Fue muy fácil entrar… y ahora, ¿cómo vamos a salir?

Nos dijeron que esto iba a ocurrir, ¿no es así?  Nos advirtieron que décadas de prácticas ineficaces para el manejo de las finanzas públicas nos iban a llevar a esto, ¿no es así?  Nos dijeron que si no corregíamos nuestras prácticas financieras a tiempo, el dictamen iba a ser sumamente negativo, ¿no es así?

Sí, nos lo dijeron, y aun así no quisimos hacer caso.  Quisimos quedarnos dormidos, bajo la anestesia de las mentiras oficiales.  Quisimos dejarnos engañar por quienes nos decían que estábamos “en las papas”, que las cosas se podían resolver sacrificando el tesoro que le estábamos legando a las generaciones que vendrán después de las nuestras.

Y ahora, ¿qué hacemos?  ¿Qué podemos hacer cuando 2 de las 3 casas acreditadoras de bonos de la calle Wall neoyorquina—Standard & Poor’s y Moody’s (que de todos modos, no son santos de la devoción de algunos gobiernos en el mundo, como el de Argentina, por citar un ejemplo)—nos dicen que las deudas obligaciones del gobierno puertorriqueño son riesgosas, que están al nivel de la chatarra (“junk”)?

Exactamente eso: chatarra… cha-ta-rraCHA-TA-RRA.

(A todo esto, imagino que “Chatarra” debe ser un nivel un poco más arriba de “Mierda”, tal vez un poco más benévolo… ¡pero yo qué sé de esas cosas! Smile with tongue out )

Pero la cosa es que—en la misma semana en que uno de los hijos del privilegio, alguien que creyó que por ser “el nene del juez federal” se salvaría de ser declarado culpable del asesinato de su esposa (efectuado con una semiautomática más “poco común” que el revólver de Paladín), fue sentenciado a pasar el resto de su vida en otro mundo al que no estaba acostumbrado—llegó la hora que muchas personas veían venir y de la que se venía advirtiendo por años de años.  Llegó la hora en la que se nos diría en la cara que nuestros compromisos no valen ni lo que cuesta la hoja (o cuartilla, como le llaman en otros países hispanoparlantes) de papel sobre los cuales están impresos—con todo y ese papel ser de materiales finísimos y carísimos y con cuanta marca de agua, hilos microscópicos y medidas de seguridad para evitar el fraude.  Como decir que para las casas americanas acreditadoras de deuda, nuestros compromisos no valen gran cosa, tal vez hasta menos que un pedazo de papel higiénico… ¡del que ya está usado!

(Lo anterior, dicho con todo el respeto que merecen los fabricantes de papel higiénico, desde el más acolchonado para esa sensación angelical de suavidad en su… esteeeeeeeeee… ustedes saben dónde, Embarrassed smile , hasta las marcas baratas que al final se sienten como si fueran papel de lija.  Y ésa es la áspera realidad [chiste intencional]… pero mejor volvamos al tema.)

Y ahora, ¿qué hacemos?  ¿Ponernos a negar que tod@s tuvimos arte y parte, como han hecho—muy a pesar de la evidencia que los refuta—varios de los gobernadores del PPD y el PNP bajo los cuales se inició la crisis actual y se dejó que evolucionara como un tumor que se extendió cada vez más si detenerse?  ¿Tratar de ir “saliendo de la gatera” (como lo dicen quienes se juegan hasta los calzoncillos apostando a las patas de los caballos en el hipódromo) como los agoreros que hoy vienen a decirnos, “¡yo se los dije, las cosas se estaban poniendo malas y miren lo que pasó!” y entonces aparecer como los que vienen a “salvar el mundo”… si les dan el voto en un par de años más?  Cualquiera puede tener una visión 20/20 retrospectiva (o para que lo entiendan ciertas personas, “20/20 hindsight”) y hacer ese tipo de reclamo.  ¿O tal vez insultar a quienes sin tener que ver nada con el quehacer político boricua asumen la responsabilidad de alertarnos sobre los peligros de caer en un abismo a causa de nuestra propia irresponsabilidad?

(Si alguien tiene alguna duda, pregúntele a la periodista estadounidense de economía y finanzas, Cate Long [Twitter: @cate_long], que bastante tuvo que aguantarle a ciertos críticos de derecha—y uno que otro de centro—cuando quiso hacer un paralelismo entre los problemas económicos de Puerto Rico con la crisis pública que ya se estaba desatando en Grecia.  Y ya eso es demasiado decir.)

O mejor que todo eso, ¿dejaremos de dividirnos en bandos o tribus, cada cual buscando su propia conveniencia por el lado, y nos unimos para manejar esta crisis y salir de ella?  En un comentario que hice a la entrada, “Es muy fácil entrar… ¡lo difícil es salir!”, mencioné algunas sugerencias que el Centro para la Nueva Economía (CNE) estaba proponiendo, de esas medidas que nunca pierden su vigencia:

“Ahora bien, lo que yo me pregunto es cuán aceptables serán para nuestros ‘líderes’ políticos y gubernamentales las medidas que grupos como el CNE proponen para remediar este problema.  Algunas de las ideas del CNE que me atraen incluyen la simplificación del sistema contributivo, la imposición de penalidades por actividades nocivas al medio ambiente (a lo mejor una medida así nos facilitaría grandemente la tarea a quienes hacemos trabajo ambiental), exigir que cualquier gasto gubernamental requiera una fuente de repago (algo tan justo como cuando a mí se me pide que demuestre mi capacidad para repagar el préstamo que estoy solicitando) y que cada agencia se vea obligada a justificar los fondos que se le asignan (quién sabe y a lo mejor esto último ocasiona que muchas de las agencias del gobierno de Puerto Rico—¿he mencionado nombres yoooooooooo?—se evalúen a fondo y se vean en la necesidad de eliminar funciones innecesarias y asignar los recursos asociados a dichas funciones a aquellas áreas en las que pueden ser más productivos… ¡y yo sé de qué estoy hablando!).

Pero como siempre, tiene que haber un “pero”:

“Total, es cuestión de voluntad y del interés que los ‘líderes’ puedan tener en enfrentar esta fuerte situación económica y retomar el camino hacia una vida mejor para las generaciones puertorriqueñas de hoy y del mañana.  Lo único malo de esto es que tal vez estoy pidiendo demasiado…”

Y casi 5½ años después, sigo pidiendo demasiado.

Es más, vámonos un momento al texto principal de la misma entrada (editado):

“A mí, francamente, cosas como ésta son para preocuparme.  A mi entender, son el resultado de muchos factores, entre los que se destaca la irresponsabilidad en la toma de decisiones fiscales.  Y esa irresponsabilidad no es del día de hoy, sino que viene de muchos años de no afrontar los problemas económicos mediante la toma de decisiones valientes, sabias y sólidas.  Y si vamos a hablar de irresponsabilidad fiscal, recurrir a ingresos no recurrentes o a fuentes volátiles de ingresos (por ejemplo, un préstamo) para tratar de aliviar una crisis de la magnitud de la que existe en las finanzas del gobierno de Puerto Rico, a mí me parece el epítome (palabra ‘de domingo’) de la irresponsabilidad fiscal, en tanto la situación original no se atiende y se siguen acumulando los problemas.

“¿Y quién es el que siempre acaba pagando los platos rotos?  No son precisamente los que nos metieron en el lío para empezar.  Ésos tienen su ganancia asegurada, mientras que al resto de nosotros nos toca salvarles de la ruina.  (¿No será eso lo que en una columna de opinión que leí [una semana antes de escribir la entrada citada] en El Nuevo Día llamaban, ‘privatización de la ganancia, socialización de la deuda’?)”

Así que por qué será que no me sorprende que aquellos polvos que se han estado regando por muchos años nos han traído los lodos de hoy en día.  Y por supuesto, siempre hay—y habrá—quien pague los platos rotos.

Así que ahora habrá que ver cómo se pagan esos platos rotos.  Los mismos que acabamos rompiendo después de tantas advertencias.  Ahora habrá que ver cómo salimos del mismo problema en el que nos metieron metimos tan fácilmente.  Y me temo que el esfuerzo será intenso y que la lucha por salir será larga y dolorosa.  Pero ya no hay más remedio.  La lucha por salir del hoyo debe comenzar ahora.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

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Lo que me hubiera gustado ver y lo que hubiera querido no volver a ver – Versión de 2012

English: Ballot Box showing preferential voting
English: Ballot Box showing preferential voting (Photo credit: Wikipedia)

Amigas y amigos, mi gente: Empiezo a escribir esto cuando faltan menos de 40 horas (domingo 4 de noviembre de 2012, 16:30 UTC –04:00 = 20:30 GMT) para la apertura de los colegios de votación en Puerto Rico.  Ya los seis partidos políticos en carrera—los cuatro de la vez pasada (PNP, PPD, PIP y PPR), más los dos partidos que llamaremos “emergentes” (MUS y PPT)—están en sus cierres de campaña, tratando de ganarse a última hora el favor de un electorado que debe estar igual de preocupado que yo.  Un electorado que en términos reales, tendrá que decidir entre el menor de dos todos los males.

Y les confieso una cosa: En mi búsqueda de un alivio a mi aprehensión por lo que resulte del ejercicio que emprenderemos dentro de unas horas, he tenido que recurrir a los archivos secretos (los que todos ustedes conocen) de este blog, tal vez para ver si las cosas han cambiado gran cosa para estas fechas hace cuatro años.

“Como es de suponer, los políticos allá y acá están tratando de agotar los últimos cartuchos de su campaña política, en busca de convencer a un electorado que los mira con bastante recelo.

“Y aquí en Puerto Rico, no debe ser para menos, con todas las cosas que han ocurrido a lo largo de los pasados cuatro años.  Ejercicios de ambición personal, actuaciones públicas que reflejan una aberrante falta de decoro, manejos públicos que implican una inexperiencia y una falta de destreza administrativa… así como una debilidad en el carácter de quienes están llamados a velar por el bienestar de los ciudadanos, y defenderlos de cualquier exabrupto social…”

¿Qué hay de los programas políticos de los partidos?

“Una mirada general a los mismos me indica que son bastante similares entre sí: llenos de frases grandilocuentes, sin datos específicos que respalden sus aseveraciones, ni metas cuyo alcance sea viable; dirigidos a enfatizar la apariencia de que se hará algo, más que la sustancia de lo que se piensa hacer; a veces las cosas que se ofrecen para el próximo cuatrienio lucen como que debieron haberse propuesto cuatro años atrás (u ocho, o 12, o tal vez mucho antes).”

¿Y qué de las cosas que me hubiera gustado ver en dichos programas (en versión editada para atemperarlo a la experiencia del 2012)?

“Cosas como por ejemplo, un mayor apoyo del gobierno a las organizaciones comunitarias, que en el análisis final, son las que están ayudando a la gente a pararse sobre sus propios pies, sin “recostarse” de las dádivas de los programas de asistencia social estadounidense.  Una rehabilitación del sistema vial histórico (y aquí me refiero a las carreteras que no son autopistas ni expresos rurales), que permita que las carreteras de la Isla, particularmente las del interior montañoso, puedan adaptarse a las exigencias del Siglo 21.  Una defensa certera de los recursos naturales y el medio ambiente, por medio de leyes que tengan, tanto las garras (o sea, los mecanismos legales que las defiendan de las andanadas de aquéllos a quienes no le convendría su implantación) como el respaldo económico necesario…  Y sobre todo, un mayor empeño en afrontar con valentía los graves problemas que enfrentamos, de delincuencia, adicción a sustancias controladas, salud mental, costo de vida, etc.”

(Tengan en cuenta que el tachón en la palabra “mayor” es por una razón específica: el apoyo a las organizaciones comunitarias parece haberse convertido en anatema para ciertas personas en posiciones de poder durante los años transcurridos desde que escribí lo anterior.  Así que para las autoridades gubernamentales actuales, eso es como si dijeran, “de eso no se habla”.  Una pena, porque a la larga, no son las comunidades las que salen perdiendo.  Pero ya eso es otra cosa.)

Por supuesto, también están las cosas que no me hubiera gustado—e insisto en que ni me gustaría—ver luego de darse los resultados electorales:

“Por ejemplo, no desearía ver ‘malos perdedores’.  Con esa frase me refiero a esos que habiendo acariciado el poder en otros tiempos, creen tener un derecho ‘divino’ a ese poder y hacen cualquier cosa por alcanzarlo, aunque ello signifique destruir (directamente o a través de subordinados) a quienes se constituyan en obstáculos hacia ese fin…

“Tampoco desearía ver el tribalismo que estoy viendo hoy en día en los cuerpos legislativos, en el que se está siempre en una guerra constante con el bando contrario, como si esos otros fueran el enemigo; como si las leyes no valieran el papel en el que están escritas, sólo porque fueron implantadas por ‘esos otros’.  Pero peor aún es que ese tribalismo, en ocasiones, no permite medir las consecuencias de las acciones (malas o buenas) que se llevan a cabo…

“¿Y qué hay de la conducta pública de quienes ponen su mano sobre una Biblia, para jurar que protegerán y defenderán los intereses del pueblo que los eligió?  (A veces parece como si ellos/as hicieran ese juramento sobre la sección comercial del directorio telefónico de San Juan…)  A mi entender, deben estar en el poder las personas de gran solvencia moral y capacidad de discernimiento, que puedan discernir entre el bien que pueden hacerle a los ciudadanos que los eligieron y el mal que se hace cuando no se observa una conducta digna.  Lamentablemente, a juzgar por las barbaridades observadas durante los pasados 48 meses, no hay mucho con qué estar optimistas.”

Tal vez la última oración en la última cita resume perfectamente lo que he visto en los cuatro años que—para los efectos—están por culminar pasado mañana.  Para mí no hay mucha diferencia—y creo que tengo que resignarme a que no la habrá por el momento, mientras persista la mentalidad de pandilla que permea nuestra política.

Aun así, independientemente de lo que suceda al final del martes 6, pienso hacerme eco de lo que escribe hoy Benjamín Torres Gotay en su columna del periódico El Nuevo Día.  Él hace en esa columna una distinción entre l@s que no se informan, que no se orientan, que responden más al fanatismo y hasta a la tradición familiar que a la razón, por lo que no les importa la claje (así, porque decirles “clase” sería, pues, darles un tratamiento honroso que no se merecen) de individuo que eligen para que les rijan sus destinos (como los “Chuchin” [1] [2] y las Evelyn Vázquez de la vida), en tanto puedan asegurarse sus propios beneficios (tanto l@s elegid@s como quienes l@s eligen), y l@s que leen, se orientan, trascienden la propaganda partidista hueca y muchas veces engañosa y hasta la tradición familiar, para ejercer una decisión pensada, racional, que considere las consecuencias de dicha decisión y le dé posibilidades a las personas mejor capacitadas para los puestos electivos.  A estos últimos, Torres Gotay los considera como “un pilar de nuestra sociedad… la resistencia… el bloque, pequeño en este momento, pero hermoso y perfecto siempre, que evitará que el país se nos deslice de las manos como agua entre los dedos… los que, al final del camino, mañana, pasado, no se sabe cuándo, pero pasará, van a sacar al país de este atolladero de mediocridad, incompetencia, corrupción y violencia para llevarlo a la cristalización de su inmenso potencial.”

Pues sí, yo me declaro parte de esa resistencia a la que se refiere Torres Gotay.  Y cuando vote pasado mañana, estaré votando con mi conciencia tranquila, con fe en que mi país podrá salir de su atolladero y podrá seguir su camino hacia adelante.  ¡Que así sea!

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

Soy Luis Daniel Beltrán… ¡y sanseacabó, ya me cansé de estar aprobando tanta %#!$*%+ entrada! Lengua fuera