… pero algunos más (o menos) iguales que otros: el cuento de nunca acabar

Amigas y amigos, mi gente,

Durante estas semanas en las que el mundo ha tratado de adaptarse a la carrera a una manera distinta de vivir, a causa de la pandemia de Covid-19 del 2020, han salido a relucir varias situaciones penosas, situaciones que los más optimistas entre nosotros desearíamos que se hubieran resuelto hace mucho tiempo. Para ello, quisiera consignar aquí 3 nombres, con el énfasis correspondiente en cada uno a través de toda esta entrada:

  1. Ahmaud M. Arbery.
  2. George Floyd.
  3. Christian Cooper.

¿Qué tienen en común estos 3 nombres? Primero, los 3 son hombres de raza negra (o para los políticamente correctos como yo, “afroamericanos”). Segundo, los 3 fueron en momentos distintos objeto de ataques en su contra, por parte de otros que no comparten con ellos el mismo color de su piel. Y lo tercero, por lo menos 2 de ellos pagaron con sus vidas por los ataques de que fueron objeto; sólo uno de ellos se libró de correr esa suerte. Pero en los 3 casos, se plantea la posibilidad de que los mismos comparten un elemento en común: que en los incidentes en los que estuvo involucrado cada uno, haya estado presente el elemento del racismo. Un problema que mucha gente en los Estados Unidos creyó que se estaba superando. Una herida en el corazón de la nación llamada, “más poderosa del mundo”, “tierra de los libres y hogar de los valientes”. Una herida que no acaba de cicatrizar—y sabe Dios si algún día cicatrizará.

Arbery tenía 25 años de edad cuando murió el 23 de febrero de 2020 cerca de Brunswick, Georgia (EE.UU.), en medio de un incidente—aún algo confuso mientras escribo esto—en el que, habiéndose detenido en una residencia en construcción durante una carrera de ejercicio, sale de nuevo a la calle a continuar con su carrera, sólo para ser seguido e interceptado después por un duo de padre e hijo, blancos, ambos armados, uno de ellos (el padre) con una escopeta, quien lo mató de 3 disparos, bajo el pretexto de que Arbery era un escalador que había estado rondando ese vecindario. Todo eso mientras un tercer hombre, también blanco, grababa en su teléfono celular un vídeo de la acción que se estaba desatando frente a él, sin aparente interés de hacer nada por evitar esa tragedia.

Floyd murió a los 46 años de edad el lunes, 25 de mayo de 2020 en Minneapolis, Minnesota (EE.UU.), luego de ser detenido por un incidente en el que, supuestamente (hasta el día en que escribo, ya que no había concluido la investigación de los hechos), había tratado de pagar una mercancía con un billete de US$20.00 que había sido identificado como falso por un empleado de la tienda donde se efectuaba la transacción. Probablemente, el incidente no hubiera llegado a lo que llegó, de no ser porque uno de los 4 agentes de la policía que intervino con Floyd, quien ya estaba restringido con esposas (luego de—presuntamente—ofrecer resistencia al arresto), colocó toda la masa de su cuerpo, por medio de su rodilla izquierda, sobre el cuello de este último para restringirlo aún más. Y así estuvo durante 8 minutos y 46 segundos.

Déjenme repetir eso último: OCHO MINUTOS Y CUARENTA Y SEIS SEGUNDOS.

Y durante los primeros 5 minutos con 53 segundos de todo ese tiempo, Floyd no podía hacer otra cosa que suplicar por su vida (en una manera que de inmediato recuerda a otra muerte de origen policial, en el caso de Eric Garner; vía Wikipedia, en inglés, en español):

“No puedo respirar.”

“Me duele el estómago, me duele el cuello, me duele todo.”

“No me maten.”

Hasta que Floyd quedó inconsciente por otros 2 minutos y 53 segundos más, mientras el mismo agente policial mantenía su rodilla sobre el cuello del infortunado. Tras lo cual Floyd fue llevado por los paramédicos a un hospital, donde se certificó su muerte posteriormente.

Sin embargo, Cooper, cuya edad no aparece en las fuentes consultadas hasta ahora para esta entrada, no corrió la misma suerte de los anteriores, aunque no deja de preocupar la posibilidad de que el desenlace hubiera sido diferente. El mismo día que ocurrió la muerte de Floyd, el señor Cooper, un entusiasta observador de aves—quien resulta ser miembro de la junta del Capítulo de la Ciudad de New York de la Sociedad Nacional Audubon—sorprendió a una joven, blanca, cuyo perro estaba corriendo sin estar sujeto con una cadena, por un área forestada del Central Park neoyorquino, conocida como The Ramble” (nombre que se podría traducir como “El Paseo” o “El Paseo Largo”), en desobediencia de los rótulos que indican la regulación de esa práctica. Cuando el señor Cooper trató de llamarle la atención a la joven sobre el particular, ella se sintió “amenazada” y procedió a tomar su teléfono celular para llamar a la línea de emergencia 9-1-1. Sin embargo, en su llamada, ella expresó en un tono dramático que había un hombre negro que la estaba amenazando—a ella y a su perro—, que ella temía por su vida en ese sector del parque y que se enviara de inmediato a la policía para atender esa situación. Todo eso, mientras el señor Cooper grababa todo el espectáculo a través de su teléfono celular.

Ahora bien, ninguno de los 3 casos ha quedado sin consecuencias. En el caso de Arbery, tanto los 2 presuntos “justicieros” (yo los llamaría más bien, “ajusticiadores”) como el tercero que grabó toda la escena fueron arrestados en mayo de 2020, luego de más de 70 días sin que se tomara acción alguna, y en los que algunos funcionarios del ministerio público tuvieron que recusarse de la investigación por mostrar favoritismo implícitamente contra la víctima fatal.

En el caso de Floyd, sin embargo, se actuó un poco más rápido, cuando la policía de Minneapolis puso en licencia administrativa a los 4 agentes participantes, para después ordenar el despido de los mismos, y culminando con una acusación contra el agente que estanguló con su rodilla a Floyd—quien ya tenía casi 2 decenas de querellas en su contra por acciones indebidas como miembro de la policía—1 por asesinato en tercer grado, en su modalidad de asesinato provocado por una mente depravada (es decir, cuando un individuo lleva a cabo, con o sin intención, un acto, a sabiendas de que ese acto tiene una alta probabilidad de resultar en un grave daño corporal o en la muerte de otra persona; al hacer caso omiso de esa posibilidad, el individuo que lleva a cabo el acto demuestra una indiferencia depravada a la vida humana y la muerte así ocasionada se considera como cometida con malicia de antemano, “malice aforethought“; vea esta explicación en Wikipedia, en inglés). Lamentablemente, ello no ha impedido que se alcen las voces de protesta, tanto en Minneapolis como en otras ciudades, en las que han ocurrido manifestaciones con algunos actos destructivos (como la quema del cuartel policial donde estaban asignados los 4 policías blancos implicados en el incidente), mientras escribo esta entrada.

En el caso de Cooper, afortunadamente, la suerte se le viró en contra a la joven que quiso hacer el papel de “víctima”. A pesar de que después ella se disculpó públicamente por el incidente (disculpa que el señor Cooper dejó la puerta abierta para aceptarla), eso no parece haberle valido a ella de nada, ya que al día siguiente fue despedida por su patrono (una casa de corretaje de valores de la Wall Street) y hasta le fue quitado el perro que ella estaba paseando al momento del incidente (el cual ella había adoptado de un refugio de animales). (De paso, según el vídeo del señor Cooper que trascendió en los medios, la joven tenía agarrado al perro por el cuello, mientras trataba de ponerse dramática por el teléfono con la supuesta amenaza contra su vida y la del can. Me da la sospecha impresión de que eso debió haber influido en el ánimo de los responsables del refugio en su decisión de quitarle a la joven la custodia del perro—¿tal vez porque se demostraba en el vídeo una indiferencia depravada hacia la vida de un animal?—, pero eso es sólo mi opinión.)

Cabe preguntarse entonces si la joven habrá aprendido de esta experiencia a medir las consecuencias de sus actos de ahora en adelante (porque, en todo caso, ella fue la que ocasionó todo el problema, al no respetar una norma dirigida a asegurar el disfrute del área natural por todos, hombres y mujeres por igual, niños y adultos por igual, blancos, negros, latinos, orientales y otros por igual). Pero también cabe preguntarse qué hubiera ocurrido si la policía de New York (NYPD), notoriamente malhumorada y agresiva (no se podría esperar menos, por ser la fuerza policial que sirve y protege a una ciudad fría y dura como la de New York), hubiera intervenido con Cooper, y esa intervención hubiera tenido resultados funestos, como en el caso de Floyd o incluso en el de Garner (o que, en lugar de los “New York’s Finest“, hubieran intervenido “justicieros” civiles, como en el caso de Arbery). De haber sido así, ¿habría creído la joven que le estaba haciendo un servicio a la humanidad, al librarla de un hombre de raza negra que supuestamente amenazaba con hacerle daño a ella y a su perro (y todo, porque él la atrapó en falta)? ¿Podría ella dormir tranquila por la noche, sabiéndose responsable de una tragedia como ésa, o demostraría una indiferencia depravada hacia la vida de su presunto atacante?

Por ahora, y aunque no se había determinado si se radicaría en su contra alguna querella por el uso indebido de la línea de emergencia 9-1-1,2 creo que ya ella tiene suficiente castigo como para no poder dormir tranquila por mucho tiempo.

En todo caso, incidentes como los que estoy mencionando en esta entrada me llevan a otras ocasiones en las que he tratado el tema en este blog. Como hace unos 8 años, cuando dije lo siguiente:

“La verdad es que el debate que se ha originado por causa de tan lamentable incidente es una cosa tan sensitiva. Es una herida bastante profunda que se vuelve a abrir en la piel de una sociedad como la estadounidense, que tiene que cargar con el peso de un pasado de discrimen y racismo, de la creencia en la supuesta inferioridad de unos grupos sociales con respecto a otros, que criminaliza a esos grupos supuestamente “inferiores” y que ha resultado en consecuencias muy trágicas. Pero lo peor es que esa herida corre el riesgo de abrirse aún más, según aumenten los esfuerzos por revivir el prejuicio, por avivar la llama del odio entre grupos y entre clases sociales, por matizar la convivencia entre todos los miembros de esa sociedad sobre la base de la “percepción razonable”, de la mera sospecha de que el que dice ser mi prójimo no es lo que aparenta ser.

“Francamente, esa no es la manera de llevar una vida en comunidad. Pero así es como se está viviendo hoy en día (queramos o no).”

Viendo cómo han estado sucediendo las cosas desde que escribí esa entrada en 2012, sobre todo en los años transcurridos desde 2017, con un magnate ególatra y voluntarioso al mando de “la nación más poderosa del mundo” (como decía la conocida muñeca chismosa… “¿he mencionado nombre yoooooooooo?”), me da la impresión de que los cerdos que regían la granja en la novela de Orwell siguen andando por ahí lo más campantes:

All animals are equal, but some animals are more equal than others.

(“Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros.”)

[…]

Definitivamente, parece que los cerdos se han hecho con el gobierno de esta granja. Un gobierno en el que se consideran por encima del resto de los animales. En el que el bienestar y el progreso de los demás animales no les importa; sólo mantener sus poderes y privilegios. En el que no son iguales con respecto a los otros… sino más iguales que los otros.

Y es esa clase de “cerdo” la que resiente cualquier cosa que sea conflictiva con su ideología racista. Es más, permítanme repetir aquí algo que escribí en 2013, tras el fallecimiento del líder de África del Sur (y ex-confinado número 46664), Nelson Mandela:

“… lo importante es que ahora queda un legado, tanto para los africanos del sur como para el resto del mundo. Un legado de firmeza en las convicciones, de buscar aquello que debe unir—más bien, une—a los seres humanos, sin esa distinción artificial resultante de cómo vemos el color de la piel del otro, o de dónde procede, o cómo es su cultura o su ideario político, o si es hombre o mujer, o si habiendo nacido hombre o mujer tiene otras inclinaciones (siempre que las mismas no sean hacia cosas verdaderamente abominables—y ésa es una raya que hay que tirar de todos modos), o si cree en Dios o en una Fuerza Suprema, o incluso si no cree.

“Un legado que siempre se verá bajo amenaza de quienes no ven la vida con ese mismo espíritu. De quienes pretenden mantener vivas las cosas que dividen a los seres humanos. De quienes pretenden explotar los miedos de los incautos hacia “el otro”—se llame “mujer”, “negro”, “latino” o “hispano”, “chino” u otro tipo de asiático (total, hay quien no distingue unos de otros), “homosexual” o “lesbiana” o “bisexual” o “transexual” o “transgénero” (y también hay quien pinta a todos éstos con el mismo brochazo)… se llame como se llame—para adelantar sus propias agendas en lo político, en lo religioso, en lo social. Bajo amenaza de quienes no creen en la justicia social.

“Pero aún así, es un legado del que podemos todos aprender algo, si nos lo proponemos. Y que podemos aplicar en nuestras vidas, si queremos. Y que podemos seguir propagando y extendiendo, si aceptamos esa misión que. después de todo, será para el bien de quienes sigan nuestros pasos ahora, y de quienes seguirán sus pasos después.

“Y es un legado de justicia, de persistencia, y sobre todo, de unión. UNIÓN para enfrentar las dificultades que encontramos a lo largo del camino. UNIÓN para prevalecer, más allá de las pequeñas diferencias, en busca del bienestar de todos. UNIÓN para lograr una vida mejor, un futuro mejor.”

Tal vez sea sólo una ilusión creer que se podrán vencer el racismo y el discrimen, pero yo creo que vale la pena. Por todos los Eric Garner, Ahmoud Arbery, George Floyd, Trayvon Martin, y muchos otros que se arriesgan a no ver la luz del día, porque alguien no les dio la consideración de seres humanos.

¡Y vamos a dejarlo ahí! Cuídense mucho—cada quien y a los demás—y pórtense bien.


1 Interesantemente, y no por reirme de las tragedias de nadie, antes de ponerme a actualizar esta entrada me enteré de que la esposa del policía implicado en la muerte de Floyd… ¡le ha solicitado el divorcio! La verdad es que no sé si tenerle pena al pobre individuo, pero con un historial como el suyo… ¡es como para que la amante—en caso de que la tuviese—lo deje de inmediato! ¡A juyirrrrr!

2 Para que los lectores fuera de Puerto Rico tengan una idea, el Artículo 239 de la Ley Núm. 146 de 30 de julio de 2012, según enmendada, conocida como el Código Penal de Puerto Rico (Ley 146-2012), dispone lo siguiente sobre las llamadas telefónicas falsas a sistemas de emergencia:

“Toda persona que a sabiendas efectúe o permita que desde cualquier teléfono bajo su control se efectúe una llamada telefónica a cualquier sistema de respuesta a llamadas telefónicas de emergencia, como el tipo conocido comúnmente como “9-1-1”, para dar aviso, señal o falsa alarma de fuego, emergencia médica, comisión de delito, desastre natural o cualquier otra situación que requiera la movilización, despacho o presencia del Cuerpo de Bomberos, personal de Emergencias Médicas, la Agencia Estatal para el Manejo de Emergencias, Junta de Calidad Ambiental o fuerzas del orden público, incluyendo la Policía de Puerto Rico, o que efectúe o permita que desde cualquier teléfono bajo su control se efectúe una llamada obscena o en broma a tal sistema de respuestas a llamadas telefónicas de emergencia, será sancionada con pena de reclusión por un término fijo de tres (3) años.

“El tribunal también podrá imponer la pena de restitución para subsanar cualquier utilización innecesaria de recursos o desembolsos innecesarios de fondos por parte del Estado Libre Asociado para responder a cualquier llamada telefónica obscena, en broma o constitutiva de falsa alarma a tales sistemas de emergencia.”


LDB

Luces Apagadas

Saludos, mi gente,

Cuánto se apuestan en otros países a que la gran mayoría de quienes me leen en Puerto Rico tuvieron que pasar (al igual que yo) por la desagradable experiencia de tener lo que en buen español sería un dress rehearsal de lo que nos espera en la presente temporada de huracanes. Resulta que el jueves pasado (16 de junio de 2005), medio Puerto Rico se quedó sin servicio de energía eléctrica debido a una avería en una línea de transmisión de electricidad en el sur del país, la cual provocó que se privara a una gran cantidad de abonados por varias horas. En mi oficina en San Juan, nunca llegamos a notar lo sucedido, pero en el resto de la Isla, ¡ya eso era otra cosa! En Juncos, por ejemplo, estuvimos a oscuras desde media tarde hasta casi las 21:40 (-04:00)… Tiempo más que suficiente y oportuno para sentarnos a hablar de las cosas que suceden en nuestras vidas y en el entorno en que nos movemos. Tiempo más que suficiente para pensar y soñar… ¡sobre todo, para esperar que restablecieran el servicio, caramba!

Pero como una de esas cosas extrañas de la vida, ese mismo día Puerto Rico perdió a uno de sus más grandes hombres, a Don Enrique Laguerre (quien estaba a pocos días de cumplir 100 años de vida). Para los que no han pulsado aún el enlace a la sección especial en El Nuevo Día (vea el mensaje anterior), Laguerre fue el autor de varias obras de gran prestigio en la literatura puertorriqueña, como La Llamarada y Cauce Sin Río; fue también profesor universitario de gran prestigio, y uno de los fundadores del Instituto de Cultura Puertorriqueña… irónicamente, el mismo instituto que por razones que uno no entiende, le dio de codo en los útimos años de su vida. Pero así son las cosas, y así es la gente…

Comoquiera, Don Enrique se nos ha ido, pero queda para siempre su obra literaria y de opinión (incluidas varias obras inéditas que están por ver la luz próximamente), para dar luz, sentido y dirección a todo un pueblo que la necesita… ¡y unos más que otros, por cierto! Si no me creen esto último, fíjense lo que ocurrió a los pocos minutos de darse a conocer la noticia del fallecimiento de Don Enrique, cuando una legisladora novata estaba a punto de ser entrevistada en la emisora radial WKAQ-AM sobre otro tema:

Me enteré cuando venía de camino para acá. Es muy triste. Yo de pequeña recuerdo algunas de las producciones que mencionaron de él y uno creció con toda la producción local que había antes, que era muy diferente y un estilo… me parece mucho más productivo, más beneficioso y más positivo de lo que tiene la televisión local ahora. Y no quisiera que se me malinterprete. Ciertamente es muy triste, muy lamentable. Perdimos a una gran leyenda, si se puede decir así, de lo que fue la producción local. Que descanse en paz. A su familia nuestras condolencias. Y yo quisiera exhortar ahora que esta persona falleció que emulen la calidad con la cual él preparaba sus escritos, sus telenovelas y sus producciones locales.

Pero… ¿EN QUIÉN CA***O ESTABA PENSANDO ELLA? ¿EN TOMMY MUÑIZ? ¿EN ÁNGEL DEL CERRO? OK, yo no llamaría a eso “pensar”… Es más, eso me recuerda al rótulo que uno ve detrás de algunos escritorios secretariales (¡no todos!),

No me pidas que piense… ¡Me dieron el empleo por mi belleza!

¡Cosas de la vida! Mientras tanto…

ESTA SEMANA, CONTINÚA LA ACCIÓN DE JUNIO DE 2005… OK, NO ES PA’ TANTO… CON: Cómo rescatar a una linda princesa que está a merced de un dragón, según su estilo musical… Aprenda a insultar de manera elegante, con las figuras históricas de la política hispanoamericana… Un abogado quiere pasarse de listo con un policía que lo detiene por desobedecer una señal de tránsito… Y… Un aviso muy importante para los técnicos de urgencia médica.

Ya lo saben, aquí es donde está todo esto, más las “LDB’S DANCERS”.

Bueno, y aquí los dejo por hoy, no sin antes declarar a Don Enrique Laguerre (1905–2005) mi huésped de honor de esta semana y desearle desde aquí un buen viaje hacia la eternidad. Y a ustedes, pues… Cuídense mucho y pórtense bien. Bye!

LDB

El Fin de Una Era… y la Satisfaccion del Deber Cumplido?

¡Quiúbole, mis cuates!….

(‘Perate un momentito… así no es como yo abro mis mensajes…)

Saludos, mi gente. Nada nuevo que contar sobre mí, excepto que las cosas en mi lugar de trabajo se están haciendo más complicadas, debido a movimientos de personal, cambios en responsabilidades y demás. Pero hay que dar la batalla, no queda otro remedio…

Enigüei, mi tema de hoy es el final de una era, específicamente de un tiempo glorioso para la TV de Puerto Rico, con la cancelación del programa de entretenimiento del mediodía que durante los pasados 40 años se transmitió por lo que hoy es la semifilial de Telemundo en Puerto Rico (y de la que sigo creyendo que la empresa de Miami se apoderó del nombre y otras cosas, pero ya ese es otro tema). El “Show de las 12” era para muchos de nosotros como una institución en Puerto Rico, como un punto obligado de reunión para el público que quería entretenerse con sus cantantes y agrupaciones musicales favoritas, y reirse con sus divertidas comedias (aunque en cuanto a algunas de las comedias más recientes, the jury is still out). Por el “Show de las 12” pasó una gran variedad de artistas que se abrieron paso y cosecharon éxitos ulteriormente, como El Gran Combo, el duo de Olga Chorens y Tony Álvarez (más sus hijas Lissette y Olguita), Sylvia de Grasse (que con su esposo Chapusseaux y el pianista Damirón eran “Los Alegres Tres”), el Conjunto Quisqueya… en fin, que si sigo enumerando, me pondrán más edad que los 46 que tengo.

Pero no tengo por qué quejarme, porque ese es uno de mis recuerdos de la niñez y temprana adolescencia… Si hasta fui con mi madre (QEPD) a ver el programa en el propio estudio de la hoy Telemundo-PR con una excursión de mi escuela a fines de los 1960s… ¡Total! Esos eran otros tiempos…

Pero como suele suceder, con el paso del tiempo las cosas y la gente evolucionan. Y parece que también los gustos de las gerencias de nuestras televisoras evolucionan, aunque no necesariamente para bien. Y en este caso, la gerencia de Telemundo-PR (que se quiera o no, es movida por los cachanchanes estadounidenses de NBC-Universal) decidió que el espacio de tiempo del “Show de las 12” debía evolucionar hacia otra cosa. (¿No será hacia algún show con acento mexicano, como los de la rival TeleLata… perdón… Univisión—que por cierto, también tiene sus barbas en remojo—… o argentino… o colombiano?) De todos modos, ya el daño se hizo el pasado viernes 25 de febrero, al realizarse la última edición del programa. De más está decirlo, pero por lo que me cuenta un familiar que vio el programa hubo muchas lágrimas, unas disimuladas, otras más visibles, pero lágrimas a fin de cuentas. Era como darle el último adiós a quien se quiso durante toda una vida, a quien nunca más se volverá a ver…

Desde esta humilde tribuna, vaya mi mayor solidaridad con todos aquellos y aquellas que hicieron posible la tarea de mantener vivo en el corazón del pueblo puertorriqueño un punto de encuentro con nosotros mismos, como lo fue en su día “El Show de las 12”.

Y por supuesto, espero que los de la gerencia de Telemundo-PR (¡irónicamente, la misma que le celebró por todo lo alto el cumpleaños 40 al show apenas el mes pasado!) puedan dormir tranquilos por la noche, con “la satisfacción del deber cumplido”…

OK, ya esta bueno de tanta queja. Vamos a lo nuevo para esta semana…

NUEVO EN LA PÁGINA DE FEBRERO: Una mujer hace contacto con el espíritu de su difunto esposo para saber cómo es el más allá… Deploran en el Cielo la aparente obsesión de los mortales con el sexo oral… Un paciente psiquiátrico que también parece estar obsesionado con el sexo… Y… AHORA QUE TENGO SU ATENCIÓN… La versión en español de las Tres Reinas Magas de la página de 2001.

Sitio ‘Web’ de LUIS DANIEL BELTRÁN – Humor

Bueno, y así me voy cantando casi como Los Alegres Tres…

Este programa se acabó,
Se acabó,
Se acabó.
Pero (el domingo) volveremos
A la misma hora
Otra vez.

Cuídense mucho y pórtense bien. Bye!

LDB