Una meta que nadie quisiera volver a alcanzar

This is the Sant Maria de Magdalena de Pazzi C...
Cementerio Santa María Magdalena de Pazzis, Viejo San Juan, Puerto Rico. Image via Wikipedia

“kilo-.

“(Del gr. χίλιοι).

“1. elem. compos.  Significa ‘mil (103) veces’.  Se aplica a nombres de unidades de medida para designar el múltiplo correspondiente.  Puede tomar la forma kili-.  Kiliárea.  A veces se escribe quilo-.  (Símb. k).”

(Adaptado de la versión en línea del Diccionario de la Real Academia Española, vigésimo segunda edición. © Real Academia Española. Todos los derechos reservados. Consultado el 24 de noviembre de 2011.)

Amigas y amigos, mi gente: Les parecerá un poquito raro que comience el quinto centenar de entradas de mi blog (porque según el conteo en el panel administrativo de mi cuenta de WordPress.com, ésta que están leyendo es la entrada número 401—¿vi’te?) con la definición del prefijo griego “kilo”.  Pero la realidad es que en los pasados días, Puerto Rico alcanzó un hito nada envidiable, como nunca se había visto en la historia de mi país… y del que no creo tener recuerdo en los casi 53 años de mi existencia.

El número de muertes violentas en Puerto Rico ha superado “oficialmente” (y en el contexto de este párrafo, tengo que poner esa palabra entre comillas, dada la mala fama tejida alrededor de la “confiabilidad” de las estadísticas policiales en Puerto Rico) la marca representada por el prefijo griego “kilo”.  Al día en el que estoy escribiendo esto (el Día de Acción de Gracias), ya hemos superado la marca de las 1000 muertes violentas en un año en Puerto Rico, cuando apenas falta un mes y medio para concluir el año natural 2011.*  Un año en el que hemos visto cómo la violencia ha azotado, no sólo a los elementos asociados con el tráfico de drogas, sino también a amas de casa, ancianos, parejas jóvenes, matrimonios, y hasta niñ@s que no tienen por qué estar pagando las culpas de lo que sus padres/madres hayan hecho o no hayan hecho o hayan dejado de hacer.  Un año en el que la violencia azota en el lugar y momento menos oportuno: en la autopista a la hora de mayor congestión vehicular, en el estacionamiento del centro comercial, frente al “pub” o la lechonera, frente a la entrada de un consultorio médico (o de algún otro especialista), en el parque de pelota a donde la gente va a buscar entretenerse sanamente a través de la competencia deportiva, en medio de la fiestecita de cumpleaños, en medio de lo que debería ser la paz y la santidad del hogar…

Un año en el que se hace fácil decir que se ha repetido unas mil veces, el mismo concierto para instrumentos de acero, pólvora y plomo.**

Peor aún: Un año el el cual la Policía de Puerto Rico ha pasado de ser el actor que interviene en la prevención de estas tragedias—porque la están ocupando para otros fines que tienen menos que ver con la seguridad pública y más con servir de herramienta de quienes insisten en librar una batalla con supuestos tintes ideológicos—a ser un mero espectador de dicho concierto sangriento.

Un año en el que las aves de rapiña que habitan en los pasillos del poder, han dejado ver sus garras—bastante largas y afiladas, por cierto.  Han dejado ver de mil y una maneras, por qué no se les debería volver a dar la confianza que tan a ciegas se les ha dado.  Y mientras tanto, siguen caminando por ahí, como si nada.  Y siguen haciendo de las suyas, porque creen que lo pueden hacer y entonces quedar impunes.  Y los demás, que se atengan a las consecuencias.

Igual que los mismos delincuentes que nos han llevado hasta el borde del abismo.  Quién sabe si en una suerte de contubernio.  Tú me das, yo te doy.  Tú te portas bien conmigo, yo me porto bien contigo.

Y mientras tanto, los demás, los que estamos en medio, ¿a dónde vamos a acudir para protegernos, para defender lo más valioso que tenemos, que es LA VIDA?  ¿Qué haremos para recuperar la esencia de lo que somos, de aquella sociedad que alguna vez supo vivir en armonía (a menos que esa armonía hubiera sido un mito… pero eso no lo creo), que se supo levantar por encima de las discordias, por encima de los intereses particulares cuyo único fin existencial—más bien, cuya única razón de ser—es dividir?

¿Qué haremos en el futuro para evitar tener que llegar a ese hito, para evitar llegar a ese marcador de una cantidad que empiece ominosamente, con el prefijo griego “kilo”?

Ya viene siendo la hora en la que pensemos en ello—y de que NO se nos haga caso omiso.

Y siendo el caso que ésta es la entrada número 401… lo dije arriba, ¿verdad que sí?… ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, y por favor, estén dispuestos a seguirme soportando en este blog, a ver si llego a—y paso de—las 1000 entradas, ¿OK?  (Digo, todos tenemos metas que SÍ queremos alcanzar.)  ¡Hasta la próxima!


* De hecho, hacia finales de la semana anterior a esta entrada, se había igualado la marca de 995 asesinatos establecida en 1994, como lo indica la siguiente nota publicada por la agencia noticiosa española EFE: Las 995 muertes en Puerto Rico convierten al 2011 en el peor año de la historia criminal (vía Yahoo!® en Español—Noticias).

** Para que conste: Estoy parafraseando la cita que se atribuye al compositor ruso, Ígor Fiódorovich Stravinski (1882–1971), en el sentido de que el compositor y músico barroco italiano, Antonio Lucio Vivaldi (1678–1741), no escribió mil conciertos para el violín (incluidos los cuatro que forman su obra más famosa, “Las Cuatro Estaciones”)… ¡sino que escribió mil veces—o de mil maneras distintas—el mismo concierto para el violín!  Go figure!


LDB

Vergüenza en azul

Colin Henderson's winning design will be displ...
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A veces yo digo que en Puerto Rico estamos muy mal cuando quienes juran protegernos y ayudarnos son los primeros en violar las leyes.  Y si eso es así, cómo podemos esperar que los ciudadanos muestren el debido respeto por esa misma autoridad.

Esta semana, ese pensamiento no estuvo muy lejos de ser realidad, con las revelaciones sobre oficiales policiales de alto rango (por lo menos dos al momento en que escribo esto—quién sabe cuántos más en realidad), a los que se les ha encontrado causa por violar varios artículos de la Ley Número 54 de 15 de agosto de 1989, según enmendada, conocida como la ‘Ley para la Prevención e Intervención con la Violencia Doméstica’ (ley que, para quienes aún no lo sepan, fue tema de conversación hace varias semanas cuando el Tribunal Supremo de Puerto Rico dejó fuera de su alcance a las parejas que llevan una relación adúltera—pero de eso podemos hablar más tarde).  Primero fue el Comandante de Área de San Juan de la Policía de Puerto Rico, a quien se le halló causa por maltratar sicológicamente a su esposa, que también es policía; después le siguió el Director de la Región Policial de Caguas, a quien se le imputan maltratar física y sicológicamente a su esposa—y lo que más me molesta de este otro caso es que habría cometido los delitos que se le imputan, ¡en presencia de sus propios hijos!

¡Caramba!  A mí no me importa que lleves una placa y portes un arma de fuego por la naturaleza de tu trabajo, ni mucho menos que tengas un puesto que implique la toma de decisiones.  Pero exhibir una conducta violenta e irrespetuosa contra tu cónyuge, y peor aún, frente a tus propios hijos… ¡eso nunca debe hacerse!  PUNTO.

Digo, ¿qué clase de conducta es ésa?  ¿Qué clase de mensaje se le envía a la propia familia, cuando por alguna razón, o hasta por la menor tontería, se agrede a la persona con la que una vez se juró amor eterno, “hasta que la muerte nos separe”?  ¿Por qué el insulto, por qué la palabra hiriente?  ¿Crees que así tu pareja—y también tus hijos—va a complacerte haciendo lo que tú mandes y ordenes?  ¿Crees que así te sientes completo, que además de tu puesto de alto rango, un puesto que debe servir para ayudar a mantener el orden y la convivencia en sociedad, tienes un derecho soberano sobre tu propia familia—un derecho de poner a tus seres queridos bajo tu bota?

Pero más que nada, ¿crees que los mismos ciudadanos a los que tanto les nos exiges obedecer las leyes y evitar buscarnos problemas, te van vamos a hacer caso?

A mí no me sorprende que a falta de una brújula moral que guíe las acciones de la policía, muchos ciudadanos hagan como hacen los ratones cuando el gato no está.  Y aparte de todos los tiroteos que se han visto en los últimos años, aparte de todas las víctimas inocentes de una incidencia delictiva fuera de un mayor control, tampoco me sorprende que haya quienes le faltan el respeto a la propia policía, en su propia cara.  No me sorprende que en la misma semana que los dos oficiales policiales de alto rango que mencioné arriba fueron acusados de violencia doméstica de género, la gente pobre (principalmente la de los residenciales públicos), la gente marginada, la que se trata como “ciudadanos de segunda clase” (o de tercera, o cuarta, o…), sea la que la emprenda contra las fuerzas de “ley y orden”: agreden policías, les niegan información sobre sospechosos de delitos, interfieren con las redadas policiales en las que se le busca dar un “golpe al punto”…  (“Golpe” que no hará ni mella, porque el mismo “punto” de venta de drogas en el caserío volverá a estar en pie al día siguiente, pero ya eso es otra cosa…)

Yo no sé, pero tal vez sea necesario que la Policía comience por poner su propia casa en orden, antes de pretender poner en orden la casa de los demás.  Tal vez la Policía debe empezar por limpiar su casa de cuanto elemento impropio tenga dentro de sus filas, y no únicamente al nivel del policía que está en la calle, del que arriesga su vida cada día por llevar la paz y por promover la sana convivencia social.  (Y de éstos, yo creo que hay más, muchísimos más policías honestos que deshonestos.)  También debe buscar dentro de sus altos mandos, y sacar a quienes mal utilizan ese poder que les da el rango, y con el que hace daño a los ajenos… y a los propios.

Mientras tanto, sabe Dios (o aquello en lo que queramos creer, o en lo que algunos no quieran creer) cuántos más de estos últimos estarán todavía haciendo daño, no sólo a la reputación de la Policía de Puerto Rico, sino al bienestar y seguridad de sus seres queridos.  Los mismos que no se merecen ese daño.

¡Y con esto vamos a dejar el mes de abril de 2011 ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

Cuestion de privilegio

Main tower of the University of Puerto Rico ca...
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Lo cierto es que la UPR disfruta de un enorme privilegio… y sus estudiantes también.

[INSERTAR AQUÍ UN GRÁFICO MUY LINDO Y LLAMATIVO TITULADO, “Estudiar en la UPR es un privilegio…”]

“La Universidad disfruta de una asignación presupuestaria multimillonaria garantizada por fórmula equivalente al 9.6% de los ingresos del gobierno… que este año fiscal 2010 ascendió a la friolera de $730 millones.  El 81% de los gastos de la universidad lo pagamos NOSOTROS LOS CONTRIBUYENTES y el gobierno federal.  Eso quiere decir que este año la UPR le cuesta $726 a CADA CONTRIBUYENTE en Puerto Rico.

No son pocos los que reconocen que estudiar en la Universidad de Puerto Rico es un privilegio. Si no, pregúntenle a las decenas de miles de jóvenes que no pueden estudiar en la universidad del estado y se fajan estudiando responsablemente y pagando el costo mucho más alto de universidades privadas.

“El crédito en la UPR cuesta en promedio $51; mientras que en las principales universidades privadas de la Isla cuesta entre $163 y $176.  El año en la UPR cuesta en promedio $1,300, mientras que en la más barata de las principales universidades privadas en Puerto Rico el año cuesta $4,200.

“En el año fiscal en curso, la UPR recibió casi $165 millones en Becas Pell del gobierno federal para beneficiar unos 40,300 estudiantes.  Eso quiere decir que CADA ESTUDIANTE RECIBIÓ en promedio $4,082 en Becas Pell del gobierno federal… $1,320 para pagar la matrícula y otros $2,762 para gastar EN LO QUE ELLOS QUIERAN.  Ningún estudiante, no ya en Puerto Rico, sino en ninguna universidad estatal en los estados disfruta de privilegios como esos.

“De hecho, del presupuesto de este año de la UPR que asciende a $1,460 millones, solamente $90 millones—o apenas el 6.2%—proviene del pago de matrícula y, de eso, más de la mitad proviene de las Becas Pell.

“O sea, que la matrícula que pagan los estudiantes de la UPR cubre apenas el 3% del presupuesto de la Universidad… el resto lo pagamos NOSOTROS LOS CONTRIBUYENTES.

“Por eso es que nuestro pueblo—que es un pueblo justo y noble, pero que también es un pueblo de ley y orden que cree en la democracia—se molesta cuando ve y escucha lo que todos hemos presenciado en la Universidad en los pasados días.

“El respeto al principio de la autonomía universitaria nos obliga a ser prudentes y no intervenir hasta que nos lo requieran las autoridades universitarias.  Pero a las autoridades universitarias les digo: estamos aquí, listos y dispuestos para brindarles la ayuda que ustedes estimen necesaria, cuando ustedes así lo determinen, para proteger los derechos de TODOS los estudiantes—tanto del minúsculo grupo que protesta, como de la inmensísima mayoría que quiere que las clases continúen—así como los derechos de TODOS los profesores, TODO el personal universitario, TODOS los padres, y TODOS los contribuyentes que pagamos para que la universidad del estado esté abierta, no cerrada.”

(Citado de las páginas 4–5 de: MENSAJE de PRESUPUESTO [Año Fiscal 2010–2011].  Luis G. Fortuño, Gobernador de Puerto Rico.  Capitolio, San Juan [Puerto Rico].  26 de abril de 2010. Cifras monetarias, en dólares estadounidenses [US$].  Y el énfasis, especialmente en todo lo que tiene que ver con “privilegio” en esta cita, es completamente intencional.)

¡Saludos otra vez, mi gente!

Déjenme ser honesto con ustedes.  Quise incluir el tema del actual paro en el sistema de la Universidad de Puerto Rico (UPR) en la entrada anterior (con todo y las consecuencias que suelen tener los paros en la UPR, como lo relaté en este blog hace cinco años), aunque ello resultara en una entrada muy larga.  Pero aunque al fin y al cabo me limité a dedicar la entrada anterior al creciente disgusto con la nueva ley estatal de Arizona que criminaliza a los inmigrantes ilegales (particularmente los mexicanos y otros latinoamericanos), no dejaba de inquietarme este otro ejemplo de la actitud oficialista de tratar a quienes son opuestos ideológicos como “el enemigo”.  De particular inquietud me resultó leer la cita en el mensaje presupuestario para el año fiscal que comenzará el 1 de julio de 2010, en el sentido de que estudiar en el sistema de la Universidad de Puerto Rico es lo que el gobernador Luis G. Fortuño Bruset llama, “un privilegio”.  Un privilegio que se alcanza y se disfruta, mayormente a costillas de quienes pagamos nuestros impuestos (“las víctimas inocentes”).  Un privilegio que permite que los estudiantes (“los villanos”), además de estudiar, puedan hacer lo que les dé la gana (y eso automáticamente los hacen ser “los malos de la película”).  Un privilegio por el que los estudiantes deben “agradecer” al Estado (“el héroe”, “el gran benefactor”, “el padre bondadoso”) y a quienes lo sostienen (principalmente) mediante el pago de impuestos, en lugar de estar protestando cada vez que al mismo Estado le dé la gana de limitar el acceso a ese mismo “privilegio” (mediante el recorte presupuestario y la reducción o eliminación de las exenciones de matrícula), por aquello de la “recuperación económica y fiscal”.

Y si los estudiantes no son todo lo “agradecidos” que el Estado quiere que sean por tener ese privilegio, ¿los habrá de disciplinar como a niños desobedientes?  Digo, yo no sé si ése es el mensaje que se desprende del último párrafo de la cita de arriba, en el cual “el héroe” se ofrece para “rescatar” a “las víctimas inocentes” de la maldad de “los malos”.  Tal vez sea de la misma manera que ocurrió en las huelgas de 1948 y 1981 y en las refriegas de comienzos de la década de 1970, cuando el Estado recurrió a la fuerza policial para aplicar esa disciplina, como suele suceder cuando no se tienen argumentos válidos ni estrategias de negociación efectivas para lidiar con esas situaciones.  (Y en esas ocasiones, no fueron únicamente los estudiantes los que pagaron los platos rotos, sino también muchos ciudadanos de Río Piedras que no tenían nada que ver con lo que sucedía.)

Y la primera idea que me viene a la mente es que lo que se está diciendo aquí es que el Estado “le está haciendo un favor” al estudiantado universitario—tanto a los que por las pasadas dos semanas se han estado apostando en los portones de casi todos los 11 recintos del sistema para no dejar que se efectúen las funciones normales de la universidad, como a aquéllos que no creen en ese mecanismo de presión y desean completar su año académico sin más retrasos—, de permitirles el acceso a los estudios superiores.  Como si se tratara de proveer el acceso a los servicios que toda agencia gubernamental está llamada a dar.

Pero el problema es que la Universidad de Puerto Rico, la UPR, la universidad del Estado, no es una agencia gubernamental como, por ejemplo, el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA), que tiene unas funciones específicas conforme a la ley que lo creó en 1972.  La UPR es mucho más que eso. Es donde se prepara a toda una juventud para afrontar los retos del futuro.  Es de donde salen los futuros maestros, médicos, arquitectos, abogados, científicos sociales, filósofos, escritores, artistas plásticos, matemáticos, físicos, químicos y—por qué no—biólogos (celulares, de organismos, de poblaciones y comunidades, etc.).  Es donde se enseña a pensar a las nuevas generaciones, a ver más allá de los confines de sus propias vivencias y experimentar otras corrientes intelectuales…

Déjenme ser más específico: Para mí, la UNIVERSIDAD (así, en mayúsculas) es donde se forman seres humanos pensantes, integrales e íntegros, y no entes mecánicos o autómatas sin vida ni sensibilidad. Y si se fuera a ver en función de prestación de servicios, el servicio que le presta la UPR a Puerto Rico es algo que no se puede reducir a “dólares y centavos”, como lo reducen quienes perciben la universidad como un “campo enemigo”, como un semillero de “izquierdistas” y “comunistas” que quieren “hacerle daño” a “un país de ley y orden”.

Me pregunto si el gobernador Fortuño habrá sentido el aprecio por la UPR en algún momento en su vida.  Digo, si lo que dice su biografía es lo correcto, él tuvo el “privilegio” de ser universitario alguna vez… ¡aunque no en la UPR!

“Obtuvo un grado de bachillerato en Ciencias con especialidad en Servicio Extranjero (B.S.F.S., por sus siglas en inglés) de la Escuela de Servicio Extranjero Edmund A. Walsh en la Universidad de Georgetown, y recibió más adelante el grado de Juris Doctor (J.D., por sus siglas en latín) de la Escuela de Derecho de la Universidad de Virginia en 1985.”

(Tomado de la biografía de Luis G. Fortuño Bruset, vía Wikipedia.  Vea también este otro enlace.)

Yo no sé de él, pero tal vez él no tiene el aprecio por la UPR que tenemos quienes hemos tenido el privilegio de formar parte de la misma (como estudiantes o como instructores, catedráticos, técnicos, etc.), y para quienes la UNIVERSIDAD (de nuevo así, en mayúsculas) sigue siendo fuente de orgullo, y lo será por muchos años más.  Pero allá Juana con sus pollos…

Torre de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, al atardecer. (Tomada originalmente en marzo de 1984.)

Y desde mi posición de “privilegiado” les digo que… ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB
(Maestría en Ciencias en Biología, Clase de 1986, Universidad de Puerto Rico, Río Piedras)
(Bachillerato en Ciencias en Biología Marina, Clase de 1980, Universidad de Puerto Rico, Humacao)

Un Accidente Que Espero Por Ocurrir… Y Ocurrio

¡Saludos, mi gente!

No es cosa fácil ver cómo se desenvuelve una tragedia ante los propios ojos de uno. Ya pasamos por eso en muchas ocasiones: el incendio ocurrido la tarde de Año Viejo de 1986 en el antiguo hotel Dupont-Plaza (hoy Marriot) de San Juan, donde 97 vidas fueron segadas por delincuentes escondidos bajo el manto de obreros unionados; la explosión que causó daños significativos y 33 muertos en el edificio Humberto Vidal de Río Piedras (1996); el derribo de las torres del Centro Mundial de Comercio en Nueva York (9/11/2001), que segó cerca de 3,000 vidas ajenas a cualquier pretendido agravio contra un concepto extremista de cierta religión particular; y otros eventos similares en los que las vidas inocentes siempre salen perdiendo.

El caso es que así fue como me sentí cuando el pasado lunes (4/16/2007) encendía mi televisor en horas del mediodía (tiempo de Puerto Rico, UTC -04), para presenciar la tragedia que se estaba desarrollando en esos momentos en la Universidad Tecnológica de Virginia (Virginia_Tech), antiguamente conocida como el Instituto Politécnico de Virginia. A esa hora, se informaba de que un atacante armado había asesinado a dos personas en una de las residencias estudiantiles de esa universidad, y se había desplazado a otro edificio dentro del mismo recinto (que se indicaba en el momento que era un edificio de la facultad de ingeniería de Virginia_Tech) para continuar su racha asesina. Para entonces, se sabía que había por lo menos 22 víctimas fatales, un total al que se añadirían otras 10 víctimas al final del día. Eso, sin contar con que el mismo individuo que cedió ante la fiebre de matar, también caería víctima de su propia violencia.

No había manera de escapar a esa realidad. De momento, la vida de una apacible comunidad universitaria (situada al pie de las montañas del Oeste de ese estado) había cambiado en un abrir y cerrar de ojos.

Y ciertamente cambió, al convertirse de golpe y porrazo en el centro de una atención inmerecida. De momento, los edificios donde se perpetraron los dos incidentes violentos se convertía en un escenario de crímen. De momento, las hordas de los medios masivos de comunicación social llegaban a Blacksburg como las moscas a la miel (o al animal muerto… ustedes escojan qué imagen debe aplicarse aquí).

Según pasaban los días, la tragedia de Virginia_Tech iba adquiriendo una dimensión más humana, al conocerse los detalles de las 33 víctimas fatales. Entre estas vidas tronchadas estaba una muchacha de 18 años que hacía especialización en Relaciones Internacionales, que soñaba con trabajar en las Naciones Unidas; un profesor de ingeniería y matemáticas, sobreviviente del Holocausto, que dio su vida en defensa de sus estudiantes, al protegerlos de las balas asesinas; un estudiante de maestría en ingeniería y ayudante de cátedra, PUERTORRIQUEÑO para más señas, descrito como un exclente hijo, padre y esposo…

(Quien desee conocer quienes fueron estas 32 vidas que murieron sin razón, he aquí un enlace.)

También con el correr del tiempo, la personificación de la maldad desatada sobre estas 32 personas se dejaba ver. Se trató de un estudiante oriundo de Corea del Sur, a quien se ha descrito como un ser profundamente perturbado. De hecho, ello quedó de manifiesto, cuando en el intervalo entre los dos incidentes violentos, el individuo tuvo la desfachatez de ir a la oficina de correos de Virginia_Tech a enviar un paquete a la sede de la cadena televisiva NBC en New York. Y lo peor de todo es que ese paquete contenía una especie de “manifiesto” audiovisual, en el que él declaraba los porqué de su ira homicida, en el que él la emprendía contra “los riquitos”, los privilegiados, los que siempre se salen con la suya. Y todo eso, aderezado con discursos incoherentes, pronunciados en un tono de voz que denotaba ira, una ira que lo estaba carcomiendo, y que él estaba convencido (por lo menos, en su propia realidad alterada) de podía aplacarla atacándola en su raíz.

(Ahora creo estar oyendo a mi madre, que Dios la tenga en su gloria, cuando decía que “la culpa siempre es huérfana”…)

Y también con el correr del tiempo, nos enteramos que se conocía que el joven asesino había tenido encontronazos con el sistema de justicia, al ser objeto de dos querellas por acosar a sendas estudiantes femeninas, querellas que nunca prosperaron. Y encima de eso, hubo atisbos, en escritos como los que él le envió a NBC el día de los hechos, de que su estado mental era inestable, al punto de que una catedrática de la propia Virginia_Tech quiso recomendarle al joven que buscara ayuda profesional. El problema es que se le puede ofrecer alternativas a quienes así las necesiten, pero si no hay VOLUNTAD, las mejores intenciones no sirven de nada. Y eso fue lo que sucedió con este joven: él no quiso aprovechar las oportunidades que se le ofrecieron. Y más inexplicable aún, el mismo estado de Virginia le permitió adquirir dos pistolas automáticas (con las que perpetró los sangrientos hechos), al no haber procesado oportunamente la información sobre su salud mental, que de lo contrario hubiera impedido (o tal vez no, ¡quién sabe!) el fatal desenlace del lunes pasado.

A decir verdad, este trágico suceso nos deja a todos con más preguntas que respuestas: ¿Cómo es que la sociedad contemporánea estadounidense permite que ocurran cosas como ésta? ¿Será la “mentalidad del Viejo Oeste” (o “de la frontera”) la que fomenta que cualquier persona, en el estado emocional en que se encuentre, tenga en sus manos un instrumento de matanza (elemento traído a colación cuatro días después por un contratista en vías de ser despedido, que provocó un incidente de rehenes en el Centro Espacial Johnson de Texas, durante el cual él se privó de la vida tras matar a un rehén)? ¿Había alguna manera de parar en seco al joven victimario, antes que su condición mental lo llevara al fatal desenlace de su propia vida, tras tronchar otras 32 vidas sin razón alguna? ¿Cómo podrá evitarse que una situación como ésta se repita en el futuro, en otra universidad, en otra escuela, en otro lugar de trabajo? Y la vida en Virginia_Tech, ¿regresará a la normalidad después de una trágica semana como la que acaba de vivir?

Yo no sé cómo lo vean ustedes, pero creo que algo de cada uno de nosotros también murió con las 32 víctimas inocentes de los trágicos incidentes en Virginia_Tech…

OK, cambiemos de tema, que ya esto se me hace deprimente…

ESTA SEMANA (23–29 DE ABRIL DE 2007): Más disparates citados de los reportes de accidente de tránsito… Lanzan un nuevo sello de correos con la imagen del Presidente del Gobierno español, pero el experimento fracasa rotundamente… El deseo de un granjero de que sus vacas le den crías, puede resultarle… esteeeeeeeeee… un poquito embarazoso… Y… Conozca cuál es la mayor deducción a la hora de llenar su planilla de contribución sobre ingresos.

Visite Sitio ‘Web’ de Luis Daniel Beltrán y oprima donde dice “Humor, según Luis Daniel Beltrán”.

Termino hoy expresando desde aquí mi mayor solidaridad con las familias de las víctimas de los sangrientos incidentes del lunes pasado en Virginia_Tech, y mis esperanzas de que su paso por este mundo no haya sido en vano, y que inspire a otros a crear, y no a destruir. ¡Buen viaje hacia la eternidad!

LDB

Una Cuestion de Vida o Muerte

Hola, mi gente. ¡Esto es lo que está ocurriendo!

Retomando el tema del Tribunal de Distrito de los EE.UU. en San Juan, además de los eventos no muy auspiciosos que se dieron allí la semana anterior, también vimos cómo se barajaba con la vida y la muerte en un caso por demás controvertible. Se trata del asesinato, ocurrido en 2002, de un agente de seguridad del Hospital de Veteranos de San Juan a manos de un drogadicto que junto con otros como él, buscaba un arma de fuego diz que para “cuidar” un “punto” de drogas. Muy desafortunadamente para el asesino, las cámaras de seguridad captaron el momento del crimen y ello, junto con otra evidencia, llevaron a que se le declarara culpable ulteriormente en un juicio. Hasta ahí, vamos bien, pero entonces… ¿cuál debía ser la sentencia que se le aplicaría al caso? ¿Cadena perpetua? O peor aún… ¿pena de muerte?

El problema es que la cosa no es tan sencilla, porque en Puerto Rico se decidió hace muchos años… de hecho, desde 1929… que no se aplicaría ese castigo funesto. Y ello se recrea en nuestra Constitución de 1952, cuya Carta de Derechos establece claramente que el gobierno de Puerto Rico NO aplicará la pena de muerte… Por supuesto, ésta es la misma constitución que ocasionalmente queda a la merced de las leyes estadounidenses. Y éstas son las que vienen determinando desde la década de 1970 que se aplique la pena de muerte a todo aquél que haya cometido ciertos delitos castigables en el ámbito federal, dentro de los estados, territorios y posesiones estadounidenses… ¡aun en aquellos estados, territorios y posesiones donde no existe oficialmente este castigo!

Merece especial atención una ampliación de las leyes federales anticrimen de 1994, en la cual se extiende la aplicación federal de la pena de muerte a unos 60 delitos u ofensas, tales como asesinar a ciertos oficiales del gobierno federal, secuestros o robos violentos de automóviles los cuales resulten en la muerte de la víctima, y varios otros. Y lo peor de todo es que de unos 382 casos en los que se aplicó la pena de muerte desde 1988, la mayoría de los condenados (278, o 73%) eran de lo que por allá llaman “minorías”; en éstas había unos 64 hispanos.

(Información adaptada de las páginas de: THE DEATH PENALTY INFORMATION CENTER, de Washington, D.C.)

Volviendo al caso, la atención principal estuvo en el dilema de si el jurado que entendió en el juicio, a los que yo “cariñosamente” bautizaría como los “12 angry boricuas”, estaban dispuestos a plantar bandera y decidir en favor de un castigo de por sí impopular para el resto de nosotros, o si decidían que era mejor que el asesino (un joven en sus 20s tardíos) pagara su fechoría en reclusión por el resto de su vida natural. Ahora bien, poco o nada se recordó el sufrimiento de los familiares de la víctima, quienes tuvieron que estar aguantando por días y días y días mientras se decidía la suerte de quien privó a una familia puertorriqueña de su principal proveedor. Y ése es el contraste: El occiso, un ejemplar padre de familia, que lo único que hacía era llevarle el pan de cada día, que se ganaba sirviendo a Dios y a la humanidad; el asesino, hijo de un ex-líder político hoy en desgracia y una profesora universitaria, un muchacho de esos a quienes se les dan muchas cosas, pero se le escatima el amor familiar.

Para su suerte, los “12 angry boricuas” (6 hombres y 6 mujeres) decidieron que el asesino no fuera sentenciado a muerte, sino que pasara el resto de sus días sin ver la luz del sol, excepto tal vez por una sóla hora en el “recreo”… Atrás quedará el dolor que ese asesino le infirió a una familia puertorriqueña que no se merecía ese suplicio… Pero total, ¿acaso a él le importa eso ahora?

¡Sumamente deprimente!

OK, ahora cambiamos de tema…

ESTA SEMANA (30 DE OCTUBRE—5 DE NOVIEMBRE DE 2006): Un hombre agobiado por las deudas intenta suicidarse… ¡pero esperen a ver lo que sucede después!… Una ancianita encuentra una manera fácil de ganarse su dinerito extra… Las más extrañas notas de los hospitales… Si usted está considerando un romance con alguien de su lugar de trabajo, vea por qué debe pensarlo muy bien… Y… Descubren un nuevo método para la cura del hipo, pero… ¡utilícelo a su propio riesgo!

Se los digo con tiempo: Ustedes NO QUERRÁN SABER de qué se trata esta cura para el hipo, pero si aun así quieren enterarse, visiten Sitio ‘Web’ de Luis Daniel Beltrán, y hagan click donde dice “Humor, según Luis Daniel Beltrán”. ¡Pero no digan después que no les advertí!

¡Y vamos a dejarlo ahí! Cuídense mucho y pórtense bien. Bye!

P.S. Si no sucede otra cosa que lo impida, haré lo posible porque la próxima entrada de mi blog trate sobre cómo han estado las cosas, 6 meses después del cierre patronal del que fuimos víctimas los 95,000 servidores públicos de Puerto Rico los primeros 14 días de mayo pasado. Sin embargo, ya hay quien está empezando a decir que la historia pudiera repetirse, quien sabe si hasta antes de tiempo. Quiera Dios (o el Ser Supremo según cada quien lo entienda) que eso no llegue a suceder, pero como lo vengo diciendo desde entonces, no parece haber muchas razones para estar optimista. Ya veremos…

LDB