Responsabilidad (o falta de la misma) y consecuencias

Ponce's town center, circa 1900
Ponce’s town center, circa 1900 (Photo credit: Wikipedia)

Responsabilidad.  Consecuencias.

Amigas y amigos, mi gente: se habrán fijado que una gran parte de las entradas de este blog llevan una etiqueta o la otra, mayormente ambas a la vez.  Para mí, la idea es ésta: muchas de las cosas que ocurren en el mundo en el que vivimos, muchos de esos “absurdos sin fin” de los que escribió Pirandello como que no tienen que ser plausibles porque son ciertos, se deben a que alguien, en algún punto en la cadena no asumió su responsabilidad.  Y muchos de los absurdos sin fin que suceden a diario, sea en Puerto Rico o donde sea, ocurren debido a que alguien no asumió su cuota de responsabilidad (ya sea la responsabilidad que tenemos con nosotros mismos, con nuestros familiares, amigos, vecinos y demás) y permitió que las cosas llegaran al punto en el que—al fin y al cabo—tod@s tenemos que asumir las consecuencias de lo ocurrido.  Y ese es un punto del que nadie puede escaparse.  Lo mismo da que no cuidemos de nuestras posesiones personales a que no cuidemos del medioambiente de este único planeta en el que nos ha tocado vivir: si no cumplimos con nuestra responsabilidad, tendremos que atenernos a las consecuencias.

Últimamente, esas mismas palabras—responsabilidad, consecuencias—se repiten una y otra vez en mi mente mientras conduzco hacia mi trabajo cada mañana durante la semana.  Y se repiten una y otra vez, luego de que ocurren situaciones que dejan demostrado lo que expongo en el párrafo anterior.  Como el anuncio de quienes hoy están en el poder sobre la crisis en el sistema de retiro de los empleados públicos (excluyentes de la policía y de los maestros; por lo menos los segundos tienen su sistema de retiro aparte).  Una crisis que resulta de años décadas de malos manejos y pretensiones de lucro por parte de quienes tenían la responsabilidad de custodiar los dineros descontados del sueldo de quienes tienen que levantarse tenemos que levantarnos bien temprano en la mañana para proveer los servicios gubernamentales a los ciudadanos.  Responsabilidad que quienes la tuvieron no la cumplieron a cabalidad, al punto de que se tiene el temor de que dentro de pocos años, ese sistema no pueda contar con los fondos para asegurar una existencia digna a quienes todavía vamos en camino hacia la meta del retiro (incluido quien les escribe, a quien aún le falta mucho camino por recorrer… pero ya yo llegaré).  Y esa es una consecuencia que podría ser grave—y que tal vez no sea la única, como vimos no hace mucho, cuando se nos impuso una “medicina amarga” para tratar de remediar nuestros males.

Otra situación que muestra lo que vale ejercer la responsabilidad en el momento oportuno es la agresión de la que fue objeto una estudiante de una escuela superior en Ponce—un nivel educativo notoriamente difícil de encauzar, porque se trata de niños que están en esa transición hacia la adultez que llamamos “adolescencia”—por parte de otra estudiante que la estaba acosando, por las razones que fuesen, mientras que la hermana de la agresora incitaba a ésta para que le hiciera daño.  Todo esto, grabado en vídeo mediante un teléfono celular “inteligente” para ser subido a la página de Facebook de la agresora—así, para que quede a la vista de (literalmente) todo el mundo de lo que ella es capaz, que con ella nadie se debe meter, que ella es quien manda.  Y aquí me parece que hay mucha culpa para repartir, muchas responsabilidades que se evadieron.  Particularmente la de los padres de la agresora y de su hermana la “videógrafa”, que presuntamente no impusieron la debida disciplina a las dos niñas para evitar una consecuencia como ésta.  (Y que conste, que no me estoy refiriendo a tratar a ambas niñas de forma restrictiva, que las ahogue; eso sería extremo, aunque también lo sería una crianza demasiado liberal y permisiva, que me sospecho que sería el caso aquí.)  Aunque también las autoridades del sistema escolar también tienen su cuota de falta de responsabilidad, al no ser más vigilantes en cuanto a la conducta de sus estudiantes (aun si la excusa es que no tienen suficiente presupuesto o suficientes recursos), para evitar que como consecuencia, esa conducta se la vaya de las manos.

Por lo menos en este otro caso, se procedió a detener a las dos agresoras (porque tan culpable es la que fomentó la agresión como la que propinó los golpes, ¿no es así?) y a recluirlas en un centro de detención para menores, tal vez con la esperanza de que al verse privadas de su libertad, las dos jovencitas “recapaciten” y aprendan la lección resultante de lo ocurrido.  No digo que no pueda hacerse, que no se puedan rehabilitar, siempre que nos hagamos a la idea de que ellas puedan entender y asimilar su cuota de la responsabilidad por el lamentable incidente y entiendan que esa conducta trae consecuencias no muy agradables para su futuro.  Por supuesto, también está la posibilidad de que otra sea la consecuencia, que tal vez no accedan a rehabilitarse y a mostrar arrepentimiento por causarle daño a otra persona y en un futuro repitan ese patrón de conducta.  Tal vez agredirán a alguna de sus amistades, o a un vecino, o a sus propios familiares, o hasta a sus propios hij@s.  (Y no hace falta ir muy lejos para ver en las calles a madres o padres que—tal vez por que les frustra la idea de ser madres o padres—descargan sus frustraciones en sus hij@s, aun donde todo el mundo lo puede ver.  Y ahí empieza de nuevo el ciclo de falta de una paternidad-maternidad responsable y una consecuencias que se verán en los hij@s… y vuelve a empezar… y empieza una vez más…)

Por supuesto, son muchos más los casos en los que la falta de responsabilidad, o más bien, no asumir la cuota de responsabilidad que nos corresponde, lleva a consecuencias que afectan vidas, desde las que apenas están en formación hasta las de quienes han experimentado todo lo que la vida ofrece.  Y en algunos de esos casos, puede ser que quien no actuó responsablemente cuando le tocó hacer su parte, quien cometió esa falta de responsabilidad, ni se inmute ante el cuadro que tiene ante sí.  Tal vez ni le importe, tal vez se diga a sí mism@, “el que venga atrás, que arree” o “la última deuda la paga el diablo”.

Y tanto puede ser que no sufra las consecuencias de esa irresponsabilidad, como que las sufra.  Yo prefiero creer que ocurrirá lo segundo—y personalmente, aspiro a que sea así.

(Y por supuesto, pueden estar seguros de que esta entrada llevará ambas etiquetas: responsabilidad y consecuencias.)

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


ACTUALIZACIÓN (18 de marzo de 2013): Lo que hace el escribir con el interés de terminar lo más rápido posible antes de irme a dormir.  Pero antes de que a mí se me olvide y después venga alguien a echarme en cara cuánto yo hablo de no olvidarnos de las víctimas de delitos u otros actos, no quisiera pasar por alto el efecto de este lamentable incidente en la persona de la niña que lo tuvo que vivir.

Hasta donde tengo entendido, la niña no tenía planeado salir a ser víctima de un incidente violento ese día en su escuela.  (Y eso me recuerda un planteamiento que alguien hizo en mi oficina la semana pasada: “nadie sale de su casa por la mañana a que lo maten en el camino al trabajo”.)  Y sin embargo, fue el objeto de la ira de una compañera de escuela cuya conducta fue muy poco responsable totalmente irresponsable.  Una conducta que no sólo traerá consecuencias nefastas para la agresora y su hermana instigadora—como ya mencioné en el cuerpo principal de esta entrada—, sino que también traerá consecuencias lamentables para su víctima de la agresión.  Tal vez las mismas se manifiestan de inmediato, como el temor de regresar al mismo lugar donde ocurrió la agresión, o el temor a hacerse de amistades a lo largo de su vida futura, o el temor a enfrentar los retos futuros que la vida le pondrá.  Tal vez la agresora siga aferrada a su odio (algo que me asombró muchísimo cuando lo leí en este testimonio de una bloguera que en su tiempo estudiantil fue víctima de acoso (“bullying“) escolar—aunque tal vez no me debería sorprender, porque hay personas a quienes el odio es su medio de vida, la energía tóxica que las mueve, que forma parte de su 24/7) y quiera emprenderla de nuevo, en esa ilusión de tiempo que expresamos con la frase, “algún día”.

Desearía poderme equivocar en lo que acabo de escribir, pero con esto recalco que la falta de responsabilidad tiene consecuencias, no sólo para quien falla al no asumir su responsabilidad, sino para quien cae víctima de esa inacción.  Sólo el tiempo dirá si estoy en lo correcto.


LDB

… pero algunos (somos) más iguales que otros

Cover of "Animal Farm: Centennial Edition...
Cover of Animal Farm: Centennial Edition

En su novela de 1945, “Rebelión en la granja” (Animal Farm), en la que relata cómo los animales de una granja se libran de la tiranía de los seres humanos—sólo para caer en otro tipo de tiranía y volverse a rebelar—, Eric Arthur Blair, mejor conocido como George Orwell (1903–1950), incluye esta frase que siempre me ha parecido curiosa (con mi traducción libre):

“All animals are equal, but some animals are more equal than others.”

(“Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros.”)

Según la fuente de la cita anterior,* se trata de una proclama hecha por los cerdos que controlan el gobierno de la granja, una vez expulsados de allí los humanos.  Pero no se trata de una cita hecha en el vacío: “es un comentario sobre la hipocresía de los gobiernos que proclaman la absoluta igualdad de sus ciudadanos, pero le dan poderes y privilegios a una elite pequeña” (mi traducción del comentario en la fuente citada).

Poderes y privilegios.  Parece que hay quien no puede vivir sin sus poderes y privilegios.

Me pregunto si es eso lo que describe la conducta de los miembros de la Asamblea Legislativa puertorriqueña, los que parecen haberse visto amenazados por una propuesta de reforma legislativa en la cual se buscaría eliminar el “per diem” (o lo que conocemos comúnmente como “la dieta”) que muchos de ellos cobran, sólo por presentarse a una sesión legislativa o a una vista de la comisión a la cual están asignados.  Sí, porque parece que estas personas se ven a sí mismas en un plano diferente al de los demás meros mortales, o sea, parece que se ven como “más iguales que otros”.  Y ésta es la clase de gente que se aferra a ciertos “derechos adquiridos”, en un abierto menosprecio a quienes no tenemos la misma facilidad que ellos tienen para alcanzar esos mismos “derechos” que se abrogan.

De paso, habrán visto en mi página biográfica que en varias ocasiones, he acudido como parte de la representación del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) a vistas legislativas sobre proyectos de ley que tienen que ver con nuestro ámbito de injerencia.  Tanto vistas en el Capitolio como inspecciones oculares.  Y por eso sé lo que es ver cómo un legislador se presenta a una vista para discutir un proyecto para la protección de un recurso de alto valor natural, firma la hoja de asistencia, escucha a los deponentes por un par de minutos y se va antes de terminada la vista.  Parecerá que el (la) legislador(a) no tenía interés en el tema para el que se citó la vista, después de todo, que sólo fue a “dar cara” por unos minutos, “para que no digan después”.  Y todo, por agenciarse el pago de “la dieta”.  Y mientras tanto, los que quedan son: el legislador que preside la comisión en cuestión y uno que otro legislador(a) que esté dispuesto(a) a hacer un “frente” (o a dar la impresión de que alguien más está escuchando lo que les decimos—suerte que por aquellos días los teléfonos inteligentes, las “tabletas”, los iPhone, iPod, iPad, i-de-coco, i-de-piña, i-de-esto-o-de-aquello-o-de-lo-otro… no eran tan comunes como para esconderse detrás de una jugadita de “solitario” o Tetris o de un status de Facebook… ¡siempre y cuando no los agarren en pifia!).

(Yo creo que me acabo de delatar porque de vez en cuando tomo mi teléfono móvil y echo mi jugadita de “solitario”… Ruborizado ¡pero sólo cuando estoy aburrido o necesito “hacer tiempo”!)

Pero si da vergüenza ajena ver cómo hay quien abusa de esos poderes y privilegios, más vergüenza da ver cómo se defienden a ultranza sus beneficiarios, és@s que pertenecen a esa “elite pequeña” que Orwell (Blair) denuncia a través de la cita de arriba.  Sólo díganle a ese (esa) legislador(a) que le habrán de quitar el pago de dieta o le reducirán el estipendio para el millaje que tiene que recorrer desde su residencia para llegar al Capitolio, y ciertamente se pondrá “como guabá pelú” (aunque que yo sepa, el guabá que normalmente se encuentra en las cuevas y cavernas, Phrynus longipes, nunca ha sido peludo ni es tan agresivo como lo pintan; es más, haga usted una búsqueda de “guabá” en Google y después me dice).

Puede ser que le digan, como hizo un par de semanas atrás una legisladora de la hoy minoría (PNP) con su “cara de lechuga”, que con US$7’300 00 mensuales no le da para vivir.  (Creo que vale la pena repetir la oración anterior:  “Puede ser que le digan, como hizo un par de semanas atrás una legisladora de la hoy minoría [PNP] con su ‘cara de lechuga’, que con US$7’300 00 mensuales no le da para vivir.”)  (¡Y sí, dije “mensuales”!)  Si es por ese estándar, entonces yo que apenas gano la mitad del sueldo de esa legisladora (no voy a dar la cifra exacta, pero es alrededor de US$3’700 00 mensuales) y tengo que afrontar muchos de los gastos mensuales de mi hogar (siendo el de la electricidad el más notorio), aparte de mis cuentas y otras deudas que arrastro, debo estar resignándome a morir de hambre mañana, como la “viuda de Sarepta”.**  ¡Qué sé yo!  Puede ser que una cantidad como la que gana cada mes la legisladora en cuestión no le dé para vivir una vida de lujos, como aquellos con los que quienes nos ganamos apenas la mitad de eso o menos sólo podríamos soñar.  Puede ser que para ella esos no sean suficientes poderes y privilegios que ostentar.  Puede ser que ella se sienta como que es más igual que los demás.***

O puede ser que eso sea un simple ejercicio en necedad.  Como el del legislador del mismo bando político (aunque también los del bando contrario, PPD, también son capaces de semejantes lindezas) que al salir a defender sus propios poderes y privilegios, queriendo decir otra cosa se le zafó que la mujer tradicionalmente se ocupa del cuidado de la familia y del hogar—y cuidado que de todos lados (hasta de la propia prensa) le cayeron chinches al “honorable” después de haber dicho las expresiones machistas que dijo.  Por supuesto, siempre está la defensa basada en que “mis expresiones fueron sacadas de contexto” (como siempre, “la culpa es de la prensa, no es mía”).  Pero para mí que es difícil esconder una necedad como esa.****

Definitivamente, parece que l@s cerd@s se han hecho con el gobierno de esta granja.  Un gobierno en el que se consideran por encima del resto de los animales.  En el que el bienestar y el progreso de los demás animales no les importa; sólo mantener sus poderes y privilegios.  En el que no son iguales con respecto a los otros… sino más iguales que los otros.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


* “all animals are equal, but some animals are more equal than others.” Dictionary.com. The American Heritage® New Dictionary of Cultural Literacy, Third Edition. Houghton Mifflin Company, 2005. http://dictionary.reference.com/browse/all animals are equal, but some animals are more equal than others (accessed: February 24, 2013).

** Por si acaso, el pasaje sobre la visita del profeta hebreo Elías a la viuda de Sarepta está en Primero de los Reyes 17: 8–24 (yo uso la versión Dios Habla Hoy, CELAM, 1983).  El pasaje me llama mucho la atención por la resignación de la viuda cuando Elías le pide agua y un pedazo de pan, y ella le responde que todo lo que tiene es un poco de harina y de aceite, y que estaba por cocinarlo para ella y para su hijo, y que comerían el pan y después morirían de hambre (eso está en el verso 12).  Es algo que de pensarlo me estremece mucho, pero esa es la realidad de los que apenas tienen poco con qué vivir.

*** Y ahora digo yo, tal vez mucha de esa gente es de la clase de elemento que desprecia todo aquello que pueda expandir su espíritu, como en el caso de los autores de las reseñas de libros en Amazon.com sobre los que escribí en otra ocasión, que tienen tanto de literatos como lo que yo tengo de doctor en física nuclear.  Burla  Pero ya eso es otra cosa.

**** OK, otra más: Siempre me viene a la mente esto cuando alguien se va hasta “home” y comete una necedad:

“El inteligente no hace alarde de su saber, pero el necio hace gala de su estupidez.” (Proverbios 12:23, también versión Dios Habla Hoy, CELAM, 1983)


LDB