Un tiempo para odiar

Flag of Puerto Rico
Flag of Puerto Rico (Photo credit: Wikipedia)

¡Saludos, amigas y amigos, mi gente!  Aquí estoy, de regreso de una ausencia involuntaria motivada por varias situaciones, entre las que está un extraño episodio en el cual el lado derecho de mi cara se puso en huelga temporal.  (O si quieren, se los digo de manera directa: durante un par de semanas sufrí una parálisis temporera en los músculos del lado derecho de mi caraTriste  ¡Así como lo están leyendo!)  Afortunadamente, todo está bajo control (y espero que así continúe por mucho tiempo), así que vamos a ver de qué se supone que me hubiera perdido.

O no.  Porque lo que he estado viendo en los días pasados me pone a pensar si no estaremos viviendo en un tiempo en el que el odio—particularmente el odio contra quien(es) son “diferentes”, quien(es) no se conforman a un modelo casi parecido a la “perfección”, según el punto de vista de quienes aspiran a esa “perfección”—parece ser la moneda de curso común.  Y los ejemplos abundan por todas partes.  Desde el fanático político que asesina a varones y hembras jóvenes que no tienen nada que ver, sólo porque éstos apoyan un trato más justo y equitativo para los extranjeros que (por las razones que sean) llegan a sus playas—y que le guste o no al homicida, son tan seres humanos como él, o como ustedes, o como yo—, pasando por el fanático de derecha que filma un vídeo en el que se degrada una religión ajena (sea que la misma hubiese inspirado o no los actos criminales del 11 de septiembre de 2001) y causa una reacción violenta de la parte que se siente agraviada—a la que se le han achacado consecuencias posiblemente trágicas (aunque mientras me siento a escribir esto, ese dato está bajo la sombra de la duda, pero habrá que ver más tarde)—, y hasta toda una figura con su ámbito de poder que se atreve a desplegarle al mundo su ignorancia, su desprecio oculto por quienes defienden aquellas cosas que atentan contra lo que él entiende que son sus “valores”—como la terminación del embarazo resultante de una agresión sexual—, y en el proceso se convierte en el hazmerreir del mundo.

Por cierto, creo que este último es reincidente, porque mientras escribo esto me entero de que el tipo metió las patas otra vez.  ¡Qué joyita!

Pero si estas “joyitas” son las que se destacan alrededor del mundo [ALERTA DE CLISÉ ODIOSO… ALERTA DE CLISÉ ODIOSO… ALERTA DE CLISÉ ODIOSO…], en Puerto Rico no nos quedamos atrás.  Especialmente en el caso de funcionarios de gobierno—o en este caso tan lamentable, funcionarias—que aprovechan para verter todo el odio que llevan dentro de sí contra “el otro”.  Desde toda una ex presidenta de la Cámara de Representantes (por el PNP) y ex jueza del Tribunal Apelativo, que publicó en su cuenta de Twitter la imagen de un candidato opositor (del PPD—con quien aclaro que no comulgo políticamente) en la que se le compara con un famoso mono recién desaparecido… ¿será porque el candidato en cuestión es negro?  Pasando por una asesora legislativa y amiga personal de la anterior, que reaccionó—también en Twitter… qué cosas, ¿no?—a una entrada de la cuenta del presidente estadounidense Barack H. Obama sobre su inminente cumpleaños, con un mensaje en el que la asesora exhortaba al mandatario a comprarle a su esposa ese día un “sundae” con doble guineo (que así llamamos en Puerto Rico al “banano” del resto de América Latina) en un restaurante Burger King™ (no creo que ese restaurante tenga algo así en su menú, por lo menos aquí en Puerto Rico) y después se la llevara de viaje para Kenia, “tu país natal”.  (¿No se les parece eso al mismo discurso de odio e ignorancia de aquellas personas a quienes les molesta que un hombre negro sea quien rija los destinos de “la nación más poderosa del mundo”?)  Y para añadirle sal a una herida colectiva, a una legisladora del PNP (cuando gente como ella comience a entender y apreciar la seriedad del cargo que ocupa, escribiré la palabra “legislador[a]” con mayúscula inicial) que aparentemente estaba aburrida durante la convención política de los demócratas (Charlotte, NC, agosto de 2012), le entraron celos de que al mismo candidato opositor objeto de la comparación indeseable que ya mencioné le diera con mezclarse con la concurrencia (por si estás leyendo esto, mi’jita: eso es lo que se conoce en inglés como “networking”—y si a ti te interesara mejorar tus posibilidades personales y profesionales, podrías aprovechar esa herramienta en lugar de quedarte de “aguacatona” en tu mesa) y se puso a expresar que su opositor andaba “de monito” en el piso de la convención.  Palabras que otra delegada boricua en la misma convención reprodujo en su cuenta de Twitter (que definitivamente ha venido a reemplazar al papel en su función de aguantar todo lo que le escriban)—y que la susodicha legisladora trató de desmentir cuando se dio cuenta de que la habían “manga’o” (o en buen puertorriqueño-calle, la habían agarrado fuera de base), alegando que lo que se dijo que ella dijo no fue lo que dijo y que lo que dijo fue que el susodicho opositor andaba “de bonito”.  Me pregunto si ella creyó que se estaba salvando al usar lo que—a su entender—era un homófono… el cual no tiene nada que ver con los “gays” ni con otros “torcidos”, como los llamaría el líder del cuerpo legislativo al que ella pertenece.  Salvándose de que alguien venga a señalarla como que tiene en su interior un odio por l@s que no sean “blanquitos” como ella, porque sean negros.

Y créanme, aunque no sea de la manera tan abierta que se ve en algunas regiones de los Estados Unidos de América, ese odio existe aquí en Puerto Rico—aunque la “reacción natural” a ello sea negarlo, como quiso hacer la asesora legislativa que le tiró fuerte al presidente Obama, cuando alegó que tenía “dos sobrinas prietas” para justificarse ante el resto del mundo.  O como cuando cierta senadora hizo su famoso señalamiento sobre la capacidad de ciertos hermanos caribeños “no muy brillantes” para ejecutar grandes obras culturales.  Pero no todo el mundo es igual de escurridizo, como quienes se molestan cuando ven un “__________ sucio” (sustituya el blanco con la primera palabra que le venga a la mente en este momento) y lo admiten abiertamente y sin tapujos.  Y yo he podido conocer a dos o tres de esas personas… que por suerte, he tenido la dicha de no volverlas a ver y tengo el deseo vehemente de no volverlas a ver mientras viva.

Pero viendo todo esto, a mí me parece que se le está dando más espacio al odio que a la tolerancia, más espacio al odio que a la aceptación de las diferencias.  Y es aquí donde en el caso que me toca más de cerca—el de Puerto Rico, por supuesto—, tengo que volverme a preguntar si eso no se ha vuelto política pública oficial.

OK, mi gente, sé lo que están pensando: “otra vez a rebuscar en el baúl de los recuerdos”…

“Por supuesto, todos tenemos nuestras frustraciones y el derecho a tenerlas, pero en el caso de un funcionario de alto nivel en un gobierno, el que sea, esa frustración no debe llevarse a un plano en el que se pueda interpretar como una política pública oficial.  Y lamentablemente… ése es un lujo que no se debería dar, ni por descuido…

[…]

“(De) que las semillas de esa política pública no escrita están sembradas, eso es algo que no necesita más evidencia.  Sobre todo, la semilla del odio visceral hacia todo lo que atente contra la filosofía (y estoy siendo demasiado condescendiente en el uso de la palabra ‘filosofía’ en esta oración) y los proyectos políticos de quienes se hacen del poder.  O sea, todo aquello que atenta contra lo que la actual propaganda oficialista llama, ‘el Puerto Rico que todos queremos’….  Y el germen de esa semilla de odio se nota en las expresiones que se hacen… expresiones que se hacen cuando no se tienen argumentos de peso para refutar los planteamientos que se hacen, sobre todo cuando se quiere evitar la difícil tarea de buscar el entendimiento y la concordia (y en el caso de estos funcionarios, ello requeriría un esfuerzo sobrehumano), cuando lo que se quiere es hacer un cisma entre ‘nosotros, los buenos’ y ‘ustedes, los malos’.”

Y lamentablemente, los que se hacen creer que son “los buenos”, que son mejores que los demás, son los que están llevando la voz cantante.  Y eso debe preocuparnos a tod@s, a quienes queremos un mundo más justo.  Y eso es algo que debemos procurar.  Por nuestro propio bien, y por el de nuestr@s hermanos, especialmente aquell@s a quienes hoy vemos como “diferentes”, pero que igual son seres humanos, como ustedes y como yo.  Y esa es la realidad, gústele a quien le guste.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien—y que se sepa, que yo también lo haré.

Soy Luis Daniel Beltrán y aquí estoy como siempre, dando cara Sonrisa… ¡y yo apruebo esta entrada! Pulgar hacia arriba

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Ignorancia legítima

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William Todd Akin, member of the United States House of Representatives. (Photo credit: Wikipedia)

Amigas y amigos, mi gente: ¿Alguien tiene la bondad de explicarme si existe una manera legítima para hacer un daño?

Ya sea que tengamos o no un sistema de creencias establecido como parte de nuestra formación como seres humanos más o menos completos y complejos—algunos más completos y complejos que otros, pero ya eso es otra historia—, tod@s tenemos que estar de acuerdo en que no se justifica, bajo ningún concepto, hacer ningún tipo de daño, el que sea, contra otros seres humanos, contra otras formas de vida con las que convivimos, aun contra el propio medio ambiente en el que llevamos esa convivencia.

Y ciertamente se justifica menos hacerle daño a otra persona—principalmente a una mujer—cuando ese daño se hace con el propósito de satisfacer violentamente un impulso, una necesidad biológica que tenemos todos los seres humanos, sin excepción.  Peor aún, cuando esa misma forma de satisfacción violenta de ese impulso deja huellas difíciles de borrar en la persona que es objeto de la agresión.  Huellas que acompañarán a la víctima por el resto de su vida.

Habiendo hecho constar esto, a mí—como a prácticamente todo el mundo (tal vez con una que otra excepción)—me parecen chocantes las expresiones vertidas por el congresista Todd Akin (Republicano por el estado de Missouri), sobre lo que el llamaría una violación “legítima” (o “auténtica” o “justificada”, según quien traduzca la nota periodística sobre ese tema) y los supuestos efectos de la misma en el cuerpo de la mujer que la sufre.  Para quienes tengan una atención que dure tanto como la de un pececillo dorado en una pecera, cito las expresiones de la discordia (por las cuales el congresista Akin se disculpó ulteriormente), en el contexto de que la convención de su partido se efectúa la semana entrante en (“of all cities“) Tampa, Florida:

“The latest uproar began when Republican Congressman Todd Akin, who is running for a Senate seat from Missouri, set off an explosion with his response to a radio interviewer’s question about abortion rights for rape victims.

“‘It seems to me, first of all, from what I understand from doctors, that’s really rare.  If it’s a legitimate rape, the female body has ways to try to shut that whole thing down,’ said Akin, who, like Ryan, opposes abortion even in cases of rape and incest.”

(“El más reciente escándalo comenzó cuando el congresista republicano Todd Akin, quien aspira a un escaño en el Senado por Missouri, provocó una explosión con su respuesta a la pregunta de un entrevistador de la radio sobre el derecho al aborto para las víctimas de violación.

“‘A mí me parece, en primer lugar, por lo que entiendo de los médicos, que es realmente raro.  Si se trata de una violación legítima, el cuerpo femenino tiene formas para tratar de eliminar todo eso’, dijo Akin, quien, como Ryan, se opone al aborto incluso en casos de violación e incesto.”)

(Fuente: Todd Akin rape remarks highlight divide in GOP over abortion, Christian Science Monitor, 23 de agosto de 2012.  El énfasis completamente intencional es mío.  “Ryan” se refiere aquí al virtual candidato vicepresidencial—al momento de yo escribir esta entrada—, el congresista Paul Ryan, Republicano por el estado de Wisconsin.)

Leo la cita anterior y me pregunto varias cosas.  Por ejemplo, ¿a qué médicos habrá consultado el congresista Akin sobre las consecuencias de una agresión sexual en el cuerpo de la mujer que la sufre?  Me imagino que no habrán sido médicos generalistas o “del campo”, de los que todavía hacen visitas a domicilio—y aunque usted no lo crea, de esos quedan todavía.  Aunque en el peor de los casos—y por razones en las que no creo prudente entrar aquí—yo espero que tampoco hayan sido otorrinolaringólogos.  (Repitan despacio conmigo: o-to-rri-no-la-rin-gó-lo-gos…  OK, si eso no les funciona, llámenlos “ENT” y sanseacabó.)

¿Con qué base los médicos a los que él consultó pueden decir que el riesgo de embarazo en una mujer víctima de agresión sexual (que presumo es lo que se está discutiendo en esa cita) es “realmente raro”?  ¿Será que tienen a la mano estudios clínicos que aseguren de manera objetiva y estadísticamente probable que ese riesgo sea raro?  Si es así—aunque la medicina nunca fue mi área de especialización en biología—, me encantaría ver algún día esa clase de estudio.

Pero más importante aún es esto: ¿con qué base—o como algun@s dirán, con qué cara—el congresista Akin puede afirmar que el cuerpo de la mujer puede repeler esa agresión, puede contraatacar el material genético que en su violento frenesí le está introduciendo el agresor, para impedir que ese material fertilice uno de sus óvulos y desarrolle una nueva vida, la de un ser que no tuvo la culpa de venir al mundo en las circunstancias en las que vino?  Digo, a mí se me ocurre pensar que con un intelecto así de genial, el congresista Akin podría ser un excelente candidato al Premio Nobel de Biología… si no fuera porque como escribí en una ocasión anterior, no existe tal cosa como eso.  Pero bueno, no está de más soñar…

Muchísimo peor aún: ¿a qué se refería el congresista Akin con “a legitimate rape”, “una violación legítima”?  Vuelvo a tomar la pregunta que hice al comienzo de la entrada: ¿cuándo una agresión sexual ha sido o es legítima para este señor?  A lo mejor, a él se le debe haber ocurrido la idea de una confrontación de las que se ven en las películas y teleseries del Viejo Oeste estadounidense, en las que dos hombres se enfrentan entre sí en una presunta igualdad de condiciones, cada uno cuadrado frente al otro, sacando al mismo tiempo sus revólveres para dispararse el uno al otro… y el uno matando al otro “en buena lid”.  En otras palabras, una “pelea justa”, un “fair fight”.

Pero para quienes han vivido esa experiencia, la derrota que significa la agresión, la humillación, el verse despojada de aquello que más se estima… ésa no es una “pelea justa”.

Tal vez le haría un bien al congresista Akin—aunque yo dudo que él tenga la voluntad para hacerlo—leer la carta abierta que le escribe Eve Ensler en respuesta a sus disparates.  Sí, ella misma, la autora de “Los Monólogos de la [CENSURADO]”.  (Y me tendrán que disculpar si lo escribo así, porque sucede que para los Republicanos estadounidenses como el congresista Akin, es una blasfemia que se digan en público palabras como “vagina”…  ¡Huy, se me zafó eso!  I’m sorry!  Ruborizado )

“Como sobreviviente de una violación, repaso una y otra vez en mi cabeza sus recientes declaraciones, aquellas en las que afirma haberse confundido al decir que las mujeres no se embarazan como resultado de una violación legítima y que esas declaraciones fueron pronunciadas ‘sin pensar’.

[…]

“Usted empleó la expresión ‘violación legítima’, implicando así la existencia de ‘violaciones ilegítimas’.  Permítame explicarle el impacto que eso tiene en las mentes, los corazones y las almas de los millones de mujeres en este mundo que han sido víctimas de violación.  El supuesto que subyace a sus dichos es que no es posible tomar en serio a las mujeres ni las experiencias que padecen, que la manera en que entienden la violación ha de ser ponderada por alguna especie de autoridad superior que conoce mejor el tema.  Este supuesto deslegitimiza, minimiza y trivializa el horror, la invasión y la profanación que viven las víctimas, y las hace sentirse tan solas e impotentes como en el momento de ser violadas.

[…]

“Ahora pretende convencernos de que se confundió al decir que nadie se puede embarazar tras una violación ‘legítima’.  ¿De veras cree que el semen eyaculado en una violación es distinto del semen eyaculado en una relación de amor?  ¿Cree que durante la violación ocurre alguna especie de misterio religioso y el esperma se autodestruye gracias a la malignidad de la que es vehículo?  ¿O lo que quería implicar es que las mujeres y sus cuerpos tienen de alguna forma la responsabilidad de rechazar el semen eyaculado en una violación legítima, estigmatizando nuevamente a las víctimas?”

Tomado de: Carta abierta de Eve Ensler a Todd Akin, por Eve Ensler (traducido por Atenea Acevedo), Rebelion.org, 23 de agosto de 2012.  (Versión original: Dear Mr. Akin: I want you to imagine…, por Eve Ensler, Huffington Post, 20 de agosto de 2012.)

Y aunque técnicamente hay cosas en las que personalmente no estoy de acuerdo con Ms. Ensler (como el aborto en general), me parece que ella acierta a describir el desacierto de las expresiones del congresista Akin y las implicaciones de ese desacierto.

Pero francamente, no es mucho lo que se puede esperar hoy en día de muchas de las personas, hombres y mujeres, que se abrazan a la carrera política.  Y esto es cierto en los Estados Unidos, en Puerto Rico, en cualquier parte del mundo.  Personas que por quererse destacar en la cotidianidad pública, por querer que la gente hable de ell@s—en la calle, en los pasillos de la oficina, en la cafetería o en el restaurante, en la sala de espera del consultorio médico, donde sea, para bien o para mal—se sacan de la manga algún disparate y hacen gala de su ignorancia.  (Y si alguien sabe cómo lucirse, es la famosa senadora y otrora “modelo y talento actoral”, Evelyn Lissette Vázquez Nieves, PNP-Mayagüez/Aguadilla)  Puede ser que en algunos casos quieran dejar ver su mala fe cuando las cosas no salen como sus expectativas le decían que iban a salir las cosas.  Como eso de decir, por poner un ejemplo, que la derrota de la propuesta enmienda constitucional para restringir el derecho a la fianza obedeció a que los capos, los “bichotes”, el dueño del “punto”, todos ellos o alguno de ellos, pagaron a los electores para votar contra la propuesta enmienda, como si fuera algo sacado de la vida del capo colombiano Pablo Escobar.

Es más, ahora se me ocurre pensar que tengo otro punto de acuerdo con la carta abierta de Ms. Ensler sobre los señalamientos del congresista Akin:

“Aclaración: lo que hizo no fue despacharse a la ligera una especie de comentario desenfadado, sino una declaración por demás concreta e ignorante que evidencia su falta de conciencia respecto de lo que significa haber sufrido una violación….  Acaso lo que revelan sus palabras sea aún más terrorífico: nos obsequian una ventana a la psique del GOP.”

Tomado de la versión en español de la carta anteriormente citada.  “GOP” es una referencia al Partido Republicano estadounidense, el “Grand Old Party“.

Sí, yo creo que Ms. Ensler tiene razón; es algo que mete miedo, mucho miedo.  Y la idea de que ése sea un atisbo a la mentalidad general de una organización con todo el poder que tiene un partido político—se llame Republicano o Demócrata, PNP o PPD, como sea que se llame—, mete más miedo aún.

Y ese miedo, hay que combatirlo.  ¿Cómo?  Asumiendo una actitud que conlleve valentía y honradez, que conlleve responder honestamente a los retos de la vida, de manera seria, sensata y razonada.  Una actitud que no tenga como su “faro” la ignorancia y el prejuicio.  Y sobre todo, una actitud que busque la paz y el bienestar de tod@s, así como el bienestar propio.

Es más, creo que voy a dedicarle al congresista Todd Akin uno de mis cierres favoritos (con todo y el énfasis—intencional, como siempre):

Si usted no tiene la valentía ni la honradez de responder a los reclamos anteriores… ¡entonces CÁLLESE LA BOCA y deje vivir en paz a estas personas, y búsquese la paz para SU propia vida!  (Ah, y si se siente que con esto le estoy ‘faltando el respeto’… ¡lo siento mucho, pero no venga a exigirme a mí un respeto que usted parece no tener por los demás—y creo que tampoco por usted mismo!)

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

Soy Luis Daniel Beltrán, y legítima, auténtica y justificadamente… ¡yo apruebo esta entrada! Pulgar hacia arriba

Un año bastante difícil para recordar

an old post card
An old postcard - Image via Wikipedia

Bueno, amigas y amigos, mi gente, llegamos una vez más a ese momento… en el que hacemos un inventario de lo que nos deja el año que está por terminar, con los ojos puestos en la esperanza de que el año que estamos por recibir nos tenga alguna compasión.

Que a juzgar por el desempeño del año 2011, lograr esa compasión va a requerir “de Dios y su santa ayuda”.  Si no me lo creen, he aquí varios botones de muestra, según los recogí en este blog durante los pasados 12 meses:

  1. Actos de violencia de los que no se salva nadie, ni siquiera la congresista estadounidense Gabrielle Giffords (Demócrata por Arizona), a la que un desquiciado quiso matar de un disparo en la cabeza, con el saldo de que ella apenas logró sobrevivir—muy a pesar del aspirante a asesino—, aunque una niña de nueve años (irónicamente, nacida el 11 de septiembre de 2001—no hay que decir nada más) y otras personas no corrieron con mejor suerte.
  2. Y tristemente, tampoco se salvan ni las figuras artísticas conocidas y queridas, como el gran cantor argentino Facundo Cabral, ya sea que estén conscientes o no de si andan con alguien de fiar, alguien que los puede poner en el vórtice del huracán sin querer.
  3. Una marejada de violencia que nos arropa, que nos ahoga, que nos asfixia, y que ya nos ha llevado por encima de los 1000 asesinatos tan sólo en el 2011 (y cuando empecé a escribir esto la noche del 29 de diciembre, la cifra estaba en los 1130 asesinatos), y para lo cual la Policía de Puerto Rico sólo puede sentarse a mirar con los brazos cruzados (¿porque alguien lo quiere así?) cómo los delincuentes se matan unos a otros… ¡y a los demás que estén en medio!
  4. Para colmo, esa misma fuerza policial es incapaz de poner su propia casa en orden, cuando tiene tantos problemas de disciplina y de violaciones a los derechos de sus ciudadanos, tantos “caciques” que quieren perpetuarse en sus puestos, tantos casos de violencia familiar y de género, lo mismo entre los “guardias de palito” que entre la plana mayor…  Una agencia de seguridad pública en esas condiciones, no puede ganarse la confianza ni el respeto de la misma gente a la que se juró proteger y servir… la misma gente que, si se la deja, se tomará la justicia en sus propias manos… ¡si es que no lo ha empezado a hacer!
  5. Añádase a eso un sistema judicial que no hace justicia, que entre otras cosas, prefiere dejar ir a algún poderoso (lo mismo un médico que el dueño de varios “puntos” de drogas) por falta de pruebas, o incluso “atenuar” el delito de violencia doméstica para justificar el que a un agresor, con toda la evidencia en su contra, se le deje libre para matar a la próxima que cometa el error de ser su pareja.
  6. Evidencias cada vez más contundentes de la podredumbre moral de los partidos políticos en Puerto Rico (y me refiero a todos¡A TODOS!), cuando toleran las actuaciones moralmente reprehensibles de sus figuras principales.  Y si de acciones moralmente reprehensibles se trata,
    • ¿Quién puede olvidar la caída en desgracia de cierto vendedor-de-autos-convertido-en-senador, luego de que saliera a la luz su posesión de un costoso automóvil de lujo que alguien le habían “regalado”?  (Por supuesto, sigo creyendo como entonces que sería interesante averiguar cómo fue que le regalaron ese automóvil… o quién le regaló el automóvil… ¿a cambio de qué?)
    • O la del hijo de un conocido alcalde, detenido por la autoridades estadounidenses por sospecha de tráfico de drogas—y que interesantemente, había adquirido antes de su arresto un vehículo de lujo con parte del dinero mal habido de cuanta transacción de drogas hubiese hecho.
    • Y qué decir de funcionarios públicos (por ejemplo, alcaldes) que se escudan detrás del poder—aun de lo más mínimo que le dé una sensación de poder—para hacer y deshacer como les dé gusto y gana, para propasarse con su personal de menor jerarquía, convencido de que lo hace porque puede hacerlo, y porque no importa que una autoridad de mayor relieve le pida cuentas, siempre se saldrá con la suya, porque para eso es que tiene poder.
  7. Figuras públicas que se esconden detrás de prédicas de amor y paz, para esparcir su veneno, para irse a los extremos diciendo que odian el pecado, a la vez que odian al pecador, mientras sacian sus propias ambiciones de riqueza, lujo y ostentación—y en el peor de los casos, esconden de la vista pública su realidad turbia e insalubre, detrás de una fachada de “rectitud” y de “moral”.
  8. Defensas altamente cuestionables de líderes políticos que son sorprendidos en actuaciones con visos de ilegalidad o de depravación moral, y que dejan la impresión de que no importa cuán bajo puedas caer, siempre tendrás un padrino que te justifique, que te defienda, y que le eche excremento a tus enemigos para reducirlos a la vergüenza, al oprobio, porque se atrevieron a meterse contigo sin saber con quién más se estaban metiendo (aun si para ello hay que inventar toda una patraña, con personas desconocidas o no existentes que lancen acusaciones viciosas contra quienes se atreven a retar al poderoso).
  9. Una cada vez mayor disociación entre la realidad que se vive todos los días en Puerto Rico (y hasta en los mismos Estados Unidos)—con figuras políticas marcadas por sus vicios, o con políticos tan incompetentes que prefieren pelearse por nimiedades, por cosas estúpidas y sin mucho valor, a ver si con ello entretienen a un público cautivo—y la realidad virtual que proclaman muchos (desde el gobernador para abajo), en la que todo está bien, en la que todo es normal, en la que la vida cotidiana del populacho no está en peligro, en la que todo es paz y amor.
  10. Peor aún, un desfase entre el punto de vista de los pobres, de quienes necesitan una ayuda, un estímulo para seguir adelante, y la mentalidad de quienes en ánimo de mostrar una superioridad que no es tal, se burlan de los mismos pobres a los que dicen ayudar… los mismos pobres a quienes se les crean innecesariamente expectativas que luego se harán sal y agua, sólo para echarle la culpa al que cayó de tonto en la trampa (¡pues, por eso, por haber caído de tonto!), mientras que quienes están llamados a ayudarlos se adornan de privilegios, lujos y ostentaciones (porque “el hueso… ¡es pa’ los demás!”).
  11. Una intención de explotar económicamente la necesidad de los ciudadanos de servicios públicos eficientes, mediante la aplicación de toda una serie de triquiñuelas para justificar el cobro de dichos servicios—y en el proceso, fomentar la ineficiencia, el desinterés, la negligencia y la irresponsabilidad cívica, todo porque no se deben a los mismos ciudadanos que necesitan esos servicios, sino a quienes se enriquecen a costillas de esos mismos ciudadanos.
  12. Falta de voluntad de los líderes políticos para acoger las sugerencias que se les dan de buena fe, por parte de la gente “de a pie”, de quienes experimentan los sinsabores de la vida diaria.  Añádase a esto una tendencia cada vez mayor a buscar soluciones a los problemas diarios del país, buscando el brillo de las luces de cinematografía, aspirando a ser como las estrellas de Hollywood que tanto se adoran.

Y podríamos añadir a esta lista los dos desastres naturales que le tocó enfrentar a Puerto Rico en agosto, con sus secuelas de destrucción y con las manifestaciones de evidente incompetencia para manejarlas rápida y eficientemente.  ¿Y cómo olvidar la visita a Puerto Rico del presidente estadounidense Barack H. Obama?  Una visita matizada por la astucia, en la que el mandatario dejó a ciertos súbditos de su provincia caribeña vestidos y alborotados, mientras discutía asuntos de vital importancia con un candidato de la oposición política al son de sándwiches de medianoche al mediodía—con su agüita embotellada por el la’o.

Pero también podríamos añadir algunas cosas buenas, como el triunfo de nuestros atletas en los Juegos Panamericanos de Guadalajara, por ejemplo.  Aunque eso último parezca poco, el bien que hace es mucho.

Sea como sea, mi opinión es que el año 2011 fue un año bastante difícil para recordar.  Un año en el que los agravios crecían como los hongos, aquí y allá, aún más que en el año anterior.  Un año en el que la esperanza se puso a prueba, que pareció estar en su más bajo nivel.  Pero también fue un año en el que quedó manifiesto que los agravios se deben reparar, que la gente está comenzando a reclamar lo suyo, que la gente está comenzando a mirar las cosas como éstas son y a exigir que se le haga justicia.  De eso habrán dado fe los movimientos de protesta social en los países árabes—algunos de los cuales han sido sucedidos por la caída estrepitosa (y ocasionalmente mortífera) de quienes tratan con mano dura a sus ciudadanos, a su gente, mientras celebran la vida que le escatiman a los demás—y en los centros del poder económico mundial (como los de “Occupy Wall Street” y sus secuelas).  Y aun cuando a muchos de estos movimientos de protesta, las autoridades locales se la están poniendo difícil, ellos no pierden la esperanza de lograr sus reivindicaciones.  Podrán haberse quedado sin empleo, podrán haberle ejecutado las hipotecas de sus viviendas, podrán haber perdido los ahorros con los que pretendían tener una jubilación decente, pero todavía les queda su dignidad.  Eso, y la esperanza que tanto se dice que es lo último que se pierde.

La misma esperanza que todos tenemos en que nuestras vidas mejoren con el año que está por comenzar.  La misma esperanza que no debemos perder, bajo ningún concepto.

¡Y vamos a dejar el 2011 ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  ¡Que venga el 2012!

LDB

De agravantes y miedos

English: Picture of supporters of the Austrian...
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¡Hola, qué tal, amigas y amigos, mi gente!

La verdad es que leo y escucho lo que está pasando a mi alrededor, y francamente no lo entiendo.  Por ejemplo, no entiendo cómo puede ser beneficioso para persona alguna que se procure eliminar del Código Penal de Puerto Rico de 2004—el mismo cuyos fundamentos parece que se los pasan por donde no brilla el sol, a juzgar por el recordado caso del asesinato “atenuadito”—ciertos agravantes para lo que conocemos como los “crímenes de odio”.  Pero según trascendió en la prensa la semana pasada, algo en esas líneas es lo que pretende el Proyecto del Senado de Puerto Rico Número 2021, el cual enmendaría el Código Penal a fin de dejar fuera del mismo ciertos agravantes relacionados con ciertos grupos específicos que—le guste a quien le guste—forman parte de nuestra sociedad.

“El Proyecto del Senado 2021 aprobado en reconsideración en el Senado el 10 de noviembre de 2011 cita que ‘se consideran circunstancias agravantes a la pena que el delito fue cometido motivado por prejuicio hacia y contra la víctima por razón de raza, color, sexo, origen, status civil, nacimiento, impedimento físico o mental, condición social, edad, ideologías políticas o religiosas, o ser persona sin hogar.’”

(Citado de: ‘Le tiran a quemarropa a TRS por Código Penal’, CyberNews/NotiCel, 6 de diciembre de 2011.  Aquí, ‘TRS’ se refiere al presidente del Senado de Puerto Rico, Thomás Rivera Schatz.)

Hasta ahí vamos bien, ¿sí?  Pero no sé si quienes leen esto fuera de Puerto Rico se habrán dado cuenta de un detallito… pero dejo que sea el director ejecutivo de una fundación de ayuda a ciertos grupos “olvidados” de nuestra sociedad, citado en la misma nota, quien lo exprese adecuadamente:

“Bajo la ley vigente se consideran como circunstancias agravantes a la pena el que un crimen haya sido motivado por prejuicio hacia y contra la víctima por razón de raza, color, sexo, orientación sexual, género, identidad de género, origen, origen étnico, status civil, nacimiento, impedimento físico o mental, condición social, religión, edad, creencias religiosas o políticas.”

[…]

Thomas J. Bryan Picó, director ejecutivo de la Fundación Gaviota, entidad que asiste a víctimas de crímenes de odio en Puerto Rico, “… resaltó que en la propuesta enmienda se eliminó la orientación sexual, la identidad de género, el género y el origen étnico.”

(Adaptado y modificado levemente de la fuente antes citada.)

La nota citada aquí agrega que la enmienda fue presuntamente colocada en el proyecto de ley, a fin de complacer los deseos de un pastor evangélico quien, bajo una fachada de “ciudadano responsable”, hizo algún tipo de presión sobre el presidente senatorial (cuya afición por sentirse que tiene todo el poder del mundo, la describimos hace algún tiempo—por no mencionar su afición de lucir su prejuicio como se luce una camisa nueva y limpia, cuando siente que lo atacan por defender ciertas actuaciones cuestionables) para que se aprobara con el tipo de lenguaje al que el funcionario ejecutivo citado se refiere.  Y a no dudarlo, ello ha hecho que se revuelva el avispero, con imputaciones de prejuicio y de fobia por ciertos grupos sociales aquí y allá.

Pero para mí, más importante que el que una persona que quiere presentarle al mundo una imagen de “hombre fuerte”, de una aparente rectitud, ceda a un impulso excluyente, que amenaza con dejar sin protección a quienes menos pueden defenderse, es el hecho de que se pretende volver al reino del prejuicio y del discrimen, de la burla y del desprecio—aunque yo creo que ese reino nunca desapareció por completo.  Y ciertamente, hay varios de estos sectores marginados que se pudieran ver amenazados por esta acción: las personas no heterosexuales (o sea, homosexuales, lesbianas, bisexuales, transexuales y transgénero), las mujeres (especialmente aquéllas que buscan liberarse de la violencia en el seno del hogar, antes de que sea muy tarde) y los extranjeros, particularmente aquéllos que llegan a nuestras playas sin tener el permiso para hacerlo, y que tienen que vivir en las sombras mientras se sacrifican para asegurar el futuro de quienes quedaron atrás.

Y estos tres sectores, entre tantos sectores marginados de nuestra sociedad, acabarán como objeto de la ignorancia, el odio y la ira de gente a la que describí en una ocasión anterior como “quienes creen ser mejores hijos de Dios que los demás”, como “personas bañadas de ‘rectitud’ de arriba para abajo”—sin dar precisamente los mejores ejemplos de esa rectitud que tanto ostentan.  Y acabarán pagando los platos rotos de quienes no se atreverían a enfrentarse a un simple reto que los ponga en evidencia, a ver si demuestran los valores que tanto le exigen tener a los demás.

A mí me apena mucho ver una cosa como ésa, que habiendo comenzando un nuevo siglo, en el que deberíamos evolucionar hacia una sociedad más justa y equitativa, nos veamos en peligro de ser arrastrados hacia el abismo oscurantista.  Y eso es algo que no se debe permitir, bajo ninguna circunstancia, si queremos sobrevivir los retos que nos da la vida.

Para ello, debemos empezar por rectificar errores como el de eliminar esos agravantes de nuestro Código Penal.  Es, a mi entender, lo más responsable que se puede hacer para el bien de nuestra sociedad, y sobre todo, de sus sectores más marginados.  Y así, nos evitamos consecuencias funestas.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

Los que van a morir te saludan… ¡o no!

"Thousands gather at the Subtreasury Buil...
Image via Wikipedia

“«Ave, Caesar, morituri te salutant» (trad. lit. «Salud, César, los que van a morir te saludan»).”

Según las fuentes que cita Wikipedia, este saludo se atribuye generalmente a los gladiadores en la antigua Roma, quienes lo pronunciaban antes de sus combates en el Coliseo.  Sin embargo, según el historiador y biógrafo romano Gaio Suetonio Tranquilo [¿70?–¿126?], mejor conocido como Suetonio, el saludo fue pronunciado más bien por un grupo de criminales condenados a morir en simulacros de combates navales presenciados por el emperador Claudio—y el saludo iba dirigido a éste, al que se referirían como «imperator», y no al César.

Yo no sé qué piensen ustedes, amigas y amigos, mi gente.  Pero para mí, una frase como la que encabeza la entrada de hoy implica un sentido de sacrificio, de valor ante una situación tan adversa, de la que sólo se tienen dos opciones para salir: vencer o caer vencid@, luchar o morir.  Significa reconocer la necesidad de vencer todos los obstáculos para poder sobrevivir, y hacerle saber a quien coloca todos esos obstáculos que se está dispuesto a dar ese sacrificio—o como lo dicen hoy en día, “dar la milla extra”.  Para mí es como decir, “Mira: ¡Aquí estoy yo!  Tírame con todo lo que tengas, que estoy dispuesto a enfrentarlo, aunque tenga que morir en el proceso.”

¡No!  No se asusten: morir (en su sentido literal) no está entre mis planes en este momento—como no lo está en los planes ni en la mente de nadie que salga a la calle a buscarse el pan de cada día, o a “hacer lo suyo”, muy a pesar de quienes salen a la calle con otra cosa en sus planes, con intención de hacer lo que a su manera es “lo suyo”.  Más bien, pensé en ese saludo como en un grito de lucha en contra de muchas de las injusticias que venimos presenciando últimamente.  Desde la incompetencia manifiesta en muchos de nuestros pseudolíderes (¡cuánto tiempo hacía que no utilizaba esa palabra en este blog!) políticos, algunos de los cuales se comportan más como “títeres de caserío” (y pido disculpas si ofendo con ello a la gente de los caseríos—más bien, la buena gente de los caseríos y las áreas pobres y marginadas, que son muchos más), pasando por el miedo a que se descubran sus chanchullos y traqueteos financieros (al oponerse a que se reanude la divulgación de las finanzas y pagos de impuestos de muchos de ellos, luego de que un nuevo “Código Electoral para el Siglo 21” eliminara ese requerimiento)—y con ello, que se sepa que a Fulano “le regalaron” un automóvil lujoso o que a Zutana le “saldaron” en un par de años una hipoteca residencial de las de a 30 años (¡sabrá Dios con qué dinero!)—, hasta las consecuencias de esa incompetencia: asesinatos hasta a plena luz del día, aumento en los casos de violencia de todo tipo (especialmente conyugal y familiar), un trasiego de drogas que nadie parece atreverse a detener, serios problemas de salud física y mental, una economía en decadencia y que no da señas de recuperarse… de veras, ¿quieren que siga?

Me pregunto si tal vez sea necesario recordarle a quienes juegan (y yo no creo que haya otra manera de decirlo que no sea ésa) con el diario vivir de la gente, como si fueran peones de ajedrez, que tienen una responsabilidad social que han desatendido por muchos años.

Y no me sorprendería que un día de éstos surja algún evento que lleve a manifestar el descontento de los puertorriqueños con la manera en la que se han estado haciendo las cosas.  Total, eso es lo que está ocurriendo mientras escribo esto, con las manifestaciones de indignación colectiva conocidas genéricamente como “Occupy Wall Street, tal vez inspiradas en muchos de los movimientos de “indignados” en Europa y en los países árabes.  (Vía Wikipedia: en inglés, en español.)  Y le duela a quien le duela, e independientemente del contexto, el enojo colectivo (y por consiguiente, la indignación) tiene mucho poder para cambiar las cosas.  Y a quienes les caiga el sayo, les convendría mucho ponérselo.

Por supuesto, si los blancos o “tarjetas” de ese enojo e indignación hacen caso… ya eso es otra cosa.  Tal vez estén tan ensimismados dentro de su propio universo, tan enajenados de la realidad del mundo en el que—les guste o no—les ha tocado vivir, y hasta de su propia realidad.

Por cierto, según Suetonio, Claudio habría contestado el saludo de sus combatientes con «Aut non», o sea, «O no». ¿Será que él tenía tanta confianza en los combatientes como para esperar que éstos no murieran en pleno ejercicio? ¿O estaría tan desconectado de la realidad que estaba por presenciar? ¡Quién soy yo para saber eso!

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB