en el caso que nos ocupa.)

Y lo malo de esto es que la gente que está manejando ese asunto mientras escribo esto—o sea, el presidente Barack H. Obama y los líderes legislativos estadounidenses—están divididos en cuanto a quién debe cargar con la responsabilidad de ayudar a mantener el crédito gubernamental flotante: si los pobres y los segmentos de la sociedad estadounidense que reciben esos beneficios de seguridad social y cuidado médico porque los necesitan para poder enfrentar un sistema injusto, o los sectores más pudientes que aún en tiempos de crisis financiera se las ingenian para hacerse de riquezas, no importa qué o a quién se tengan que llevar enredado en el proceso.  Los primeros a través de recortes en esos mismos beneficios que les ayudan a tener una vida más o menos decente (especialmente la asistencia con los costos de los servicios de salud, cada vez menos asequibles); los segundos, a través de un aumento en los impuestos que pagan, o alguna medida que les haga aportar en su justa medida a la sociedad.

Obviamente, cada quién tiene que arrimar la brasa a su sardina, cada quién tiene su derecho a defender los intereses que más le convenga defender.  Pero en el proceso, los hoy debatientes se podrían llevar enredados a quienes menos interés tienen de oír el chisme de barrio en el que toda la discusión se ha vuelto, y más interés tienen de que se gobierne de manera justa y honrada.

Y tanto yo como ésos que se verán afectados—sobre todo, las miles de personas que, para bien o para mal, dependen de las ayudas federales que recibe Puerto Rico, porque parece que a pedir eso es a lo único que va la representación-sin-voto que el partido que se monte en el poder (PNP o PPD, siempre es lo mismo) envía a Washington, D.C. cada cuatro años—nos preguntamos: ¿habrá alguna manera de que pueda lograrse un acuerdo en cuanto a la limitación de la deuda pública estadounidense?  Como en el caso que me afectó (a mí, entre otros) hace ya cinco años, parecería que los que están manejando el tema no lo están haciendo con la debida capacidad; más bien, lo que despliegan es un ansia de protagonismo, de querer aparecer como “héroes” en una guerra en la que hay salvar al mundo de las “hordas asesinas” que amenazan con destruirlo.

(OK, puede ser que la mentalidad de estas personas no sea muy diferente a la del confeso asesino de setenta-y-tantas personas en Oslo y en la isla de Utoya en Noruega hace un par de semanas, aunque tal vez no se atrevan a llegar a los extremos a los que llegó ese desgraciado—no cabe otra palabra para describirlo…)

Y en un caso y el otro, me sale hacer la misma pregunta: toda esta gente, ¿no se estará dando cuenta de las consecuencias que sus acciones les podrían acarrear a los demás, a los mismos ciudadanos y ciudadanas a los que se comprometieron a servir desde sus cargos de importancia?  (Digo, a menos que el compromiso hubiese sido a servirse de esos mismos ciudadanos y ciudadanas…)  Yo creo que a estos funcionarios públicos estadounidenses, eso ni les viene ni les va.  Lo único que les importa es ver quien es el más astuto, quién es el que puede aguantar más el fragor de la batalla y “triunfar” sobre “el enemigo”.  (¿Habrán estudiado también el libro de Sun Tzu?)

Y en eso tengo que reiterar la descripción del presidente Obama con la que inicié la entrada sobre su visita fugaz a Puerto Rico: ASTUTO.  Y fue astuto al presentarse ante sus ciudadanos en el “prime time” televisivo, con toda la solemnidad de su cargo, para pedirles que inundaran con mensajes los cuadros telefónicos y las bandejas de entrada de email de los miembros del Congreso estadounidense y sus líderes, tal vez para ponerlos públicamente en vergüenza por no hacerle caso a lo que sus representados les piden.  (Que se avergüencen de verdad… bueno, ya eso es otra cosa.)

Mientras escribo, no estoy seguro de cómo acabará ese lío.  O tal vez sí, si se da el que al último minuto antes de la medianoche entre el lunes 1 y el martes 2, salga un “héroe” dispuesto a “salvar” a los estadounidenses de una debacle económica devastadora… o dispuesto a dejar que esa humanidad se hunda para “salvarla” de un peligro mayor… un peligro que puede ser real, o no.

Es más: ¡vamos a dejarlo ahí, a ver qué sucede!  Cuídense mucho y pórtense bien.


ACTUALIZACIÓN (1 de agosto de 2011): Y resulta que mientras yo escribía esto anoche, se logró un compromiso de último minuto (¿por qué será que eso no me sorprende?) para aumentar el límite de la deuda pública estadounidense en dos millones 100 mil millones de dólares (US$2_100 trillones) adicionales, a fin de continuar pagando esa deuda hasta el 2013.  También se procuraría reducir el déficit presupuestario en el transcurso de una década, lo que incluiría la designación de un comité bipartidista que pueda encontrar US$1_5 trillones en ahorros adicionales antes de que se acabe el 2011.  (Me imagino que eso no incluirá comprar de ahora en adelante toda la ropa en “Me Salvé”…)  Aunque se dice que ese negocito aún no está tallado en piedra—porque aún hay que hacerle el cuento ése al Congreso, ¿me entienden?—, se entiende que puede ser un alivio, aunque tal vez no será la cura del mal de fondo que aqueja a la economía estadounidense.  Así que habrá de esperar, hasta que de Washington venga el próximo estornudo… ¡y sabrá Dios cuán fuerte pueda ser la pulmonía por acá!


LDB

¡Que vengan los payasos!

clowns
Image by Craft*ology via Flickr

¡Saludos, amigas y amigos, mi gente!  Antes de comenzar, tengo una noticia de última hora:

“La modelo puertorriqueña Maripily se encuentra en franca recuperación de la cirugía que le realizara ayer el doctor Anire Okpaku, en el Mercy Hospital de Miami, para eliminar la marcada separación que lucía entre sus senos.

“‘i’m back! mi amores de twitter, estoy nuevamente aqui con ustedes. Gracias a Dios me encuentro bien, super contenta, quedaron de show!’, expresó esta mañana Maripily, a través de la red social Twitter.

“La también anfitriona de televisión compartió con Primera Hora unas imágenes de parte del proceso quirúrgico.”

(“Maripily asegura que los senos le ‘quedaron de show’”, Primera Hora, 27 de mayo de 2011)

OK, ya mencioné a Maripily, salí de eso.  Pasemos a otra cosa, shall we?

Parece mentira que con el pretexto de evaluar la prestación de servicios en las agencias del gobierno puertorriqueño se cometan barbaridades.  Pero así fue que trascendió en la prensa el viernes 27 de mayo de 2011.  Dos funcionarias gubernamentales… no, creo que sería más justo describirlas como parte de lo que ya conocemos como los “gatilleros” gubernamentales, han estado dejando correr su vena histriónica y se han ido a varias oficinas del Departamento de la Familia (antes llamado “de Servicios Sociales”) a montar un espectáculo bastante patético.  Es más, voy a dejar que la siguiente descripción hable por sí misma:

“Usualmente, visten de forma impecable y elegante para cumplir con sus labores como funcionarias de la Secretaría Auxiliar para Asuntos Gubernamentales y Federales en Fortaleza.

“ […]  En esta ocasión, el outfit de María Sánchez Bras y María Fullana Hernández cambia drásticamente para estelarizar a ‘Fulana’ y ‘Mengana’, dos mujeres desempleadas que acuden de forma incógnita… a alguna oficina local del Departamento de la Familia (DF) a solicitar los servicios del Programa de Asistencia Nutricional (PAN), el cual les ofrece ayuda económica a las personas o familias de bajos ingresos.

“Su arribo a las oficinas—como parte del show—conlleva que vayan vestidas de forma descuidada, sin maquillaje, un moñito mal hecho y, en ocasiones, con la tira del brassiere por fuera.

“Después de todo, según ellas mismas les han explicado a algunos empleados de Familia, ‘tenemos que vestir como los clientes’.

[…]

“Ahí no queda la cosa, pues el teatro—cuya deprimente función se ha escenificado en unas 36 oficinas del DF—incluye también incurrir en un comportamiento indisciplinado.

“‘Ellas llegan, cada una por su lado, y se sientan en la sala de espera.  Esperan un ratito y de momento una—en mi caso fue la licenciada Fullana Hernández—se para y empieza a decir de forma gritona: ­«Quiero que me atiendan ahora…  Quiero que me den una emergencia».  Entonces la recepcionista trata de explicarle que tiene que hacer turno y esperar por una cita y ahí se alborota el gallinero’, dijo otra fuente, esta vez de la región de Mayagüez, donde casualmente se realizan las visitas sorpresa esta semana….

“Tras Fullana Hernández hacer su aparición estelar, entra a escena Sánchez Bras a realizar un ‘numerito’ similar.

[…]

“… una vez finalizada la actuación, Sánchez Bras y Fullana Hernández continúan tratando con arrogancia a los supervisores de las oficinas, quienes en ocasiones se han quedado con la palabra en la boca.”

(“Bochornoso espectáculo de María Sánchez Bras y María Fullana Hernández”, Primera Hora, 27 de mayo de 2011)

A simple vista, lo anterior parece la descripción de uno de esos sainetes de calle con los que Allen Funt (1914–1999) ponía—y sus miles de “herederos putativos” en todo el mundo (que en Puerto Rico van desde Efraín López Neris hasta Tita Guerrero) siguen poniendo—en aprietos a la gente común, la gente de la calle, sólo para terminar indicándole al (a la) incaut@ de turno que mirara hacia donde se ocultaba la cámara mientras le decía, “smile, you’re on Candid Camera!” (o “¡sonríe, estás en ‘La Cámara Cómica’!”, o “¡mira que ‘T-V-O’!”).  Y si las dos funcionarias en cuestión creen que con ello están haciendo un “statement” en forma de chiste, nadie (excepto tal vez, el secretario de la gobernación—el mismo que abogó en su momento por “sacar a patadas” de la Universidad de Puerto Rico a los revoltosos de izquierda, ya fuesen profesores o estudiantes, que a él lo mismo le da) se está riendo a juzgar por reacciones como la que sigue… con perdón de “Minga y Petraca”:

“‘Con ese espectáculo quedaron como «Minga y Petraca»…  Si tienen tanto guille de ser actrices, que se vayan a Hollywood en lugar de estereotiparnos a nosotros, que ya bastante que nos marginan diciéndonos «buscones», «vagos» y «cafres»’, dijo furioso y en su estilo picoso el líder comunitario Roberto ‘Papo Christian’ Pérez.

“Y es que para el vecino del residencial Manuel A. Pérez, en San Juan, el fabuloso plan teatral no es la forma adecuada de fiscalizar el servicio que se ofrece en las agencias gubernamentales.

“‘Por qué mejor no le preguntan directamente a los clientes cómo nos sentimos con el trato, en lugar de estar con este espectáculo.  Ésas no son formas… ¿qué están queriendo decir?  Que los que cogen cupones, incluyendo el montón de profesionales que quedaron desempleados con la Ley 7, somos unos indisciplinados, vulgares y sin educación.  Porque, pa’ que les quede claro, la mayoría del pueblo no somos gente como «Minga y Petraca»’, dijo Papo Christian.”

( “¿María Sánchez Bras y María Fullana Hernández se creen ‘Minga y Petraca’?”, Primera Hora, 27 de mayo de 2011)

A mí, francamente, me deja un mal sabor el que haya esa clase de funcionario de gobierno en Puerto Rico.  La clase de funcionario que se cree superior al resto de los seres humanos, la clase de funcionario que ostenta su poder y sus influencias, para “restregárselos” en la cara a quienes no tienen acceso a ese mismo poder.  Y no hay que ir muy lejos: sólo hay que recordar la burla de que fueron objeto las comunidades cercanas a la antigua base naval Roosevelt Roads en Ceiba, a manos del funcionario ostentoso e insensible que quiso zafarse del asunto con su “Such is life!” (que no fue el único en burlarse, como lo vimos a la semana siguiente).  Y ésta es la clase de funcionario público que asume una conducta enajenada de la realidad, en la que se resalta en forma burlona lo desagradable de la persona, con tal de “marcar su territorio”.  Y si esta clase de funcionario cree estar actuando en el mejor interés de los ciudadanos, e incluso se va “hasta el ñu” para justificar una maroma como ésa (como lo hizo posteriormente una de las funcionarias en cuestión—que por cierto, fue la encargada de la implantación de la famosa, o infame, Ley Número 7 de 2009)… ¡qué tal si a continuación me hace un chiste de “Pepito”!

Miren, mi gente, de que ha habido—y hay—deficiencias en los servicios que las agencias de gobierno le dan a los ciudadanos, eso no es nada nuevo.  Y en el caso de una agencia como el Departamento de la Familia, que en nuestro caso es la agencia que todo gobierno—que se enorgullezca de serlo—posee para fomentar el bienestar social y atender las necesidades de los menesterosos entre nosotros: niños, adultos, ancianos, personas con incapacidad física, personas que necesitan del apoyo de su gente para ponerse de pie y seguir adelante en la vida… ésa ha sido una realidad dolorosa por muchos años.  Y los elementos que causan ese problema—y hasta lo agrandan—siempre han estado ahí: poco personal para atender la clientela (muchas veces enorme) que viene a solicitar un servicio (problema amplificado por los efectos de la Ley Número 7 de 2009—ya expirada, por cierto), poca competencia del personal asignado a dar ese servicio (aunque aclaro: no son todos, ¿OK?), supervisión deficiente de los empleados, condiciones de trabajo que no son ni para una bestia de carga… y no sigo enumerando porque eso no es lo que quiero hacer aquí.

¿Y qué se ha hecho o se hace para atender esos elementos, para anular, o si no aliviar, su impacto, especialmente su impacto sobre esa misma clientela?

[…]

(¡Por favor, no contesten tod@s a la vez!)

[…]

(“¡No se oye!  ¡No se oye!  ¡No se oye!”)

[…]

OK, me cansé de esperar por la respuesta.  Aunque todavía tengo fe de recibir la misma algún día.  Pero en lo que llega ese día, ¿qué será lo próximo?  ¿Otra incursión de “Fulana” y “Mengana” (que ahora que se sabe a lo que van, seguramente las potenciales “víctimas” estarán en alerta)?  ¿O qué tal si envían los payasos?  ¿Y el resto del circo—con todo y animales?

¡Y vamos a dejarlo ahí!  (Digo, a menos que ustedes quieran que yo vuelva a lo de las “nenas” copa DD de Maripily… ¡yo sabía que no!)  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

De los numeros que no eran y del estofado de tigre

Tiger Woods
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¡Qué tal, mi gente!  Voy a empezar rapidito, que hoy tengo “mucho con demasiado”…

Y empiezo manifestando mi confusión ante la noticia que indica que las cifras que se decían a poco de la victoria electoral del hoy gobernador de Puerto Rico, Luis G. Fortuño Bruset, de la cantidad de transacciones de personal en el gobierno, hechas durante el periodo de veda electoral de 2008 (lo que las haría ilegales), resulta que son incorrectas.  De las 11000 transacciones ilegales que se estimaba al principio, ahora resulta que las mismas ascienden a 1035 (lo que representa un 9.4% [9,4%] de la cifra originalmente dada a conocer).  La mayoría de esas transacciones ilegales (unas 930) se efectuaron durante los primeros 2 meses de la veda (que a diferencia de lo que establece la ley—que la veda sea desde 2 meses antes de las elecciones hasta 2 meses después de las mismas—incluyó los meses de julio y agosto de 2008).

Pero si malo es eso, peor es el hecho de que dentro del propio gobierno no haya un mensaje coherente que explique fehacientemente discrepancias como ésta.  Más aún, cuando afirmaciones como la de que se hicieron 11000 transacciones ilegales en tiempo legalmente prohibido es uno de los fundamentos para justificar las medidas de “recuperación” económica y fiscal que se han estado implantando—la más notoria de las cuales, como ya ustedes saben, es el despido de 17000 servidores públicos que tendrán que empezar desde el cero a partir de enero de 2010.  De un lado, el propio gobierno insiste en que sus cifras son las correctas, pero del otro lado, la persona que divulgó la cifra “verdadera”, el director de la Oficina de Recursos Humanos del Estado Libre Asociado (ORHELA), el Sr. Samuel Dávila Cid, insiste en que la cifra que él da es la correcta y que no hay razón por la que él deba rectificar la misma.  (Sólo por aquello de ser justo es que puse la palabra “verdadera” entre comillas en la oración anterior.)

Francamente, yo creo una cosa: En algún lugar de la línea recta trazada entre A y B, alguien se está saliendo de la línea.  O si quieren que lo exprese de manera un poco más franca… ¡ALGUIEN ESTÁ MINTIENDO AQUÍ! Pero, ¿con cuál propósito?  Eso último es anybody’s guess, aunque  siempre está esa posibilidad que planteé en una entrada anterior:

Por complacer a “los dueños de Puerto Rico”, ¿se procura atajar un problema de finanzas públicas, para el que nunca hubo la voluntad de evitar que el mismo llegara al punto en el que está hoy en día, mediante el despido “voluntariamente involuntario” de empleados públicos (independientemente de las circunstancias—legales e ilegales—en las que algunos de esos empleados públicos advinieron a sus puestos) y la disminución de presupuestos en áreas que al gobierno le parece que no son rentables?

Claro está, yo siempre insistiré en que quien comete una falta, debe responder por la misma.  Y si durante el gobierno anterior del PPD se cometió la falta de nombrar personal para las agencias de gobierno, de una manera patentemente prohibida por la Ley Electoral de Puerto Rico (Ley número 4 del 20 de diciembre de 1977, según enmendada)… los responsables de esas acciones también tienen que responder por la falta cometida, y asegurar que cosas como ésa no sucedan nunca más.  Claro está, ello no garantiza que el gobierno actual del PNP no haga lo mismo cuando le llegue ese momento, pero es cuestión de esperar un poco…


OK, ¿qué tal si hablamos de otra cosa?

Aquéll@s de ustedes que pasan de cierta edad—algo que técnicamente me excluye, ya que para esa época yo tendría apenas 3 ó 4 añitos—tal vez recuerden el siguiente diálogo, tomado del clásico western televisivo, Revólver a la Orden (Have Gun—Will Travel):

Paladin: “‘Hey Boy’, hay una antigua receta para hacer estofado de tigre, ¿la conoces?”

‘Hey Boy’: “No, señor.”

Paladin: “Primero, debes atrapar al tigre.”

El diálogo que acabo de citar se produce al inicio del episodio número 79, “First, Catch a Tiger” (estrenado en los Estados Unidos el 12 de septiembre de 1959), cuando el “caballero sin armadura en una tierra salvaje”—o sea, Paladin—hace su habitual ronda por los periódicos que le consigue su valet chino, Kim “Hey Boy” Chang, en busca de un “guiso” (un trabajito, para quienes no conocen el habla coloquial puertorriqueña) que él pueda hacer por la “módica” suma de US$1000.  (Una suma cuantiosa en el Viejo Oeste de 1875… ¡lo que para un mercenario a comienzos del Siglo 21 sería apenas un anticipo o un “pronto pago”!)  Estando en ésas, Paladin se entera de que un comisario y un juez de un pueblito de Wyoming con los que él colaboró para llevar ante la justicia a un delincuente han sido muertos por un asesino contratado por el padre del ajusticiado.  No se sabía mucho del asesino, excepto que sus víctimas morían a traición, por la espalda, de forma tan inesperada como los movimientos del caballo de ajedrez que adornaba la pistolera de Paladin.  El resto del episodio trata la estrategia que el “hombre de negro” tendrá que desarrollar para desenmascarar y “neutralizar” (si me permiten el uso de un término que ni en 1875 ni en 1959 tenía la connotación que tiene hoy en día) al misterioso asesino, y en el proceso evitar ser su tercera víctima.

Caballos de ajedrez

El diálogo que acabo de citar me viene a cuento ante la lamentable situación del jugador de golf, Eldrick Tont “Tiger” Woods, considerado c0mo “el mejor del mundo” en el deporte del golf (o “golfo”, como lo llama un ex-compañero de mi trabajo), al punto de que la semana pasada, la agencia noticiosa The Associated Press lo declaró como el Atleta de la Década de 2000—2009.  Francamente, mientras escribo esto, Tiger debe estarse sintiendo “atrapado”, como que de pronto todo el mundo quiere cocinarlo en estofado, luego de haber exhibido y mantenido una imagen limpia como deportista y como hombre de familia.  Imagen que de la noche a la mañana se vio dañada por el escándalo de infidelidad marital surgido a finales de noviembre de 2009, que salió a la luz tras el accidente de tránsito en el que chocó su SUV (en orden de mameyazos) contra un seto, un árbol, y una bomba de incendios o hidrante.

(Curiosamente, un chiste—más bien, uno de varios—que salió poco después en los tableros de  Usenet decía que Tiger empezó a golpear su carro con el “wood” y lo terminó de golpear con el “iron”… pero qué sé yo de eso, el golf no es lo mío…)

Y lo malo del caso es que da la impresión de que este “tigre” es como los marinos mercantes, de quienes se dice que tienen “una mujer en cada puerto”.  Y no sería de extrañar que en cada ciudad en la que hubiese un torneo de la PGA en el que él estuviese participando, alguna mujer que no fuese su esposa lo esperaba, ya que la prensa tabloide sensacionalista le ha sacado a la luz tantas y tantas amantes que “ni botándolas se acaban”…

(Y a todo esto, ¿no le habrá afectado eso su juego en los últimos años?  Digo, uno nunca sabe…)

Pero algo mucho peor es que como el asesino misterioso al que me referí antes, mucho del daño se hizo a traición, por la espalda, cuando las luces de las cámaras se apagaban y los medios de comunicación y entretenimiento se desviaban de Tiger hacia la siguiente estrella en el programa, cuando el público viraba la espalda, confiado en la imagen de “niño bueno que no rompe un plato”… aunque en este caso, el impacto fue el mismo que el de dejar entrar al toro bravo en la tienda de cristalería.

Y ni hablar del daño que eso le hace a las empresas multimillonarias que lo han auspiciado hasta el momento, algunas de las cuales ahora le están huyendo como el diablo a la cruz… tal vez porque no quieren que alguien tan famoso como Tiger Woods les recuerde de forma pública alguno de esos “gustitos” que se dan sus propios ejecutivos… ¡quién sabe!

Francamente, éste es un interesante ejemplo de cómo la fama que conlleva ser “el mejor [ESCRIBA AQUÍ UNA PROFESIÓN CUALQUIERA] del mundo” no exime a una persona de su naturaleza como ser humano.  Y no lo libra de responsabilidad por las consecuencias que le van a acarrear sus actos (aunque algunos, como el hoy ex-presidente estadounidense, Bill Clinton, se salen con la suya de una u otra manera).  Pero sobre todo, esto pone en evidencia la obsesión de una sociedad contemporánea donde “todos quieren al ganador”, una sociedad dispuesta a seguir ídolos que dan la apariencia de ser los más decentes, los más exitosos, los grandes triunfadores en la vida… para que después resulte que esos ídolos tenían pies de barro, que eran seres humanos como ustedes y como yo, con sus virtudes y sus fallas, con sus fuerzas y sus debilidades.

Yo no sé, pero para mí que eso se parece a lo de “vivir de esperanzas y morir de desilusión”.

Por supuesto, yo espero—y aunque lo veo ahora como un ángel caído, no creo que se deba perder la esperanza—que al haber anunciado que se tomaría una licencia del golf por tiempo indefinido para tratar de reconstruir lo que su conducta destruyó, él aproveche sabiamente esa oportunidad que la vida le está dando.  Y déjenme decirles una cosa (aunque me imagino que ustedes ya la saben): eso NO es nada fácil.  Es algo que requiere mucha paciencia, dedicación, tolerancia, un deseo firme de reparar el daño hecho—a los demás y a sí mismo.  Sólo el tiempo dirá si el “tigre” aprendió su lección… o si se convertirá en estofado.

¡Y ahora sí, vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien (y eso último, con énfasis y todo, va también para Tiger Woods, ¿OK?).  Hasta la próxima.

LDB