Las cartas sobre la mesa

Amigas y amigos, mi gente: Sé que no me estoy dejando ver mucho por aquí en estos días.  Para ser honesto con ustedes, los meses que han pasado desde fin de año 2013 han sido un tanto difíciles debido a una situación familiar que estoy ayudando a atender.  Pero eso no significa que no haya habido cosas que llamaran mi atención durante estas semanas—si las 2 entradas que vienen antes de ésta son una muestra.

Aun así, he aquí algo que llevo varias semanas por tratar de sacar un momento para comentarlo.  Es la idea que el gobierno de Puerto Rico ha lanzado en las últimas semanas, de convocar a lo que llama la “Mesa de Acción para la Competitividad y Crecimiento”.

Y esa mesa, ¿es de queso y se come con melao?  Según lo presenta su sitio ‘web’ (cuya dirección a la fecha en que escribo esto—y puede ser que el enlace no esté activo después de abril de 2014—es o era: http://mesadeaccion.pr.gov/) el propósito de esa iniciativa es el siguiente (énfasis añadido—con toda intención, como siempre):

“La Mesa de Acción está formada por 24 ciudadanos de diferentes sectores de nuestra sociedad con la encomienda de atender 4 áreas para adelantar nuestro crecimiento y competitividad como país: la baja tasa de participación laboral, la fuga de talento joven, el envejecimiento de la población y la economía subterránea.

“Las recomendaciones que surjan de esta iniciativa formarán parte del Plan de Recuperación que presentará el gobernador en su Mensaje de Estado de Situación en las próximas semanas y estará complementado con acciones en el plano fiscal, gubernamental y de desarrollo económico.  El conjunto de estas estrategias deberá conducir al país hacia el objetivo de tener un gobierno eficiente y fiscalmente responsable, que a la vez propenda a un crecimiento económico sostenible y a una mejor calidad de vida para todos los puertorriqueños.

Suena bastante bonito.  Y no dudo de que haya una intención noble de atender esas áreas de desarrollo económico y competitividad para lograr los objetivos que se persiguen.  Más aún, no dudo que una iniciativa como ésta debe atraer todas las ideas posibles (y si posible, las mejores) para atender estas situaciones—al punto de que cuando visité esa página el 30 de marzo de 2014, había unas 108 propuestas sometidas (en las 4 categorías que se mencionan en la cita arriba), aunque no parece que ninguna de ellas había sido evaluada (o sea, en status de “revisión”) a esa fecha.

Pero como siempre, tiene que haber un “pero”.  O varios “peros”.  Principalmente en lo que se refiere a las 4 áreas en las que ese grupo busca propuestas.  Máxime cuando las mismas son el resultado de situaciones que no se atendieron o se dejaron de atender—o tal vez no se tuvo la entereza y valentía de atender—durante 3 ó 4 décadas en Puerto Rico.  De hecho, muchos de los comentarios que he leído en la prensa desde que se dio esta noticia indican que las 4 áreas a las que se pretende enfatizar no son sino los síntomas de males aún mayores, males que requieren algo más que simplemente proponer ideas—aun cuando las mismas se presenten con la mejor intención.

Por ejemplo, ¿cómo se van a atender seriamente y de raíz las desigualdades económicas y sociales que causan que muchos de nuestros mejores muchachos y muchachas se pierdan en la delincuencia, o que quienes pueden alejarse de ese tipo de vida también se quieran alejar de su patria, de la tierra que les vio nacer, porque en su propio terruño no les dan la oportunidad de aportar su talento y tienen que emigrar a otras tierras?  ¿Y dónde está el apoyo y el respeto a quienes se quedan, especialmente a una población de “la tercera edad” que hace tiempo está empujando los límites de su longevidad?

Por la manera en la que veo estas cosas, no estoy muy seguro de que los gobiernos de la actualidad de crisis—y como yo siempre digo, sean del PNP o del PPD, ambos son la misma cosa en lo que a eso respecta (y eso también lo vimos aquí y aquí en este blog)—estén suficientemente capacitados para enfrentar estas situaciones, porque no demuestran la capacidad para enfrentarlas seriamente y buscar soluciones que trasciendan la política partidista y el figureo de los políticos ante sus fanáticos.  Basta con ver que ni siquiera dentro de un mismo bando (PPD) hay acuerdo—y tampoco me parece ver que haya voluntad para lograrlo—para diseñar e implantar una reforma en la producción de energía eléctrica que deshaga el esquema de enriquecimiento con el que unos pocos defraudan a todo un pueblo consumidor y baje el costo de ese servicio esencial a un nivel aceptable.

Lo cual no significa que la gente deje de hacer un esfuerzo sincero para proponer ideas que ayuden a todo el colectivo a resolver sus problemas, como lo he mencionado en este blog una vez y otra vez y otra más.  Pero nuevamente me sale otro “pero” (énfasis en el original):

“(C)iertamente, no ha habido la voluntad para acoger muchas de las soluciones razonadas, discutidas sensatamente, nutridas con la buena voluntad y el deseo de sus proponentes, con el interés de sacar al país de la crisis económica, social, medioambiental, de salud y seguridad pública, en la que ha estado sumido durante años, y que no es privativa de partido político—se llame PNP, PPD o PIP—o líder alguno.

“Por el contrario, lo que se ve en estos días es una tendencia a dejar de lado mucha de esta sabiduría de pueblo, a sustituir la idea sensata y justamente formada por la burda acción que favorece un punto de vista político particular.  A sustituir el mayor bien posible por el bien de algunos, particularmente de quienes son afines a la ideología dominante de turno.  Y en ese proceso, se olvidan de las consecuencias, tal vez porque no saben manejarlas (¿no estaré siendo yo demasiado benévolo?), o no pueden manejarlas, o no les interesa manejarlas, o les importa un pepino angolo lo que pase por no manejarlas.  Total, el que venga atrás… ¡arrégleselas como pueda!

“Y no hace falta entrar en lo que sucede cuando ‘el que viene atrás’ tiene que enfrentar las consecuencias de las acciones de otros—o la falta de las mismas.  Las estamos viendo en los periódicos, las estamos escuchando cada mañana por la radio, las estamos viendo en la televisión al atardecer, en todo su ‘glorioso’ detalle.”

Habrá que esperar a ver lo que resulte de la gestión de la “Mesa de Acción para la Competitividad y Crecimiento”, aun cuando yo, en lo personal, no estoy muy convencido de que se haga caso de alguna de las 108 propuestas sometidas hasta el día en que escribo esto.  Tal vez será que este ejercicio resulte ser apariencia, una ilusión de que se quiere hacer algo por rescatar a un país del borde de un abismo, al que no fue necesariamente de muy buena gana.

Y vamos a dejarlo ahí…


No, todavía no.  Porque no puedo ni debo pasar por alto el bochornoso incidente de hace unos días, en el que se reveló la existencia del vídeo de un acto íntimo entre 2 oficiales de la Policía de Puerto Rico, dama y caballero (para que no se me equivoque nadie).  Dentro de una instalación oficial (que al día en que escribo se dice que fue en una de las facilidades anexas a “La Fortaleza”, el palacio de gobierno de Puerto Rico).  En tiempo oficial.  Con ambas personas vistiendo el honroso uniforme de la Policía de Puerto Rico—uniforme que tras esta acción, se habrá visto bastante manchado (y por favor, no tomen el comentario más allá del sentido simbólico en el que lo hago).

Francamente, ¿en qué estaban pensando ambos agentes del orden público?  (Y por favor, no empecemos a filosofar sobre la diferencia que hace la letra L en esa palabrita, ¿OK?)  Tal vez no les importó utilizar una facilidad gubernamental para su “sesión privada”, en lugar de ir a algún lugar más alejado donde pudieran dar rienda suelta a su pasión.  Tal vez no importó que—si es como se ha dicho—el hecho se hiciera en tiempo oficial, cuando compete atender la protección y la seguridad de los ciudadanos, ante una ola delictiva que se hace cada día más grave.  Peor aún, tal vez no les importó usar la vestimenta oficial de la Policía, la misma que se supone que se lleve como un símbolo de confianza, autoridad y respeto.

Y ciertamente, respeto fue lo menos que hubo por todas esas cosas.

Que nadie se sorprenda de que algunas personas no respeten a la misma Policía.  Si dentro de sus filas no hay respeto propio, ¿cómo puede pedírsele al resto de nosotros que respetemos a la Policía?

¡Simplemente, vergonzoso!


OK, ahora sí, ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

¿Qué es, que acaso no podemos llevarnos bien?

With his family by his side, Barack Obama is s...
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Como prácticamente todo el mundo, miro de cerca la actual discusión entre los poderes ejecutivo y legislativo estadounidenses sobre el presupuesto de gastos del gobierno federal para el año fiscal 2012, que debe iniciarse el 1 de octubre de 2011.  La misma que se ha caracterizado por la discusión de si se eleva el límite de la deuda pública estadounidense para evitar incumplir con los pagos de sus obligaciones fiscales.  Y como a prácticamente todo el mundo, me tiene que preocupar que se acerque la fecha del 2 de agosto de 2011 (pasado mañana al momento de escribir esta entrada)—la fecha que se entiende que más allá de la misma, el gobierno de Estados Unidos estaría incumpliendo con sus obligaciones fiscales, si no se atiende esta situación—sin un acuerdo que permita atajar la crisis inminente.

¿A qué se debe esto realmente (si me permiten salirme un poco de la línea en la que quiero llevar esta entrada)?  Se trata de algo así como lo que dice un reportaje de CNN-Money (noten en particular los dos párrafos en el medio de la cita):

¿Qué es exactamente el límite de la deuda?  Es un límite establecido por el Congreso (estadounidense) a la cantidad de dinero que el gobierno federal puede tomar prestado legalmente.  La limitación aplica a la deuda contraída con el público (es decir, con cualquiera que compra bonos de los Estados Unidos), más la deuda contraída con los fondos en fideicomiso del gobierno federal como aquéllos para el Seguro Social y el Medicare.

[…]

¿Cuán alto es el límite de la deuda ahora mismo?  El límite está establecido actualmente en 14 millones 294 mil millones de dólares (US$14_294 trillones).  La deuda acumulada nacional llegó a esa marca la mañana del 16 de mayo (de 2011).

“Pero al tomar medidas extraordinarias como suspender las inversiones en fondos de retiro federal, (el Secretario Federal de Hacienda, Timothy) Geithner podrá bajar la deuda total lo suficiente como para permitirle al gobierno tomar prestado hasta el 2 de agosto (de 2011).

[…]

¿Qué pasa si el Congreso (estadounidense) rebasa el límite de la deuda?

La Hacienda Federal no tendría la autoridad para tomar prestado más dinero.  Y eso puede ser un problema, ya que el gobierno federal toma prestado para compensar la diferencia entre lo que gasta y lo que recibe.  (El gobierno federal) utiliza ese dinero prestado para ayudar a sufragar (sus) operaciones y pagarle a sus acreedores.”

(Adaptado de: ‘U.S. Hits Debt Ceiling: Why It Matters’, CNN Money, 17 de mayo de 2011.  Y sí, la traducción es mía.)

Es más, yo creo que no voy ni a entrar a discutir las consecuencias de que el gobierno estadounidense se quede, como decimos en Puerto Rico, “más pela’o que la rodilla de un cabro” para poder pagar sus deudas y demás compromisos.  De hecho, Prometeo enumera varias de esas consecuencias en su blog, así que como decía el finado Raúl Vale, “eso se los dejo de asignación”.  (O si quieren, se hacen una búsqueda en Google con los términos “u.s.”, “debt” y “ceiling” y después hablamos.)  Pero a lo que sí quiero ir es a la manera en la que se ha estado manejando toda esta controversia.  Más bien, me recuerda al toma y dame que nos llevó (a mí y a unos 95000 servidores públicos más) a enfrentar un cierre del gobierno estatal en el 2006, y que se debió principalmente a que se dejó un asunto de tan grave importancia en manos de un “gobierno compartido” compuesto por gente que no estuvo, ni está (y creo que NUNCA lo estará) capacitada para manejarlo, para darle la importancia que se merece ese asunto.

(Y aunque suene exagerado, entre otras cosas se teme un cierre del gobierno federal en el caso que nos ocupa.)

Y lo malo de esto es que la gente que está manejando ese asunto mientras escribo esto—o sea, el presidente Barack H. Obama y los líderes legislativos estadounidenses—están divididos en cuanto a quién debe cargar con la responsabilidad de ayudar a mantener el crédito gubernamental flotante: si los pobres y los segmentos de la sociedad estadounidense que reciben esos beneficios de seguridad social y cuidado médico porque los necesitan para poder enfrentar un sistema injusto, o los sectores más pudientes que aún en tiempos de crisis financiera se las ingenian para hacerse de riquezas, no importa qué o a quién se tengan que llevar enredado en el proceso.  Los primeros a través de recortes en esos mismos beneficios que les ayudan a tener una vida más o menos decente (especialmente la asistencia con los costos de los servicios de salud, cada vez menos asequibles); los segundos, a través de un aumento en los impuestos que pagan, o alguna medida que les haga aportar en su justa medida a la sociedad.

Obviamente, cada quién tiene que arrimar la brasa a su sardina, cada quién tiene su derecho a defender los intereses que más le convenga defender.  Pero en el proceso, los hoy debatientes se podrían llevar enredados a quienes menos interés tienen de oír el chisme de barrio en el que toda la discusión se ha vuelto, y más interés tienen de que se gobierne de manera justa y honrada.

Y tanto yo como ésos que se verán afectados—sobre todo, las miles de personas que, para bien o para mal, dependen de las ayudas federales que recibe Puerto Rico, porque parece que a pedir eso es a lo único que va la representación-sin-voto que el partido que se monte en el poder (PNP o PPD, siempre es lo mismo) envía a Washington, D.C. cada cuatro años—nos preguntamos: ¿habrá alguna manera de que pueda lograrse un acuerdo en cuanto a la limitación de la deuda pública estadounidense?  Como en el caso que me afectó (a mí, entre otros) hace ya cinco años, parecería que los que están manejando el tema no lo están haciendo con la debida capacidad; más bien, lo que despliegan es un ansia de protagonismo, de querer aparecer como “héroes” en una guerra en la que hay salvar al mundo de las “hordas asesinas” que amenazan con destruirlo.

(OK, puede ser que la mentalidad de estas personas no sea muy diferente a la del confeso asesino de setenta-y-tantas personas en Oslo y en la isla de Utoya en Noruega hace un par de semanas, aunque tal vez no se atrevan a llegar a los extremos a los que llegó ese desgraciado—no cabe otra palabra para describirlo…)

Y en un caso y el otro, me sale hacer la misma pregunta: toda esta gente, ¿no se estará dando cuenta de las consecuencias que sus acciones les podrían acarrear a los demás, a los mismos ciudadanos y ciudadanas a los que se comprometieron a servir desde sus cargos de importancia?  (Digo, a menos que el compromiso hubiese sido a servirse de esos mismos ciudadanos y ciudadanas…)  Yo creo que a estos funcionarios públicos estadounidenses, eso ni les viene ni les va.  Lo único que les importa es ver quien es el más astuto, quién es el que puede aguantar más el fragor de la batalla y “triunfar” sobre “el enemigo”.  (¿Habrán estudiado también el libro de Sun Tzu?)

Y en eso tengo que reiterar la descripción del presidente Obama con la que inicié la entrada sobre su visita fugaz a Puerto Rico: ASTUTO.  Y fue astuto al presentarse ante sus ciudadanos en el “prime time” televisivo, con toda la solemnidad de su cargo, para pedirles que inundaran con mensajes los cuadros telefónicos y las bandejas de entrada de email de los miembros del Congreso estadounidense y sus líderes, tal vez para ponerlos públicamente en vergüenza por no hacerle caso a lo que sus representados les piden.  (Que se avergüencen de verdad… bueno, ya eso es otra cosa.)

Mientras escribo, no estoy seguro de cómo acabará ese lío.  O tal vez sí, si se da el que al último minuto antes de la medianoche entre el lunes 1 y el martes 2, salga un “héroe” dispuesto a “salvar” a los estadounidenses de una debacle económica devastadora… o dispuesto a dejar que esa humanidad se hunda para “salvarla” de un peligro mayor… un peligro que puede ser real, o no.

Es más: ¡vamos a dejarlo ahí, a ver qué sucede!  Cuídense mucho y pórtense bien.


ACTUALIZACIÓN (1 de agosto de 2011): Y resulta que mientras yo escribía esto anoche, se logró un compromiso de último minuto (¿por qué será que eso no me sorprende?) para aumentar el límite de la deuda pública estadounidense en dos millones 100 mil millones de dólares (US$2_100 trillones) adicionales, a fin de continuar pagando esa deuda hasta el 2013.  También se procuraría reducir el déficit presupuestario en el transcurso de una década, lo que incluiría la designación de un comité bipartidista que pueda encontrar US$1_5 trillones en ahorros adicionales antes de que se acabe el 2011.  (Me imagino que eso no incluirá comprar de ahora en adelante toda la ropa en “Me Salvé”…)  Aunque se dice que ese negocito aún no está tallado en piedra—porque aún hay que hacerle el cuento ése al Congreso, ¿me entienden?—, se entiende que puede ser un alivio, aunque tal vez no será la cura del mal de fondo que aqueja a la economía estadounidense.  Así que habrá de esperar, hasta que de Washington venga el próximo estornudo… ¡y sabrá Dios cuán fuerte pueda ser la pulmonía por acá!


LDB

El tiburón vuelve a sacar los dientes

Gulper shark
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¡Adi’ó!  ¿Todavía están ustedes ahí, amigas y amigos, mi gente?

Digo, con todo lo que un charlatán—porque no hay mejor forma de describirlo que ésa—anduvo alarmando a media humanidad, de que el mundo diz que se iba a acabar ayer (21 de mayo de 2011), era como para pensar que ninguno de nosotros iba a salir con vida de la inminente catástrofe que se decía que nos venía pa’ encima.  Pero no, ni se estremeció la tierra violentamente, ni se produjo la esperada secuela de muerte y destrucción, ni ocurrió el “rapto” de los 144000—aquéllos a los que se refiere el libro del Apocalipsis (capítulo 14, versos del 1 al 5) como los que “fueron salvados de entre los de la tierra”, los que “no se contaminaron con mujeres, pues no tuvieron relaciones con ellas” (y entonces… ¿nacieron “de una mata de plátano”, como lo hubiera dicho mi madre, QEPD?), a los que “no se encontró ninguna mentira en sus labios, pues son intachables”.  Total, el de ayer fue un día como muchos otros, en el que cada quién estaba en lo suyo, viviendo su vida.

Es más, eso me trae a la mente un comentario que me hizo reír cuando lo vi en mi línea de “tweets”, desde la cuenta de la linda y talentosa actriz estadounidense, Olivia Wilde (la doctora “Thirteen” de House M.D.):

“Glad the rapture didn’t happen since I just got waxed.”

(Yo no sé de ustedes, pero de momento, como que está haciendo un calooooor… Guiño )

Pero bueno, dejemos que los miles de tont@s que siguieron a esa clase de líder busquen dónde esconderse, luego de la soberana vergüenza que han pasado por seguir a un desquiciado, a un líder ciego, de esos que pretenden guiar a los incautos hasta “la tierra prometida”, diciéndoles cualquier tontería y, en el proceso, apoderándose de su voluntad y de su capacidad para discernir lo que es razonable y justo.  (Y de esa clase de líder ciego, los hay por ahí “a dos por un peso”.)

Ahora bien, si de líderes ciegos se trata, los hay que están tan cegados por el poder que se les ha conferido, que creen que nadie les puede reprochar sus faltas y que están por encima de toda sospecha.  Y a quien se atreva a llevarle la contraria, que se cuide, porque se convertirá en su mayor pesadilla.

Ese último fue el caso, cuando una investigación periodística sacó a relucir la contratación por la Oficina de Servicios Legislativos, como asesor legal del senador Carmelo J. Ríos Santiago (PNP-Bayamón)—quien no sabía nada de la contratación—, de un individuo cuyos antecedentes incluyen haberse declarado culpable de no haber informado sobre la cantidad de dinero incautado durante una acción policial federal.  Y ese asesor senatorial, pago a US$7000 mensuales, resulta ser un amigo bastante cercano del hoy ex-senador Héctor Martínez, el mismo que tenía (como ya hemos visto que otros como él han tenido) la juntilla aquélla con el presunto narcotraficante y empresario de reggaetón, conocido por el apodo de “Coquito”.  Y este ex-senador es el mismo del que el presidente del alto cuerpo legislativo, Thomás Rivera Schatz, ha asumido una defensa tan férrea que hasta luce sospechosa.

La cosa es que luego de divulgarse la información sobre la sospechosa contratación del individuo en cuestión, de nombre Richard Roark Annunziato, la prensa quiso obtener una reacción del presidente senatorial sobre ese asunto.  ¿Y saben qué fue lo que hizo el presidente senatorial?  La emprendió contra el periodista que divulgó la información, Israel Rodríguez Sánchez (de El Nuevo Día), a quién acusó de impulsar la agenda de los homosexuales, o sea, de promover la agenda de aquéllos a quienes Rivera Schatz llamó en alguna ocasión “torcidos” y “desviados”.  Como si con eso él quisiera tratar de matar al mensajero porque lo que trajo fueron noticias “malas”.  Pero como vimos en otra ocasión, ya eso es parte de su forma de ser.  (Eso, y el exhibicionismo público.)

Y a todo esto, ¿qué vela llevan los homosexuales en este entierro?  ¿Será que él también es de los que cree en la (a mi juicio) absurda teoría de la “conspiración homosexual” para “destruir” la “familia tradicional”, para “corromper” las “buenas costumbres”, para apoderarse del mundo… o tal vez para complacer a desquiciados que en contradicción con uno de los postulados de la misma fe religiosa que dicen profesar, anuncian un “fin del mundo” que como quiera no se dará en nuestra existencia?  Tal vez a una persona como ésta le haría muchísimo bien someterse al reto que hice en una entrada de hace dos años, digo, si es que tiene la valentía para ello… ¡pero ya eso sería pedir demasiado!

Pero lo peor de todo es lo que la actitud mostrada por ese seudolíder dice sin tener que expresarlo en palabras.  Y eso es algo que no puede pasar por inadvertido para nadie.

“Con su feroz reacción a algunas sencillas preguntas sobre el ‘affaire’ Richard Roark, Rivera Schatz dejó también ver un inaudito nerviosismo.  Es como si se le hubiera tocado una fibra secreta y sensible, como si hubiera en la contratación de esta persona algo harto más feo de lo que se conoce hasta ahora y alguien tuviera mucho miedo de que se sepa.”

‘El sueño de Tomás’, por Benjamín Torres Gotay (El Nuevo Día, San Juan, P.R., 22 de mayo de 2011)

Y cuando alguien se ve en medio de una situación así, debe tener mucha cautela, porque mientras más habla, más se compromete.  Y la posición en la que se ve el líder senatorial, es demasiado delicada para comprometerla de una manera que da lugar a sospechas.

Alguna vez, gente como él se tendrá que dar cuenta de que esa clase de compromiso tiene su precio, tiene sus consecuencias.  Y cuando él se dé cuenta de ello, tal vez sea muy tarde.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

Seis Reglas para el Uso del Telefono Celular en la Oficina

¡Saludos, mi gente!

Bueno, hoy como que no tengo muchas ganas (que digamos) de hablar de lo mismo… lo mismo… lo mismo… Así que vamos a intentar algo diferente hoy.

Resulta que hoy encontré un artículo de About.com (una unidad de la misma gente que le trae a los neoyorquinos “todas las noticias que se puedan imprimir”, o séase, The New York Times) con el que me puedo identificar bastante bien, por tratarse de una situación que muchos de nosotros enfrentamos de día en día. Se trata del uso (¿no será más bien, abuso?) de los teléfonos celulares en el ambiente de trabajo.

Cierto es que desde que los teléfonos celulares se comenzaron a mercadear entre “el resto de nosotros” (sí, porque ¿quién era el/la que ud. veía cargando con un teléfono celular en un pasado no muy lejano, ah?), han sido una verdadera ayuda, sobre todo en situaciones de emergencia o para comunicarnos con nuestros seres queridos para saber que estén seguros y bien. Pero ya la cosa ha llegado al punto en el que uno/a a veces se pregunta si no están causando más molestias que las que se supone que evite. Y ciertamente ustedes saben a qué me refiero…

Por supuesto, yo tengo mi teléfono celular como mucha gente últimamente. Y por supuesto, lo tengo principalmente conmigo por si en mi casa ocurre alguna situación de emergencia que me requiera, por ejemplo, salir de mi oficina fuera de tiempo (siempre y cuando yo se lo notifique antes a mis jefes). Pero eso sí, yo por lo menos tengo la decencia de cuidarme en cuanto al uso que yo le doy, durante las 7-horas-y-media que dura mi jornada laboral (excluyendo los almuerzos, por supuesto).

Enigüei, con eso en mente, me gustaría compartir con ustedes lo que dice el artículo de Dawn Rosenberg McKay (de About.com) sobre las seis reglas que uno debe seguir si va a tener en su persona el teléfono celular durante sus horas de trabajo. Claro, lo que dice el artículo aplica principalmente al ambiente oficinal, pero creo que puede aplicarse en otras situaciones laborales. Sea como sea, lo importante es sopesar la conveniencia de que uno/a tenga en su persona el celular, vs. el impacto de su uso sobre los compañeros de oficina y (por supuesto) el jefe (la jefa), por no hablar de la capacidad del usuario para desempeñar las tareas asignadas.

Según la señora McKay, lo primero debe ser apagar el teléfono celular durante las horas de labores. Sin embargo, si usted tiene la necesidad absoluta de mantenerse en contacto (o sea, que por ejemplo, su cónyuge sepa que usted está ahí, al cantío de un gallo), ponga su teléfono en función de vibrar. Así, no molestará a otros compañeros con el timbre de su teléfono. Además, ¿ustedes se imaginan la gallera que se formaría en mi oficina si los celulares de los seis empleados de la misma (incluido el que les escribe) estuvieran sonando a cada rato? Y otra cosa muy importante: si usted es de los que recibe llamadas a cada rato a través de su celular, como alguna gente que se la pasa “atendiendo sus negocios personales” en horas de oficina, usted no querrá llamar la atención de los jefes, ¿no?

La segunda regla que menciona la señora McKay en el artículo… yo creo que se cae de la mata (ver mi explicación par de párrafos atrás): UTILICE EL TELÉFONO CELULAR SÓLO PARA LLAMADAS IMPORTANTES. (Noten que en esto tengo que hacer doble énfasis, porque es así de importante.) O sea, úselo sólo para situaciones que requieran atenderse URGENTEMENTE, como una emergencia familiar; eso sí, ella menciona como válido cuando los niños llaman para avisar que han llegado bien a la casa desde la escuela, y eso está muy bien. Pero para compartir los últimos chismes dichos por una conocida muñeca de trapo… ¿he mencionado nombre yoooooooooo?… o “atender negocios personales”… o peor aún, para recibir una llamada del “chillo” o la “chilla” (o sea, el/la amante, según el caso)…

En tercer lugar, supongamos que usted tiene el celular encendido, pero tiene dudas de si la llamada que está entrando en estos momentos obedece la regla anterior. En ese caso, la señora McKay recomienda que deje que las llamadas sean redirigidas a su buzón de mensajes de voz (voice mail, en buen español). ¡Total! Después usted tendrá un chancecito de chequear si la llamada en cuestión merecía hacer algún alboroto.

La cuarta regla en el artículo de la señora McKay dice que usted debe buscarse un sitio PRIVADO donde contestar sus llamadas. Para empezar, a mí me interesa tres ca… ¡uy, perdón!… a mí no me importa la conversación que mi vecino/a de escritorio esté llevando en ese momento por su celular, de la misma manera que a él (ella) no le tiene que importar la conversación que yo esté llevando. Pero aun si no se tratara de asuntos personales, yo prefiero irme a otro lugar donde yo pueda conversar en privado con quien esté al otro lado de la línea. (Por lo menos, actualmente tengo la suerte de que frente a la oficina en la que trabajo hay una sala pequeña donde puedo disfrutar de alguna privacidad para contestar las llamadas que entren a mi celular. Ah, y debo aclarar que ello es completamente diferente al hecho de que tengo una extensión del cuadro telefónico del DRNA, y que la utilizo sólo para los asuntos oficiales relacionados con mis funciones allí.)

La quinta regla esbozada por la señora McKay… yo no sé qué opinen ustedes, pero quiero presentarla en todo su glorioso detalle (porque la viví de cerca hace dos semanas): NUNCA SE LE OCURRA A USTED UTILIZAR SU TELÉFONO CELULAR EN EL BAÑO (DE DAMAS O DE CABALLEROS, SEGÚN EL CASO). Y ustedes se preguntarán, ¿pero y por qué la Sra. Dawn Rosenberg McKay, de About.com, hace un alboroto con que a alguien se le ocurra utilizar su celular en el baño? Fácil: Porque usted nunca sabe quién más está con usted en el baño (sean empleados o visitantes); porque la persona al otro lado de la conversación escuchará los sonidos característicos de los baños, como… esteeeeeeeee… como cuando le halan la cadena a los inodoros para descargarlos (además de otros sonidos que no voy a mencionar aquí); porque se invade la privacía del (de la) compañero/a de trabajo que esté allí en el momento… ¿de veras quieren ustedes que yo siga añadiendo a la lista?

And last, but not leastEVITE UTILIZAR SU TELÉFONO CELULAR MIENTRAS ESTÁ EN MEDIO DE UNA REUNIÓN CON LOS JEFES. Por supuesto, sólo si es absolutamente necesario que usted se mantenga comunicado, puede poner el teléfono a vibrar (vea la primera regla arriba). ¡Sí! Porque… ¿usted sabe lo que es que, por ejemplo, yo esté reunido con el Secretario de Recursos Naturales y Ambientales por un asunto de importancia, y que de momento de mi celular salga algo así como esto?

¡Hola, papi! Soy yo, [PONGA AQUÍ EL NOMBRE DE SU MODELO LATINA FAVORITA DE “PLAYBOY”]. Me gustaría salir contigo esta noche, ¿sí? ¡Ay, papi, coge el teléfono, porfa!

¡Que bochorno!

(Que conste: Yo tenía un tono más o menos parecido en mi teléfono celular anterior al que tengo actualmente… ¿de dónde creen que salió este ejemplo?)

O aun si no fuera ése el caso… sobre todo, CON LA CLASE DE SUERTE QUE YO TENGO, pero no sigamos hablando de mí… es imperativo que usted esté enfocado completamente en lo que tiene ante sí, que es la reunión con los jefes. Si acaso, espere a un receso o a que termine la reunión. Después de todo…

Es más… ¡QUIZ SIN AVISAR! Por 10 puntos (que cuentan para la nota de este semestre): ¿CUÁL ES LA TERCERA REGLA PARA EL USO DE LOS CELULARES EN EL LUGAR DE TRABAJO?

Bueno, espero que lo anterior haya cumplido con esa muy necesaria función educativa, a la vez que nos ayuda a devolverle la paz a
los lugares de trabajo. Por supuesto, si no me creen que esas reglas existen, éste es el enlace al artículo en cuestión:

Top 6 Rules for Using Cell Phones at Work

Bueno, y ahora vamos a otra cosa…

ESTA SEMANA (19–25 DE MARZO DE 2007): Un niño dice estar contento con el trato que le da su padrastro, pero esperen a ver de qué se trata… Y… Una pareja de gays muere de SIDA, y no encuentran una manera segura de darles la debida sepultura.

Visite Sitio ‘Web’ de Luis Daniel Beltrán y oprima donde dice “Humor, según Luis Daniel Beltrán”.

¡Y vamos a dejar eso ahí! Cuídense mucho y pórtense bien. ¡Hasta luego!

LDB

Vacaciones Forzadas – Y Paso La Primera Semana

Saludos, mi gente. ¡Esto es lo que está pasando!

Ya ha pasado una semana desde que se produjo el cierre de las principales agencias del gobierno de Puerto Rico, con el saldo de más de 95 mil servidores públicos (incluido quien les escribe) en la calle. A la verdad que ya uno no sabe ni qué pensar, si ésta es la nueva realidad del Puerto Rico de comienzos del Siglo 21, o si es una pesadilla de la que podríamos despertar de un momento a otro y tratarla como eso, como una pesadilla. En todo caso, los estragos del cierre se están haciendo sentir, no únicamente entre los propios servidores públicos, sino en muchos de los componentes del sector privado, que al no tener el insumo de dinero de sus clientes, los servidores públicos, ven sus economías particulares afectadas.

Es más, mientras escribo esto, me pregunto cómo le estará yendo a aquellas compañeras de mi trabajo que tienen niños pequeños (¡y algunas de ellas no hace mucho que dieron a luz!), mientras tratan de arreglárselas para que ellos no carezcan de su alimento de cada día… No les sorprenda si en el momento en que escribo se me están asomando las lágrimas… ¡Para mí que ESTO NO ES JUSTO!

Pero bueno, lo peor de esto es que todavía una semana después, seguimos en la misma parálisis. Seguimos siendo testigos de la misma incompetencia e inmadurez… OK, y también NECEDAD… de quienes tienen en sus manos aliviar esta situación. Desde el Gobernador, que quiso reproducir el gesto del “Presidente Barlett” en The West Wing, en este caso caminando desde la Fortaleza (el palacio de gobierno de Puerto Rico, para quienes estén leyendo esto en América Latina) hasta el Capitolio para hacer presión sobre su posición… hasta la legisladora* que para dar el show citó a una conferencia de prensa para reproducir una grabación del episodio de esa serie televisiva en la que se realizaba esa caminata… ¡y se molestó cuando los periodistas le preguntaron si ella sabía cómo terminaba ese episodio televisivo! (Yo no soy precisamente seguidor de esa serie, pero creo que al final el Speaker cameral se reúne en secreto con “Bartlett” y negocian una solución al cierre agencial, si lo entiendo correctamente, pero qué sé yo de política…)** También fuimos testigos de cuanta bajeza adorna a las “lumbreras” que se dedican a la política en este bendito país, desde la imprudencia del Presidente de la Cámara de aquí de ofrecerle en tono burlón al Gobernador un pañuelo, “para que se seque las lágrimas” si tan compungido se sentía por la situación de los servidores públicos… o el comportamiento de legisladores a quienes en un tiempo veíamos como héroes o heroínas, cuando se dirigen amenazantes a otros legisladores con los que tienen diferencias, aun los de su propio bando político…

A todo esto, yo me pregunto: ¿Se merece Puerto Rico pasar por una vergüenza así? Yo digo que NO. ¡ABSOLUTAMENTE NO! NADIE SE MERECE PASAR POR ESTA TRAGEDIA. ¡ABSOLUTAMENTE NADIE!

Pero dejemos que ellos se arranquen las cabezas… Mientras tanto, ¿qué pasará con el resto de nosotros, los que estamos haciendo de peones en este peligroso juego de ajedrez? Ya muchos están empezando a hacer sus malabares para poder tener algo que comer o darle de comer a sus familias. Pero lo peor es que hay quienes están pensando “tirar la toalla” y “chillarlas” pa’ fuera, especialmente para los Estados Unidos, en busca de “una mejor calidad de vida”… algo que no se puede conseguir en Puerto Rico en las actuales circunstancias.

OK, lo confieso, hasta yo me he contagiado con esa idea. De hecho, una de las cosas en las que he tenido que entretenerme en estos días (luego de haber tramitado las moratorias en los pagos de mis deudas y de calcular con cuánto sobreviviré estos dos meses en los que no cobraré mi sueldo) ha sido enviar resumés a distintas firmas de reclutamiento de los Estados Unidos o a aquéllas que brindan servicios de consultoría ambiental, en particular en el campo de análisis de impactos ambientales, procesos de permisos para desarrollos y áreas afines de mi interés.

Digo, francamente, yo no quisiera pensar que habrá que llegara a esos extremos, pero uno nunca sabe…

Pero bueno, mientras tanto, sigamos viendo esto como una aventura, en la que debemos esperar siempre lo mejor, aunque tengamos que prepararnos para lo peor. Después de todo…

Un ingrediente clave en cualquier situación de supervivencia es la actitud mental del (de los) individuo(s) involucrado(s). Tener destrezas de supervivencia es importante; tener la voluntad para sobrevivir es esencial.

(Increíblemente, lo anterior lo acabo de traducir del manual de supervivencia del Ejército de los Estados Unidos… Go figure! A donde se me ocurre buscar inspiración… ¡Ah, y el énfasis es mío!)

Pero bueno, ya basta de tanta queja, que todavía tengo otras 7 semanas para eso… Mientras tanto…

ESTA SEMANA (8—15 DE MAYO DE 2006),CERRAMOS EL MES DE ABRIL CON: Un diplomático británico se mete en tremendo lío durante un baile de gala. Y ABRIMOS EL MES DE MAYO CON: Un abogado alcurnioso se compadece de dos hombres a los que encuentra comiendo yerba en la carretera… (Cualquier parecido con la situación por la que estamos atravesando más de 95 mil servidores públicos en Puerto Rico—incluido quien les escribe—durante los meses de mayo y junio… ¡ustedes saben quienes tienen la culpa!)… Y… Si la pasada semana ustedes se estremecieron con los relatos sobre las burradas que se registran en la “línea directa” de General Motors… ¡prepárense para compadecerse de los ingenieros de sistemas de información!

Ya lo sabe, visite Humor, según Luis Daniel Beltrán.

Antes de irme por hoy, quiero cerrar con una cita que espero que si hay alguno de mis hermanos en el servicio público que esté leyendo esto (y por favor, háganmelo saber, ¿OK?), pueda al menos tener una base con la cual inspirarse en estos días difíciles:

Así, aunque llenos de problemas, no estamos sin salida; tenemos preocupaciones, pero no nos desesperamos. Nos persiguen, pero no estamos abandonados; nos derriban, pero no nos destruyen.

(Segunda Carta de San Pablo a los Corintios, Capítulo 4, Versos 8 y 9; Versión Dios Habla Hoy, CELAM, 1983)

Y con esto los dejo por hoy. Cuídense mucho y pórtense bien. ¡Hasta luego!


NOTAS:

*¿Se acuerdan del “huevo” que puso el año pasado una legisladora anexionista cuando confundió al insigne escritor puertorriqueño Enrique Laguerre con un productor de programas de TV? Pues bien, se trata de la misma legisladora esta vez… ¿Tendrá ella una fijación con la TV? ¡Quién sabe! Enigüei, por si no se acuerdan del incidente, he aquí el enlace a mis comentarios de entonces.

**Éste es el enlace a la sinopsis del episodio de la serie The West Wing objeto de la acción del Gobernador: Shutdown. Este episodio, el número 8 de la quinta temporada, o el número 96 de toda la serie, se estrenó en la cadena NBC el miércoles, 19 de noviembre de 2003.


LDB