Cuanto más cambian las cosas…

With his family by his side, Barack Obama is s...
With his family by his side, Barack Obama is sworn in as the 44th president of the United States by Chief Justice of the United States John G. Roberts, Jr. in Washington, D.C., Jan. 20, 2009. More than 5,000 men and women in uniform are providing military ceremonial support to the presidential inauguration, a tradition dating back to George Washington’s 1789 inauguration. VIRIN: 090120-F-3961R-919 (Photo credit: Wikipedia)

NotaVámonos,
Vámonos,
Vámonos,
Que la parranda se acabó.Nota

Bueno, amigas y amigos, mi gente.  Ya, sanseacabó… ¿o no será más bien “Sanse” acabó?  Que quiere decir, más o menos, que las Navidades más largas del mundo—según el “wishful thinking” de algun@s—terminaron la tercera semana de enero, con el cierre de las Fiestas de la Calle San Sebastián (en el Viejo San Juan, para los lectores internacionales).  Fiestas a las que, por razones que no vienen al caso mencionar, no me ha sido posible ir desde que mi lugar de trabajo se mudó de Puerta de Tierra (al lado del Viejo San Juan) a Río Piedras.  Y realmente me apena, porque independientemente de todo lo que se diga de los estragos que causan algun@s de l@s asistentes a las fiestas (como lo pudimos observar en las fotos de la prensa local)—por no hablar del lamentablemente asesinato de un joven ocurrido en medio de la celebración de este año—y de que éstas se han alejado mucho (yo diría que “años luz”) del propósito religioso con el que se organizaron originalmente, para mí siguen siendo uno de los espacios donde muy a pesar de los pesares, se comparte el sentimiento de lo que nos une a los puertorriqueños, ese orgullo que nos ha ayudado a sobrevivir las peores tormentas que nos ha tirado la vida—y sabe Dios cuántas más desde aquí en adelante.

Por supuesto, a mí lo que más me atrae de las Fiestas de la Calle San Sebastián—y me seguirá atrayendo (no les quepa la menor duda)—no es la bebelata ni el alboroto desordenado (no muy patriótico que digamos) de algun@s, sino la variedad de manifestaciones de la cultura boricua, en cuanto a libros, artesanías, dulces típicos, etc.  Y para muestra, con dos botones de tiempos pasados basta:

Máscara de vejigante de Loíza Aldea.

Natividad taína.

Una máscara de vejigante de Loíza Aldea, en madera, de no más de 3 pulgadas (7.6 cm) de alto, y una Natividad taína (más o menos de la mitad del tamaño del anterior), o sea, una visión de cómo hubiera sido el nacimiento del niño Jesús si éste y sus padres, María y José, hubieran sido indios taínos.  Y ambas obras las compré muchos años atrás, cuando me era posible sacar un ratito al final del viernes de esa semana de trabajo para subir y bajar la famosa calle como dice el coro (Notavoy subiendo, voy bajandoNota).  Puede ser que ambas fotos—con todo el trabajo que pasé para tomarlas para subirlas al blog—no les hagan justicia a los originales que tengo en mi casa… ¡pero eso es lo que hay!

(Por cierto, ambas fotos también están en mi cuenta en Instagram, junto con otras fotos como las del patio interior de la antigua Escuela de Medicina Tropical, etc.)

Pero bueno, vamos de nuevo a doblar el lomo.  Ya no hay más por dónde zafarse.

La cosa es que nuevamente nos encontramos en el punto en el que comienzan nuevas administraciones de gobierno.  Y contrario a lo que hubiéramos podido pensar hace 4 años, la administración de Barack H. Obama logró prevalecer, muy a pesar de todos los escollos que se le han presentado en el camino—especialmente el resentimiento de una derecha política que, por mejor que sea la intención, no se atreve a evolucionar y adaptarse a los tiempos que vivimos—y del hecho de que una cosa es la promesa y otra muy distinta es la realidad.  Y para atender esa realidad, me imagino que deberá—porque a ello está obligado—aprovechar las oportunidades que tendrá ante sí para hacer las cosas que prometió hacer unos 4 años antes.  Digo, eso si lo dejan.

“(D)esde el mismo primer día de trabajo, el presidente Obama ha puesto su empeño en cumplir las promesas que hizo en su campaña electoral, aunque a lo largo del camino, él debe haber descubierto que no todas las promesas que él hizo serán fáciles de cumplir…

[…]

Por supuesto, no han faltado las críticas contra el presidente Obama, principalmente provenientes de personeros de la derecha política republicana que, más que una genuina preocupación por el rumbo que toma su nación, lo que destilan es rencor, con un matiz de revanchismo político.  Por lo menos, para mí ésa es la explicación de que muchos de estos personeros expresen su esperanza de que el presidente Obama fracase en su mandato.  ¿Por qué?  ¿Será porque se dejaron vencer por alguien “distinto” (interprétese como se interprete) y eso no les hizo gracia alguna?  ¿Será por que no tienen nuevas ideas que ofrecer a su pueblo?  ¿Será porque no creen en la constante del cambio, en que deben evolucionar con la misma sociedad que dicen representar?  ¿Será porque no tienen la capacidad para admitir—y afrontar con valentía—las fallas de su propia ideología, los puntos débiles, los defectos, a fin de corregirlos y ponerse en pie como fuerza política válida?”

(Y si de rencores y revanchismos se trata, sólo hay que pensar en la reacción de los mismos personeros de siempre a una foto (de agosto de 2012) divulgada en enero de 2013 por la Casa Blanca, del presidente Obama practicando el tiro de “skeet” en la casa oficial de veraneo del Campamento David en el norte de Maryland.  Una foto que, según los reaccionarios en cuestión, no borra la imagen “anti armas” del mandatario—algo en las líneas de “ése se agarra de cualquier cosa para negar lo que es” o “ése no sabe nadar y por eso camina sobre el agua”.*  O sea, palos si bogas y palos si no bogas.)

Y si de prevalecer se trata, la administración Obama lo hizo en su compromiso de sacar la presencia de la soldadesca estadounidense de Iraq para fines de 2014, y con ello quitarse parte de la sombra de las acciones militaristas emprendidas por su antecesor, George W. Bush.  Pero… ¡ojo!  Dije “parte de la sombra”, no “toda”.  Todavía quedan prisioneros de la “guerra contra el terrorismo” en el enclave estadounidense—o “espina en el costado cubano”, para quienes lo ven de esa manera—de Bahía Guantánamo.  Y algunos de esos prisioneros aún están esperando juicio por sus presuntas “acciones terroristas”.  Digo yo, ¿no fue para eso último para lo que se les encarceló?  ¿Será que después que los confinaron, tienen tanto “miedo” a alguna represalia de las organizaciones criminales con las que estarían vinculados?  O tal vez será que los quieren tener como la presa de caza, cuya cabeza—incluidos los cuernos u otras protuberancias craneales, de tenerlas—”adornan” la sala de la casa de algún cazador, tal vez para lucirlos como motivo de orgullo.

Tal vez ése no era parte del “cambio” prometido.  Tal vez ése es un claro ejemplo de que entre promesas y realidades va un trecho muy largo.

Pero eso es allá en “el norte”.  Acá en esta isla bendita, comenzamos el año y el cuatrienio con una gerencia gubernamental diferente.  Una gerencia gubernamental que tendrá que ver cómo enfrenta los retos que les dejaron años y años décadas de improvisaciones, pasos en falso, demostraciones de incompetencia y necedad, juegos con la realidad que se vive en la calle.  Retos que no ocurrieron “el otro día”, como hay quien dice, pero que alcanzaron matices graves durante los años de la administración del Lcdo. Luis G. Fortuño Burset como gobernador.  (Aunque siempre han alcanzado matices graves con cada administración previa, ¡pero qué se le va  a hacer!)  Años en los que la mentalidad prevaleciente parecía ser la de “haz lo que YO digo y no lo que YO hago, porque YO-YO-YO tengo el poder y tú tienes que allanarte y obedecer ciegamente y sin cuestionar, porque “such is life”, porque los valores cuentan… ¡pero sólo para ti, no para nosotros!”  Una mentalidad que pretendía manejar la vida pública del país como si fuera una empresa privada, dirigida por una ideología conservadora como las que se vería, por ejemplo, en Texas y otros estados del sur de los EE.UU., pero que practicaba un estilo de política corrupta, más parecido al que creo que en inglés lo llaman algo así como “Chicago-style politics”—con perdón de la gente que me lee en Chicago, si se sintieran ofendidos por la comparación.  Un estilo en el que la partidocracia y la incompetencia administrativa pasearon su fealdad miserable por casi todos los órdenes de la vida.  Un estilo que quiso imponerse sobre todo aquello que no le fuera afín a la ideología prevaleciente—aun instituciones que, le guste a quien le guste, tienen una razón de ser y cumplen una función vital en la sociedad puertorriqueña, como el Colegio de Abogados.

Pero, ¿no es eso lo que tanto critica la derecha más recalcitrante, dondequiera que esté, a los gobiernos de países como Cuba o Venezuela—con perdón de mis lectores y lectoras cuban@s y venezolan@s (y me refiero más a la gente que a quienes la gobiernan), porque ell@s también son mis amigas y amigos, mi gente—, a los que seguida el arsenal derechista de epítetos dispara su carga de “dictatoriales”?  Es más, ahora me da más pena con don Luis A. Ferré, quien durante el ocaso de su vida insistía en que Puerto Rico no era ni caribeño ni latinoamericano—mientras otras manos aprovechaban su delirio senil para echar por la borda todo lo que le costó sudor y sacrificio político.  (Y no tengo empacho en decir esto: siento que el alma de don Luis A. Ferré debe estarse agitando en su sepulcro, convulsando cada vez más, al percibir lo que han hecho—y hacen—sus “herederos” políticos.)  Pero ya la Historia se encargará de juzgar… y de adjudicar.  A mí no me cabe la menor duda.

Y mientras esa partidocracia y esa incompetencia campeaban por sus respetos, las fuerzas que buscan desestabilizar con su violencia la vida de nuestra sociedad también campeaban por sus respetos.

Así las cosas, ¿qué debemos esperar de los sucesores, especialmente del nuevo gobernador, Lcdo. Alejandro García Padilla (además de que sea otro abogado el que gobierne)?  Tal vez yo no esperaría mucho.  Tal vez den la cara y cumplan con algunas cosas que prometieron, como restaurar el clima de responsabilidad social del país, mediante la restauración de las colegiaciones profesionales que se deshicieron por revanchismo, o aumentar la fuerza laboral del país—de por sí bastante afectada por las improvisaciones (porque así hay que llamarlas: improvisaciones) mal aplicadas durante la “emergencia fiscal” de 2009—en unos 50’000 en los primeros meses de gobierno (como dicen en los sectores pudientes de Guaynabo, “good luck with that!”), o disminuir la ola de violencia que parece prosperar en el país bajo ciertas condiciones (y ése podría ser un buen tema para un análisis inteligente: por qué la criminalidad “florece” durante ciertos periodos de gobierno y durante otros no), o tratar de hacer que la vida sea más tolerable para quienes tenemos que pagarla a un costo lamentablemente alto… Excepto porque…

Lamentablemente, comenzaron con el pie izquierdo con mal pie (lo siento, pero eso de “con el pie izquierdo” me parece prejuiciado y sin razón de ser y por eso es que lo tacho).  Y ya se avecinan aumentos en los costos del agua y la electricidad—en este último renglón, el propósito será cubrir una reducción presuntamente artificial, aplicada por la administración anterior de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) previo a las elecciones generales de 2012, y que duraría solamente 3 meses, para entonces volver a pagar más cara la electricidad… ¿no será más bien, para pagar los excesos de la propia corporación pública?  Excesos que se financian con unas fórmulas matemáticas—tan secretas como la receta para la preparación de la CocaCola y los ingredientes que lleva—de un mal llamado “ajuste por combustible” (que como posiblemente yo haya mencionado alguna vez, en mi caso particular se lleva la mayor tajada del costo de la factura eléctrica de mi casa), mientras la infraestructura eléctrica del país sufre los embates de la naturaleza, una naturaleza que siempre es más sabia que lo que algun@s creen.

Yo no sé, pero me imagino que aunque suene como un disparate, quien lo dijo originalmente tenía la razón: mientras más cambian las cosas, más “iguales” se quedan.  Cuán iguales se van a quedar y cómo habremos de lidiar con toda esa “igualdad”, eso es lo que habrá que ver en estos próximos 4 años.

Pero bueno, ¡vamos a dejar el comienzo del 2013 ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


* Por cierto, para que sepan a qué me refiero, les dejo este chiste (tomado de uno de mis grupos favoritos de usenet):

Versión en inglés: Mi traducción (libre) al español:
Amazing Hunting Dog

An avid duck hunter was in the market for a new bird dog.  His search ended when he found a dog that could actually walk on water to retrieve a duck.  Shocked by his find, he was sure none of his friends would ever believe him.

He decided to try to break the news to a friend of his, a pessimist by nature, and invited him to hunt with him and his new dog.

As they waited by the shore, a flock of ducks flew by.  They fired, and a duck fell.  The dog responded and jumped into the water.  The dog, however, did not sink but instead walked across the water to retrieve the bird, never getting more than his paws wet.  This continued all day long; each time a duck fell, the dog walked across the surface of the water to retrieve it.

The pessimist watched carefully, saw everything, but did not say a single word.

On the drive home the hunter asked his friend, “Did you notice anything unusual about my new dog?”

“I sure did,” responded the pessimist.  “He can’t swim.”

El Sorprendente Perro de Caza

Un ávido cazador salió a comprarse un nuevo perro de caza.  Su búsqueda terminó cuando encontró un perro que realmente podía caminar sobre el agua para recoger un pato.  Atónito por el hallazgo, él estaba seguro de que ninguno de sus amigos le creería.

Decidió entonces darle la noticia a un amigo suyo, pesimista por naturaleza, y lo invitó a cazar con él y con su perro nuevo.

Mientras esperaban junto a la orilla, una bandada de patos sobrevolaba.  Ellos dispararon, y un pato cayó.  El perro respondió y se tiró al agua.  Sin embargo, el perro no se hundió, sino más bien caminó sobre el agua para recoger el ave, sin mojarse más que las patas.  Así continuaron todo el día; cada vez que un pato caía, el perro caminaba sobre la superficie del agua para recogerlo.

El pesimista observaba cuidadosamente, vio todo, pero no dijo una palabra.

En el viaje de regreso a su casa, el cazador le preguntó a su amigo: “¿notaste algo inusitado en mi perro nuevo?”

“Ciertamente”, respondió el pesimista.  “No puede nadar.”


LDB

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Ser o no ser puertorriqueño

Flag-map of Puerto Rico
Flag-map of Puerto Rico (Photo credit: Wikipedia)

“To be, or not to be, that is the question:
Whether ‘tis nobler in the mind to suffer
The slings and arrows of outrageous fortune,
Or to take arms against a sea of troubles
And by opposing end them….”

(“Ser o no ser, esa es la cuestión:
si es más noble para el alma soportar
las flechas y pedradas de la áspera Fortuna
o armarse contra un mar de adversidades
y darles fin en el encuentro….”)

William Shakespeare (1564–1616), La Tragedia de Hamlet, Príncipe de Dinamarca (según Wikipedia, escrito en algún punto entre 1599 y 1602), Acto Tercero.  (La traducción al español no es mía—¡para variar!—, sino de La Máquina del Tiempo, de donde la obtuve el 13 de mayo de 2012.)

Saludos, amigas y amigos, mi gente.

Recientemente comenzamos a ver por ahí una campaña publicitaria, de cara a las elecciones generales puertorriqueñas (que por una de esas “casualidades” de la vida se celebran el mismo día que las elecciones presidenciales estadounidenses, esta vez el 6 de noviembre de 2012), por medio de la cual se pretende “definir” lo que es “ser puertorriqueño”.  De acuerdo con la campaña lanzada el 25 de abril de 2012 por el Partido Nuevo Progresista (PNP),* actualmente en el poder, se procura resaltar los valores que caracterizan a esa colectividad por medio de las cinco expresiones que enumero a continuación:

  • “Ser puertorriqueño es no rendirse”;
  • “Ser puertorriqueño es ser responsable y decidido”;
  • “Ser puertorriqueño es decidir con valentía”;
  • “Ser puertorriqueño es hacer, no criticar”; y
  • “Ser puertorriqueño es respetar a tu familia.”

La verdad es que cuando leo algo como esto me digo lo interesante que es ver cómo se habla de una serie de valores que, según su propio “track record”, son los que menos practican sus propios líderes (como han podido ver en ocasiones a través de este blog).  Pero, ¿qué tal si lo seguimos, shall we?

(OK, aguántenme con una camisa de fuerza, si quieren, pero aquí va el maldito clisé.)  Como es de suponerse, las reacciones no se hicieron esperar, en especial en las redes sociales y los medios informativos independientes.  Una de las reacciones más interesantes es la de la periodista Sandra Rodríguez Cotto en el blog, 80grados.net.  Entre otras cosas, Rodríguez Cotto reseña en su nota de dónde viene la idea de un partido político por lo demás asociado con la propuesta de anexar a Puerto Rico como el quincuagésimo primer (para l@s que se les hace difícil entender eso, “51”) estado de los EE.UU., de utilizar (¿no será más bien “manipular”?) imágenes y mensajes asociados con la puertorriqueñidad para su propio mensaje.  Y por supuesto, no faltó quien sugiriera “valores” adicionales que también caracterizan a esa colectividad—algunos dirían que más fielmente que los de la campañita ésa—y que bien pudiera haber aprovechado para proclamarlos a los cuatro vientos.  (No es que con el “track record” al que me refería hace un  momento no los estén proclamando a los cuatro vientos, pero ya eso es otra historia.)

De todas maneras, si algo bueno se puede decir de todo esto, es que una situación como ésta nos pone a pensar en lo que somos—algo que he estado haciendo una y otra vez desde que empecé a ver esa campaña en mi ruta de la casa al trabajo y del trabajo a la casa.  Y sí, hay muchas cosas que se podrían decir de lo que es ser puertorriqueño.  Por ejemplo, para mí, ser puertorriqueñ@ es:

  • Ser honesto;
  • Ser decente;
  • Ser cumplidor (o cumplidora) y honrar los compromisos;
  • Ser responsable, consigo mismo y con los demás;
  • Solidarizarse con los demás, tanto en los momentos felices como en las amarguras (y eso lo hemos visto en tantas temporadas de huracanes, y en tantas situaciones como la de nuestros hermanos haitianos);
  • Respetar una autoridad llevada con el mismo respeto y la misma dignidad que se nos exige a los demás (algo que difícilmente podemos ver hoy en día cuando, por ejemplo, hay quien no respeta el ordenamiento del tránsito vehicular);
  • Actuar de buena fe, sin maldad, evitando engañar y herir a los demás (y en el proceso, a sí mismo), teniendo en cuenta que toda acción, buena o mala, tiene sus consecuencias—y algunas de esas consecuencias pueden llegar a ser lamentables;
  • Llamar la atención sobre Denunciar todo aquello que esté mal, sin importar de quién o de dónde venga, para que se corrija y no se repita.  Algo muy diferente a la implicación de “hacer, no criticar”, pero que tampoco es criticar por criticar, sino alzar la voz aunque se moleste quien se moleste, para ayudar a que la vida sea mejor para tod@s.

Hay muchas otras cosas que podría añadir a lo que estoy enumerando arriba (y para eso estarán los comentarios a esta entrada), pero para mí lo más importante es esto: Ser puertorriqueño es mucho más que una expresión propagandística, en la que se trata de reducir a poco y simple unos valores que tanto se predican pero poco se practican—especialmente cuando quienes más los predican son quienes menos los practican.  Es algo con lo que nacemos en esta mi bendita tierra.  Es algo que se lleva de corazón.  De todo corazón.

Y eso es algo que quienes no se sienten cómodos en su propia piel, quienes no tienen el orgullo de ser lo que deberían ser y no son, quienes se engañan a sí mismos tratando de ser algo cuando en realidad no son nada (como bien lo plantea—en otro contexto, claro está—Gálatas, capítulo 6, verso 3), no lo entenderán ni lo apreciarán nunca.  ¡NUNCA!

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


* Por cierto, mientras buscaba la dirección de la página web oficial del PNP para poder hacer la debida referencia (y eventualmente, para corregir el enlace en la columna lateral del blog), se me ocurrió entrar en mi navegador (Mozilla Firefox, por si lo quieren saber) la siguiente secuencia: “pnppr.org”.  Cuánta no sería mi sorpresa (¡otro odioso clisé… aaaaargh! Echando humo ) cuando lo que salió fue esto:

(¡No se rían, por favor!)

Definición de 'corrupción' según el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE).

Francamente, yo no sé en qué está pensando la persona a la que se le ocurrió esta lindeza, al asociar una organización política puertorriqueña… esteeeeeeeeee… ¡con la diarrea!  ¡Cosas veredes, Sancho!


Soy Luis Daniel Beltrán.  Soy PUERTORRIQUEÑO…  ¡Y yo apruebo esta entrada! Pulgar hacia arriba

Comoquiera que me ponga, tengo que llorar

English: Colin Henderson's winning design will...
"Hablemos, no nos peleemos" - Image via Wikipedia

Comoquiera que me ponga, tengo que llorar

“Constituye un triste lamento, debido a que la persona en repetidas ocasiones no ha podido resolver favorablemente el problema o los problemas dolorosos en que se va encontrando.”

(Citado de la página 10 de: Refranes más usados en Puerto Rico, Segunda edición revisada y aumentada, por María E. Díaz Rivera, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, San Juan, Puerto Rico, 1994.)

Muchas personas de cierta edad en Puerto Rico recordarán el sainete diario protagonizado por un jíbaro (campesino) de buen corazón, llamado “don Macario”—interpretado para la radio y la televisión boricua por el actor y periodista aguadillano, don José Luis Torregrosa (8/23/1916–6/15/2001)—, quien enfrentaba toda clase de situación que al final lo hacía resignarse a llevar la peor parte.  Poniendo un poco de distancia con el contexto humorístico en el que “don Macario” entonaba esa frase—que la autora de la fuente citada clasifica como una frase de abatimiento—, me pregunto si a Wanda Yvette Camacho Meléndez le habría pasado eso por la mente mientras se le escapaba la vida.

Porque en repetidas ocasiones, Wanda Yvette, enfermera de profesión, había tratado de resolver a su favor un problema doloroso para ella: ser una víctima de la violencia que algunos insisten en adjetivar como “doméstica”, cuando (como he aprendido en tiempos recientes) es más acertado y honesto llamarla por su nombre verdadero: violencia de género.  (Y pensar que todavía algunos retrógradas insisten en darle el nombre grotesco de “crimen pasional”.)  La clase de violencia que algunos hombres (y algunas mujeres también—no crean que no es así) emprenden contra sus parejas, exista o no un papel que legalice su unión.  Aquella violencia en la que el macho—porque ciertamente, ser hombre es mucho más que ser un macho—trata de afirmarse como “el dueño” de “su” mujer, como el único que la puede amar (¿llaman a eso “amar”?), porque si no es de él, no debe ser de más nadie…

Pues sí, según los relatos de prensa, ella hizo todo lo posible por resolver su dolorosa situación.  Denunció a su agresor, consiguió una orden de protección contra él (aunque ella debió haber sabido que las órdenes de protección valen—en la práctica—mucho menos que el costo del papel en el que están escritas), incluso había conseguido que lo llevaran a una vista judicial.  Y en esa vista judicial se determinó colocársele un grillete electrónico, para monitorear sus pasos hasta que se le llevara a juicio.

Pero a pesar de que ella cumplió valientemente con su responsabilidad, con su parte del contrato social que la obligaba a ella a hacer todo lo correcto, alguien le falló de mala manera.

No, no, no.  Voy a decirlo como es: LA MISMA SOCIEDAD EN LA QUE ELLA CONFIABA PARA SU PROTECCIÓN Y SEGURIDAD LE FALLÓ.  LA TRAICIONÓ.  LA ABANDONÓ A SU SUERTE.  PUNTO.

(Cualquiera diría que en ella se hizo realidad una de esas máximas que han sido parte de mi vida por muchos años, de que aun las personas en las que más se confía son capaces de traicionar esa confianza—más bien, son de las primeras personas que lo hacen.  Pero ya eso debe ser tema de otra conversación.)

Y esa falla, esa traición, resultó ser fatal para ella, al ser abordada por su pareja, al atardecer de ese 13 de febrero de 2012, en una tienda de licores en el este de Puerto Rico, y ser objeto de varias puñaladas, ante la mirada atónita (no sé qué piensen, pero esto me suena a cliché) de las amistades que la acompañaban.  Y a pesar de que “hizo lo correcto”, ella acabó por llorar, ella acabó en el amargo llanto de la muerte.

Y como suele suceder siempre que ocurre una tragedia o un desastre tan lamentable (¿por qué siempre tiene que ser así?), las cabezas empezaron a huirle a la amenaza del verdugo—con mayor o menor éxito.*  Los líderes que tanto se distraen—y en el proceso procuran distraernos—con sus frivolidades y sus escándalos alzaron su voz para prometer investigaciones, o para dictaminar con toda su “autoridad” sobre la “falta de valores” del pueblo (pero aquellos de ustedes que me leen son un poco más inteligentes y entienden por qué pongo esta última frase entre comillas).

El problema es que un compromiso de que se va a investigar la cadena de eventos que produjeron este trágico desenlace no va a devolverle la vida a Wanda Yvette.  La insistencia en la prédica de unos valores, cuando no va acompañada con los mejores ejemplos de parte de las figuras públicas que están llamadas a ser sus portaestandartes, no va a devolverle la vida a Wanda Yvette.  Ningún “aguaje” gubernamental de que se va a hacer algo para atajar la violencia de género en Puerto Rico, para cambiar las actitudes tradicionales que desvalorizan a la mujer, que la hacen convertirse en un bien que produce frutos (como lo expresó alguna vez—y para mí es un poco lamentable decirlo—el escritor puertorriqueño, don Abelardo Díaz Alfaro al referirse a la tierra),** le devolverá a su familia esa hija, esa madre, esa vida que se perdió sin razón ni sentido.

Yo no sé cómo lo vean, pero creo que la frase con la que había que tenerle pena al pobre “don Macario” es una que tenemos que aplicárnosla a todos nosotros: Comoquiera que nos pongamos, siempre, siempre tenemos que llorar.  Y nuestro llanto es un llanto amargo.

OK, ya me deprimí escribiendo esto, así que vamos a dejarlo ahí.  Cuídense mucho y pórtense bien.


* De hecho, una cabeza que rodó fue la del responsable de dirigir la oficina que le colocó el grillete electrónico al futuro asesino. Curiosamente, el funcionario en cuestión se llama Juan Beltrán… lo que me obliga a hacer la SALVEDAD de que YO NO ESTOY EMPARENTADO CON ESA PERSONA, a pesar de que se llama casi igual (escribo “casi igual” porque desconozco el apellido materno del funcionario) que un tío paterno mío que hace muchos años dirigió el área relacionada con los vehículos de motor en lo que hoy es el Departamento de Transportación y Obras Públicas.  ¡Que esto quede debidamente aclarado!

** Esta es la cita a la que me refiero:

“La tierra es como la mujer; para dar fruto, hay que poseerla.”

Citada del cuento “El fruto”, en Terrazo, por Abelardo Díaz Alfaro (1947).


LDB

De los hijos de papá…

AR-15 rifles showing their configurations with...
Image via Wikipedia

¡Y aquí estoy de nuevo, amigas y amigos, mi gente!  Gracias por esperarme… digo, ustedes me esperaron, ¿no?  ¡¿Que no?!  Llorón

OK, vamos ahora en serio.  Seguramente ustedes saben que yo no soy casado y que nunca he tenido hijos (digo, que yo sepa…).  (Y por si acaso, eso NO significa que “después de viejo” yo me vaya a meter a… esteeeeeeeeee… ¡a algo que no es lo mío!  That’s NOT going to happen!  PUNTO.)  Pero leo las noticias de los últimos días y pienso que si yo fuera padre de hijos como aquéllos de los que trata esta entrada, a mí se me caería la cara de la vergüenza.

Más o menos como se le debe estar cayendo la cara de la vergüenza al alcalde novoprogresista (o sea, del PNP para quienes leen esto fuera de Puerto Rico) del municipio de Canóvanas, José “Chemo” Soto, al enterarse de que uno de sus hijos, de nombre Christian, fue detenido esta pasada semana por agentes del gobierno estadounidense por aparentemente estar involucrado en actividades de trasiego de drogas a través del correo federal.  Algo que el atribulado (y de estado de salud algo precario) padre diría pocas horas después del arresto, que el muchacho “no tenía por qué hacerlo”.  (Y aunque el “distinguido” alcalde—que también es padre de la senadora del PNP por Carolina, Lornna Soto—no es santo de mi devoción personal por su pintoresca manera de perder el tiempo—cazando “chupacabras” y demás extraterrestres, viajando en un ataúd y escribiendo reclamos encima de su ropa para llevarlos hasta donde el gobernador de la Isla—, esta vez tengo que darle la razón.)

(Y por si lo quieren saber: ESO es algo que yo tampoco le haría a mis padres—y mucho menos se lo hubiese hecho a mi mamá, quién por cierto, acaba de cumplir los 11 años desde su partida física de este mundo.  Pero aún así, mi papá y yo sabemos eso muy bien.  Que quede claro.)

Y ciertamente no tenía por qué meterse en el trasiego de drogas, teniendo su buena preparación académica y teniendo sus buenas posibilidades para salir adelante en la vida.  Al punto de que ya él estaba preparándose para emprender una campaña para ser elegido como representante a la cámara (por supuesto, por el mismo bando político de su padre y su hermana).

Pero ahora digo yo: ¿Y qué hubiera sucedido si hubiera salido electo al escaño al que se disponía a pretender, y sin que él hubiera sido intervenido por las autoridades federales?  ¿Estaría coordinando sus negocios desde su oficina en el Capitolio?  Y para colmo de males, la noticia dice que en la redada se le confiscaron varias armas de fuego, entre ellas un rifle AR-15.  Tal vez él no sea el único de nuestras “joyitas” de la corona política puertorriqueña que lo tenga, pero… ¿para qué querría él un rifle AR-15?  Yo me imagino que no será para irse los fines de semana a cazar palomas y tórtolas…

¡Quién sabe!  Tal vez él se hubiera unido a otras figuras políticas que se han caracterizado por llevar sus negocios turbios a la casa puertorriqueña de las leyes.  Como un ex-sargento de armas cameral, hijo de otro alcalde, el de Fajardo, Aníbal Meléndez—quien presumo que también se le debió caer la cara de la vergüenza al saber que su hijo había sido arrestado hace algún tiempo, también por delitos relacionados con drogas.  Sin embargo, en este caso, este otro muchacho pareció salir “de oro”, al conseguírsele una colocación como “asesor” a unos US$3000 mensuales, en la oficina de otro legislador.

A lo mejor es cierto lo que dice el dicho, que “el que tiene padrino, se bautiza”.

Es vergonzoso, francamente.  Sumamente vergonzoso.  Como también es vergonzoso que sean las autoridades estadounidenses las que tengan que darse a la tarea de “limpiar la casa”, ya que quienes están llamados a mantenerla limpia, los que viven en esta casa, parece que están tan atorados en el “no hago más na” que mencioné dos entradas atrás, como para poderse preocupar de ponerla habitable.  Sí, las mismas autoridades federales que hace un mes divulgaron las serias deficiencias y los serios abusos cometidos por la Policía de Puerto Rico*—abusos que, contrario a la opinión de quienes quieren reescribir la historia oficial, no se limitan a los tiempos de la “antigüedad” (o sea, los años pre-2009).  (¡Ah!  Y que no se entere The New York Times, shhhhhhhhhh…)  Las mismas autoridades de la nación que algunos idolatran como si fuese “lo máximo”—siempre y cuando no se les metan con sus intenciones de seguir haciendo algo parecido a la “Chicago-style politics” (con mis más sinceras disculpas a quienes me estén leyendo en Chicago), porque entonces sí que son “los malos de la película”, o como dijo uno de estos “iluminados”, los “reyes de la feca”.

Y ésas son las mismas personas que le predican “los valores” a los demás, y no pueden ser capaces de vivir según esos valores.  ¡A mí que no me vengan con engaños!  ¡ESOS NO SON MIS AMIGOS!

Pero más allá de todo eso, es descorazonante ver cómo la delincuencia y el vicio han llegado a infiltrar los ámbitos del poder.  Esto hasta me pone a pensar un poco en la película, The Departed (Dir. Martin Scorcese, 2006), en la que los enemigos jurados se infiltran los unos a los otros, con consecuencias desastrosas, tanto para los unos, como para los otros.

Y también para l@s demás, para l@s que no tenemos nada que ver, para quienes—queramos o no—acabamos pagando por el daño que hacen (incluso a sí mismos) los hijos de ciertos padres.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


* Por cierto, a través del blog, derechoalderecho, William Vázquez Irizarry colocó enlaces a varios documentos en los que se trata el tema de la corrupción y las violaciones a los derechos civiles por parte de la Policía de Puerto Rico—incluido el reciente informe del Departamento de Justicia estadounidense—, para quienes interesen más información.


LDB

El poder corrompe

Sexual harassment
Image via Wikipedia

Yo no podría estar más que de acuerdo con el título de la entrada de hoy, y más porque viene de la expresión que me hizo mi jefa cuando le enseñé la primera plana de la prensa del viernes 11 de febrero de 2011.  Y no era para menos: Ahí estaba él en la portada.  Todo un primer funcionario de gobierno municipal.  Un alcalde.  La clase de persona que debería esperarse que sea la brújula moral, la personificación de la honradez, la decencia, el ejemplo positivo a seguir por sus ciudadanos.  Ahí estaba él, esperando por que un tribunal determinara si existía causa para ser llevado a juicio por violaciones de ley que implican la obtención de sobornos, el uso de influencias para agenciarse favores personales y para comprar amistades.  Pero lo peor no es eso: También se le estaba implicando en un patrón de conducta indecente, según el testimonio de cinco empleadas municipales.  Cinco mujeres.  Cinco vidas marcadas por la lujuria de la autoridad máxima, de quien las emplea.

¿Y es esa clase de individuo la que se va “hasta el ñú” para predicarle al resto de nosotros la práctica de valores que no son capaces de reflejar en sus acciones?

Pero bueno, ésa es la situación en la que se ha puesto (él mismo) el alcalde del municipio de Cidra, Ángel Malavé Zayas, a quien (según los periódicos El Nuevo Día, Primera Hora y El Vocero) se le imputan 14 cargos por actos lascivos, otros seis por recibir bienes de manera ilegal y uno adicional por utilizar funcionarios gubernamentales para hacer gestiones de índole personal.  Y ciertamente, el testimonio de las cinco presuntas víctimas no puede ser más fuerte: expresiones directas de índole explícita, como la del deseo de chuparle los senos a una de las damas; contacto físico abiertamente agresivo, como el toqueteo de los glúteos (¡!) de varias de las empleadas afectadas—incluso al punto de que en alguna ocasión quiso despojar a una de las damas de su ropa interior para poderle tocar su intimidad.

Yo no sé, pero si el testimonio de las cinco aparentes víctimas es correcto—y en ese sentido, yo no creo que sea como para que cada una de ellas “cuadre” con las demás una versión de los hechos que tenga en común todos esos elementos que acabo de mencionar—, tenemos ante nosotros un asunto bastante serio, bastante complejo.  Un asunto que, por lo menos a mí, me hace preguntarme como los partidos políticos de Puerto Rico pueden tener su fibra moral tan podrida.  Cómo es posible que en las posiciones de poder tengamos gente que agrede a otr@s, desde el uso de la palabra insultante, pasando por el impacto del golpe que lastima, que busca causar el dolor físico—y mucho más que eso—, hasta el ataque a la honra y a la dignidad de la persona, a aquello que tod@s guardamos con gran recelo, como parte importante de nuestro ser.  Gente que se la pasa dándose golpes de pecho, diciéndonos a los demás que debemos tener fidelidad a nuestras parejas (de momento eso no aplica en mi caso personal, pero comoquiera voy a usar el plural) y a nuestras familias, para entonces resultar que ni piensan en sus parejas ni en sus familias a la hora de la verdad, que son ídolos con pies de barro, igual que los demás.

(Y no quiero tener que empezar con la cantaleta de los payasos, las “lumbreras” y demás atracciones que proveen el espectáculo circense que vemos todos los días en Puerto Rico—aunque no es sólo aquí, como lo demuestra el caso del congresista neoyorquino que quiso serle infiel a su esposa buscándose una cita en la red, lo que le costó renunciar a su escaño… aparte de haber sido mencionado en “El Ñame”—, así que mejor lo sigo ahora, que la luz está en verde.)

Para mí que no hay necesidad de que todo un ejecutivo municipal use su poder—el mismo que le han delegado sus ciudadan@s—para agenciarse beneficios, en claro menosprecio de las necesidades de es@s mism@s ciudadan@s, a quienes él está obligado a atender, sin mirar el color del partido en el que milita.  Pero (de nuevo, suponiendo que el testimonio de las cinco empleadas municipales sea verídico) tampoco hay necesidad de que una persona como Malavé Zayas, a su edad de 73 años (¡por Dios, él no es un niño!), se conduzca de una manera indecorosa, agresiva, que manifiesta abiertamente un deseo de tomar el control sobre otra persona, que demuestra lo que puede causar el mayor afrodisiaco conocido: el poder.

Y como yo se lo decía a mi jefa cuando ella me hizo el comentario que es mi título de hoy, eso mismo es lo que sucede cuando se la da a una persona como ésta su parcela de poder: tenderá a abusar del mismo, tenderá a fallarle a su responsabilidad—no tanto consigo mismo, sino con la propia gente a la que está obligado a ayudar—, tenderá a actuar sin medir las consecuencias, si es que ello le importa, si es que ello le preocupa (en el momento, no después).

Pues sí, mi jefa tiene mucha razón: El poder corrompe. (Y si le quieren añadir un corolario: El poder absoluto corrompe absolutamente. PUNTO.  Ya eso no pare más.)

Tal vez debería ser el momento para que nosotros aprendamos las lecciones que nos dan casos como éste, y podamos buscar la manera de empezar a construir un mundo nuevo, un mundo donde no sólo se le diga a la gente que “lleve consigo” los valores que tanto se le predican, sino que sus líderes sean también quienes den el buen ejemplo de cómo se llevan esos valores.

¿Será eso mucho pedir?  ¡Yo creo que no!

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB