Amanecer en la impunidad

Fireworks
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Bueno, amigas y amigos, mi gente, parece que el año 2012 que comenzó hace unos días las tomó donde mismo las dejó el año anterior, con una violencia que más me parece un síntoma de lo mal encaminada que está nuestra sociedad.  Pero para echarle sal a la herida que tal violencia nos dejó en el año recién pasado—con un total de 1136 muertes violentas, cifra hacia la que íbamos de camino un par de entradas atrás—, el 2012 no podía empezar más violento, con una gran cantidad de personas que—por más que se les dijo que no lo hicieran, por más exhortaciones de toda clase, de las principales figuras públicas del país—se pusieron a disparar al aire sus armas de fuego, tal vez creyendo que ésa era una forma legítima de celebrar el final de un año y el comienzo de otro, tal vez creyendo que eso era divertido, que eso no le hacía daño a nadie.

Pero más allá de la conmoción creada por una práctica tan salvaje—como la conmoción que recogió una jovencita y sus amigos, que tuvieron la valentía (aunque sus rostros reflejaran el terror del momento) de grabar un vídeo casero en el que se escucha claramente cómo las cercanas detonaciones de armas de distinto calibre empañaron su celebración de despedida de año1 (y que refleja la realidad que se vive, muy a pesar de las críticas ulteriores de algunas personas, de ésas que se sienten tan cómodas y tan a gusto con su propia cobardía)—, algo sucedió.  Las balas “perdidas” no se perdieron.  Salieron a cumplir con su encomienda.

Karla Michelle Negrón Vélez, 1996—2012 (foto según publicada por El Nuevo Día, San juan, P.R.)

Y una de esas balas que no se perdió, acabó encontrando un objetivo: una niña de 15 años, de nombre Karla Michelle Negrón Vélez, estudiante escolar, llena de pasión por el ballet, llena de sueños e ilusiones para su vida, para su futuro.  ¿Y qué hizo ella para merecer que un pedazo de metal, atraído a tierra con una aceleración de 32 metros por segundo cada segundo, la castigara de esa manera, destrozando su cabeza y alojándosele en el tallo del cerebro, dejándola con muerte cerebral hasta que partió hacia la eternidad, en una fecha que muchos consideran de mala suerte (un viernes 13 de enero de 2012)?  Digo, a menos que el “pecado” de ella hubiera sido estar en el balcón de la casa de algún amigo, presenciando un espectáculo de fuegos artificiales para la despedida del año.  Algo que tal vez, l@s más insensibles y despreocupad@s2 dirán cínicamente que “no debió estar haciendo” en ese momento, o sea, estar en el lugar equivocado y en el momento equivocado… ¿para qué, para dejarle libre el camino a quien “se divierte” disparando al aire?

Y lo peor de todo es que la bala que no se perdió, sino que encontró su objetivo, tal vez sin proponérselo, pudo haber venido de cualquier lugar en las cercanías.  Pudo haber sido disparada por alguien tan inconsciente del daño que habría de causar.  ¿Pero quién?  ¿Quién pudo haber sido tan irresponsable como para haber disparado al aire un arma de fuego, en un país donde las armas de fuego están tan fuertemente reguladas (por lo que no se puede pretender, como alguna gente quiere, que la gente ande armada por ahí como en el Viejo Oeste estadounidense), sin medir las consecuencias?

Ciertamente, esa clase de persona no va a dar cara por lo que hizo, porque sabe que cometió una brutal torpeza, y por ello prefiere esconderse en el anonimato, prefiere refugiarse en la impunidad.

Impunidad.

IM-PU-NI-DAD.

“impunidad.
(Del lat. impunĭtas, -ātis).
1. f. Falta de castigo.”

Diccionario de la Real Academia Española, vigésimo segunda edición. (Consultado el 16 de enero de 2012 a las 03:10 UTC -04:00)

Gente así prefiere hacerse a la ilusión de que por más egregia que haya sido la barbaridad cometida, nunca tendrá que pagar las consecuencias, ni tendrá que rendirle a nadie cuenta alguna de sus actuaciones.  Tal vez esa clase de persona recibe mucha inspiración de lo que ve a diario, especialmente con figuras de poder, de ésas que buscan cuanto truco existe para no someterse a los mismos trabajos, a los mismos sacrificios que tenemos que pasar l@s que estamos “en la rueda de abajo”.  De ésas que creen que pueden salirse con la suya “porque lo pueden hacer”.  Y encima de eso, son de las primeras personas que se llenan la boca recordándoles a los demás su responsabilidad con el colectivo, recordándoles que deben pagar los servicios básicos a tiempo, si no desean arriesgarse al corte de esos mismos servicios, entre otras consecuencias.  (Y si la Constitución de Puerto Rico de 1952 no estableciera claramente su prohibición a que se aplique la pena de muerte, seguramente estas mismas personas abogarían por ese castigo para cualquier “Juan Pela’o” que se atreva a atrasarse un minuto en el pago de sus servicios—o sea, para cualquiera, ¡menos para ellos!  Ya sé que exagero, ¡pero quién sabe!)

Pero no.  Cualquiera diría que se está fomentando en Puerto Rico una cultura de impunidad, en la que cualquiera puede cometer un acto bárbaro, como el de disparar un arma de fuego al aire en una celebración de Año Viejo, sin importarle que haya alguien más entre la trayectoria de la bala y el terreno, y sin preocuparse de lo que sucedería en el cada vez más improbable caso de que alguien lo pueda señalar como responsable.  Y si no hay nadie que tenga la autoridad moral para señalar esa conducta impropia, para imponer las debidas sanciones contra quienes las practican… bueno, digamos que seguirá habiendo quien crea que puede actuar irresponsablemente, sin temor al castigo, que no se sentirá obligado a responder por sus actos, que podrá esconderse fácil y cómodamente en la impunidad.

Así de mal hemos comenzado este nuevo año.

De mi parte, que tengas un buen viaje hacia la eternidad, Karla Michelle, y que tu sonrisa ilumine las vidas de tus padres y tus familiares, y que sirva de guía en el camino de tus amistades.  Y sobre todo, si el sufrimiento de los últimos 13 días de tu vida sirve para algo, deberá ser para evitar que reine la impunidad.  ¡Que así sea!


NOTAS:

  1. Al momento en el que escribo esto, el vídeo había sido retirado de YouTube, pero no sin antes desatarse toda una controversia por el mismo y hasta ser objeto de exposición internacional, a través de los diferentes medios de prensa.
  2. Mientras trato de escribir el párrafo del que sale esta nota, me tropiezo con la insensibilidad que mostraron algunos usuarios y usuarias de redes sociales como Facebook y Twitter, quienes criticaron el que la gente dedicara su atención al caso de la agonía y muerte de Karla Michelle Negrón.  Más aún, me molestó ver la falta de respeto de algunas de estas personas hacia quienes mostraron su solidaridad y su apoyo a los padres de la jovencita.  Me pregunto si ésa es la clase de educación que se les da a personas como ésas en el seno de sus familias.  Ésas tal vez son personas que creen tenerlo todo en el ámbito de lo material, pero carecen de lo más básico en lo emocional y lo espiritual.  Tal vez a personas como ésas no les preocupará recorrer la Avenida Baldorioty entre Carolina y San Juan y verse de momento en medio de un tiroteo entre autos, o salir una noche a “janguear” a Isla Verde o el Condado, sólo para acabar agredida o violada sexualmente, o peor aún, asesinada por algún vicioso o por alguien a quien no le importa la vida humana, ni siquiera la suya propia.  Tal vez a esas personas no les preocupan esas cosas, porque esas cosas “les suceden a los demás”, porque “YO soy YO”, porque “a MÍ eso no me va a suceder”…
    Y les guste o no, esas cosas suceden.  Y le suceden a cualquier persona.
    Es más: Si alguna de esas personas está leyendo esto—y sé que lo están haciendo, además de que hacen el honor de leer mi blog—, la reto a que se atreva a faltarme el respeto por mostrar un poco de solidaridad humana, algo de lo que ciertamente carecen esas personas.  La caja de comentarios estará disponible por 30 días a partir de la publicación de la entrada.  Mis direcciones de email están al final de la página.  Sólo falta que tengas la valentía para hacerlo… pero no voy a perder mi tiempo esperando.  Tal vez prefieras esconderte en la impunidad.

LDB

Palabras, palabras, tan sólo palabras?

Gabrielle Giffords, Democratic nominee and gen...
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¿Cómo estamos, amigas y amigos, mi gente?  Vamos a la carga, como siempre.

(Y si pueden aguantar un poco hasta el final de la entrada, les diré cómo han ido las coas en mi casa estas pasadas semanas, ¿OK?)

La verdad es que no hay nada como un tumulto para empezar un nuevo año, como ya vimos en la entrada anterior.  Pero si es un tumulto ocasionado por el intento de acabar con la vida de alguna figura pública, sea de aquí o de allá, yo me pregunto si eso es un signo de lo que nos espera en el año que recién acaba de comenzar.  Y ciertamente eso fue lo que ocurrió el sábado 8 de enero de 2011—apenas dos días después de los desafortunados eventos del Día de Reyes en Puerto Rico—, cuando en medio de una actividad política frente a un supermercado de Tucson, un desquiciado (y no creo que haya otra palabra para describirlo) sacó una pistola semiautomática para dispararle a la representante Gabrielle Giffords (Demócrata por el estado de Arizona) y—no conforme con eso—”a todo lo que se moviera” alrededor de ella.  Hombres, mujeres, niños, personas de edad avanzada, etc.  ¿Qué importa que sean dos o tres, o seis, o diez, o cien, o mil…?  No hubo quien se salvara de ser una “tarjeta”.

(Sí, mi gente: nuevamente Arizona está en las noticias, y una vez más—como hemos visto una y otra vez—por las razones equivocadas.  Pero ello no es por culpa de la gente buena que vive allí.  Yo creo que ésa es la mayoría, muy a su pesar.)

Mirando el caso a dos semanas de que el mismo ocurriera, veo que sacó a la luz muchas cosas.  Sacó a la luz la cobardía de un aspirante a asesino (y lo de “aspirante” me viene a colación en el sentido de que su objetivo cardinal, él no lo logró consumar—es más, en lo que resta de la entrada me referiré así a esta persona, porque no creo que él merezca que se mencione su nombre aquí) que por alguna oscura razón (que al momento en que escribo esto, sólo él la sabe) quiso matar a una parlamentaria, quiso hacer alguna especie de “justicia torcida”.  Tal vez él quiso con ello cobrar venganza porque el ejército estadounidense no le permitió “ser todo lo que él podía ser” (con arma de fuego incluida).  Tal vez él quiso buscar una retribución contra el colegio comunitario que lo suspendió de sus aulas, por exhibir rasgos de conducta no muy apropiados para una persona en sus cabales, y que a la vez eran una amenaza para otros estudiantes, profesores y demás.  Total, que pueden ser muchas cosas las que hayan llevado al individuo a emprender su guerra contra el mundo, una guerra en la que de todos modos, ya está martirizado por su propia mente.

El caso también sacó a la luz el heroísmo de quienes trataron de salvar a los objetos de la descontrolada ira criminal del aspirante a asesino, como la del caballero de mayor edad que dio su vida para evitar que a su esposa, su amor de toda la vida, la alcanzaran lo plomos mortales, o como el ayudante de la congresista herida, quien acudió a su lado para darle las primeras ayudas.  Y también el heroísmo de quienes lograron detener al individuo, justo cuando estaba en el proceso de colocarle 30 balas más al peine de su pistola—peine cuya capacidad legal en otros estados sería apenas una tercera parte o la mitad.  (Y entonces, uno se pregunta cómo es posible que a este individuo el ejército estadounidense no le permitió llevar un arma de fuego en combate, y entonces la sociedad civil le permite comprar una semiautomática con las balas y un peine de alta capacidad.  Eso es irónico, pero más que eso, es una ironía de consecuencias fatales.  Y quién sabe cuántos más en la misma situación andan por ahí.)

Pero sobre todo, sacó a relucir la ilusión de una niña de 9 años de edad, una hija de la tragedia (por haber nacido un 11 de septiembre de 2001, cuando todos mirábamos con horror la afrenta de un grupo de fanáticos religiosos cuyo norte era—y sigue siendo—la venganza contra el mundo), de nombre Christina Taylor Green, que lo único que quería era conocer a su congresista, preguntarle, mostrar interés en el proceso político… y quién sabe si procurar mejorar el mismo para dejarle a las generaciones que la seguirían un futuro mejor para su nación y para el mundo.  Un futuro mejor que, lamentablemente, ella no podrá ver realizado (al igual que muchos de nosotros, pero como recién acabo de indicar, quién sabe qué hubiese sido).

Y en una manera no muy deseada, todo este incidente sacó a relucir el debate sobre los discursos de odio en los Estados Unidos (y especialmente en Arizona, por las razones que ya conocemos), y si ese discurso afecta o no las mentes de las personas “impresionables”, al punto de llevarlas a cometer actos violentos contra las figuras de autoridad contra las que va dirigido tal discurso.  Lo malo es que ese debate se ha reducido al jueguito infantil—jugado por personas supuestamente adultas, capacitadas y maduras—de “Yo no fui, fue Teté.  ¡Pégale, pégale, que ella fue!”  (Hasta me viene a la mente mientras escribo, la imagen de dos borrachos tratando de acabarse a los puños el uno al otro.  ¡Tremendo espectáculo!)

Y si de ese jueguito se trata, una que lo ha sabido jugar (bien o mal, pero lo ha sabido jugar) fue la ex-gobernadora de Alaska y ex-candidata vicepresidencial Republicana, Sarah L. Palin, cuya página en Facebook incluía un mapa con distritos congresionales a ganar por los candidatos respaldados por el movimiento del “Tea Party” (sobre el cual yo escribí anteriormente), marcados con miras de rifle, y cuya retórica está tan cargada de imágenes como la de “no retroceder” y “volver a cargar” el fusil (o el rifle, o como lo quieran llamar).  Por supuesto, cuando ella se las vio malas y no buenas (como lo hubiera dicho mi madre, QEPD) por culpa del mapita ése, ella lo retiró y posteriormente se justificó por medio de un vídeo, en el que ella se expresa de manera fiel a su estilo de desmerecer a quienes ella considera como que quieren hacerle daño—especialmente la prensa liberal (los “mainstream media”, como siempre) que se puso a especular con que el discurso de odio de la derecha reaccionaria tuvo sobre el aspirante a homicida el mismo efecto que las andanzas de los caballeros medievales habrían tenido en cierto Alonso Quijano, de algún lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…

(Aunque por supuesto, los motivos del Quijote fueron, son y seguirán siendo muchísimo más nobles…)

Ciertamente, muchas son las cosas negativas que han resultado de la matanza del 8 de enero de 2011 en Tucson, Arizona.  Pero por lo menos ha habido destellos de esperanza, como la rápida recuperación (a la fecha en que escribo) que ha venido observando la congresista Giffords desde que fue llevada al hospital.  Una recuperación que comoquiera se tomará su tiempo, que requerirá empezar desde cero, que será como volver a nacer.  Y también se ha abierto la puerta a una discusión sobre el civismo en el debate público, un debate que se atenga preferiblemente a la discusión de las ideas, sin entrar en consideraciones mezquinas, sin generar odios ni resentimientos contra quienes puedan pensar o actuar o ser “distintos”.  Pero esa es una herida que—a mi modo de ver—requerirá más tiempo para sanar, y sobre todo, mucha paciencia y valor para poderla afrontar.

Al menos me alegra saber que en mi paso por el valle de lágrimas que nos toca vivir cada día en Puerto Rico, lo más que he podido ver en líneas similares fue un intento de agresión con un huevo contra el gobernador de Puerto Rico, Luis G. Fortuño Bruset.  Quiera Dios que las cosas no pasen de eso, pero no debemos olvidar que a veces, de las palabras cargadas de ira y de odio, hacia una consecuencia mucho más funesta… ¡a veces es sólo un paso!

¡Y vamos a dejarlo ahí por el momento!  Cuídense mucho y pórtense bien.


P.S.  Voy a lo que les prometí al comienzo de la entrada.  Como ya sabrán, mi tiempo ha estado bastante ocupado con mi trabajo (que apenas está empezando a ponerse más complicado) y la recuperación de mi padre, quien sufrió una caída a mediados de diciembre mientras colocaba unas luces ornamentales navideñas en mi casa.  Me place decir que, gracias a Dios, mi padre se ha estado recuperando paulatinamente de los efectos de su caída.  Basta con decir que cuando lo trajeron a mi casa la noche del lunes en el que sufrió la caída (13 de diciembre de 2010), él apenas podía dar un paso sin ayuda, y no podía afirmar el peso del cuerpo sobre la pierna del lado afectado (lado izquierdo); sin embargo, ya hoy él puede moverse bastante bien con aparatos (bastón, andador).  Aún quedarán algunas semanas más de recuperación, pero confío en que él saldrá adelante.  Así que como lo dice el “Sabelotodo” de Primera Hora… eso era.


LDB