Comoquiera que me ponga, tengo que llorar

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"Hablemos, no nos peleemos" - Image via Wikipedia

Comoquiera que me ponga, tengo que llorar

“Constituye un triste lamento, debido a que la persona en repetidas ocasiones no ha podido resolver favorablemente el problema o los problemas dolorosos en que se va encontrando.”

(Citado de la página 10 de: Refranes más usados en Puerto Rico, Segunda edición revisada y aumentada, por María E. Díaz Rivera, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, San Juan, Puerto Rico, 1994.)

Muchas personas de cierta edad en Puerto Rico recordarán el sainete diario protagonizado por un jíbaro (campesino) de buen corazón, llamado “don Macario”—interpretado para la radio y la televisión boricua por el actor y periodista aguadillano, don José Luis Torregrosa (8/23/1916–6/15/2001)—, quien enfrentaba toda clase de situación que al final lo hacía resignarse a llevar la peor parte.  Poniendo un poco de distancia con el contexto humorístico en el que “don Macario” entonaba esa frase—que la autora de la fuente citada clasifica como una frase de abatimiento—, me pregunto si a Wanda Yvette Camacho Meléndez le habría pasado eso por la mente mientras se le escapaba la vida.

Porque en repetidas ocasiones, Wanda Yvette, enfermera de profesión, había tratado de resolver a su favor un problema doloroso para ella: ser una víctima de la violencia que algunos insisten en adjetivar como “doméstica”, cuando (como he aprendido en tiempos recientes) es más acertado y honesto llamarla por su nombre verdadero: violencia de género.  (Y pensar que todavía algunos retrógradas insisten en darle el nombre grotesco de “crimen pasional”.)  La clase de violencia que algunos hombres (y algunas mujeres también—no crean que no es así) emprenden contra sus parejas, exista o no un papel que legalice su unión.  Aquella violencia en la que el macho—porque ciertamente, ser hombre es mucho más que ser un macho—trata de afirmarse como “el dueño” de “su” mujer, como el único que la puede amar (¿llaman a eso “amar”?), porque si no es de él, no debe ser de más nadie…

Pues sí, según los relatos de prensa, ella hizo todo lo posible por resolver su dolorosa situación.  Denunció a su agresor, consiguió una orden de protección contra él (aunque ella debió haber sabido que las órdenes de protección valen—en la práctica—mucho menos que el costo del papel en el que están escritas), incluso había conseguido que lo llevaran a una vista judicial.  Y en esa vista judicial se determinó colocársele un grillete electrónico, para monitorear sus pasos hasta que se le llevara a juicio.

Pero a pesar de que ella cumplió valientemente con su responsabilidad, con su parte del contrato social que la obligaba a ella a hacer todo lo correcto, alguien le falló de mala manera.

No, no, no.  Voy a decirlo como es: LA MISMA SOCIEDAD EN LA QUE ELLA CONFIABA PARA SU PROTECCIÓN Y SEGURIDAD LE FALLÓ.  LA TRAICIONÓ.  LA ABANDONÓ A SU SUERTE.  PUNTO.

(Cualquiera diría que en ella se hizo realidad una de esas máximas que han sido parte de mi vida por muchos años, de que aun las personas en las que más se confía son capaces de traicionar esa confianza—más bien, son de las primeras personas que lo hacen.  Pero ya eso debe ser tema de otra conversación.)

Y esa falla, esa traición, resultó ser fatal para ella, al ser abordada por su pareja, al atardecer de ese 13 de febrero de 2012, en una tienda de licores en el este de Puerto Rico, y ser objeto de varias puñaladas, ante la mirada atónita (no sé qué piensen, pero esto me suena a cliché) de las amistades que la acompañaban.  Y a pesar de que “hizo lo correcto”, ella acabó por llorar, ella acabó en el amargo llanto de la muerte.

Y como suele suceder siempre que ocurre una tragedia o un desastre tan lamentable (¿por qué siempre tiene que ser así?), las cabezas empezaron a huirle a la amenaza del verdugo—con mayor o menor éxito.*  Los líderes que tanto se distraen—y en el proceso procuran distraernos—con sus frivolidades y sus escándalos alzaron su voz para prometer investigaciones, o para dictaminar con toda su “autoridad” sobre la “falta de valores” del pueblo (pero aquellos de ustedes que me leen son un poco más inteligentes y entienden por qué pongo esta última frase entre comillas).

El problema es que un compromiso de que se va a investigar la cadena de eventos que produjeron este trágico desenlace no va a devolverle la vida a Wanda Yvette.  La insistencia en la prédica de unos valores, cuando no va acompañada con los mejores ejemplos de parte de las figuras públicas que están llamadas a ser sus portaestandartes, no va a devolverle la vida a Wanda Yvette.  Ningún “aguaje” gubernamental de que se va a hacer algo para atajar la violencia de género en Puerto Rico, para cambiar las actitudes tradicionales que desvalorizan a la mujer, que la hacen convertirse en un bien que produce frutos (como lo expresó alguna vez—y para mí es un poco lamentable decirlo—el escritor puertorriqueño, don Abelardo Díaz Alfaro al referirse a la tierra),** le devolverá a su familia esa hija, esa madre, esa vida que se perdió sin razón ni sentido.

Yo no sé cómo lo vean, pero creo que la frase con la que había que tenerle pena al pobre “don Macario” es una que tenemos que aplicárnosla a todos nosotros: Comoquiera que nos pongamos, siempre, siempre tenemos que llorar.  Y nuestro llanto es un llanto amargo.

OK, ya me deprimí escribiendo esto, así que vamos a dejarlo ahí.  Cuídense mucho y pórtense bien.


* De hecho, una cabeza que rodó fue la del responsable de dirigir la oficina que le colocó el grillete electrónico al futuro asesino. Curiosamente, el funcionario en cuestión se llama Juan Beltrán… lo que me obliga a hacer la SALVEDAD de que YO NO ESTOY EMPARENTADO CON ESA PERSONA, a pesar de que se llama casi igual (escribo “casi igual” porque desconozco el apellido materno del funcionario) que un tío paterno mío que hace muchos años dirigió el área relacionada con los vehículos de motor en lo que hoy es el Departamento de Transportación y Obras Públicas.  ¡Que esto quede debidamente aclarado!

** Esta es la cita a la que me refiero:

“La tierra es como la mujer; para dar fruto, hay que poseerla.”

Citada del cuento “El fruto”, en Terrazo, por Abelardo Díaz Alfaro (1947).


LDB

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¡Qué vacilón!

New Orleans Mardi Gras parade on Canal Street,...
Mardi Gras, New Orleans ca. 1890.

Y si se trata de continuar escribiendo para sobrevivir, para no caer en la trampa del estupor, pues, aquí vamos de nuevo, amigas y amigos, mi gente.

Y si como decía en mi entrada anterior, lo que está mal está mal y así hay que decirlo, hay muchas cosas que en los primeros días del 2012—OK, ya sé que vienen desde mucho antes, pero bueno…—ha estado y están y estarán mal.  Como eso de “arrimarse” para utilizar servicios de agua y electricidad sin pagar por los mismos, en una residencia construida sin los debidos permisos gubernamentales (cosa que parece ser común entre quienes tienen—y hasta algunos que han tenido—el privilegio que da el poder, y que se creen que lo pueden hacer, pues, porque pueden hacerlo).  O eso de que quienes tienen la responsabilidad de llamar a capítulo a quienes se apartan de las sanas normas de convivencia, las mismas que nos requieren a los demás cumplir con nuestra responsabilidad de pagar el costo—cada vez más descaradamente alto—de dichos servicios, se cieguen ante la realidad y opten por no ver falta alguna en esa clase de conducta, y hasta la justifican para sí mismos, porque pueden hacerlo.

Pero eso sí: cuídate de ser cualquier “pelagatos” de por ahí, porque con la misma boca de comer te dicen que cumplas con tu responsabilidad, que no hagas lo que hacen (que no van a querer admitir que lo hacen), o si no… ¡la claje ‘e castigo que te espera!

Y también está mal que cada esquina de Puerto Rico se convierta en territorio de pandillas, como se pretende hacer con muchas de las instituciones que a quien únicamente se deben es al pueblo, a la gente, sin distinción de clase, religión, creencias, etc.  Que le guste a quien le guste, es lo que se está viendo actualmente en el Tribunal Supremo de Puerto Rico, desde que se empezó a tomar el mismo como un botín de guerra de los políticos.  De ambos bandos, que total, da lo mismo unos que otros—aún cuando los magistrados identificados ideológicamente con una derecha conservadora que imita de forma pésima a su contraparte estadounidense (y no hay que abundar mucho en ello para saber a qué partido me refiero), son más burdos y evidentes en eso.  Y también está mal que esos mismos jueces, porque entienden que lo pueden hacer, se busquen cuanta artimaña hay para no tener que responder a la hora de rendir cuentas de sus actos.

Yo no sé cómo lo vean ustedes, pero a mí me parece que para esta clase de gente, la función de regir los destinos de un país no es algo que se tome muy en serio que digamos.  Es como si fuera cualquier otra cosa—que bien podría llamarse “vacilón”, “chiste”, “relajo”, o como lo llamó en una ocasión el líder “vitalicio” del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), “una bachata”.  (Y aquí tengo que pedir que me disculpen mis lectores y lectoras en la República Dominicana, si se ven ofendidos con esa usanza del nombre de esa música tan rítmica y pegajosa, que también gusta mucho aquí en Puerto Rico.)  Es como algo de lo que se pueden burlar, sin miedo alguno a que los sorprendan en pifia y entonces venga “el lloro y el crujir de dientes”.

Eso sí, no tod@s en Puerto Rico se pueden dar el lujo de que l@s sorprendan en una situación indiscreta y salir sin un rasguño, con suerte, o como dice la expresión idiomática estadounidense, “to come up smelling like roses” (frase que utilicé en una entrada anterior).  De eso puede dar fe Gricel Mamery (en Twitter: @GMamery), la anfitriona radial y televisiva que se vio en medio de una controversia cuando la fotografiaron hace unas semanas en las Fiestas de la Calle San Sebastián (en el Viejo San Juan), edición del 2012, mientras un supuesto “amigo” de ella—uno de esos pseudoperiodistas latinoamericanos del ramo de “espectáculos y estilos de vida”—le levantaba la blusa (presumo que sin el consentimiento de ella) para que el mundo viera… esteeeeeeeeee… la belleza que ella llevaba por dentro.  Gracias a Dios que ella llevaba puesto su ajustador (o en buen español boricua, el brassiere), porque de lo contrario… la gente se hubiera creído que estaba en New Orleans en pleno Mardi Gras.  (A aquéllos de ustedes que han estado allí: por favor, no se hagan los inocentes, que ustedes saben a qué me refiero.)  Como consecuencia, ella perdió su empleo en un programa nocturno de variedades en la televisora gubernamental.  Y todo, por no tomarse en serio su responsabilidad como figura pública en una sociedad que (aunque no lo parezca) no ha dejado de ser conservadora.  Y todo, por haberse ido de vacilón, sin prever el problema en el que se iba a meter.

Y a ella, ¿quién la iba a defender?  (Por favor, no me contesten ésa.)  Nadie “tiró la toalla” por ella, como lo haría el buen entrenador boxístico cuando ve a su pupilo en serios problemas y quiere evitarle un mayor castigo (aunque ello signifique lastimar el ego del susodicho pupilo, que tal vez querrá seguir agarrando golpes, aunque sea para perder).  No, ella no es una legisladora a la que agarraron en manejos turbios, en un robo de servicios públicos de luz y agua (aunque se quiera hacer ver que eso no es necesariamente ilegal, aunque es más bien inmoral), o agrediendo a su pareja, o evadiendo su responsabilidad de mantener a sus hijos porque se siente superior al resto de nosotros, porque se cree por encima de la ley, porque es “un@ de los nuestros” y—por el bien del partido—hay que defenderlo a como dé lugar.  Hay que tirarle la toalla.

Francamente, no es mucho ni bueno lo que yo puedo esperar de gente así.  No es nada positivo.  Enfrentarse a las leyes promulgadas por “los otros” y prevalecer porque se ven favorecidos ahora (pero—y sigo insistiendo—ay de quien no está en “su reino”, para ese infeliz será el castigo).  Promulgar nuevas leyes y normas que los favorezcan, que les permitan abusar de la confianza que se les depositó, sin temor al castigo y a pasar la vergüenza… ¡ésa, la vergüenza, es para los demás!

Triste es decirlo, pero con eso es con lo que hay que lidiar día tras día.  Con eso y con sus consecuencias.

¡Y ahora sí, vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Ciao!

LDB

Una confesión

Amigas y amigos, mi gente, quiero comenzar la entrada haciendo una confesión…

(NO, no es lo que ustedes están pensando si es que creen que voy a meterme a… esteeeeeeeeee… a ponerme con “esas cosas” después de viejo…)

En serio ahora: las últimas semanas han sido para mí un tiempo en el que me ha atacado un virus: el virus del desánimo, la decepción, el cansancio con la “jaibería” que nuestros políticos nos regalan a diario, con esa desfachatez con la que se nos falta el respeto a quienes les dimos la encomienda de gobernar responsablemente—total, para arrepentirnos después de haber dejado esa responsabilidad en las manos quienes no la saben ni la quieren asumir.  Ésa, más otras razones personales, han sido la causa de que no me vean tan a menudo por aquí como desde que comencé a escribir este blog a finales de 2003.  Durante este tiempo ha habido ocasiones en las que me he quedado sentado frente a mi computadora, mirando fijamente la copia de la plantilla descargada a mi Windows Live Writer™ (esta hermosa plantilla “Mystique” que uso al momento en que escribo esto para WordPress.com), pensando si de veras valía la pena escribir algo que reflejara mi sentir sobre los acontecimientos más interesantes de la semana sin sonar repetitivo.  (¿Les conté en alguna ocasión sobre la mañana aquélla en la que me quedé mirando la ropa de mi armario durante media hora, ponderando si valía la pena salir a la calle a trabajar?  Si no, algún día lo haré—quedan advertidos.)

Es en momentos como éste cuando aparecen (por intervención divina o por casualidades de la vida, dependiendo de quien de mis lectoras y lectores crea o no—y con perdón de los que no creen, yo sí creo) palabras que ayudan a recuperar el aliento, que ayudan a retomar el rumbo que uno se ha decidido a caminar.  Y quiero tomarme la iniciativa de reproducir aquí esas palabras:

“Toda esta situación que apabuya (sic) el cerebro ha prolongado mi falta de ánimo para escribir, ya en parte superada mi gran tristeza de los pasados meses.  Al parecer algo similar le está pasando a un número de blogueros y blogueras que casi no escriben sobre lo que ocurre o publican sobre asuntos sin importancia local.  Prometeo dice, con razón, que los boricuas nos encontramos en estado de estupor.

“Por su parte, Siluz, al celebrar los 5 años de Escribiendo en voz alta nos recuerda en la cita de Graham Greene que: ‘Escribir es una forma de terapia.  A veces me pregunto como se las arreglan los que no escriben, los que no componen música o pintan, para escapar de la locura, de la melancolía, del terror pánico inherente a la condición humana’.

“No… el 2012 no pinta nada bien.  Pero quiero (y espero) seguir escribiendo, para sobrevivir y salir del estupor.”

(" El 2012: más engaños, corrupción e impunidad. Pero sigamos escribiendo. " Sin Mordazas, por Ivonne Acosta Lespier, 31 de enero de 2012.)

Sí, a mí también me ha atacado últimamente esa sensación de estupor que describe Prometeo en su entrada, según Ivonne lo recoge en la suya propia.  Pero entonces leo las palabras de Graham Greene que Siluz cita en su entrada (de nuevo, según las recoge Ivonne) y me pongo a pensar: Se supone que ésa la manera en la que he pensado este blog desde que lo comencé a finales de 2003, ¿no?  Como una terapia para escapar—de la manera en la que mejor pueda—de la realidad que veo todos los días en Puerto Rico.  Como una manera de comunicarle al mundo mi sentir sobre las cosas que están mal en mi propio país—y créanme, amigas y amigos, mi gente, cuando algo está mal, no me importa que lo haya hecho un Juan de los Parlotes cualquiera o que lo haya hecho el más encopetado señorón: simple y sencillamente, lo que está mal está mal, y hay que denunciarlo, y hay que alzar la voz para que se sepa que está mal y que eso no debe volver a suceder, hay que llamar las cosas por su nombre.  PUNTO.  Eso no admite términos medios.

(Eso sí, a juzgar por la clase de entrada que la gente busca a menudo cuando visita mi blog, tengo que hacer algunas excepciones… Confundido ¡pero ya ése es otro tema!)

Es más: Yo creo que luego de leer esa cita del blog de Ivonne (“featuring” Prometeo y Siluz—para que la cita tenga “flow”, ¿me entienden?), me siento que tengo nuevos ánimos, que puedo retomar mi camino, aunque me encuentre con los paisajes desoladores de siempre, con el pillaje oficial de siempre, con la “gansería” de siempre, con las faltas de respeto con las que otros se tratan de burlar de nosotros siempre.  Y creo que es eso lo que voy a hacer ahora.  Yo también seguiré escribiendo, porque yo también quiero sobrevivir.  PUNTO.

¡Y vamos a dejarlo ahí—por el momento!

LDB